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La memoria es un mal testigo

Domingo, 7 Febrero, 2010 · 1 comentario

Fuente: MÓNICA CEBERIO BELAZA.- EL PAÍS 7/02/2010

El 80% de las condenas a inocentes se debe a un error de identificación. Algunas víctimas generan falsos recuerdos que sirven como única prueba

Olvidas lo que quieres recordar y recuerdas lo que quieres olvidar, dice el protagonista de La carretera, de Cormac McCarthy. Les pasa a algunas víctimas de delitos graves. Quieren olvidar, y no pueden, el momento en el que un desconocido se les acercó en una esquina oscura, les puso una navaja en el cuello y las violó o intentó asesinar brutalmente, sin piedad; y quieren recordar el rostro del criminal para que pague por lo que ha hecho. Pero no siempre pueden.

Esa cara borrosa puede adquirir nitidez gracias a una mentira involuntaria: se coloca a otra persona en la memoria y alguien que jamás tuvo nada que ver con el delito acaba en la cárcel, en ocasiones durante décadas, con la vida destrozada para siempre. Por culpa de los falsos recuerdos y de un sistema legal que los ignora y que cree ciegamente a las víctimas.

Esta semana ha salido a la luz un caso espeluznante. El Tribunal Supremo anunció su intención de absolver a Ricardo Cazorla, un hombre con una minusvalía física, psíquica y sensorial del 66% que había sido condenado a 36 años de cárcel por la Audiencia de Las Palmas en 2009. Los magistrados sostenían que había violado a tres chicas en 1997. Una de ellas vio a Ricardo en la calle en 2007 y creyó que era su agresor. Llamó a la policía y le detuvieron. Avisaron a todas las víctimas de la época del llamado violador de Tafira, nueve en total. Seis no reconocieron a Cazorla y estuvieron al margen del proceso. Pero la que lo había visto y otras dos más lo señalaron como culpable, aunque una de ellas tuvo muchas dudas al principio y no lo reconoció en las fotos de los archivos policiales.

Los magistrados Pedro Joaquín Herrera, Secundino Alemán y Carlos Vielba creyeron en la memoria de las mujeres a pies juntillas a pesar de las circunstancias. Las identificaciones se hacían 10 años después del delito. En 1997, las chicas habían declarado ante la policía que el lugar donde las habían violado estaba muy oscuro; o que el agresor les había impedido mirarle a la cara; o que llevaba un gorro que le cubría parte del rostro. En todos los casos era de noche. Además, Cazorla pesaba en 2007 unos 30 kilos más que el violador de 1997. A pesar de eso, los jueces consideraron que las tres chicas eran perfectamente capaces de reconocer “sin ningún género de dudas”, en ese cuerpo con muchos más kilos, a una persona a la que apenas habían podido vislumbrar 10 años antes.

El informe de la Policía Científica, basado en el análisis de muestras biológicas, excluía la culpabilidad de Cazorla. El Instituto de Medicina Legal de Las Palmas de Gran Canaria decía que el perfil genético del acusado no coincidía con los restos encontrados en el jersey de una de las víctimas. Sólo planteaba dudas respecto de la prueba del cromosoma Y porque sostenía que no había material suficiente como para que el resultado se aceptara como fiable al cien por cien (en cualquier caso, era negativo). Además, la mujer que lo reconoció en la calle ya había identificado sin ningún género de dudas unos años antes a otra persona que se demostró inocente gracias al ADN.

Una suma de factores impedían desvirtuar la presunción de inocencia de Ricardo Cazorla. Sobre todo, las pruebas científicas. Sin embargo, los jueces antepusieron, por encima de cualquier otra consideración, lo que decían las víctimas. El fallo dice que los testimonios se caracterizaron por “su persistencia, solidez y contundencia”. El problema es que los magistrados ignoraron la posibilidad de que se equivocaran. Y no siempre se puede creer a un testigo.

Nuestros recuerdos no son fiables. Más del 80% de las condenas a inocentes, según la ONG norteamericana Innocence Project (en España no hay ninguna estadística sobre el tema), tienen como base reconocimientos erróneos de víctimas y testigos.

Hacer una identificación precisa es mucho más difícil de lo que parecen pensar algunos jueces. Con un documental reciente (El quinto por la izquierda, de Producciones La Marea) se hizo un experimento interesante. Se simulaba un tirón en la pantalla y se enseñaba la cara del ladrón, a plena luz, durante más tiempo que en un delito real. Después se pidió a algunos espectadores (unos 300) que identificaran en rueda de reconocimiento al del tirón. Las condiciones eran óptimas. Los testigos no estaban sometidos a estrés y sabían desde el principio que se iba a poner a prueba su memoria. Aún así, cuando en la rueda no estaba el autor del tirón, sólo el 52% de los que habían visto la película cinco minutos antes dijo “no está”; y el porcentaje de aciertos bajó al 25% cuando la habían visto dos días antes. Esto significa que entre el 48% y el 75% señaló a inocentes.

