ladoblehélice

“El periodismo es pura literatura de evasión”

Domingo, 27 Septiembre, 2009 · 5 comentarios

Una entrevista de JUAN IGNACIO PEREYRA,  Río Negro, Argentina.

Los marroquíes Abderrazak Mounib y Ahmed Tommouhi fueron condenados -y encarcelados- por error tras una ola de violaciones cometida en Cataluña en 1991.

Cuatro años después apareció uno de los violadores, cuya culpabilidad quedó demostrada luego de una prueba de ADN.

Mientras su cómplice sigue libre, Mounib murió en la cárcel hace nueve años y Tommouhi salió en libertad condicional en 2007.

A través de este caso, en el que dos desconocidos fueron detenidos al azar y acusados de ser una pareja de violadores, el periodista español Braulio García Jaén expone en su libro “Falsos testigos del porvenir”, una extensa cantidad de errores, atropellos, omisiones y arbitrariedades en las que están involucradas la sociedad, el sistema y las instituciones.

Como el periodismo que le interesaba no estaba en Cadena Ser, una de las radios más importantes de España, García Jaén dejó ese trabajo para dedicarse de lleno a una minuciosa y detallada investigación que recibió el Premio de Crónicas Seix Barral.

“Cuando se demostró científicamente que había habido un error, las víctimas no lo reconocieron, los periodistas no tuvieron tiempo ni espacio para contar cómo se había producido ese error, y los responsables no respondieron”, escribió el autor en www.ladoblehelice.com, blog en el que fue publicando el proceso de su trabajo mediante entrevistas, vídeos, cartas de los presos a sus familiares, sentencias, diligencias policiales y declaraciones de las víctimas, entre otras cosas.

En “Falsos testigos del porvenir”, García Jaén demuestra puntillosamente que hubo una notable falta de rigurosidad en los tribunales que condenaron a Mounib yTommouhi.

¿Por qué sucedió algo así?

“El porqué final sólo está al alcance de los psicoanalistas. Yo me atrevería a señalar el modo, el camino por el que la investigación y los tribunales llegaron a las conclusiones a las que llegaron: tratándose de delitos sexuales, la palabra de la víctima, mucho más si son menores, se tiene por sagrada. En un sentido muy preciso: es infalible. Sólo se compara, se contrasta, su coherencia interna, nunca con el mundo del que habla: si decían que había luna llena, la había, aunque no la hubiera”, respondió el periodista español en una entrevista que se realizó por correo electrónico con “Río Negro”.

-¿Se quiso encontrar rápido y como fuera a los culpables? ¿Hubo prejuicio en los jueces españoles al momento de dictar la condena?

-Eso lo podría responder el mismo Tommouhi. En la televisión catalana le preguntaron si creía que el suyo había sido un problema de racismo.”No”, dijo, y explicó que él seguía convencido de que el problema fue la urgencia con que se quiso resolver todo, el miedo de los jueces y la policía al clamor social, y el que nadie les ayudara (a los acusados) a encontrar pruebas. Esto es, a defenderse.

-Si tuviera que decir que este caso es la expresión de algo, ¿de qué sería?

-De que nadie verifica nada. Y eso, dentro del sistema judicial, donde las formas tienen tanta importancia, es crucial, porque una vez que se ha dictado una sentencia, eso se convierte en el hecho más importante, mucho más que lo que realmente pasó, si hubo o no asesinato, si se empleó un arma o la otra, o si el semen señala o no el acusado. Y contra eso es muy difícil demostrar nada.

-¿Cómo cree que hizo Tommohui para sostenerse psicológicamente?

-Mi impresión, tras haber pasado mucho tiempo con él, es que su fortaleza la saca precisamente de que, nadie mejor que él, sabe que es inocente.

-¿Cuál es la situación de Tommouhi actualmente?

-Legalmente es un hombre libre. Cumplió la condena el 26 de abril de 2009. Ahora vive con su hijo, Khalid, y su nuera y su nieto. No tiene trabajo ni puede trabajar, porque no tiene permiso. Los antecedentes penales, que seguirán vigentes durante años, lo impiden. Y espera a ver qué dice ahora el Supremo, con el nuevo recurso que ha presentado el abogado Javier Melero.

-En varios fragmentos del libro marca errores -algunos groseros- del periodismo, evidenciando una pronunciada decadencia en la profesión, algo que no se circunscribe sólo a España. ¿Qué piensa del periodismo actual?

-Pienso lo mismo que del resto de instituciones: nadie verifica nada. Es pura literatura de evasión. Y eso, comprenderá, es nefasto: para el periodismo y para la sociedad en general. Y sobre el momento actual, bueno. Estamos ante una situación interesante, con la explosión de internet y la caída de ventas y publicidad en el papel. Hay algo, sin embargo, que jamás he oído decir a nadie, en mi país al menos. El primer problema de los periódicos es que son malos. Cutres. Sólo hay cuatro géneros: la nota de prensa, la mala literatura, la sociología barata y el periodismo de declaraciones. Luego están las excepciones que confirman la regla.

-¿Cree que en su afán por lucirse el periodista suele perder rigor y caer en el error?

-Más que afán por lucirse, es pereza para no salirse de lo que está escrito. Literalmente: lo que dice la policía va a misa para el periodista, que a su vez escribe seguro de que lo que él diga también irá a misa, porque nadie se tomará la molestia de demostrar lo contrario.

-En un momento señala que Juan Cruz, periodista del diario español “El País” y referente para varias generaciones de periodistas, “no distingue entre el estenotipista y su propio oficio”. Es una crítica que bien se podría aplicar al periodismo en general, ¿no?

-Sí, el periodismo de declaraciones, que es lo que recoge esa entrevista, es periodismo basura. De hecho, se van poniendo de moda las ruedas de prensa sin preguntas, y los periódicos protestan, en lugar de dejar de cubrirlas.

→ 5 comentariosCategorías: Uncategorized

Edición española

Lunes, 3 Agosto, 2009 · 7 comentarios

La versión española de Falsos testigos del porvenir aparecerá  en febrero de 2010, publicada por Seix Barral.

Así que ahora que empiezo a trabajar con vistas a esa reedición, y trabajaré hasta que termine agosto, agradezco los comentarios, sugerencias y correcciones que los lectores de la edición argentina quieran dejar aquí.

→ 7 comentariosCategorías: Artistas invitados · Correspondencias · Cortocircuitos · ENLACE · El Ministerio y el indulto · El autor y el dinero · El taller · Epistemología de la vida cotidiana · La pistola humeante · Margarita Robles Fernández · Papelera · Rafael Ricardi · Uncategorized

Autoliteratura

Lunes, 6 Julio, 2009 · 6 comentarios

[EL LIBRO ESTÁ EN LA CALLE]

Si pasáramos un algodón por el capítulo siete del libro, las manchas de tinta –¡de sudor!– que dejarían las razones personales del autor para escribirlo –mezquinas por definición– quizá se parecerían bastante a “esta carta a oscuras”. Tenía 28 años. No me interesaba la radio (profesionalmente, ¡internet tampoco!). Básicamente, era gilipollas. La debí de enviar a Londres, a C., al día siguiente de escribirla. Es, con sus tachones,  lo último que les dejo aquí.

A cuidarse y hasta la vista*.

Torrelodones, 8 de agosto de 2006.

[...]

***

Me aburro soberanamente, amor, en el trabajo. En la SER. Ya no tengo ni ganas de proponer temas: prefiero que me endosen alguno [...]  y prepararlos como si fuera un trabajo eminentemente técnico, como quien embala cajas de cartón. No me ha vuelto a contestar Monteira, sobre lo de Galicia. [...] Cuando envié aquella solicitud para lo de Migrinter, tampoco al principio estaba muy convencido, pero a medida que le fui dedicando horas y pensamientos al proyecto me fui entusiasmando: cuando me dijeron que  no me habían seleccionado fue como si me hubieran robado los recuerdos de infancia, como si hubiera descubierto que, en verdad, nunca hubieran existido los veranos sin colegio y con amigos. Fue un mazazo, lo que pasa es que lo de [que me enviaran a] la SER me había dejado tan hundido que éste apenas me rebajó ya la altura: estaba por los suelos. [...] Luego, algún día, la gente vendrá y me dirá que tengo una estrella, que todo me sale bien, pero yo también llevo mis fracasitos rotos como muñequitas sin cabeza. Párrafos como éste me hacen sentir, ahora sí, como un Peter Pan de pacotilla.

Me llamó la atención la explicación que tú me diste para todas mis dudas profesionales: “yo creo a veces, amor, que es también un problema de inseguridad”, me dijiste más o menos. No estoy muy seguro, pero entendí que querías decir que por esa inseguridad no acometía nada en serio: ni lo de periodista, ni lo de la tesis para luego ser profesor, etc. Es cierto que hay inseguridad, pero creo que en una dirección del todo distinta a la que tú señalabas. Sinceramente, creo que con más o menos esfuerzo, con más o menos travesía del desierto, podría ser periodista o profesor sin ningún problema. Con el pito, que diría Benito Floro. Sólo hay que trabajar duro.

El problema es para qué. Por desgracia, y por mucho que lea a García Calvo, yo también caigo en la trampa de imaginar o pensar a dónde lleva eso, y el horizonte de éxito en esos campos me horroriza. Los he visto por dentro, y hay ejemplos –bastantes– a los que [admiro]  y que creo que han disfrutado su vida y su carrera (no se pueden separar si quieres disfrutar alguna de algo) en esos mundillos, pero veo el panorama bastante desolador. Llegar lejos en ese mundo, tener algún día responsabilidades, me horroriza. Sencillamente porque no sé si mi estómago lo aguantaría. Y, en el caso de que lo aguantara, pobre de mí.

