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La continuación del periodismo, pero por otros medios.

La coda de la Directa

El semanario catalán Directa se hace eco de nuestra investigación sobre el falso testigo de la Operación Cantata que publicó en su día Infolibre y Mediapart. El reportaje de Miguel Martín, que puede leerse en castellano aquí, lleva una coda final sobre la cobertura mediática de la farsa. Además del 30 minuts de TV3, la Directa fue el único medio que en su día contradijo con hechos y dudas razonables la versión oficial y tantas veces recalentada del caso de los 11 del Raval. He añadido al texto de esa coda un par de enlaces:

Condena mediática

A la luz de esta investigación, es necesario recordar el tratamiento que dieron al caso los medios de comunicación que, basado fundamentalmente en fuentes policiales, vulneró de manera sistemática la presunción de inocencia. La portada de El Periódico, que hablaba de un atentado semejante a los de Madrid, Londres y Nueva York, obra de Antonio Baquero y Jordi Corachán; el invento de La Vanguardia de un inexistente plan de atentado en una mezquita de Barcelona a la salida del rezo del viernes, publicado por Enrique Figueredo y Josep M.ª Brunet; y la inexistente relación entre los condenados y el líder talibán paquistaní Baitullah Mehsud, afirmada por Jose M.ª Irujo, configuraron una condena mediática previa a la judicial.

A algunos de ellos les hemos pedido una valoración de las novedades periodísticas en torno al caso. Antonio Baquero, que reconoce que en su momento el relato oficial le pareció «endeble» y que «siempre hubo claroscuros», ha defendido su trabajo de entonces, pero considera la presente investigación de «muy valiosa». Baquero señala que, en caso de ser cierta esta información, «eso pondría en cuestión la verdad judicial establecida por la sentencia» Por su parte, tanto Enrique Figueredo como Jose M.ª Irujo, han apelado a una especie de amnesia profesional, pese a haber publicado en su momento algunas de las noticias más importantes en relación a un caso que se saldó con 11 condenas. «Mi memoria es magnífica para olvidar» decía Robert L. Stevenson.

 

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La misteriosa lógica del profesor Fernando Reinares

Fernando Reinares, autor de Mátalos Matadlos (Galaxia Gutenberg), respondió ayer a través de su cuenta de Twitter al inventario crítico con 17 falsedades de un capítulo de su libro, publicado aquí mismo horas antes. En fin, la mayoría de sus respuestas tienen gran interés, desde muchos puntos de vista. Desde el de la editorial, por ejemplo, que sin duda celebrará saber que al autor nada le parece lo suficientemente relevante, como para desdecirse; así que las 17 falsedades han pasado, expresamente, a formar parte del catálogo de Galaxia Gutenberg.

Los publicados ayer eran errores fácticos. Las respuestas del autor añaden además una lógica insostenible. Afirma Reinares que es fácil entender por qué el fiscal de la Audiencia Nacional, Vicente González Mota, negó que el testigo protegido que desencadenó la Operación Cantata perteneciera a Al Qaeda. Dicha operación desarticuló un supuesto complot islamista para atentar contra el metro de Barcelona en  2008.

El testimonio del testigo protegido, informante de los servicios de espionaje francés, como el propio Reinares reconoce en su libro, fue la base para condenar a los 11 inmigrantes del Raval (10 pakistaníes y 1 indio). Pero dicho testimonio se basaba precisamente sobre el supuesto de que él mismo era un terrorista de Al Qaeda, no un informante francés. Un terrorista enviado a Barcelona para atentar  contra el metro en enero de 2008 y que se había arrepentido en el último momento. De hecho, cuando le preguntamos al presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, si sabía que el testigo protegido era en realidad un informante francés, respondió: “Cuando yo sé que un testigo protegido está mintiendo, lo escribo en la sentencia y tiene sus consecuencias legales”, y así se publicó

Bien, el testigo mintió al tribunal; el presidente asegura que no lo sabía.  El fiscal, sin embargo, defendió durante el juicio, es decir, en audiencia pública, que el testigo sí era miembro de Al Qaeda. Cuando lo negó, en cambio, fue ante fuentes de la embajada americana, dos meses después del juicio. A ese desmentido, recogido en este cable diplomático, nos referíamos ayer cuando señalamos que el propio fiscal había desmentido la tesis central de Reinares: que el testigo era de Al Qaeda.