Cuando en la rueda sí estaba el auténtico tironero, fue reconocido por el 32% de los espectadores cinco minutos después de ver la película, pero sólo por el 13% cuando habían pasado 48 horas.

Las identificaciones son complicadas. La pregunta es porqué un testigo se empeña y afirma “sin ningún género de dudas” (según la fórmula forense) que está convencido de que un inocente es culpable. En muy pocos casos se miente a sabiendas. Lo normal es que las víctimas estén seguras de que esa persona fue quien les agredió. Han puesto esa cara al delito y ya, incluso cuando lo recuerdan, lo hacen pensando en el rostro del inocente. Es una distorsión de la memoria.

¿Cómo pueden estar tan seguras de un recuerdo falso? “Sabemos que la exactitud de una identificación depende de varias causas (dificultades para ver la cara, alto nivel de estrés, paso del tiempo, ruedas de identificación inadecuadas), pero en cambio no sabemos tanto sobre las razones que hacen variar la seguridad de testigos y víctimas”, afirma Margarita Diges, catedrática de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid y especialista en la llamada psicología del testimonio. “Más allá de razones internas, individuales, una forma de incrementar la seguridad de un testigo es darle a entender que ha acertado, como sucede cuando señala una fotografía y más tarde ve en la rueda a esa misma persona”.

“Lo que sí está demostrado empíricamente es la falta de relación entre la seguridad del testigo o de la víctima y la exactitud de su identificación”, continúa Diges. “Sin embargo, pese a todas las demostraciones empíricas, lo que vemos en la realidad policial y judicial es que, cuando la víctima está totalmente segura de que el identificado es su agresor, esa seguridad se toma como garantía de exactitud incluso cuando hay pruebas científicas exculpatorias, por ejemplo, las de ADN”.

El momento clave es ese en el cual el testigo o la víctima piensa que quizá el que aparece en la foto es el culpable. Si en ese primer momento se reafirma, después no hará más que identificar de nuevo (y cada vez con más seguridad) al que vio en esa primera foto o rueda. Ya no lo compara con su recuerdo del delito, sino con la primera imagen que vio del sospechoso. Por eso es tan importante que no haya irregularidades en esa fase. Si eso se hace mal, si el policía insinúa que en una foto determinada podría estar el culpable; o le dejan ver al sospechoso en la comisaría por error antes de la rueda; o es la única persona de características físicas similares al agresor; después es muy difícil dar marcha atrás: ya se ha creado el falso recuerdo.

En España han aparecido numerosos casos en los últimos años. La semana pasada fue Ricardo Cazorla. En el verano de 2009, el Supremo absolvió al nigeriano Henry Osagiede de dos delitos de agresión sexual y robo con intimidación. El hombre, negro, había sido el único de su raza en las ruedas de reconocimiento. Las dos víctimas, que lo habían identificado sin ningún género de dudas, ya habían identificado antes y con la misma certeza, a otro hombre que, por fortuna para él, tenía pruebas de su inocencia.

A Rafael Ricardi lo condenaron por violación y pasó 13 años en la cárcel. Era inocente. Cuando fue detenido vivía en la calle y era toxicómano. Suele pasar en estos casos: el acusado injustamente es pobre, o inmigrante, o drogadicto, sin recursos, y no tiene muchas posibilidades de hacer valer su versión de los hechos, ni de contratar a grandes abogados -aunque algunos son

condenados a pesar de la excelente labor de sus letrados de oficio-, ni saben cómo armar un escándalo mediático con la injusticia.

Hay casos estrambóticos, como el de Jorge Ortiz, condenado por atraco a mano armada. Había dos víctimas. Una no lo identificó. Otra sí, pero se retractó poco después, y antes del juicio, cuando le enseñaron la foto del verdadero culpable. Dio igual: el juez no la creyó y se empecinó en su primer testimonio. La delirante condena fue confirmada por el Supremo y el Constitucional ni siquiera admitió a trámite el recurso de amparo. Finalmente, fue indultado gracias al apoyo que tuvo, en todo momento, de la víctima que se había equivocado. Pasó dos años y medio en prisión, hasta que le suspendieron la ejecución de la condena.