De lo que no estoy seguro, y ésa sí es mi inseguridad, es de si se puede (si podré, porque hay gente que seguro que lo está consiguiendo) sobrevivir en los márgenes de ese mundo. De cualquiera de ellos. Si se puede trabajar en la academia, escribiendo y trabajando contra la academia: la academia donde el 90% de lo que se publica es basura y el 70% de los profesores están contratados gracias a un sistema endogámico. Y qué decir del periodismo, donde sencillamente el 90% de lo que se publica es irrelevante, y el 10% restante, que suele ser más importante directamente mentira. Lo jodido además es que este último diez % es sobre cosas verdaderamente importantes. Un periodismo que es, sobre todo, mala literatura y propaganda, y que su único papel consiste en proyectar un la imagen de la sociedad feliz, por mucho que lo disimulen exponiendo la imagen de los infelices que han sido, o creen ellos que lo han sido, aparatados de la sociedad; una felicidad que aparece como tal, por supuesto, porque es incontestable. Se me hace muy duro pensar que tengo que esforzarme por eso. De la teoría del sacrificio no me creo nada: ningún camino de ningún la mentira no conduce hasta la verdad, la desigualdad nunca traerá la igualdad y no hay camino infeliz que lleve a la felicidad. No hay plazos que valgan.

Ejemplo práctico. Ahora tengo delante una excelente oportunidad: y no es Galicia, claro. Es Tommouhi. Es la oportunidad soñada una y mil veces. ¿Por qué, sin embargo, no me sumerjo sumerjo en ella a pecho descubierto? Por inseguridad, bien sûr. Eso si es inseguridad. Y ni siquiera de que lo podría hacer bien en condiciones óptimas: inseguridad de que lo pueda hacer bien con lo que hay. Y hay, entre otras cosas, mucha gente que te rodea y a cuyos ritmos te habituas y que espera mucho de ti, o al menos que espera lo conveniente, lo natural, y que te acompaña si coincide que pasas por pasabas por allí: no mucho más. Por supuesto, no creo que sea reprochable. Sencillamente es.

Y tampoco quiero condiciones óptimas porque las únicas condiciones óptimas que son óptimas para hacer el libro que hay que hacer, son las que no son óptimas. Esto es, aquellas que plantean todo tipo de dificultades pero que nunca impondrían nada a la boca que pregunta, la cabeza que piensa ni la mano que escribe. Ni plazos, ni estilos, ni tamaños ni obligación. Eso sería óptimo. Pero, claro, ¿cómo decir en la SER, no a la “SER”, sino a mis compañeros de carne y hueso como yo, que me dejo la beca ya, porque ya quiero ponerme a escribir un libro sobre Tommouhi (“Braulio, estás obsesionado”, me dijo a todo esto Á., mi colega del Máster: ¡y es mi colega!); ¿tú crees que al día siguiente no me iban a mirar como a un loco? ¿tú crees que no hay gente en el Máster que si supiera algo estaría haciendo cábalas a ver lo que tardo en darme la hostia? ¿Crees que mucha gente me llamaría para tomar un café cuando no pueda quedar para cenar porque mi fin de mes empieza “desde el día 3″? Es casi más todas esas renuncias de pacotilla lo que me crea una inseguridad acojonante: verme en la intemperie y sin nada que escribir, y tener que volverle a pedir dinero –por fin se lo devolví todo el viernes– a mi hermano Rafa.

Todas esas preguntas me asaltan, mon amour; perdóname por tostarte la oreja, pero sólo el pensar que te lo estoy contando a ti me hace aclararme un poco más, mi niña de “mirada limpia e inteligencia clara”.

Te quiero, locura.

[firma]

*Cuando sepa la fecha de publicación en España, la anunciaré aquí.

→ 6 comentariosCategorías: Correspondencias · El autor y el dinero · Epistemología de la vida cotidiana

El libro está en la calle

Domingo, 5 Julio, 2009 · 4 comentarios

Falsos testigos del porvenir ya está disponible aquí.

portada_falsos_testigos_por

→ 4 comentariosCategorías: Artistas invitados · Correspondencias · Cortocircuitos · ENLACE · El Ministerio y el indulto · El autor y el dinero · El taller · Epistemología de la vida cotidiana · La pistola humeante · Margarita Robles Fernández · Papelera · Rafael Ricardi · Uncategorized

On andalusian journalism

Miércoles, 1 Julio, 2009 · 1 comentario

“Una monografia, un assaig minuciós i detectivesc d’un periodista andalús que l’ha estat penjant parcialment en un blog (i del qual m’he permés beure’n algun glopet)”.

Víctor Saura, La Catalunya més fosca. Retrats d’impotència i impunitat, Editorial Base, p. 93, 2009.

→ 1 comentarioCategorías: Uncategorized

Ahmed Tommouhi recurre una de sus condenas por violación ante el Supremo

Lunes, 22 Junio, 2009 · 1 comentario

Eco

***

Ahmed Tommouhi presentó un nuevo recurso de revisión ante el Tribunal Supremo el viernes pasado. El recurso, preparado por el abogado Javier Melero, afecta sólo a la causa de Tarragona, en la que Tommouhi fue condenado junto a Abderrazak Mounib, y se basa en los hechos nuevos recogidos en el reportaje Falsos testigos del porvenir, que publicará Seix Barral Argentina en julio.

Tommouhi y Mounib ya fueron exhonerados en 1997 al demostrarse científicamente, seis años después de las violaciones, que los autores de la cometida en Olesa de Montserrat eran Antonio García Carbonell –físicamente muy parecido a Tommouhi– y un pariente suyo que sigue sin ser identificado.  Tanto en aquella violación revisada de Olesa como en esta de Tarragona, ocurrida cuatro días después, el señalamiento de las víctimas fue la única prueba de cargo.

Este párrafo  resume el argumento del recurso y la novedad que aporta frente al que ya  presentaron sus anteriores abogados, Jorge Claret y Pedro J. Pardo, en 1999:

Es cierto que ninguno de los dos vectores aportados como elementos nuevos por el promovente de aquel Recurso de revisión [denegado en el año 2000] convergían en un hecho que relacionara a Antonio García Carbonell con las violaciones de Tarragona, lo que habría demostrado, a su vez, la inocencia de Ahmed Tommouhi. Por un lado estaba la confusión de la víctima de Olesa, que señaló –indubitadamente de forma errónea- a Ahmed Tammouhi en lugar de a García Carbonell, y por otro la utilización del mismo Renault 5 gris, con matrícula falsa B-7661-FW, que en Tarragona, para la comisión de al menos un hecho delictivo más (el robo de Montornès del Vallès) cuando Ahmed Tommouhi ya había ingresado en prisión. Pero ello no probaba, de forma indubitada, que Antonio García Carbonell fuera el usuario de ese Renault 5 GTX B-7661-FW. Ni siquiera que ese coche fuera el mismo que el recuperado semanas después. Esto es, sin embargo, lo que se podría establecer ahora: la identidad del conductor de ese Renault 5 gris plata, con un golpe junto al faro delantero izquierdo y matrícula falsa; así como que ese Renault era el mismo que el recuperado en Mollet del Vallès el 2 de diciembre de 1991.

El 26 de abril de 2000 Abderrazak Mounib murió en la cárcel. La condena de Ahmed Tommouhi expiró el 26 de abril de 2009.

→ 1 comentarioCategorías: Epistemología de la vida cotidiana · La pistola humeante

Una palabra y mil imágenes

Lunes, 15 Junio, 2009 · 2 comentarios


portada_elfman
Martín Elfman estaba trabajando en la ilustración de portada, cuando irrumpió un mensaje de la editorial: es demasiado poética, y hay que aprovechar que el libro cuenta una historia real. La portada debería tender a lo “testimonial”. El jefe de arte, Mario Blanco, ultima ahora otra propuesta muy diferente. Más allá de la anécdota, me interesa qué puede hacer una ilustración por lo real. La imagen, a diferencia de la palabra, sólo puede ser instántanea: yo puedo decir que “La violación de Cornellà se cometió en un Renault 5 Gris matrícula B-7661-FW”, y estoy diciendo la verdad; mientras que la reconstrucción del caso que emitió Documentos TV sobre esa violación, con un R-5, una matrícula calcada, y unos actores que hacen balancearse el coche desde dentro, es esencialmente falsa. La imagen sólo puede aspirar a la “repetición”, y no a la representación que sí puede alcanzar la palabra. Siempre podemos reescribir el accidente, aunque no podremos mostrarlo –salvo por el dibujo–  sin una polaroid. Así que una portada en la que se reconstruye la cubierta de un supuesto expediente judicial, incluyendo las reseñas policiales grapadas, resulta mucho menos realista y testimonial que esta otra en la que trabajaba Martín, porque ésta ilustra una idea.

→ 2 comentariosCategorías: El taller

Últimas correcciones

Lunes, 1 Junio, 2009 · 1 comentario

10: 46. Acabo de enviar las pruebas corregidas.

****

Cortesías

→ 1 comentarioCategorías: El taller

Primer adiós

Lunes, 20 Abril, 2009 · 1 comentario

1.- El 12 de marzo de 2009, pregunté a mi editora si el libro se iba a publicar también en Argentina. Ésta fue su respuesta:

El libro saldrá en Argentina, claro. Tengo que enviar a España la versión final para que nos den el ok de que lo publicarán, no quisieron comprometerse hasta ver el libro terminado. 

Estaba claro y a la vista de todo el mundo.  Me ahorro publicar aquí las preguntas que ustedes mismos quizá se estén haciendo ahora, porque ahora es tarde: ¡hace casi dos años que debería haberme hecho esa pregunta del revés

***

 

2.- Seix Barral Argentina tiene previsto publicar el libro en junio de 2009.  Hase de caminar por los espacios del tiempo al centro de la ocasión. La detención prudente sazona los aciertos y madura los secretos (Baltasar Gracián). Este blog, hasta que alguna ineludible noticia sea confirmada por los hechos,  deja de publicarse.

 

Salud.

 

P.S. Un borrador de esta entrada fue publicado anoche por error. Eso explica que algunos de ustedes no encuentren la entrada del “domingo”. 