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La respuesta de Reinares fue inmediata y se debe traducir al español oficial contemporáneo, así: “Es fácil entender por qué el fiscal lo niega”, según afirmó en un Tweet posterior:

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Que el profesor Reinares se muestre en desacuerdo con los hechos, no supone novedad, como mostraba la entrada de ayer de este blog. Pero su respuesta en Twitter añade un punto de misterio a sus errores: si fuera verdad que el testigo protegido era miembro de Al Qaeda, como el fiscal González Mota defendió en la Audiencia Nacional ¿por qué iba el mismo fiscal a negarlo dos meses después, en privado, ante fuentes de la embajada americana? Si el profesor Reinares encuentra una respuesta razonable, y publicable, prometo buscar los fundamentos de su lógica también fuera de la tradición occidental. Estoy dispuesto a llegar hasta la de los servicios de inteligencia de Pakistán.

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Corregidlo: 17 falsedades en un capítulo del último libro de Fernando Reinares

I. Fernando Reinares (Logroño, 1960): catedrático de Ciencia Política en la Universidad Rey Juan Carlos, investigador principal de Terrorismo Internacional en el Real Instituto Elcano y Adjunct Professor de Estudios de Seguridad en la Universidad de Georgetown (USA), según la nota biográfica de su editorial. Acaba de publicar Matadlos. Quién estuvo detrás del 11M y por qué se atentó en España (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores). El autor está actualmente de gira presentándolo, según cuenta en Twitter.

II. Nosotros hemos leído, por motivos profesionales,  un capítulo de ese libro. El número 14, “¿Cómo iba a ser el segundo 11-M?” (pp. 227-243)dedicado al supuesto complot islamista que iba a atentar contra el metro de Barcelona en enero de 2008. El capítulo reelabora las declaraciones del testigo protegido que desencadenó aquella Operación Cantata y como tal, repite las mentiras que el testigo contó a la Guardia Civil, al juez de instrucción y al tribunal de la Audiencia Nacional, que sin embargo condenó a los 11 acusados. De esas mentiras nos hemos ocupado durante cinco meses y el resultado puede leerse en Infolibre y Mediapart. La investigación, financiada por Journalismfund.eu, nos llevó a Francia, Italia y España.

III. Sin embargo, el capítulo de Reinares contiene además falsedades de su propia cosecha y vamos a exponerlas, a modo de inventario. Quien eche en falta algo de contexto, puede leer antes el reportaje al que nos hemos referido: (Infolibre aquí) o (Médiapart aquí). Veamos.

 

1. Página 238: “Al Qaeda, organización en la que él mismo [testigo protegido] estaba encuadrado”.

Falso: Hasta el fiscal González Mota sabía que el testigo protegido no era miembro de Al Qaeda, sino un informante francés, y así lo explicó ante fuentes de la embajada americana en Madrid dos meses después del juicio,  el 13 de enero de 2010. Está recogido en este cable diplomático del 25 de enero, con este encabezado: “España: fiscal desmiente los lazos con Al Qaeda en el complot del metro de Barcelona”

2. Página 237: “Durante el procedimiento judicial [...], el testigo protegido F-1 explicó [...] que sus mandos le ordenaron trasladarse a Francia, desde Pakistán, unos tres años antes de los acontecimientos de enero de 2008 en Barcelona”.

Falso: Asim, que es como se llamaba el testigo protegido, vivía en Francia desde al menos dos años antes, según documentos oficiales. No podemos mostrar aquí dichos documentos porque, dada su condición de testigo protegido, cometeríamos un delito.

3. Página 233: “El testigo protegido F1, que en el pasado había estado inmerso en tramas que movían y entregaban dinero a lo largo de Europa occidental para sostener actividades de terrorismo yihadista [...]“.

Falso: La red de financiación que describió Asim no existía ni existe, tal y como muestra la investigación internacional citada más arriba. El testigo protegido, que es uno de los traficantes de personas más buscados de Pakistán, construyó su relato sobre esa supuesta red de financiación a partir de nombres, viajes y elementos de dicha actividad criminal. Puede leerse aquí, como ya he dicho.

 

4. Página, 238: “Entre inicios de 2005 y mediados de 2006, dicha estructura terrorista le solicitaba a menudo que, junto a otros correligionarios, [el testigo protegido] recolectara dinero y lo llevase a Bruselas, Amsterdam o Brescia”.

Falso, por lo mismo que la número 3.

5.  Página 230: “El informante paquistaní que alertó a los servicios de inteligencia franceses [...] obtuvo la condición de testigo protegido”.