La Justicia tiene serios problemas para enmendar sus errores. Una vez que hay una condena, en principio es inamovible aunque atente contra los principios más elementales del sentido común. Fue lo que sucedió en el caso de Ahmed Tommouhi y Abderrazak Mounib, condenados por una serie de violaciones cometidas en Tarragona y Barcelona en 1991. Cuatro años después apareció el verdadero culpable, un español, pero sólo pudo probarse la inocencia de Tommouhi y Mounib en uno de los casos, el único en el que quedaban restos de ADN. Por el resto siguieron cumpliendo condena. Mounib murió en prisión en 2000. Tommouhi pasó entre rejas 15 años. Salió en libertad condicional en 2006. El Supremo no revocó sus condenas porque el recurso de revisión una vez que hay una sentencia es muy estricto: el acusado debe probar su inocencia, y en este caso no había ADN que analizar. El Gobierno tardó nueve años en decidir si lo indultaba o no, y al final optó por lo segundo. Nadie se atreve a sacar a un violador de la cárcel. Aunque en realidad no lo sea. Es otro de los grandes problemas de estos casos. Suelen ser delitos tan brutales que alguien tiene que pagar por ellos. Todos, las víctimas, sus familias, la policía, el fiscal, los jueces, quieren encontrar un culpable. Como sea.

El periodista Braulio García Jaén acaba de publicar un libro sobre el caso Tommouhi-Mounib (Justicia poética, Seix Barral), después de cuatro años de investigación, que ha ido contando al detalle en su blog (ladoblehelice.com). Lo que ha salido a la luz no es sólo un puñado de víctimas que se han equivocado en sus identificaciones, sino innumerables errores y chapuzas en la investigación policial y judicial, y en las sentencias.

“Una de las chicas que se equivocó en su reconocimiento, según probó después el ADN, vio antes de la rueda a los dos inocentes”, indica García Jaén. “Y los vio en el papel de sospechosos: a Tommouhi, esposado y conducido a los calabozos antes de la rueda de reconocimiento. Tanto ella como la decena de víctimas que esperaban sentadas en los pasillos del juzgado. A Mounib, curiosamente, no lo señaló las primeras veces que la Guardia Civil le mostró su fotografía, pero días después de que lo reconociera la víctima de otra violación ella también lo hizo. Años después declaró ante el tribunal que en las ruedas ni siquiera los había mirado, que directamente vio a los dos que eran y que en los otros ni se fijó. Y por supuesto no había tenido nunca ninguna duda. Se equivocó”.

“Los jueces, a menudo, sostienen que las irregularidades formales no influyen en el acierto o en el error de la identificación, pero resulta decisivo, porque las impresiones que se graban en la cabeza de la víctima no distinguen entre irregulares y correctas: sencillamente se graban”, concluye. Un ejemplo de falso recuerdo: una de las víctimas explicó que había visto a los agresores porque ese día había Luna llena. Era falso: la Luna ni apareció ese día.

Resulta sorprendente que con tantos casos de inocentes encarcelados, de características similares, los jueces sigan al margen de los estudios de la psicología del testimonio. “En la cultura judicial vigente, en particular en materia de delitos contra la libertad sexual, pesan mucho tres tópicos: que el juez tiene una especial capacidad para leer la verdad en el testigo; que por eso la testifical es una prueba de valoración fácil; y que el testigo-víctima merece un plus de credibilidad, por lo que su declaración inculpatoria o la identificación hecha por él, puede/debe bastar”, señala el magistrado del Tribunal Supremo Perfecto Andrés Ibáñez. “Son tópicos ampliamente desmentidos por la psicología del testimonio, y ninguno cierto. Pero no importa, porque son tópicos funcionales a cierto justicialismo reinante en la opinión pública y que, además, facilitan el trabajo judicial. Por otro lado, en el juzgado se opera con frecuencia a partir de aportaciones judiciales (identificaciones fotográficas, por ejemplo) obtenidas con cuestionable rigor”.

“No hay otra alternativa viable que un ejercicio de la jurisdicción respetuoso con la presunción de inocencia y las garantías procesales en el que se pierda el miedo a absolver (explicando el porqué) aun a sabiendas de que tendrá costes de impopularidad”, concluye el magistrado. “Y me parece necesario que este proceso de transformación de la cultura judicial vaya acompañado de otro no menos profundo de transformación también de la cultura y las prácticas de los informadores”.

Los últimos estudios científicos muestran que los falsos recuerdos se generan en una parte distinta del cerebro que los verdaderos. Esta sería la prueba definitiva, incontestable. Si lográramos leer el cerebro humano con una máquina no habría más inocentes con la vida destrozada porque alguien, sin mala fe, los señaló por un error de su memoria.

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Últimas 24 horas en Factual (y III)