 

 

→ 1 comentarioCategorías: Uncategorized

Índice onomástico

Domingo, 12 Abril, 2009 · 3 comentarios

Cortesías

****

Ángel ACEBES

Taïbi ADDOUM

Giorgio AGAMBEN

Aracel-li AIGUAVIVA

Virginia ÁLVAREZ SALINAS

Abdeslam AMGHAR

Enrique ANGLÉS

Milagros ARBELLA

Modesto ARIÑEZ LÁZARO

José María AZNAR

Fèlix BALANZÒ

Tomás BÁRBULO

Juan Alberto BELLOCH

Jamal BENALI

Reyes BENÍTEZ REDONDO

Juan José BLANCO BAZÁN

Eva BOBROW

Roberto BOLAÑO

Manuel BORRAZ

Mónica C. BELAZA

Juan Antonio CAPARRÓS

Xavier CASTELLVELL DÍEZ

María Luisa CAVA DE LLANO Y CARRIÓ

Mohamed CHAIB

Thierry CHIREZ

Jorge CLARET

Antoni COMÍN

Teresa COMPTE

José CÓRDOBA CASTILLO

Juan CRUZ

Félix DE AZÚA

Luis Alfredo DE DIEGO DÍEZ

Ana DE MIGUEL

Pedro Antonio DE PIZARRO

María Pilar DE PRADA BENGOA

Guy DEBORD

Antonio DEL MORAL GARCÍA

Joaquín DELGADO GARCÍA

Noureddine DOUAH

Arcadi ESPADA

José María ESPAÑOL JORDÁN

Mariano FERNÁNDEZ BERMEJO

Sergio FERNÁNDEZ IGLESIAS

Ángel FERNÁNDEZ-SANTOS

Luigi FERRAJOLI

Carles FRANCINO

Teresa FREIXAS

Olga FUENTES

José Manuel GAGO SUÁREZ

Adolfo GALLEGO

Agustín GARCÍA CALVO

Antonio GARCÍA CARBONELL

Fermín GAVILÁN

Eduardo GIL BERA

Carlo GINZBURG

Soledad GOMIS

Elena GUINDULAIN OLIVERAS

Fátima HAMMANI

Abdeslam HAMMANI

María José HENARES

Joan HERRERA

Alfred HITCHCOK

Esteban IBARRA

Santiago JOANIQUET

Josep María JORI

Franz KAFKA

Karl KRAUS

Josefa LEÓN LÓPEZ

Juan Fernando LÓPEZ AGUILAR

Miguel LÓPEZ LÓPEZ

Domingo MARCHENA

Margarita MARISCAL DE GANTE

José MARTÍN VÁZQUEZ

Joaquín José MARTÍNEZ

Carmen MARTÍNEZ

Álex MASLLORENS

Abel MATUTES

José María MENA

José María MICHAVILA

Macario MOLINA CAMPOS

Abderrazak MOUNIB

Abdel MOUNIB

Enrique MÚGICA

Miguel Ángel NARANJO

Maika NAVARRO

Gemma NIERGA

Joan M. OLEAQUE

Manuel OLLÉ

George ORWELL

Pedro J. PARDO

Jordi PANYELLA

Francisco Javier PAULÍ COLLADO

Jordi PEDRET

Moisés PEÑALVER

Antonio PEREA VALLANO

José Manuel PÉREZ

Josep María PIJOAN

Mariona PLANAS

Lidia Q. MARTÍN

Andrés RABADÁN

Pere RAMELLS

Pere RÍOS

Margarita ROBLES FERNÁNDEZ

Martín RODRÍGUEZ SOL

José Luis RODRÍGUEZ ZAPATERO

Luisa Fernanda RUDI

Eugenio SABATÉ

Emilio SÁINZ ORTEGA

Andrés SALCEDO VELASCO

Kamel SALIM

Rafael SÁNCHEZ FERLOSIO

Balbino SANJAIME

Joan SAURA

Sergio SOLANAS

Felipe SOLER FERRER

Enriqueta TEROL ENSEÑAT

Gérard THOMÀS ANDREU

Ahmed TOMMOUHI

Omar TOMMOUHI

Khalid TOMMOUHI

Manuel TRALLERO

José VALVERDE

Elisa VAZ

Manuel VIVERO CHAO

Mostafá ZAIDANI

Nuria ZAMORA PÉREZ

P.S. Por razones logísticas, la fecha de la entrada se ha tenido que adelantar a su hora habitual de los lunes.

→ 3 comentariosCategorías: El taller

Citas y desvíos

Lunes, 6 Abril, 2009 · 3 comentarios

Las preguntas sobre el uso de las citas “literarias”, se resuelven como ya adelanté entonces. Al final del libro va un inventario, de citas y desvíos (algunas no son exactamente citas, sino derivaciones, transformaciones, decantaciones, etc, de otra original). 

Hacerlo así, tiene algo de fracaso: una concesión a esa policía de las patentes. Y no sólo porque estoy seguro de que los autores citados no perderían un minuto en esas minucias. (Aunque, dicho sea de paso, lo contrario me daría lo mismo). Es que la estrategia contra la separación (de épocas, de sujeto y objeto, de forma y contenido, etc…) que implica esa desaparición de las comillas, al desvelarse, se arruina. 

Tenía casi decidido una solución intermedia: publicar el inventario sólo aquí. Pero, un último motivo, estrictamente personal, me sigue diciendo que lo haga también en el libro. Con algunos de ellos, los que están vivos, básicamente, es el reconocimiento de una deuda. 

 

***

RELACIÓN DE CITAS Y DESVÍOS

 

“Cette lache imitation qui est la dupe du présent et le faux témoin de l’avenir”.

Guy Debord, In girum imus nocte et consumimur igni. 

 

Pág [...]: “El periódico no es un extracto de contenidos, sino un contenido; más que eso, es un estimulante. Trae noticias sobre atrocidades y de ella surgen atrocidades”. Karl Kraus: Escritos, Visor, Madrid: 1990, p. 120.

Pág [...]: “La falta de autonomía de la escritura, su dependencia de la criada que enciende la lumbre, del gato que se calienta junto a la estufa, incluso del pobre viejo que también se calienta [...]. Franz Kafka, Ante la ley, Debolsillo. 

Pág [...]: “El riesgo es aquí que la palabra se separe de aquello que revela y adquiera una consistencia autónoma.” Giorgio Agamben: La sociedad del espectáculo y la política del hombre cualquiera, en Archipiélago, núm. 16, p. 29.

Pág [...]: El verbo castellano impersonal por excelencia (?), Rafael Sánchez Ferlosio, El alma y la vergüenza. 

Pág [...]: “Quien no sepa leer, que siga la flecha”. Fèlix Balanzó, Els senyals del contrabandista, Llibrex de l’Index.

Pág [...]: “Archipiélago: conjunto de islas unidas por aquello que las separa”. Revista Archipiélago. 

Pág [...]: ”La imagen de la cabeza como un bote, por donde se filtra constantemente el agua de la imaginación, es comprensible para cualquiera que haya intentado escribir un solo párrafo veraz. El agua, además, llena el bote insidiosa y lentamente, y la tarea del escritor faction es advertirlo antes de que la narración acabe en naufragio.” Arcadi Espada, Periodismo práctico. Espasa.

Pág [...]: “Se puede definir como religión a aquello que sustrae cosas, lugares , animales o personas al uso común  y las transfiere a una esfera separada.” Giorgio Agamben, Profanaciones, Anagrama, p. 96.

Pág [...]: “Aquí la necesidad natural ha dictado sentencia contra la mentira del punto de vista”. Karl Kraus, op. cit., p. 120.

Pág [...]: “La novela moral es literariamente inmoral en la medida en que la intención bastarda se interfiere con la intención legítima; esto es, en la medida que para servir a la ejemplaridad siempre se manipulan, quiérase o no, los acontecimientos.” Rafael Sánchez Ferlosio, Sobre el Pinocchio de Collodi, en Ensayos y artículos, Vol ¿?, pp. 91-92.

→ 3 comentariosCategorías: El taller

Manuscrito (redux)

Jueves, 26 Marzo, 2009 · 1 comentario

14:22. El manuscrito (redux) ha sido enviado a la editorial Seix Barral Argentina.

Además de las páginas que he venido arrancado aquí, entre una y otra versión he quitado el capítulo de García Carbonell entero, así como el de Historias de la Cárcel, La sentencia, Carta abierta a una magistrada v La desaparición del público. ¿Por qué? En algunos casos, porque la función a la que se debían puede desempeñarla este blog (La Sentencia y Carta abierta, etc);  en otros, porque estaban mal acabados (Historias y La desaparición…). El capítulo de García Carbonell lo he quitado porque es el negativo de lo que cuenta el libro. No siempre llegamos a ser todo lo ambiciosos que nos hubiera gustado.

La siguiente entrada de este blog se publicará el lunes 6 de abril. Es casi seguro que incluirá dos moralejas y una noticia.

Salud.

→ 1 comentarioCategorías: Uncategorized

Efecto gabardina

Miércoles, 25 Marzo, 2009 · Dejar un comentario

Con este abrirse la gabardina y quedarse en bañador, que voy  a quitar también, creo que culmina la cura de adelgazamiento del autor. Este entrar a matar con el estoque, resulta una charlotada. Me gustaba mucho lo del grumo. Ya ven. 

 

***

 

El camino más recto para llegar a la verdad de las cosas es entregarse a ellas, quitándote de en medio, sin esperar nada. Una madrugada de julio de 2008 me di cuenta de que aquellos desvelos míos eran un desvío, un rodeo de mis prejuicios. Esos días desayunaba y bajaba a la playa hasta la hora de comer. En bañador, con un millón de turistas detrás y el mar por delante, el sol te devuelve tu escala diminuta, y una enorme curiosidad por todo lo demás. Después de una ducha, la siesta es un hermoso y profundo olvido del que se suele salir con ganas, pero sin culpa. Luego me sentaba a escribir. Hacía tiempo que no abría este sumario, que no pensaba en las conversaciones con Andreu y Robles, que no recordaba el eco roto de la pregunta de Tommouhi: “¿dónde está toda la sangre que me sacaron?”, y una de esas noches, con las manos sobre los folios y la mesa, y no llevándomelas todo el rato a la cabeza, leí al fin la sentencia. Todavía saboreo este grumo en su lengua aséptica.