Bien, esto es cierto y esta es la tercera vez que aparece: era un chivato del espionaje francés. Sin embargo, no dice Reinares que el propio informante lo negó durante la instrucción y ante el tribunal cuando declaró como testigo protegido y que, por tanto, mintió bajo juramento. “Never in my life”, dijo.

 

 

6.  Página 231: “Asimismo, [los especialistas de la Guardia Civil] incautaron [sic] 18 gramos de “una mezcla de nitrocelulosa y perclorato de potasio”, sustancia habitualmente empleada en la fabricación de explosivos industriales”.

¿Explosivos industriales? Los 18 gramos de pólvora habían sido extraídos de unas bengalas de colores para niños a partir de 8 años, distribuidas por una empresa del sur de París, según el informe de la Guardia Civil (folio 1053, Tomo III del Sumario). En el juicio, los peritos explicaron que además de colores las bengalas hacían “chispas”:

 

7. Página 230: “[Los especialistas de la Guardia Civil] hallaron, por ejemplo, bolsas que contenían bolas de acero y cerca de 800 gramos de perdigones”.

Se encontraron 783 gramos de plomos de aire comprimido (perdigones, si quiere), pero no “y” bolas de acero. O una cosa o la otra. Por cierto: los perdigones habían sido comprados en Francia; y el testigo protegido vino desde París. Véase el Folio 1667, Tomo IV del sumario, o la misma sentencia –aunque esta confunde confunde “gramos” con “unidades” de perdigones–.

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8. Pág. 232: “Cuando un fiscal se interesó por ese asunto durante las sesiones del juicio oral, Malik respondió que esa suma relativamente elevada de dinero “se acumulaba a veces en el bolsillo” debido a las propinas que recibía repartiendo bombonas de butano”.

Ningún fiscal se interesó por eso. Quien preguntó fue el abogado de la acusación popular. Falsa también la frase que entrecomilla: es decir, el acusado no la pronunció. Y tampoco dijo que todo el dinero procediera de las propinas. Qaader Malik trabajaba como ayudante repartiendo bombonas de Repsol butano por Barcelona. Los ayudantes se encargan de bajar las bombonas del camión y llevarlas al domicilio de los clientes.  Los ayudantes cobran el importe del servicio y se lo van guardando, entre otras cosas, para tener cambio para los siguientes clientes. Al acabar la jornada, Malik entregaba el dinero a su jefe (un autónomo, dueño del camión, cuya empresa subcontrata Repsol). A veces lo hacía a pie de camión, a veces en el almacén y a veces en la mezquita, porque su jefe iba a la misma mezquita, como explicó el testigo que declaró luego y que es el conserje de la mezquita Tarik Ben Zyad. El acusado, a preguntas del presidente del Tribunal, Javier Gómez Bermúdez, aclaró que tenía un sueldo fijo (650 euros) y que el resto, sí, lo ganaba gracias a las propinas de los clientes. Así funciona el sector en Barcelona.

 

9. Página 233: “Pero se negó a dar explicación alguna del motivo por el cual, cuando fue detenido, lo que en realidad llevaba consigo eran más de dieciséis billetes de 50 euros cada uno”.

El acusado dio las explicaciones que recoge el vídeo anterior. Y cuando el abogado de la acusación popular le preguntó si todo el mundo le pagaba con billetes de 50, el acusado respondió: “No”. A continuación, el abogado le preguntó directamente si no era más cierto que el dinero era para comprar “cosas, material” [suponemos que refiriéndose a material para atentar]: a dicha pregunta, el acusado también contestó: “No”. El abogado siguió luego preguntando por las obras de reforma que el acusado estaba haciendo en su casa.

*

Al conserje de la mezquita, en cambio, el abogado sí le preguntó expresamente por qué los repartidores acababan la jornada con billetes de 50 y no, pongamos, con monedas de 50 céntimos. Y el conserje lo explicó:

 

10. Página 227: “Entre las 00:40 horas y las 05:00 horas del día 19 de ese mes, 14 individuos fueron detenidos en [Barcelona].”

Falso: la entrada en la mezquita de la calle Maçanet se produjo a las 23:50 del día 18, según el acta policial, Folio 59, Tomo I, Sumario 26C/2008.

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11. Página 228: “Maroof A. M., el líder de la célula, fue condenado a diez años y medio de prisión”.

El 29 de diciembre de 2010,  el Tribunal Supremo fijó la pena en 8 años.

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12. Página 228: líneas siguientes. También son falsas las otras penas (de 8 y 14 años) que atribuye al resto de acusados: el Supremo las fijó en 6 años.