Jueves, 4 Febrero, 2010 · 23 comentarios

Esto se está alargando demasiado. Pensaba contar ahora detalladamente el contenido de las tres reuniones del jueves con la empresa. Las resumo. En ninguna de las tres reuniones se nos comunicó quiénes iban a seguir y quiénes debían marchar a casa. La empresa, por boca de Almudena Semur y Purificación Losada, pretendía, eso sí, que entre todos hiciéramos el periódico del jueves y el viernes. “El nuevo director, que va a ser Juan Carlos Girauta, se incorpora el lunes”, dijeron. El nuevo director se quiere quedar con seis o siete, seis o siete de la plantilla, dijeron, y formar un equipo de trece personas con el que hacer el nuevo Factual. “Este es un medio libre. Ni se compra ni se vende”, según reza su lema de ahora. La empresa se comprometió a devolver los 50 euros a los suscripctores, y aquí está la manera de reclamarlos. Bien. Nos reunimos dos veces por la mañana y no conseguimos que nos dijeran lo que habían decidido. “Pero el periódico hay que hacerlo”. Cristina Fallarás, la subdirectora, estuvo elegantísima e hizo una última concesión a la profesionalidad: el periódico, que yo no voy a dirigir, no sólo no va a querer hacerlo un equipo en el que no confiáis, es que si yo fuera la empresa tampoco querría que lo hicieran, dijo. “La información, antes que nada, tiene que ser fiable”, dijo, y la confianza se ha roto. Reconozco, sin embargo, que perdimos una grandísima oportunidad: deberíamos haber retransmitido el despido en directo, en F5, como un Twitter colectivo. Los lectores lo merecían. Nos pudo, sin embargo, las ganas de salir de allí y olvidar aquella situación cortijera: la mayoría de vosotros estais despedidos, pero todavía no os podemos decir quiénes. No me digan que no es extraordinario: os quedais seis o siete. Seis o siete. Pero el periódico hay que hacerlo. “Eso queda dicho”. Sólo entonces, cuando ya había renunciado a seguir, como también había hecho Iván Vila; entonces no sé por qué me salió aquello que dije y que Cristina Fallarás recogió en su blog. No tiene ninguna importancia, salvo que es cierto. Aunque lo que yo recuerdo que dije se acerca más a esto que días después me ha enviado entrecomillado una compañera:

“Yo no voy a abandonar mi puesto de trabajo y tampoco te voy a hacer un periódico. (…) Porque un periódico no es un chiste, que es lo que tú crees. Ni sabes lo que es un periódico ni sabes lo que es tu trabajo. (…) Que vengo callándome desde el primer día. No me tires de la lengua”.

No había ninguna razón práctica para decirlo:ya había dicho que no pensaba seguir trabajando en Factual, y tampoco cobrar el paro dependía de que me fuera o de que me despidieran;  no iba a cobrarlo de todas formas. En fin, fue sólo una manera de obligarlas a decidir y a hablar, aunque al final dije más cosas de las que tenía que haber dicho. Una manera como otra cualquiera y que, como las otras, fracasó: no soltaron prenda. Nos citaron, después de la segunda reunión, a las cuatro. Fuimos a comer al chino de la calle Mandri. De camino al chino llamé a Arcadi, que seguía en el Consejo de Administración de la empresa. Le dije lo que pasaba y que, de alguna forma, nos había abandonado. ¿Qué puedo hacer?, dijo. Nada. Creo que conté 22 en la mesa. Algunos, muy pocos, siguen hoy en Factual. Les deseo la suerte que cada uno necesite. Volvimos a las cuatro, y dieron las cinco; entró el nuevo director, se reunió con cinco de los redactores; quedaron cuatro y dieron las seis, y nos podían haber dado las diez. Nos fuimos de la redacción sin que nadie nos hubiera comunicado quién seguía y quién no. Sólo sabíamos quién no estaba en la pecera. El viernes por la mañana seguían ofreciendo, a mí por lo menos, colaboraciones por las esquinas, como quien vende peras arrancadas al olmo.

He contado lo que creo que podía interesar a los lectores y suscriptores de Factual y a los de ladoblehélice, donde llevo explicando mi trabajo desde hace dos años y medio. Ahora hay cosas apasionantes ahí afuera, como apasionante fue conocer a toda esa gente. Termino con tres párrafos que ha escrito uno de los comentaristas que ha pasado por aquí estos días.

Una de las virtudes que desde siempre le achaqué a Factual fue la mezcla de brutal honestidad con soberbia transparente. Factual hablaba de Factual con tanta suficiencia que era difícil no pensar que realmente esos chulos como ochos tenían motivos para tirarle besos al espejo.

Tanta, tanta suficiencia que se permitían el lujo de apuntarse como tantos todas y cada una de sus flaquezas. Nos dejaban entrar en las reuniones, donde predominaban esos dos acentos catalanes, uno tras unas gafas a punta de nariz, y otro debajo de una colisión de pelo rojo entre apocados periodistas de bullente vida interior; sacaban crónicas en las que no les importaba admitir que hacían fotos con un iPhone, o cómo emanaban perfume a novato en ruedas de prensa, unas planetarias y otras no; lucían su excentricidad como si estuvieran en la cola de un garito neoyorkino.

Escribían de fábula, todos ellos. Si en algún momento detecté algo parecido a una ideología detrás del proyecto, quizá tuviera que ver con eso: un respeto reverencial por las verdades que desatan las palabras bien empleadas.

Los hago míos, estos párrafos. Porque, ¿quién no quiere ser el rey de Nueva York?. Y se los dedico a mis compañeros: Me iría con vosotros al infierno. Volvería, de hecho.