→ Deja un ComentarioCategorías: Papelera

Dientes de leche

Martes, 24 Marzo, 2009 · 2 comentarios

Al cabo de muchas de las conversaciones más importantes de estos años, me queda una deprimente impresión sobre la opinión que los actores tienen del periodista. No digo que no sea un problema estrictamente personal, que yo sea un don nadie y para eso se preparen y así me reciban. Que además no preguntaba en nombre de ningún medio del que pudieran temer una cierta repercusión. Y desde luego tiene mucho que ver también con lo desenfocado del tema, tan poco actual y tan poco efervescente: yo no preguntaba por Madeleine, sino por un moro que nadie sabe pronunciar su nombre. No digo que todo eso no sea importante. Digo que no es suficiente para entender por qué me recibían sin ni siquiera haber repasado el tema de conversación, con una confianza descomunal en la retórica, con una seguridad bananera en su savoir-faire. Hablo de gente en permanente contacto con los periodistas. No es inexperiencia. Los magistrados Robles y Andreu, los abogados de pago de Tommouhi, el sargento López de la Policía Judicial de Tarragona, el fiscal Mena: todos tienen graves responsabilidades en este caso y todos encaraban la conversación como si sus chapuzas quedaran por encima del bien y del mal. De hecho allí llevan años. Ya me gustaría poder decir que para descubrirlas me ha hecho falta una constancia heroica, un aliento homérico, una obsesión suicida. Estaban a la vista de cualquiera que sepa leer. La impresión es que de tanto respetar el argumento de autoridad hemos llegado a este punto en que la autoridad ya no cree que haga falta ningún argumento.

→ 2 comentariosCategorías: Papelera

La fe privada en un mundo sin notarios

Lunes, 23 Marzo, 2009 · 2 comentarios

Definitivamente, el bosquejo sobre la desaparición del público, ha desaparecido. Las tres primeras notas que ya publiqué aquí. La cuarta, sin embargo, ha encontrado su lugar natural en el texto, y estas páginas de la quinta, más que a la papelera, irán al reciclado. Un día podrían servir para encender el fuego.

***

5.- (Los notarios) El XX de Octubre de 2006, en el programa Els Matins de TV3, entró en directo un preso que había compartido sombra con Tommouhi en Can Brians, Joaquín Rey. Por teléfono, explicó que años antes también había conocido a García Carbonell en la cárcel de Quatre Camins, que éste le había confesado ser el autor de las violaciones de 1991 por las que estaba pagando Ahmed Tommouhi y que él -Rey– lo había denunciado ante el juez de vigilancia penitenciaria. La importancia de la revelación no impidió, de acuerdo a los cánones televisivos españoles, que la información quedara disuelta en una nube imprecisa de fechas, juzgados y (sin)razones de última hora. ¿Por qué nunca se lo había comentado al propio Tommouhi, cuando se veían en la cárcel, para que este lo pusiera en conocimiento de los abogados, y sí lo hacía ahora por televisión? Una sencilla pregunta que nadie planteó, seguramente porque cuestionaba la propia puesta en escena. Días después llamé a Rey por teléfono y su número de móvil ya no existía, y según me comentaron, había puesto precio a su exclusiva. Todo esto no desmiente que esa denuncia se haya presentado efectivamente, sólo digo que yo no lo he podido confirmar. Pero no es eso lo que interesa ahora. Cuando Tommouhi y Claret se encontraron en la Audiencia, el ex abogado explicó al periodista que esa declaración podía constituir un hecho nuevo suficientemente relevante como para instar un nuevo recurso de revisión, aunque convendría registrarla ante notario. Si al periodista, Jordi Panyella, no se le ocurrió incluir la pregunta “¿y a qué espera usted, en tanto que abogado defensor, para iniciar los trámites?” en su crónica, quizá fuera porque le faltaron reflejos, pero lo que es indiscutible es que su inclusión habría acabado con la ficción inocente-y-abogado-buscando-pruebas que da por hecho esa noticia falsa. Es decir, habría echado abajo la representación. Meses después, Ahmed Tommouhi, paseando por Barcelona y recordando todo aquello, lanzó la pregunta que me interesa ahora: “¿para qué hace falta un notario, si lo dijo en la televisión, delante de todo el mundo?” Contra lo que pueda parecer, no es sólo la pregunta de quien no entiende los formalismos legales. Es más radical que todo esto: es una pregunta pre-espectacular, pero que no por eso, o precisamente por eso, deja de ser inquietante. Un notario puede dar fe pública, entre otras cosas, de que una declaración se ha producido, precisamente porque el público ha delegado en él su función como garante de que algo ha ocurrido. Por eso, un notario no puede, por definición, garantizar nada que no sea públicamente controlable. No puede, por ejemplo, garantizar la profunda convicción que mueve a alguien a dictar un testamento y que podría llegar a invalidar sus consecuencias: simplemente puede garantizar el dictado. Algo de eso había también en el mandato del periodismo, y por eso hay quien ha visto en él a un notario de la realidad*. La pregunta de Tommouhi se sostiene sobre la convicción de que la verdad es una, y que es la mentira la que tiene mil caras, algo que cualquier contemporáneo de Montaigne seguramente compartía. En último término, Tommouhi cree que el público puede ser también testigo, notario de lo que se le cuenta. La progresiva inversión de esa premisa, en la que la verdad depende del cristal con que se mire y en consecuencia puede empaquetarse a gusto del consumidor, esa privatización, destruye al mismo tiempo la posibilidad de que los diversos intermediarios, notarios y periodistas, entre ellos, pero también políticos, alcancen a decir nada verdadero del mundo del que hablan, más allá de la provinciana defensa de sus intereses, nada que no sea lograr agrandar la parte del “público objetivo” –así lo llaman– que se identifica con su particular visión de la nada. Esa inversión supone en último término la irrelevancia del público. La desaparición del público como espejo del mundo supone a la vez la destrucción de la idea de mundo como lugar común entre víctimas y verdugos, jueces y condenados, periodistas y lectores, políticos y electores: esto es, un lugar en el que se puedan hacer preguntas. El círculo de esa destrucción se cuadra con la imagen de un político, Artur Mas, registrando ante notario sus promesas electorales durante la última campaña catalana, para salir por la tele.

*Arcadi Espada.

→ 2 comentariosCategorías: Epistemología de la vida cotidiana · Papelera

No sé, no sé

Viernes, 20 Marzo, 2009 · Dejar un comentario

A veces te parece que has arrancado el acorde. Pero no siempre llegas a estar seguro de qué teclas has tocado, y no te fías de ese tono tan grave.  No sé. Esto, escrito contra la elegíaca  impotencia con que La Vanguardia dio la noticia de la muerte de Mounib,  él que había dicho en antena que antes que pedir perdón por algo que no había hecho, prefería morir en la cárcel a tener que vivir el resto de sus días de rodillas, también lo voy a quitar.

Mounib hablaba del indulto, y  lo que yo quería apuntalar con esto es que era una forma de traicionar su memoria, su verdad y la posibilidad de hacerla nuestra (veri-ficar), andar forzando los hechos para absolver su nombre en los periódicos, después de que su cuerpo hubiera amanecido muerto en su celda. Por arriba y por abajo de este párrafo, algo asaetado también, eso es lo que he intentado mantener. 

***

 

La muerte representa un límite insalvable para la influencia del relato periodístico. El presente y la verdad van tiesos sobre la cruz, de párrafo en párrafo, y el único recurso, investigar la vida del muerto, no servirá para desenclavarlos. En ese momento crucial la línea que separa la ficción de lo real aparece fría, irrevocable e indiferente a los juegos de palabras. Pero la muerte no es el final, sino el principio del relato. Así como ella no se justifica, el periodista tampoco tiene por qué traspasar el límite de lo que no sabe. Los hechos  son el porque sí del periodismo, y como todo lo que se hace por principio, no hay que forzar su reconciliación con el resultado.

 

→ Deja un ComentarioCategorías: Papelera

Del racismo

Miércoles, 18 Marzo, 2009 · 1 comentario

Estas páginas explican mi opinión sobre la relación entre el racismo y este caso. Una relación más bien fantasmagórica. Quizá lo sea también mi opinión. En cualquier caso, me quedaré sólo con la opinión de Tommouhi del final. Todo el mundo se preguntará en un momento u otro por esa relación, y no he hallado argumento ni prueba más consistente que la impresión con que Tommouhi la desmiente. Por lo demás,  el libro se interesa en presentar los hechos más allá de cualquier polémica de sentido, por lo que dichas páginas están ya en la papelera.

 

P.D. La hora de este post. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, sobre todo si tu ordenador sufre convulsiones desde primeras horas de la tarde.  

***

 

La carta [que SOS Racismo envió al Gobierno en abril de 2004] planteaba la cuestión del racismo: “existe una duda razonable sobre la influencia que en su condena tuvieron los rasgos de las personas condenadas, de orígen magrebí, y la discriminación que por ello se pudo producir.” Era un argumento que Tote Henares había subrayado en el resumen que hizo para la asocación, y que era la fuente de la que el representante de SOS bebía:

“Además, de lo puramente judicial, hay que tener en cuenta, otros aspectos. ¿Por qué la policía decide investigar a Tommouhi y sus compañeros de pensión? Parece que, simplemente, porque son marroquíes y algunas víctimas habían descrito a los agresores como de aspecto árabe. Si los hubieran descrito con aspecto nórdico ¿hubiera investigado la policía a alguien por el simple hecho de registrarse en un hotel? Si no hubieran sido marroquíes ¿habrían sido confundidos, tan fácilmente, por muchas de las víctimas, incluso estando en la cárcel? Los prejuicios contra los “moros” ¿pueden hacer que sea más creíble una acusación de violación?”