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13. Página 230: “Hacia las 18:00 horas, avistaron a ocho [...]  dirigiéndose a pie [...] desde el oratorio Tarek Ben Ziyad, sito en el Raval, hacia un lugar cercano, al que otros dos individuos habían llegado ya. Todos ellos portaban mochilas y bolsas de mano.”

Ninguno de ellos llevaba mochila, aunque lo diga The New York Times. La única mochila que apareció, junto con un maletín negro “de tela”, tal y como refleja el acta de registro de ese “lugar cercano” (es decir, la mezquita de la calle Maçanet), pertenecían a un marroquí –Said Arakrak–que no estaba entre el grupo que había llegado desde Tarek Ben Ziyad, no se encontraba en aquel momento en la mezquita de Maçanet y no fue señalado, ni detenido ni procesado. Tampoco llevaban “bolsas de mano”: alguien, desde luego, llevaba un par de bolsas de plástico, quizá en la mano. Las huellas de dichas bolsas, sin embargo, no corresponden a ninguno de los condenados.

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14. Página 234: “Allí [a Maroof A. M.] se le conocía por sermones en los que manifestaba odio hacia los infieles y hacía llamadas a la yihad, en la acepción belicosa de este término”.

 Falso, aunque lo diga The New York Times. El artículo del Times, del que habría que ocuparse otro día, contiene graves falsedades. Esta es una de ellas: ¿alguien puede imaginar que la Guardia Civil, el fiscal y la acusación popular no hubieran puesto ese argumento encima de la mesa del tribunal de existir algún indicio sobre su veracidad? El Times es, por lo demás, la principal fuente de una falsedad decisiva de la que la anterior es subalterna: declara, sin mostrar, que había una investigación previa a la entrada en escena del testigo protegido.

 

15. Página 235: “Los condenados por el plan para atentar en el metro de Barcelona [...]“.

La condena del Supremo es por pertenencia a grupo terrorista, sin plan.

 

16. Página 236: “Pakistán, país con cerca de 750 millones de habitantes”.

Pakistán, según los datos del Banco Mundial de 2012, tiene unos 170 millones de habitantes.

17. Página 237: “Al menos dos [...] eran conocidos por participar en actividades de ese movimiento [la corriente Tabligh Jaamat]“.

El mismo autor dice un párrafo antes (página 236): “Todos eran miembros del movimiento [...] Tabligh Jamaat”. Esto también es falso, porque al menos dos de los once no eran practicantes. Y sólo es tabligh, el que practica los preceptos de dicha corriente, es decir, quienes participan “en las actividades de ese movimiento”, pues no hay ningún registro ni asociación ni condición previa que los distinga de otra manera. El Tabligh, si movimiento fuera, es sin duda de los que se demuestra andando. Esta segunda falsedad estaría, aunque sólo porcentualmente, más cerca de la verdad que la primera.

 

 Braulio García Jaén, Andrés AguayoMatías Escudero Arce.

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Una crítica en abierto

El contraste entre las cosas y la descripción del que las niega es tan perfecto que basta poner aquellas a continuación de ésta para que la falsificación aparezca como lo que es: perfectamente cierta. La verdad, incluso muda como (a)parece en los estertores de la actualidad, siempre acaba vengándose, tanto más a gusto si es con este escándalo íntimo. El contenido de la crítica de mañana coincide exactamente con la forma que me habría gustado darle hoy, por lo que celebro nuestra absoluta falta de originalidad.

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Un apunte sobre la ex directora del ‘Times’

Jill Abramson, la ya ex directora de The New York Times, tiene un libro excelente (no sé si tiene más, de hecho) sobre la única pregunta que me interesa en este mundo: ¿quién de los dos miente? Los dos, en este caso, eran el entonces candidato al Tribunal Supremo americano, Clarence Thomas, y una antigua empleada suya, Anita Hill, que durante las audiencias previas al nombramiento, declaró que había sido acosada sexualmente por el candidato cuando éste era su jefe. Thomas era el primer juez negro que optaba al Supremo, propuesto además por un presidente republicano (Bush padre), y acabó consiguiendo el puesto gracias, entre otras cosas, a que negó con vehemencia las acusaciones de Hill. El año pasado se estrenó un documental sobre el caso que se llama como ella: Anita Hill.