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Últimas 24 horas en Factual (II)

Martes, 2 Febrero, 2010 · 21 comentarios

¿Pero por qué coño no les gustaba el periódico?, nos preguntábamos al entrar a la segunda reunión del miércoles con el director. Aunque había también quién pensaba sobre todo en los recortes. ¿Qué era lo que no les gustaba? “Bueno, pues si me lo pedís, os puedo poner un ejemplo: no les gustaban las crónicas que enviaba cada noche Cristina a los lectores”, dijo. “Aunque hacía un tiempo que se empezaban a conformar, visto que atraía mucho tráfico a la web”, explicó. El director, ahora sobre el periódico que habíamos hecho: “Yo creo que el otro día Cristina dio una buena definición de lo que era este periódico: dijo que era un periódico de derechas, laico y masculino; yo no diría que sea un periódico de derechas, pero seguro que sí es laico y masculino”. Masculino tampoco lo era, como acabó admitiendo poco después: ¡si las páginas estaban llenas de lesbianas! Así que de los tres rasgos de la mejor definición del periódico que sacó, para explicarnos por qué no les gustaba, sólo uno era ajustado y cierto: laico. Factual ha sido laico. Muy bien, muy bien. ¿Quería decir precisamente que Factual no había cumplido con esa definición que la subdirectora había lanzado sabiendo que no era cierta? La ambigüedad, por más que uno la masque, se va secando y cada vez se estira menos, como los chicles. “Bueno, Factual les parece poco beligerante, digamos”, dejó ir en otro momento. Y llega un momento en que a uno la ironía le estresa y lo dice: “Mi impresión es que lo que querrán hacer es un periódico ultracatólico y de ultraderecha”. “Hombre, ultracatólico no veo por qué”, respondió el ex director, con la montera bocabajo sobre la arena.

El límite de la teoría es su puesta en práctica: el periódico no les gustó desde el primer día de octubre que lo vieron, según él mismo explicó. El límite de la ironía, un recurso poco literario: el dinero. “Todo se resume, en el fondo, en un problema económico: no hay suficiente liquidez; la crisis, queramos o no, pues hay a quien le está afectando”. Del dinero hablamos: Porque al día siguiente, el ex director no iba a estar en la reunión de la mañana y no nos iba a bastar con la ironía para encargar artículos sin saber si los íbamos a poder pagar: “Bueno, bueno, no adelantemos acontecimientos, porque hasta el momento, nadie ha dejado de cobrar en Factual”. El blook de ETA hasta anteayer no se había pagado: “Bueno, ése es un caso especial, muy particular; pero en general…”. Tampoco íbamos a poder echar mano de la ambigüedad para entender lo que iba a ocurrir con nosotros, así que una hizo la pregunta: ¿ese recorte incluye cabezas? “No lo sé”. Tú seguirás en el Consejo de Administración. “Mis acciones son políticas”. (La mitad más uno, al parecer): ¿Cuál será tu papel, será un papel activo? “No lo sé, en estos momentos no lo sé todavía. Dependerá de algunas condiciones, de que se cumplan, pero en principio sí que voy a seguir”. Bien, ¿alguna de esas condiciones? “Que Cristina siga al frente de la redacción, que ha sido mi propuesta a la empresa”, dijo. Una última pregunta, preguntó una: ¿Quieren hacer el periódico con menos dinero? “Sí”.

Luego nos fuimos, más de media redacción, al Pablo’s, a tomar gin tonics. Muy pocos, pero muy buenos, llegamos luego al Sidecar. Nos echaron. Y cuando amanecimos, el periódico seguía allí.

Continuará…

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Últimas 24 horas en Factual (I)

Lunes, 1 Febrero, 2010 · 23 comentarios

Cuando Cristina Fallarás entró, no mucho después de las cinco y media de la tarde, yo acababa de colgar el teléfono. No venía sola. Yo había llamado a nuestra colaboradora en Londres, Sandra Varas, para ver si tenía algo: el martes nos había mandado una apertura con las declaraciones de dos asesores jurídicos del gobierno de Blair en la comisión que investiga la participación británica en Irak. Ese miércoles declaraba el ex fiscal general. Pero la llamada se cortó: una voz grabada me informó de que el saldo se había agotado. Me acuerdo que miré a Ivan Vila, al que sólo se le ven las cejas y los caracolillos engominados sobre la frente asomando por encima del ordenador, para contárselo. Aunque antes me aseguré: descolgué el teléfono de mi mesa, marqué el número de Varas y pasó lo mismo. Poco después entraron ella y Arcadi Espada.