Las preguntas de Henares nunca podrán responderse. Pueden formularse otras: si el fin de semana después de que una chica de Terrassa hubiera denunciado que dos nórdicos habían intentado violarla: ¿habría investigado la policía a dos nórdicos por el simple hecho de registrarse en aquella pensión de Terrassa? No es raro que la investigación policial brote del puro azar. Más raro es que el azar se convierta, como en este caso, en el único argumento de la obra. La explicación de SOS Racismo, por lo demás, venía troquelada ya por la propia naturaleza de la asociación.

La explicación fundada sobre el racismo no era nueva. Las manifestaciones que recorrieron Barcelona entre 1999 y 2001 lo hicieron en gran medida al paso de ese convencimiento: “si Tommouhi y Mounib fueran españoles ya estarían fuera de la prisión”, tituló La Vanguardia una entrevista a Nourredine Douah, el promotor de las movilizaciones. Los argumentos que remueven el inconsciente colectivo cogen vuelo con gran facilidad. La cuestión es saber qué datos y hechos sostienen ese reflejo frente al espejo. Que ese razonamiento surja entre quienes viven la experiencia del racismo burocrático y cotidiano debería sorprender menos aún que en el caso de SOS Racismo. En la asociación Nahda, además, no era el único caso que conocían. Abdeslam Amghar, el compañero de celda de Tommouhi en La Modelo, había acudido también a esas manifestaciones. Pero su fulgurante éxito, de las repercusiones del éxito al menos, de ese tipo de argumentos, se deben seguramente a que ofrece grandes ventajas al público: Al final uno siempre acaba viéndose reflejado en el problema, generalmente como solución. Si la policía, los jueces y los políticos fueran tan poco racistas como yo, se indignaba el periodista al escribirlo anoche, y se indigna esta mañana, con el café humeante y el croissant en la mesa, su hipócrita lector. Luego sale uno camino del trabajo, reconfortado y fresco, como después de una ducha.

El argumento de que este caso se habría resuelto ya –“ya” era en 1999– si Tommouhi y Mounib fueran españoles ha tenido un largo aliento. La historia de Rafael Ricardi se lo cortó en seco nueve años después. Ricardi nació en Cádiz y entró a la cárcel del Puerto de Santa María cuando tenía 36 años condenado por una violación que no cometió. Era 1995 y la chica lo señaló. Una investigación policial –sobrevenida tras la detención de uno de los autores– aportó como prueba el análisis de semen de uno de los violadores, que no coincidía con el de Ricardi. La fiscalía denegó en un principio solicitar la revisión porque, alegó, Ricardi podía ser el otro: las violaciones habían sido cometidas por dos hombres, y en el caso por el que había sido condenado Ricardi sólo se había perfilado un código genético. Si la Fiscalía aceptó finalmente solicitar la revisión fue únicamente porque apareció un segundo resto de semen en una prenda descartada en su día, que tampoco era de Ricardi. La moraleja es que desde 2001 existía un informe del Instituto Nacional de Toxicología de Sevilla cuyas conclusiones alertaban del muy probable error, sin que nadie hubiera ordenado analizarlo. Estuvo ocho años más en la cárcel –trece en total– y ahora, con 49 años, espera a que el Supremo reconozca el error.

Ricardi era toxicómano y vivía debajo de un puente, así que los que defienden la explicación racista enseguida pueden desplazarla hacia la pobreza. Yo podría a su vez desplazarla con otros condenados por la cara: un abogado gallego, un ecuatoriano de Fuerteventura, el dueño de una academia de informática en Cádiz o un guardia jurado de El Puerto de Santa María. Las preguntas por la causa final no suelen conducir más allá del principio por el que se pregunta. Pero es interesante, al menos, oír qué dice el propio Tommouhi, cuáles fueron las impresiones que le quedaron de aquellos días. Semanas después de salir en libertad condicional, acudió al programa de Josep Cuní en la televisión pública catalana, Els Matins de TV-3. “¿Usted cree que su origen marroquí tuvo algo que ver en todo esto?”, le preguntaron. “No” dijo, y luego se explicó: “Yo, lo primero que pensé es que querían calmar a la gente. Y para que no hubiera muchas manifestaciones, quejándose de los jueces, de los policías, para calmarlos a ellos, nos cogieron a nosotros. También pensaba un poco en esto: en que no teníamos ningún apoyo. Ni uno. ¿Alguien nos apoyaba a nosotros para traer pruebas? Nadie. Había que calmar a la gente y ya está.”

→ 1 comentarioCategorías: Papelera

El lastre del aliento

Miércoles, 18 Marzo, 2009 · 1 comentario

El problema de coger al lector por las solapas, a mitad de camino, aunque lo hagas sólo para espabilarlo, es que la cosa no queda ahí.  A partir de entonces no olvida tu aliento demasiado cercano. Es por eso que estas páginas van a la papelera.

———

23. EL MINISTERIO Y EL INDULTO

 

En nuestra época, el lenguaje y los escritos políticos son ante todo una defensa de lo indefendible. Por tanto, el lenguaje político está plagado de eufemismos, peticiones de principio y vaguedades oscuras. El estilo inflado es en sí mismo un tipo de eufemismo. Una masa de palabras latinas cae sobre los hechos como una nieve blanda, borra los contornos y sepulta todos los detalles. El gran enemigo del lenguaje claro es la falta de sinceridad. Cuando hay una brecha entre los objetivos reales y los declarados, se emplean casi instintivamente palabras largas y modismos desgastados, como un pulpo que suelta tinta para ocultarse.

El ministerio de Justicia y la fiscalía que de él depende llevan diez años enredándose, como una larva en una tela de araña, en esa red sobre la que George Orwell escribió este párrafo en 1946.  Si el estilo de la mentira tiende al trabalenguas es precisamente porque la verdad puede decirse por derecho, mientras que la mentira necesita tantear donde está la verdad y no perderla nunca de vista, para no coincidir con ella. La esquiva pero la necesita como referente. Los más altos responsables del ministerio y la fiscalía han dictado y segregado ese líquido negro creyendo que les serviría para ocultarse, sin saber que, al contacto con el aire, se solidificaba formando estos hilos fínisimos, pero resistentes, en los que ahora, como la mariposa ahogada en el tintero, se les ve atrapados: la palabra escrita no se la lleva el viento. 

El insincero sólo tiene una posibilidad de salir eternamente indemne, y es el silencio. Ésa fue durante casi seis años, la estrategia desplegada tanto por el Gobierno del Partido Popular, como por el del Partido Socialista, después de que el fiscal jefe de Cataluña solicitara el indulto en  favor de Ahmed Tommouhi y Abderrazak Mounib. La insistencia de un hombre apenas visible al fondo de la escena, que durante estos años ha venido soplando preguntas, a quienes por lo general sólo se pavoneaban sobre las tablas, anotando y entregando las respuestas al público y volviendo a repreguntar con una regularidad malaya, y el coro de voces que acabó uniéndosele, consiguieron que el ministerio y el fiscal hablaran. El registro de esa conversación, negro sobre blanco, confirma la exactitud de una frase de Baltasar Gracián: Es tan difícil decir la verdad como ocultarla. 

Tanto el ex fiscal jefe de Cataluña, José María Mena, como los responsables ministeriales han actuado durante años convencidos de que Ahmed Tommouhi y Abderrazak Mounib son inocentes. El fiscal sabía, sin embargo, que los tribunales, dado el embrollo legal en el que se consumían los dos marroquíes y los estrechos límites que contempla el recurso de revisión en España, no iban a reconocer esa inocencia, a menos que alguien hilara tan fino como para descoser esos límites.  Mena tenía la “convicción profunda” de que no se habían cometido un error, sino siete; y que se se habían cometido bajo sus órdenes. habían cometido bajo sus órdenes. El 30 de abril de 1999 evacuó el indulto. 

El ministerio, con la solicitud sobre la mesa, la guardó en el cajón. Las razones que movieron al Gobierno del Partido Popular a esa decisión se mantuvieron, durante los cinco años que iba a durar su gobierno, envueltas en un prudente silencio. Las del Partido Socialista, sin embargo, quedaron a la vista de todos cuando el entonces ministro de Justicia, Juan Fernado López Aguilar, dijo a un periodista de El País: “El Gobierno ha decidido que no es un mensaje asumible indultar a una persona condenada por violación”. Era el 7 de mayo de 2006. 

El ministerio había decidido no indultarlos por la misma razón que no quería denegárselo: porque fueran inocentes. De haberlo resuelto favorablemente, las víctimas le habrían reclamado una explicación y la única razón que podía dar –que fueran inocentes– era inconfesable. El propio Tommouhi habría pedido que le explicaran cómo es que el brazo de la Ley no alcanzaba a proteger –el indulto es una decisión extrajudicial– allí donde había llegado para castigar. Ésa era la razón también por la que no querían resolverlo, como acabará reconociendo un portavoz ministerial, porque no querían denegárselo. La posibilidad contraria, que fueran culpables, no pudo estar nunca detrás de un retraso de tantos años, pues cada año se deniegan miles de indultos y nadie pregunta las razones, y mucho menos cuando se trata de un violador, que no es lo mismo, bien lo sabía el ministro, que “una persona condenada por violación”. El ministerio se acogió al argumento de que formalmente habían sido condenados, para no tener que justificarse sobre la injusticia material que sospechaba se había cometido, ni tener que dar explicaciones a las víctimas. Los dos marroquíes condenados por error se convirtieron así en una de esas frágiles y aparentes treguas en las que cristaliza la irreconciliable pugna entre la insinceridad radical y la superficie de la lengua, en un mensaje inasumible, en esta época que todo lo asume.

→ 1 comentarioCategorías: Papelera

In girum imus nocte et consumimur igni (origen del título del libro)

Martes, 17 Marzo, 2009 · Dejar un comentario

 

6′16”: Cette lache imitation qui est la dupe du présent et le faux témoin de l’avenir.