Abramson y Jane Mayer (ambas en The Wall Street Journal entonces), consideraron que había que dilucidar quién de los dos decía la verdad y estuvieron un par o tres de años (no lo recuerdo y no tengo el libro aquí) hablando con gente y cruzando datos. Debieron entrevistar a unas 13.700 personas. Thomas, consciente de que su futuro pasaba no sólo por negar aquella acusación concreta, sino por despejar cualquier duda que pudiera cuestionar al hombre, a aquella su figura de self made man ejemplar (sin brillo, por cierto, y que hoy es famoso porque lleva ocho años sin decir ni mú cuando el Supremo delibera, según cuentan aquí), lo negó todo, incluso que hubiera consumido alguna vez… pornografía.

Strange justice, que así se llama el libro, contiene muchas lecciones de buen periodismo, para empezar el análisis de la operación de lifting republicano que supuso la candidatura de un juez negro, simpático y ultraconservador. Pero a mí me resulta especialmente emocionante una de las más elementales. Las autoras entrando en un videoclub cercano a uno de los domicilios de Thomas para hablar con el dueño. Of course,  el señor Thomas era un cliente habitual y gran consumidor de cine porno, confirma el dependiente.  Ese viaje desde la cúpula del Congreso hasta el mostrador del videoclub, ese gesto, resume por qué el periodismo puede ser un oficio tan excitante y por qué es, técnicamente, uno de los más tontos; o al menos resume por qué me gusta a mí.

 

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Falso testigo protegido

Un hombre coge un tren nocturno en París, amanece en Barcelona, busca una mezquita y se presenta a un grupo de musulmanes. Es miércoles y el grupo pasará el fin de semana alrededor del Corán en otra mezquita de la ciudad. ¿Puedo ir con vosotros? El viernes por la noche, la Guardia Civil detiene a 14 hombres: el de París abandona el lugar sin ser detenido y acompañado por un agente. El martes, ya como testigo protegido, empieza a cantar: 11 inmigrantes acabaron condenados, supuestamente por pretender atentar contra el metro de Barcelona, cuatro años después de la tragedia del 11M. Sólo The New York Times, en un largo artículo sobre la Operación Cantata, rozó el argumento de la farsa: al procesado que tenía 64 años, nacionalidad española y una pastelería en el Raval, el Times lo llamó “an unsual suspect”. Pero sin notar el roce ni la farsa.

Como el protagonista de Sospechosos Habituales, este Keyser Sosé llegado de París se inventó, una vez garantizada su inmunidad, un relato de terrorista supuesto con lo que tenía más a mano: su actividad como traficante de inmigrantes desde Pakistán y como confidente de los servicios secretos franceses. Tras cinco meses de investigación en París, junto a Andrés Aguayo en Madrid y Matías Escudero Arce en Italia,  y gracias a una beca del Journalismfund.eu, ya puede leerse en abierto en Infolibre esta historia que ha publicado también Mediapart en Francia, y que (y esto es ya mi opinión impersonal)  constituye la mayor estafa policial y judicial de la última década en España.

El escenario, como casi siempre, es Barcelona, aunque la farsa hubiera sido impensable sin el coro que, durante los tres primeros años, formaron todos los grandes medios españoles. El silencio posterior sólo lo ha roto Fernando Reinares, que en un capítulo de su recién publicado libro “Matadlos”, repite todas las mentiras del testigo protegido, aunque es verdad que añade otras falsedades de su propia cosecha.

En fin, los 58 segundos de este vídeo condensan el nudo del drama. El reportaje entero puede leerse aquí.

 

 

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Apoya el periodismo de investigación en Europa

A falta de un periódico verdaderamente europeo, apoyar la labor del Journalism Fund, que financia el periodismo de investigación transnacional en nuestro continente, es la mejor forma de contribuir a la transparencia, la democracia y el control de los poderes europeos.

Su campaña de crowdfunding necesita el compromiso y el respaldo de todos:

http://funding.journalismfund.eu/

 

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Cosas del oficio

[Actualización al final de la entrada]

Yo creía que la excarcelación del violador Antonio García Carbonell el jueves pasado, después de que se anulara la aplicación retrospectiva de la doctrina Parot, iba a tener al menos un efecto positivo: lavar el nombre y la imagen de Ahmed Tommouhi, aunque sólo fuera  ante el espejo de la realidad. Tommouhi es un ciudadano marroquí  que ha estado quince años preso en Cataluña, entre otros motivos desgraciados, porque las víctimas lo confundieron con García Carbonell. El inocente nunca antes había aparecido en tantos periódicos, webs, programas de televisión y de radio, en tan poco tiempo, como el fin de semana que soltaron al culpable.