Yo debía tener la cara algo desencajada, algo no demasiado raro a esas horas. La subdirectora, Cristina Fallarás, se acercó y me puso la mano en la espalda: relájate, relájate, que tenemos una reunión muy dura, dijo. ¿Muy dura?, pregunté. Muy dura, repitió y se fue. Me acuerdo que no pensé mucho, quiero decir que no pensé en muchas opciones: que los números no estaban saliendo y que había que apretar los dientes; que la empresa había amenazado con recortar gastos y plantillas y que Espada, como nos había anunciado al principio, no estaba dispuesto, pero que quería que por lo menos lo supiéramos; no sé si pensé también en que nos iban a anunciar que no nos renovarían el contrato a finales de marzo. Porque eso ya hacía tiempo que lo pensaba, como saben algunos compañeros, y no querría ahora confundirme. Fallarás, mientras tanto, había ido avisando a los jefes de sección, para que avisaran a sus redactores: Silvia estaba enferma, y a Iván ya se lo había dicho, así que nos levantamos y nos fuimos para la pecera. Es verdad, me interrumpió el informático de camino a la reunión, parece que para las llamadas al extranjero tenemos una línea de saldo contratada y hay que recargarla. En cuanto esté, te aviso, añadió. Lo que es seguro que no pensé es que Arcadi Espada fuera a dimitir como director de Factual.

La primera reunión fue breve: de pie estaban Almudena Semur y Purificación Losada, las dos representantes de la empresa que trabajan en la redacción, Espada enfrente de Fallarás, algunos periodistas sentados y muchos otros, diseñadores y publicistas incluidos, de pie alrededor de la mesa. Las explicaciones, sucintas, fueron las mismas que luego puso por escrito y que se publicaron en la página dos del periódico del miércoles 27 de enero de 2010, el último periódico de Factual que vio la luz. Los agradecimientos fueron más largos y cercanos que los de la nota publicada. Menos, en todo caso, que el silencio que siguió a su intervención, o eso pareció. ¿Y qué periódico quieren que hagamos?, rompió por fin uno. Que no lo podía saber, dijo, que sólo sabía que no les gustaba el que estábamos haciendo y que sabía que no les gustaba desde el primer día que lo vieron: por ejemplo, era demasiado moderno, dijo. Demasiado complejo, a veces, demasiado bonito, y poco más añadió. Luego hubo quien preguntó también si esa otra orientación que les hubiera gustado imprimirle no tendría que ver también con la política. De tipo ideológico, fue la expresión que recuerdo de su respuesta: dijo otras cosas, casi todas más largas y más rebuscadas. Pero recuerdo ésta: sí, orientación que se refiere también a cuestiones de tipo ideológico, respondió. Yo también pregunté algo: que si los recortes, que yo entendía que se debían a problemas prespuestarios, si no podrían también tener que ver con los resultados de los dos primeros meses. Que no, respondió, pues en todo caso dos meses era tan poco tiempo para juzgar un proyecto, que resultaba delirante cualquier decisión a partir de un período tan corto. Que la acogida del periódico, añadió, no había sido mala, en absoluto, dijo, y citó el “page rank” (o eso entendí yo) de Google. No mucho más de un cuarto de hora después, salimos de la pecera para cerrar el último periódico firmado por Espada –“y me jode especialmente que sea el día del tablet”, había dicho– no mucho después de las seis.

El rato que siguió fue extraño. Aunque enseguida empezaron a abrirse ventanas en el chat de Gmail. Cristina propuso a la redacción escribir y firmar una carta de apoyo al director, y nos pareció bien. Una compañera propuso una huelga: no podemos seguir adelante, vinimos por él, algo así decía su mensaje. Aunque a mí me dio la impresión que sería inútil. Así que fui a preguntarle a su despacho si la decisión era irrevocable. Era la primera pregunta que le deberíamos haber hecho en la reunión, la que habríamos hecho en cualquier rueda de prensa, pero en la nuestra fallamos. El director estaba ocupado; la subdirectora me lo confirmó: era lo primero que, ella sí, le había preguntado. “Absolutamente”, le respondió él. Con esa respuesta, cualquier medida de presión para impedir su marcha perdió sentido. Aún así, volví y esta vez sí entré al despacho: Le pedí al menos que se quedara tras el cierre para volvernos a reunir. Aceptó. “Y entiendo que estaremos sólo la redacción”, dije. “Sí, claro”, y así quedamos.

No mucho antes del cierre, el informático había vuelto para avisarme: cuando quieras ya puedes llamar a Inglaterra. La línea está recargada, añadió con su acento francés.