→ Deja un ComentarioCategorías: Artistas invitados · El taller

Un mal comienzo (no lo tiene cualquiera)

Lunes, 16 Marzo, 2009 · 2 comentarios

En enero de 2008 envié un adelanto a la editorial. Las primeras 40 páginas: el material presentado al Premio Crónicas (los hechos de 1991), mas el capítulo de las detenciones. Al final añadí el principio: redacté dos páginas para maquillar lo verde que estaba. Más allá del almíbar, conservan un regusto amargo. Por eso, cuando en abril empecé a escribir el libro en público, a través de Google Docs, volqué el adelanto sin incluir el comienzo. Es verdad que no valía para nada, y que incluso era más interesante, de cara a los voyeurs, arrancar de cero y en directo. Pero si no lo volqué fue porque me daba, más que vergüenza, vértigo. Éste era el primer párrafo:   

I

 

Es inútil, no da tiempo. El viajero que levanta la cabeza, porque es inútil seguir leyendo el mapa en esta carretera estrecha y emboscada, inútil porque sus signos no son reconocibles en las cunetas de este angosto, espeso y lento camino asfaltado que nos lleva, cuesta arriba y sin horizonte, inútil por lo menos hasta que no empecemos la bajada de este puerto pequeño, reconcentrado y orgulloso ombligo; es inútil, al viajero no le da tiempo leer entero ese cartel, rectangular, blanco, rotulado en catalán y letras negras, que en la curva de la cima aparece encuadrado y cerca, pero fugaz. Es inútil, ni el viajero ni el que conduce han tenido tiempo de leerlo. Por eso vuelven.

 

“PROHIBIT CONSTRUIR EN TOT EL MUNICIPI: ABANS DE COMPRAR PARCELES, DEMANIN INFORMACIÓ AL AJUNTAMENT DE LA BISBAL DEL PENEDÈS”.

 

¿Se puede caer más bajo? Sí, pero es difícil. Podría intentar autopsiconalizarme, pero no me quiero justificar. Baste ese encorvado periodista disfrazado de  ”viajero”. Podría incluso darle unas palmaditas en la espalda: ese ”Es inútil, no da tiempo” inaugural, ya no me acuerdo, pero ahora parece una escandalosa contraseña, un angelical pacto con el diablo: voy a escribir esto, por obligación, pero que conste que yo no quiero. Por el mismo agujero, pero al otro lado del tabique, se oye me parece oír el “sí quiero” de una puta de lujo soñando con su noche de bodas. 

 

El vértigo ha desaparecido. El síndrome de Estocolmo de uno que no quiere inventarse nada (¡si supiera, iba a estar yo aquí!), pero es el invitado de honor en una recepción donde se anima a mezclar lo real y “los recursos de la ficción”, según las bases del premio. El reflejo verdeoro de las llanuras trigueras en ese brindis al sol. La inalcanzable cima de la sierra regionata o el anfiteatro de los prodigios, para respirar un poco de aire puro. En resumen, la patética histeria de los que empiezan pidiendo perdón,  para ganar tiempo. Creen que el mundo está contra ellos. Hablo de aquel comienzo.

 

No hay conspiración. El laberinto está dentro. La salida, a la mano de cualquiera: Quitarse de en medio y escribir algo verdadero.

 

Ella había sido violada y su novio estaba herido.

 Por ejemplo.

→ 2 comentariosCategorías: Papelera

El periodista, víctima de lo real

Viernes, 13 Marzo, 2009 · 1 comentario

John Carlin, un reportero de El País, visita Islandia. El 6 de abril de 2008 publica “La buena vida“, en cuya entradilla dice:

“Aislamiento. Frío. Naturaleza hostil. Los islandeses han hecho frente a sus problemas. Hoy son los seres humanos más felices, y su país, el lugar donde mejor se vive del mundo. Ellos mismos explican por qué.”  (El País, 06/04/2008)

Seis meses después publica “El primero en caer“,  aunque la entradilla aclara que no se refiere al periodismo y su lugar en el mundo:  

“Hasta hace unas semanas era considerado el mejor lugar para vivir del mundo. Y sus habitantes, los más felices del planeta. Pero, arrasada por el terremoto de la crisis financiera, Islandia se ha convertido en un país en bancarrota, con una población en estado de ’shock’ y unas autoridades balbuceantes. ¿Un anticipo de lo que les espera a otros países?” (El País, 19/10/2008)

¡Ese sujeto elíptico! Era considerado, dice. La lectura íntegra de los dos reportajes instruye mucho sobre el viaje a lo real del periodismo simbólico. Por ejemplos:

“También hablamos de cómo los islandeses –que hoy día cuentan con excelentes restaurantes y cuya energía para trasnochar debe de proceder del ADN vikingo– parecen tener mucho del savoir-vivre del sur de Europa.” (El País, 06/04/2008)

“Pero los logros acumulados a lo largo de los mil años de presencia humana en la isla se ven ahora en riesgo debido a la exuberancia vikinga, que muchos habían identificado como el motor del milagro islandés, como el motivo por el cual el país pasó en medio siglo de ser el más pobre de Europa a uno de los más ricos, con desempleo cero.” (El País, 19/10/2008)

“Es uno de los problemas de abusar de los símbolos: algunos no simbolizan una puta mierda” (La Prensa, víctima de la mafia)

→ 1 comentarioCategorías: Epistemología de la vida cotidiana

Vaya

Jueves, 12 Marzo, 2009 · Dejar un comentario

Uno.- Cuando empecé a escribir, imaginaba que el paraíso era un lugar con playa y un mes por delante para afeitar el texto, mucho antes del invierno. Los días que más subido iba, pensaba en las páginas que llegaría a quitar:  30, 40, 50, me decía. Ahora resulta que al manuscrito, antes de que nadie se lo lea, por estrictas razones espaciales, aunque no necesariamente extraterrestres, le sobran cien páginas. Pronto será primavera. Estoy en Madrid (vaya, vaya). Me doy dos semanas. 

Dos.- Menos mal que Sergio González no se olvidó, mientras iba leyendo el borrador, de que la  comprensión mutua ennoblece la amistad. Así escribía, sobre uno de los párrafos, estos cariñosos comentarios desde su balcón en Calpe:

 

comentarios_borrador_sermon

Tres.- Él me manda hoy también este enlace a la historia de Robert Graham Hodgson, otro conejo que confesó ser un elefante.

→ Deja un ComentarioCategorías: Papelera

Prohibido arrojar escombros al ombligo

Lunes, 9 Marzo, 2009 · 2 comentarios

“Allí donde el autor, llevado por su impulso, ha ido directo al todo, donde se cree dispensado de tener que reunir piedra a piedra, donde no ha visto las juntas, y, al no verlas, no las ha sellado;  es allí donde se instala el moho del envejecimiento. Para distinguir las juntas, los límites del pensamiento, hay que criticarse a uno mismo”. [*]

Walter Benjamin

 

Diez días después, y a la espera de los comentarios de los editores, he releído este fin de semana, muy por encima, algunas partes del manuscrito. Le sobran unas cuantas páginas. La grasa, como casi siempre, no se debe a la información que mana en exceso, sino a la pegajosa mano que la galvaniza.  Casi toda brilla en la segunda parte: en la primera y en la tercera,  la voz del narrador me suena honrada, clara y precisa. Limpia. Los enredos están en la segunda. Pero con una señalable evolución: empieza pecando por temblorosa y acaba haciéndolo por campanuda. Hablo sólo de los baches: ¿para qué hablar de lo que no nos quita el sueño? El estilo de algunos párrafos del principio (Vilafranca, “No he tenido nunca ninguna duda”, Terrassa, etc.) es el de la hiedra: se extiende pegada a la textura del mundo, sube y baja como queriéndose agarrar al folio blanco de la pared, las frases se entrecortan, se agarran unas a otras y siguen. El que escribe, cuerpo a tierra, se arrastra muy despacio, como una lagartija que se ha tragado un cordero. En los peores párrafos del final, sin embargo, camina erguido, sacando pecho; cuando intuye que la pasarela acaba en un cul-de-sac, disimula y se para, como luciéndose, mirando al público. Incluso sonríe, pero los dientes que enseña son de leche. ¿A quién pretende morder así? Ambos excesos son la cara y la cruz de la misma moneda:  ”el desesperado compromiso con la angustia”. Y aunque es innegable que los primeros eran los garabatos de alguien mucho más frágil y asustado que este último que pasea con la zancada más larga que el paso; también lo es que gracias a que entonces pude ver que personalmente no tenía nada que perder, salvo el miedo, ahora sé que lo que más miedo da es reconocer que no hay nada personal que ganar. Corregir es desaparecer. ¿Qué mejor que hacerlo en público?

 

[*]“Aux endroits où l’auteur, emporté par son élan, est allé droit au tout, où il s’est cru dispensé d’assembler pierre par pierre, où il n’a pas vu les joints, et, ne les voyant pas, ne les a pas comblées –c’est là que s’installe la moisissure du viellissement. Pour distinguer les joints, les limites de la pensée, il faut se critiquer soi-même.“ 

W. Benjamin. OEuvres, vol. II, Folio, Paris, 2000, p. 324-325.

 

→ 2 comentariosCategorías: El taller · Papelera

Anónimos

Lunes, 2 Marzo, 2009 · 2 comentarios

→ 2 comentariosCategorías: Artistas invitados

Bandeja de salida

Jueves, 26 Febrero, 2009 · 13 comentarios

11:28. El manuscrito ha sido enviado a la editorial Seix Barral.

→ 13 comentariosCategorías: Uncategorized

La versión de uno de los (dos) abogados

Lunes, 23 Febrero, 2009 · Dejar un comentario

El lunes pasado publiqué aquí la minuta que le pasaron los abogados Pedro J. Pardo y Jorge Claret a Ahmed Tommouhi, después de que se hubiera hecho efectivo el cobro de la indemnización que le correspondía a Tommouhi por la condena revocada de Olesa.  Y publiqué que en esa minuta habían facturado procedimientos que no habían llevado ellos. Lo publiqué sin la versión de los abogados. Pardo y Claret no habían querido en ningún momento dar su versión sobre el modo en que se reclamó esa indemnización: le hicieron firmar una supuesta autorización para presentar un nuevo recurso de revisión, cuando en verdad lo que estaba firmando era una autorización para ellos poder reclamar la indemnización en su nombre. Yo di por hecho que los abogados tampoco iban a querer dar su versión sobre el contenido de la minuta, porque tendrían que darla también sobre el engaño original.  Me equivoqué. 