Pero no sabía yo que existía Vozpópuli, con su acento verde y con su lema: “el valor de ser libres y fiables”. En verdad lo que no sabía, no es que existiera, sino que estaba dirigido de manera tan íntegra por Jesús Cacho. Vozpópuli publicó el viernes pasado este corta y pega:

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Los lectores de este blog serán los últimos en entenderlo, porque la familiaridad en este caso es una trampa. No, no es que ilustraran la información de la excarcelación de García Carbonell con una foto de Tommouhi, como de hecho muchos medios hicieron, y con rigor, a condición de poner a Tommouhi a una escala prudente para que se entienda que él, Tommouhi, es sólo una parte de la historia del protagonista: por decirlo de mala manera. Pero no es un problema de escala, aunque sí de cacho. ¡Es que Vozpópuli cree que García Carbonell y Tommouhi son la misma persona!

Lean si no, el primer párrafo. La línea de la negrita, al menos.

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Antonio García Carbonell, alias Tommouhi“. Eso es lo que publicó el medio dirigido por Jesús Cacho, el viernes 25 de octubre de 2013.

Esta mañana, a las 08:47 minutos, es decir, cinco días después, el enlace sigue funcionando. No han rectificado. En este tiempo, sin embargo, lo que sí ha habido a cuenta del error es un cruce de correspondencias antológico, entre una lectora, María José Henares, y el director de Vozpópuli.

La madrileña Tote Henares, que sigue el caso de Tommouhi desde hace una década, y el barcelonés Manuel Borraz, que lo sigue desde un par de años antes,  forman una temible pareja de fact checkers. (Para que Cacho me comprenda: no son periodistas.) Juntos han tocado a contratiempo el himno del Estado de derecho sobre un escenario vacío y con el público vuelto del revés. Pero esta vez el carácter antológico hay que reconocer que recae sobre todo en las respuestas de  Cacho. Yo me limitaré a citarlas aquí, para que se entiendan.

El sábado 26 de octubre, a las 17:47 de la tarde, Henares envió su primer correo:

Buenas tardes:

Acabo de leer, horrorizada, la vergonzosa noticia que han publicado sobre la excarcelación del violador García Carbonell, noticia que ilustran con la fotografía de Ahmed Tommouhi. Para mayor escarnio, en el texto se permiten afirmar que “el preso excarcelado es Antonio García Carbonell, alias ‘Tommouhi’”

[...]

Saludos.

María José Henares

El mismo sábado, a las 18:08 de la tarde. Apenas veinte minutos después, la respuesta de Jesús Cacho también llegó por mail.

Estimada señora: si es como usted dice, que no lo pongo en duda, se trata de un grave error.

Pero no es un error achacable a Vozpopuli, sino a la Agencia Efe, que es la autora de la nota. De hecho, estoy seguro que habrá sido publicada en muchos otros medios informativos, porque en España prácticamente todos tienen contratados los servicios de Efe. Y sí, es un poco escandaloso, o muy escandaloso, que la agencia oficial de noticias cometa tales fallos garrafales.

Por la parte que nos toca, solo puedo lamentar haber dado crédito a EFE y pedirle sinceras disculpas, aunque, reitero, la falta es de Efe y no de Vozpopuli.

Saludos cordiales, J Cacho.

Una hora después:

Muchas gracias, señor Cacho, por su rápida respuesta y sus disculpas, pero esas disculpas no me las debe a mí, sino al señor Tommouhi. Y, de momento, no he visto rectificada la información en el medio que dirige.

[..]

Saludos, en espera de leer la rectificación.
María José Henares.

Cacho no contestó a ese segundo mail hasta el lunes por la tarde, a las 18:51.

Perdón por el retraso en contestar.

Por cerrar el debate, lamento tener que insistir en que las disculpas al señor Tommouhi debería presentarlas la Agencia EFE, que es la autora de la noticia, no los medios que publicaron la noticia de Efe, con clara ATRIBUCIÓN A EFE en su primer párrafo. Así es como funcionan las cosas en este oficio.

Saludos cordiales, J Cacho.

Anoche Tote Henares no sabía si volver a contestar, pero yo creo que hemos alcanzado el punto de salt, y que nada de lo que venga después tendrá la claridad, el sabor y la sintaxis de esa atribución: “Así es como funcionan las cosas en este oficio”.