Continuará…

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Justicia Poética está en las librerías

Martes, 26 Enero, 2010 · 9 comentarios

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Poco más de un mes

Lunes, 14 Diciembre, 2009 · 4 comentarios

El libro estará en las librerías españolas a finales de enero. He cambiado el título. Y estoy muy contento: Falsos testigos del porvenir era mucho más oscuro que Justicia poética. Los dos recogen bien el tiempo del que habla, pero el de la edición argentina lo hacía sólo calificando a sus funcionarios, que levantan acta del mundo como si el mundo fuera una hoja en blanco. Este de la edición española anuncia mejor el estilo y el tema del libro, que es para lo que sirven los títulos. Y es, aun con todas sus ambigüedades, más transparente. La portada de Martín Elfman, como ya dije, creo que  ilustra a la perfección la tesis del libro. Tanto, que incluso contiene la doble lectura que el texto no llega a desarrollar del todo y que no sé si alguna vez escribiré. Los párrafos de la contraportada mejoraron mucho después de pasar por las manos de Arantxa Martínez. En fin, que no me importaría que me juzguen no sólo por el contenido, sino también por la forma del libro, cosa que agradezco a Elena Ramírez, editora de Seix Barral, hacia donde un mensajero se acaba de llevar las pruebas corregidas.

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El periodismo se compra

Jueves, 12 Noviembre, 2009 · 6 comentarios

Queridos:

Mucho os he hablado de un proyecto del que nada os he contado. Ahora

sí: Ya estamos trabajando, y os dejo un enlace que seguro os

interesa.

www.elperiodismosecompra.com

Abrazos.

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“El periodismo es pura literatura de evasión”

Domingo, 27 Septiembre, 2009 · 5 comentarios

Una entrevista de JUAN IGNACIO PEREYRA,  Río Negro, Argentina.

Los marroquíes Abderrazak Mounib y Ahmed Tommouhi fueron condenados -y encarcelados- por error tras una ola de violaciones cometida en Cataluña en 1991.

Cuatro años después apareció uno de los violadores, cuya culpabilidad quedó demostrada luego de una prueba de ADN.

Mientras su cómplice sigue libre, Mounib murió en la cárcel hace nueve años y Tommouhi salió en libertad condicional en 2007.

A través de este caso, en el que dos desconocidos fueron detenidos al azar y acusados de ser una pareja de violadores, el periodista español Braulio García Jaén expone en su libro “Falsos testigos del porvenir”, una extensa cantidad de errores, atropellos, omisiones y arbitrariedades en las que están involucradas la sociedad, el sistema y las instituciones.

Como el periodismo que le interesaba no estaba en Cadena Ser, una de las radios más importantes de España, García Jaén dejó ese trabajo para dedicarse de lleno a una minuciosa y detallada investigación que recibió el Premio de Crónicas Seix Barral.

“Cuando se demostró científicamente que había habido un error, las víctimas no lo reconocieron, los periodistas no tuvieron tiempo ni espacio para contar cómo se había producido ese error, y los responsables no respondieron”, escribió el autor en www.ladoblehelice.com, blog en el que fue publicando el proceso de su trabajo mediante entrevistas, vídeos, cartas de los presos a sus familiares, sentencias, diligencias policiales y declaraciones de las víctimas, entre otras cosas.

En “Falsos testigos del porvenir”, García Jaén demuestra puntillosamente que hubo una notable falta de rigurosidad en los tribunales que condenaron a Mounib yTommouhi.

¿Por qué sucedió algo así?

“El porqué final sólo está al alcance de los psicoanalistas. Yo me atrevería a señalar el modo, el camino por el que la investigación y los tribunales llegaron a las conclusiones a las que llegaron: tratándose de delitos sexuales, la palabra de la víctima, mucho más si son menores, se tiene por sagrada. En un sentido muy preciso: es infalible. Sólo se compara, se contrasta, su coherencia interna, nunca con el mundo del que habla: si decían que había luna llena, la había, aunque no la hubiera”, respondió el periodista español en una entrevista que se realizó por correo electrónico con “Río Negro”.

-¿Se quiso encontrar rápido y como fuera a los culpables? ¿Hubo prejuicio en los jueces españoles al momento de dictar la condena?

-Eso lo podría responder el mismo Tommouhi. En la televisión catalana le preguntaron si creía que el suyo había sido un problema de racismo.”No”, dijo, y explicó que él seguía convencido de que el problema fue la urgencia con que se quiso resolver todo, el miedo de los jueces y la policía al clamor social, y el que nadie les ayudara (a los acusados) a encontrar pruebas. Esto es, a defenderse.

-Si tuviera que decir que este caso es la expresión de algo, ¿de qué sería?

-De que nadie verifica nada. Y eso, dentro del sistema judicial, donde las formas tienen tanta importancia, es crucial, porque una vez que se ha dictado una sentencia, eso se convierte en el hecho más importante, mucho más que lo que realmente pasó, si hubo o no asesinato, si se empleó un arma o la otra, o si el semen señala o no el acusado. Y contra eso es muy difícil demostrar nada.

-¿Cómo cree que hizo Tommohui para sostenerse psicológicamente?

-Mi impresión, tras haber pasado mucho tiempo con él, es que su fortaleza la saca precisamente de que, nadie mejor que él, sabe que es inocente.

-¿Cuál es la situación de Tommouhi actualmente?