Pedro J. Pardo admitió el viernes por la tarde, en vistas de que así –minuta incluida– se va a publicar en el libro, que engañaron a su cliente para que firmara la reclamación de la indemnización. Ahmed Tommouhi no quería cobrar esa indemnización. No quería dinero del Estado que lo había condenado a casi doscientos años de cárcel, si antes no se investigaban los demás casos y el Supremo  reconocía  que también en ellos  habían sido condenados injustamente. Pardo justifica ese engaño, así como el hecho de que le facturaran procedimientos que no habían llevado ellos, en los siguientes términos: 

Sobre la firma, con engaño, de la solicitud:

1.-Nosotros hicimos lo que considerábamos que era lo mejor para el cliente. El cliente se pensaba que si pedíamos la indemnización se iban a olvidar del resto de asuntos. Y que no iban a estudiarlos. Nosotros sabiendo que no era así y que era mejor para el cliente, y sobre todo para su familia, pues lo hicimos.

2.- Era imposible hacerle entender que si cobraba esa indemnización, el estado no se iba a interesar más o menos por su situación. Era imposible hacerle entender que una cosa no tenía nada que ver con la otra. Pero nosotros pensamos en su bien, y sobre todo en el bien de su familia, y por eso hicimos esto. Éticamente no lo hicimos bien, pero lo hicimos por su bien.

Sobre la facturación de procedimientos que no habían llevado ellos: 

3.- Es que por los asuntos que llevamos nosotros, le cobramos muchos menos, y por eso con los que no habíamos llevado, compensamos. ¿Por qué? No lo sé, fue minutado por debajo de lo que cobraba el Colegio de Abogados. No lo sé, ya te digo, que no me acuerdo. No sé por qué lo hicimos así. Que le cobramos por debajo de las minutas del colegio de abogados, eso seguro.

4.- Fue una forma de repartir el coste entre todos los procedimientos: se cobró menos por los que se trabajó, y se cobró por los que no habíamos trabajado. Lo que hicimos fue calcular un total y dividir entre varios. Y por eso en todos es la misma cantidad.

5.- Porque claro, qué hacíamos con los procedimientos que nos hicimos cargo cuando ya se habían terminado. ¿Qué hago, no cobro nada? Nosotros nos hicimos cargo de todos los procedimientos, y nos los tuvimos que estudiar igual para luego presentar los recursos de revisón. Aunque en su día no hubiéramos intervenido… Y por eso lo hicimos así, para cobrarlo todo junto.  De hecho, cuando hemos tenido que hablar de su caso con los periodistas, por ejemplo, respondíamos por todas las causas. Si tú me preguntabas algo de la sección sexta, yo también te respondía.

Sobre la asistencia de Manuel Ollé a la vista del Supremo en 1997, que también se facturó, pero que no se le pagó al propio Ollé: 

6.- Ollé asistió a la vista del Supremo en el asunto de la revisión, pero nada más. Esa fue su participación. Luego no participó en nada más. Pero yo no tengo nada que ver con Ollé. Es Claret quien tiene que entenderse con él. Después le dijimos a Ahmed, guárdate dinero para el recurso de Estrasburgo. No se guardó nada. Tuvimos un enfrentemaiento a raíz de eso. Y cuando Ollé participó en el recurso de Estrasburgo, ya no llegamos a cobrar nada.  

 

Jorge Claret ha declinado esta mañana comentar los hechos. 

 

→ Deja un ComentarioCategorías: El taller · Epistemología de la vida cotidiana

Malaguarismos

Lunes, 16 Febrero, 2009 · 6 comentarios

(Nota, 18 Febrero: Esta es la página 2 de la minuta, que no aparece enlazada en el texto).


La indemnización a la que tenía derecho Ahmed Tommouhi por la condena revocada de Olesa fue solicitada contra su voluntad en mayo de 1998. El libro cuenta cómo, y cómo lo sé. El caso es que cuando llegó aprobada, en abril de 2001, sus abogados, Jorge Claret y Pedro J. Pardo, le convencieron, después de varias visitas a la cárcel, para que aceptara el dinero. A la mañana siguiente los abogados retiraron algo más de dieciocho millones de pesetas de la delegación de Hacienda en Gerona, metieron el dinero en un maletín y cruzaron la plaza hasta una sucursal del BBVA que había a 200 metros, donde le ingresaron algo más de 12 millones en la cuenta a su hermano, Omar Tommouhi, que los acompañaba.

Un día tuvieron que justificar esos casi seis millones de diferencia que se habían cobrado. Echaron mano de las “Normas Orientadoras del Il-lustre Col-legi d’Advocats de Barcelona, en su 14ª edición (mayo de 1994)” y fabricaron esta minuta. El resultado es fabuloso. Más allá de los malaguarismos contables  –restaron 660.000 pesetas que el hermano de Tommouhi había pagado durante los años noventa por adelantado, en lugar de sumarlas, de modo que acabaron esfumándose del Total: 5.943.000 ptas; o el descuento del 20% que anotaron: “por características de cliente y referencia al asunto”, queriendo decir por pobre e inocente que sigue en la cárcel–, la verdad es que lo estafaron engañaron:

Facturaron 400.000 pesetas por un procedimiento que no habían llevado ellos, como este de la Sección Sexta, que llevó de oficio Desiderio Fernández:

minuta_detalle_sexta

O este otro de la Sección Novena, que también llevó de oficio Pere Ramells, y por el que facturaron la misma cantidad. En este añadieron un supuesto recurso de casación que nunca se presentó. 

minuta_detalle_novena

En fin, se cobraron también el trabajo de Manuel Ollé ante el Supremo, 

minuta_detalle_supremo

pero se olvidaron de pagarle. “Yo no cobré un duro, cero patatero”, decía Ollé hace unas semanas en su despacho de la calle Goya, en Madrid. 

El abogado Pedro J. Pardo dejó la abogacía en agosto de 2008. Hoy es juez. Jorge Claret sigue en el foro, como él mismo decía la noche que nos vimos en su despacho en octubre pasado. Ninguno quiso hablar de la indemnización.

→ 6 comentariosCategorías: Epistemología de la vida cotidiana

Decir es hacer

Lunes, 9 Febrero, 2009 · Dejar un comentario

Jamal Benali y Mostafá Zaidani durmieron con Ahmed Tommouhi en una pensión de Terrassa el fin de semana del 9 al 10 de noviembre de 1991. El lunes 11, Tommouhi y Zaidani fueron detenidos. Este último fue puesto en libertad sin cargos después de la detención en Barcelona, el miércoles 13,  de Abderrazak Mounib, el otro marroquí condenado junto a Tommouhi por las violaciones de Tarragona. Estas violaciones (I y II) se cometieron la noche del sábado 9 al domigo 10, y Tommouhi siempre declaró que esa noche él estaba durmiendo en la pensión. Sus abogados, Claret y Pardo, nunca llamaron a declarar ni a Benali ni a Zaidani. Yo los he encontrado.

Seguir leyendo →

→ Deja un ComentarioCategorías: Epistemología de la vida cotidiana

Conversación con M.

Lunes, 2 Febrero, 2009 · 2 comentarios

El 25 de abril de 2006, sobre las 21,58 horas, llamé a M., la chica violada en Olesa en 1991. Enseguida supo por qué la llamaba, qué era el “caso de Ahmed Tommouhi“. “Cómo no me voy a acordar”, dijo.  Hablamos unos veinte minutos.

Yo estaba preparando un programa de radio: cuatro días después se cumplían siete años sin que el Gobierno hubiera resuelto el indulto de Tommouhi, y queríamos preguntarle al ministerio de Justicia los motivos del retraso. “Y qué quieres que yo te diga; como comprenderás no voy a estar a favor de eso”, dijo. 

Esa postura me sorprendió. Era la segunda víctima con la que hablaba, o mejor dicho: la segunda chica violada, porque también había hablado con Álex, testigo apaleado de otras violaciones. Ella, sin embargo, es la única cuyo caso fue revisado: se analizaron unas muestras, años después de los hechos, y el ADN señaló que los violadores eran Antonio García Carbonell y un pariente suyo, y que Ahmed Tommouhi y Abderrazak Mounib, el otro marroquí que llevaba años en la cárcel por estos hechos, eran inocentes. 

“Yo al segundo juicio ni entré”, dijo. Es una frase que sitúa muy bien esta historia. Mucha gente se empeñaba entonces que el caso Tommouhi no saliera de un recipiente muy concreto, fijo: en un asa, el día de su detención y en la otra, el día que se leyó la sentencia del último juicio, en enero de 1995. Se tapa la olla, se pone a fuego lento, y que se cueza en la cárcel. Las víctimas son algunas de esas personas. Por razones perfectamente comprensibles. M. descansó el día que condenaron a Tommouhi y a Mounib, y desde entonces, dijo, no quiere “saber nada”: “Lo único que quiero es olvidarlo”. 

La olla se desbordó un día. La parte que le toca a M. ha sido hasta hoy la vía de escape más gorda. Por ahí se fue una de las condenas, revocada por el Tribunal Supremo en 1997, y hubo que repetir el juicio, un segundo juicio, en 1999. “Es que ni lo vi. Se declaró culpable y ya está”. Antonio García Carbonell había sido condenado también por una ola de violaciones cometida durante la primavera de 1995. 

M. sigue al teléfono. “No entiendo por qué al principio sí que eran unos y luego otros. Si eran los mismos análisis; no sé, de verdad que nunca he entendido el por qué.” M. tiene una visión muy imprecisa del caso: “sólo yo y otras dos chicas denunciamos”. En verdad denunciaron nueve. Sus ganas de olvidarlo todo van dando resultado: “sólo apareció ADN de uno, del que se murió”; “el otro sigue en la cárcel, pero es que pudo ser él”. Le expliqué que no, que el análisis arrojó el perfil genético de dos hombres distintos. 