P.D. La jefa de Sociedad de la agencia Efe en Barcelona, Esther Borrell, tuvo la amabilidad de perder ayer quince minutos de su tiempo buscando el teletipo que sólo existe en la imaginación del director de Voz Pópuli.  Luego me envió  el más complejo y largo de los que distribuyeron el viernes sobre esta historia. La información de la agencia era exacta, veraz. 

P.D.2: La foto, por cierto, que Vozpópuli copio de la web de Borraz, como bien subraya Henares en uno  de sus párrafos, es obra de Pere Ríos. El periodista de El País la tomó durante una visita a la cárcel para hablar con Tommouhi, en 2005. Es decir, Vozpópuli miente también en el pie de foto.

***

Estimado Mario Moratalla:

He recibido su mail en el que se disculpa y asume la responsabilidad por el error de la información sobre García Carbonell y Tommouhi, de la que es autor. No he visto, sin embargo, que hayan borrado ni rectificado la información de la web, como muestra esta captura de pantalla de ahora mismo:

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Imagino que la resistencia, ésta sí responsabilidad de su director, Jesús Cacho, se debe a su deseo de hacerle ahora moder el polvo a usted , después de habérselo hecho morder a la agencia Efe. Transmítale por favor que también aprecio esta segunda lección.

Como le decía en mi primer mail de agradecimiento, el interés de esta entrada no está tanto en el error en sí (todos cometemos errores todos los días), como en la envidiable transparencia con la que Cacho habla de su oficio.

Cordialmente.

Braulio García Jaén.

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García Carbonell, la doctrina Parot y la verdadera impunidad (work in progress)

Esta tarde ha salido en libertad Antonio García Carbonell, después de algo más de dieciocho años en prisión. García Carbonell, autor confeso de siete violaciones, entró en la cárcel el 23 de junio de 1995 y de no haber sido por la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que ha anulado [la aplicación retroactiva de] la doctrina Parot, habría seguido preso hasta 2025. Yo he dedicado ocho años a seguir su caso y su vida y estoy convencido de que es el autor de al menos otras seis violaciones: bueno, estoy convencido yo y la Guardia Civil, pero eso es otra historia ahora.

El caso es que me parece bien que pueda acogerse a los beneficios penitenciarios que por ley, y por sentencia de Estrasburgo, le corresponden.

***

Dicho esto, diré en mi descargo que he dedicado buena parte de esos ocho años a intentar encontrar pruebas para que lo condenaran por esas otras violaciones impunes. Estas dos noticias de El País (una y dos) valen para recordarlo.

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La última noticia que dio El País sobre este caso, antes de que García Carbonell saliera en libertad esta tarde, se publicó el 3 de junio de 2011 y contaba que una juez había reabierto el caso de una violación cometida en Blanes, Girona, en 1991, gracias a los desvelos de un ciudadano barcelonés: Manuel Borraz. Borraz había convencido a la fiscal y a la juez de Blanes, que en un principio habían considerado que el delito había prescrito,  de que estaban equivocadas y de que faltaban seis meses para que la violación prescribiera. Borraz proponía además que se analizaran unas muestras de semen que yo había identificado en el último capítulo de Justicia poética, y señalaba que García Carbonell era el principal sospechoso de dicha violación. El juzgado, finalmente, le dio la razón y ordenó analizar las muestras.

***

Las muestras, según un Mosso d’Esquadra que siguió el caso, resultaron que estaban deterioradas. Fin de la  historia del caso.

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Fin del caso porque en verdad la historia nunca acaba. ¡Nunca mientras haya alguien para contarla! Hace un año empecé a escribir un epílogo al libro, básicamente para dar la mala  noticia de que las muestras estaban deterioradas, pero también para otras cosas. Una de ellas era la reacción de la juez, Mercedes Giménez Olavarriaga, y la fiscal, Ainhoa Barinaga, cuando fui a verlas al juzgado de Blanes y les conté que además de la violación que ellas acababan de reabrir, había otra violación impune, que se había cometido la misma noche que la de Blanes, pero en Gerona capital y dos horas antes: el 25 de noviembre de 1991. Una violación, otra, que por tanto tampoco había prescrito.

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Como es muy tarde, me voy a abstener de resumirlos, pero les dejo aquí los párrafos de aquella memorable visita y de cómo reaccionaron sus señorías. Me he acordado estos días en los que tanto se habla de impunidad, impunemente.