-¿Y por qué no detuvieron al otro también?”, reclamó.

-No lo detuvieron porque no saben quién es; sólo saben eso, que es un familiar muy cercano suyo. Pero si a esa persona no se le extrae, como a García Carbonell, sangre que pueda compararse con los restos que sacaron de tu ropa, pues no se puede saber quién es. 

-No sé, la verdad, por qué al principio no había ADN y luego sí. 

-No es que no hubiera ADN. Lo que pasaba en 1991 es que la técnica no estaba todavía tan desarrollada como en 1997. Se analizaron los mismos restos, y la segunda vez sí que se puedieron extraer resultados…

-No sé, mira, ya me da igual todo, ¿sabes? Yo lo único que quiero es no volver a pensar en aquello. Que nadie me vuelva a hacer daño, que yo no haré daño a nadie. Y te entiendo a ti, que desde tu punto de vista, como periodista, quieras sacar el tema y que te parezca que estos señores son inocentes. Pero yo los vi, yo sé que son ellos. Yo los vi y mi cuerpo me dice que son ellos. Y a mi nadie me va a decir lo contrario. 

M. hablaba serena, encadenando las frases despacio pero sin pausas. A veces con contundencia. Cuando pasaba demasiado tiempo entre párrafo y párrafo, le preguntaba algo, me justificaba.

-A lo mejor hay una persona inocente en la cárcel, dije.

Ahmed Tommouhi seguía entonces en la cárcel. Abderrazak Mounib había muerto en abril de 2000, tres años después de que se descubriera el error. 

-Ya, pues lo siento, dijo. Yo también he sufrido lo mío, todos hemos sufrido…Si son inocentes, ¿por qué no los han indultado ya? A mí si tienen que indultarlos, que los indulten, tanto me va a dar. 

El Gobierno denegó finalmente el indulto el 30 de abril de 2008, nueve años, exactamente nueve años después de que lo hubiera solicitado en su favor el entonces fiscal jefe de Cataluña, José María Mena. Ahmed Tommouhi, en libertad condicional, sigue condenado por otras tres causas y un único motivo: que las víctimas, como M., lo señalaron.

→ 2 comentariosCategorías: El taller · Epistemología de la vida cotidiana

Es tarde para corregirse

Lunes, 26 Enero, 2009 · Dejar un comentario

Desde hace un tiempo, organizo todo el trabajo en base a esta sóla consigna: aprieta los dientes y no mires para atrás. Así que a menudo vengo aquí con la misma noticia, pero distinto formato:  ”cabalgo”. La falta de tiempo está obligándome a tomar decisiones sobre la marcha, para solucionar ciertos problemas formales, que sorprenderán al trasluz de lo que he ido anunciado aquí: el capítulo más caprichoso, por ejemplo, se ha trasnformado en algo totalmente distinto y, estoy seguro, mucho mejor. El work in progress se está imprimiendo en la estructura del libro de una forma mucho más marcada de lo que imaginaba, y me gusta.  A partir del próximo lunes, sin embargo, si es que llego por fin a enviar el  manuscrito, desgranaré aquí lo más importante que todavía no he dicho –porque no lo he terminado de escribir–. Creo que febrero será un mes interesante y no sólo porque vaya a ser el último. 

Mientras tanto, y por si acaso, que vayan subiendo los títulos de crédito con esta música de fondo.

→ Deja un ComentarioCategorías: El taller · Epistemología de la vida cotidiana

La desaparición del público (bosquejo)

Lunes, 19 Enero, 2009 · Dejar un comentario

1.- (El público). Los juicios pactados que van imponiéndose como la forma más habitual de administrar justicia –en España más de la mitad de los penales se resuelven ya por acuerdo entre las partes—más allá de las ventajas e inconvenientes prácticos que puedan atribuírsele, sellan un principio teórico indiscutible que pocas veces se advierte: la irrelevancia del público. La justicia administrada mediante acuerdos, por mucho que sean públicas la instrucción y la sentencia, se desprende del público, de su función y garantía epistemológicas. El público no es sólo la fuente de legitimidad en cuyo nombre se dicta sentencia –el “S. M. el Rey” es sólo su concreción simbólica, un signo–, es también el ojo común que puede fiscalizar la representación de lo ocurrido. Si la justicia ha tenido que abrirse, desde el oscuro rincón medieval donde se obtenía la verdad por confesión del acusado, hasta la retransmisión en directo y por televisión del juicio del 11-M es también porque se sobreentiende que la verdad que el tribunal tenía que dilucidar no escapaba a la razón común, sino que era una verdad al alcance de cualquiera, y que por tanto podía dilucidarse a la vista de todo el mundo. “Una verdad empírica, pública e intersubjetivamente controlable”, según los términos de Ferrajoli. Nadie, por más que pueda pervertirse esa garantía de lo mismo que en orígen era la convicción del juez, puede pretender que una condena basada en la íntima convicción del juzgador, en un motivo incomunicable, sea justa. La justicia trabaja con la hipótesis de que se puede obtener esa verdad comunicable, intersubjetiva y cierta. Todo eso ha desparecido en los juicios a consenso, porque lo único que debe comunicarse es el acuerto en sí, no el fondo real sobre el que se recorta, pudiendo negar así que algo ha ocurrido, aunque haya ocurrido, y todo el mundo lo sepa. Lo más habitual, sin embargo, es que se pacte que ha ocurrido algo, a pesar de que nadie haya visto nada. Nadie que no sea una de esas figuras que condensan y a la vez subliman, el fantasma del público. Los arrepetidos o los testigos protegidos son el ejemplo de mayor proyección internacional. Las víctimas de delitos sexuales en España, sobre todo si son menores, encajan sin desmerecerlo en ese mecanismo de la ausencia: su palabra suele sustraerse a la discusión común, y así revela una verdad incomporable. No digo que no haya psicólogos, psiquiatras incluso expertos forenses que la certifiquen, pero se trata sólo de un análisis interno de su coherencia, que no se compara con la incoherencia del mundo. Los juicios a puerta cerrada, como este de Tarragona, escenifican dicha desaparición.

2. (Subir las persianas) Las víctimas en general, y las víctimas de delitos sexuales, muy en particular, reclaman el anonimato. Los juicios a puerta cerrada son una consecuencia directa de esa idea tan extendida de que respetando su derecho a la intimidad, estamos poniéndonos de su parte. Más allá de las cuestiones que plantea esa desaparición del público como juez de los que administran justicia, que es un problema político de graves consecuencias jurídicas, no estoy ni siquiera seguro de que ese sagrado anonimato sirva a su pretendida intención de proteger a las víctimas.

El crimen es una forma de negación. No sólo física. Estos que violaban, parece una obviedad que necesitaban primero reducir al otro a lo que ellos imaginan que es. Esta idea está presente en la mayoría de las declaraciones de las víctimas, las de La Secuita con incisiva evidencia. El insulto parece una forma de facilitarse el crimen, o por lo menos lo precedía a menudo. En consecuencia, la réplica de las víctimas, redoblaba los insultos y los golpes que recibían. Los violadores pedían sobre todo dos cosas: que las chicas se callaran, o que repitieran lo que ellos querían oír: que eran “unas guarras”, por ejemplo. Las dos redundan en lo mismo: en negarlas.

La violación sigue siendo, en gran medida, un tabú. Por supuesto que entiendo que las víctimas no quieran mostrarse en público. Nadie en su sano juicio puede pretender que no sea compresible. El dolor no puede ponerse en común. Lo que no tengo tan claro es que se trate de una decisión estrictamente personal. Un tabú es un silencio generalizado. El trauma sufre el tabú en carne propia.

Un silencio generalizado, pero también una forma de estar de acuerdo, sólo que secretamente compartida. Que no es lo mismo. Apuesto a que nadie aplaudiría con tanta firmeza ese tabú como el médico aquel que trató a las chicas de La Secuita “como si fueran unas frescas”, según contó uno de los padres al juez. Quien más allá de comprenderlo, defiende ese silencio como un acto de reparación con las víctimas, en el fondo comparte el mismo fetichismo impotente que el violador: que las chicas tuvieron su parte de culpa. Sólo quiero reiterar con esto que comprendo el trauma, pero que no he movido un dedo por el tabú. Las he llamado por teléfono y les he escrito. Sólo G., una de las chicas de Cornellà, aceptó hablar en más de una ocasión: en dos.

3.- (La víctima absoluta). Otra cosa es la figura jurídica que sobre la alfombra de ese tabú camina. El mal absoluto que cada vez más representa el agresor sexual, mucho más absoluto si pederasta, fragua su correspondencia lógica: la víctima absoluta con un derecho ilimitado a que se repare su daño. El derecho ilimitado y el no-derecho, sin embargo, son lo mismo, y su reivindicación difumina muchas de las fronteras sobre las que se sostiene el ejercicio y la posibilidad de la justicia: el viejo Hágase la Justicia y perezca el mundo está de actualidad. Lo peor de la gran inversión que propugnaba Margarita Robles en 1991: “Como jurista pienso que lo que no se puede hacer es invertir el enjuiciamiento y exigir a la víctima que demuestre su inocencia.”, es que probablemente ha triunfado. La imposibilidad ontológica de demostrar la inocencia, que es lo que está pidiendo esa reinversión, deja al acusado, a falta de evidencias fácticas que alcancen al entendimiento del tribunal, a expensas del convencimiento de quien lo acusa. La distancia entre los hechos y el derecho, ese reducto en el que se mueven los jueces, los periodistas y el público de toda verdadera democracia, es el primer límite que clausura la pretensión de que la palabra de la víctima debe sustraerse a la discusión común y el escrutinio público, como si la culpabilidad estuviera siempre fuera de toda duda. El único argumento de las víctimas que es indiscutible, sin embargo, es éste: “Estoy convencida”. El resto deben estar expuestos al mundo con el que, quieran o no, limitan.

El “informe” confindencial de O.

Tommouhi, los notarios, Artur Más y la televisión.

→ Deja un ComentarioCategorías: Cortocircuitos · Epistemología de la vida cotidiana