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La visita al juzgado, a falta del cuaderno de notas extraviado, la reescribo de memoria. Me limitaré, por tanto, a dos fragmentos de las conversaciones que por separado mantuve con la fiscal y con la juez. En su despacho, la fiscal Ainhoa Barinaga, de unos treinta y tantos años, a quien recuerdo con un hilo de voz apenas audible del que había que ir tirando con delicadeza, no dijo nada más allá de confirmar que el caso se había reabierto, aunque fue amable y atenta con los detalles de mi rutina. Releyendo el sumario, yo había redescubierto que la misma noche de autos de Blanes, se había cometido otra violación idéntica a las afueras de Gerona y me pareció que, en tanto que fiscal, podía interesarle. Pero su interés resultó puramente humano: me animó a que fuera yo mismo a denunciarlo a Gerona capital. Dispuesto a echar el resto, le pedí que me precisara si tenía que ir al Juzgado de lo Penal que había instruido el caso o a la Audiencia Provincial que archivó el sumario. “Vaya a los dos y así hace usted un poco de turismo”, dijo.

A continuación, no me acuerdo si en la misma planta que estaba la fiscalía, entré al Juzgado de Instrucción número 1. Detrás del mostrador, las mesas de los agentes judiciales se repartían en un espacio diáfano modulado sólo por las estanterías y los armarios metálicos que las separaban, parecido aunque no tan amplio como el de la empresa de seguros de El Apartamento. La juez pidió que la esperara en una pequeña habitación encajada al fondo, entre el mostrador y su despacho. Ahora que lo pienso quizá fuera la sala de declaraciones.

Mercedes Giménez Olavarriaga, treintañera como la fiscal, aunque de apariencia más segura y sonriente, entró acompañada de su secretaria judicial y ambas se sentaron del otro lado de la mesa. La juez en la silla del centro y la secretaria a su derecha. La secretaria tenía un aire de joven de colonias comprometida que ondeaba todavía en sus gestos. El juzgado no informa de nada que esté tramitando, dijo la juez Giménez, cortando pronto y por derecho cualquier puente que pudiera haber entre su papel y el mío. Cuando le hablé de la otra violación de esa noche, vino a decir lo mismo: el juzgado hará lo que corresponda. No hizo nada.

Tanto la juez Giménez como la fiscal Barinaga desestimaron, por turnos, informar al juzgado de Gerona que había archivado también en su día esa violación cometida un par de horas antes que la de Blanes. Todo en nombre de la víctima cuyo nombre no conocían.

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El cómplice de García Carbonell en todas esas violaciones, por cierto, nunca ha sido identificado ni detenido, pero supongo que no es a esa impunidad a la que se refieren los ministros del ramo y el incienso.

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Buenas noches.

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La pornografía infantil, vista por Gallardón

1.  “Diferencias entre la pedofilia y la fiscalía de Barcelona“, 10 de Marzo de 2011.

¿Acaso todas las violaciones que se han representado en centenares de miles de escenas de miles de películas de la historia del cine no incurrirían en el mismo delito? ¿Acaso no serían también virtualmente delictivas? ¿Por qué es pornografía simular la pornografía; y no es violación simular la violación? Tal y como están las cosas, la única diferencia radica en que todavía a ningún fiscal se le ha pasado por la cabeza tan discutible idea. Porque está claro que daría, y mucho, para que discutiéramos. No puedo garantizar, por tanto, que mañana siga siendo mentira, porque puede que esta tarde reformemos el código penal para darle la razón a estos iluminados.

2. “Pornografía infantil en el Código Penal Gallardón“, Carlos Sánchez Almeida, en Jot Down, sin fecha, 2013.

Obsérvese que tal definición no limita la pornografía infantil a la representación gráfica de actos reales de abuso de menores, sino a toda representación, incluso simulada. Ello incluye en el tipo penal acogido por el legislador español a cualquier representación figurativa, sea esta fotográfica o pictórica, real, simulada o digital. Es decir, a toda manifestación creativa que represente a menores en actividades sexuales.

3. “Diferencias entre la pedofilia y la fiscalía de Barcelona“, 10 de Marzo de 2011.

Prohibir la representación de una violación supone, de hecho, la imposibilidad de perseguirla penalmente cuando se comete en el mundo real, de cuerpo presente. [El razonamiento de que] lo que no debe exisitir no puede representarse, acaba dando por hecho que lo que no se representa, debe de no existir.

4. Es decir: el anteproyecto de reforma de Gallardón es el camino más recto para acabar, por ejemplo, con la sátira sobre los abusos de algunos curas sobre algunos niños, porque estará prohibido representar a las víctimas.  A la larga, será imposible también representar a los verdugos, porque carecerá de sentido; y el crimen será inimaginable.

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