-Legalmente es un hombre libre. Cumplió la condena el 26 de abril de 2009. Ahora vive con su hijo, Khalid, y su nuera y su nieto. No tiene trabajo ni puede trabajar, porque no tiene permiso. Los antecedentes penales, que seguirán vigentes durante años, lo impiden. Y espera a ver qué dice ahora el Supremo, con el nuevo recurso que ha presentado el abogado Javier Melero.

-En varios fragmentos del libro marca errores -algunos groseros- del periodismo, evidenciando una pronunciada decadencia en la profesión, algo que no se circunscribe sólo a España. ¿Qué piensa del periodismo actual?

-Pienso lo mismo que del resto de instituciones: nadie verifica nada. Es pura literatura de evasión. Y eso, comprenderá, es nefasto: para el periodismo y para la sociedad en general. Y sobre el momento actual, bueno. Estamos ante una situación interesante, con la explosión de internet y la caída de ventas y publicidad en el papel. Hay algo, sin embargo, que jamás he oído decir a nadie, en mi país al menos. El primer problema de los periódicos es que son malos. Cutres. Sólo hay cuatro géneros: la nota de prensa, la mala literatura, la sociología barata y el periodismo de declaraciones. Luego están las excepciones que confirman la regla.

-¿Cree que en su afán por lucirse el periodista suele perder rigor y caer en el error?

-Más que afán por lucirse, es pereza para no salirse de lo que está escrito. Literalmente: lo que dice la policía va a misa para el periodista, que a su vez escribe seguro de que lo que él diga también irá a misa, porque nadie se tomará la molestia de demostrar lo contrario.

-En un momento señala que Juan Cruz, periodista del diario español “El País” y referente para varias generaciones de periodistas, “no distingue entre el estenotipista y su propio oficio”. Es una crítica que bien se podría aplicar al periodismo en general, ¿no?

-Sí, el periodismo de declaraciones, que es lo que recoge esa entrevista, es periodismo basura. De hecho, se van poniendo de moda las ruedas de prensa sin preguntas, y los periódicos protestan, en lugar de dejar de cubrirlas.

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Edición española

Lunes, 3 Agosto, 2009 · 7 comentarios

La versión española de Falsos testigos del porvenir aparecerá  en febrero de 2010, publicada por Seix Barral.

Así que ahora que empiezo a trabajar con vistas a esa reedición, y trabajaré hasta que termine agosto, agradezco los comentarios, sugerencias y correcciones que los lectores de la edición argentina quieran dejar aquí.

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Autoliteratura

Lunes, 6 Julio, 2009 · 6 comentarios

[EL LIBRO ESTÁ EN LA CALLE]

Si pasáramos un algodón por el capítulo siete del libro, las manchas de tinta –¡de sudor!– que dejarían las razones personales del autor para escribirlo –mezquinas por definición– quizá se parecerían bastante a “esta carta a oscuras”. Tenía 28 años. No me interesaba la radio (profesionalmente, ¡internet tampoco!). Básicamente, era gilipollas. La debí de enviar a Londres, a C., al día siguiente de escribirla. Es, con sus tachones,  lo último que les dejo aquí.

A cuidarse y hasta la vista*.

Torrelodones, 8 de agosto de 2006.

[...]

***

Me aburro soberanamente, amor, en el trabajo. En la SER. Ya no tengo ni ganas de proponer temas: prefiero que me endosen alguno [...]  y prepararlos como si fuera un trabajo eminentemente técnico, como quien embala cajas de cartón. No me ha vuelto a contestar Monteira, sobre lo de Galicia. [...] Cuando envié aquella solicitud para lo de Migrinter, tampoco al principio estaba muy convencido, pero a medida que le fui dedicando horas y pensamientos al proyecto me fui entusiasmando: cuando me dijeron que  no me habían seleccionado fue como si me hubieran robado los recuerdos de infancia, como si hubiera descubierto que, en verdad, nunca hubieran existido los veranos sin colegio y con amigos. Fue un mazazo, lo que pasa es que lo de [que me enviaran a] la SER me había dejado tan hundido que éste apenas me rebajó ya la altura: estaba por los suelos. [...] Luego, algún día, la gente vendrá y me dirá que tengo una estrella, que todo me sale bien, pero yo también llevo mis fracasitos rotos como muñequitas sin cabeza. Párrafos como éste me hacen sentir, ahora sí, como un Peter Pan de pacotilla.

Me llamó la atención la explicación que tú me diste para todas mis dudas profesionales: “yo creo a veces, amor, que es también un problema de inseguridad”, me dijiste más o menos. No estoy muy seguro, pero entendí que querías decir que por esa inseguridad no acometía nada en serio: ni lo de periodista, ni lo de la tesis para luego ser profesor, etc. Es cierto que hay inseguridad, pero creo que en una dirección del todo distinta a la que tú señalabas. Sinceramente, creo que con más o menos esfuerzo, con más o menos travesía del desierto, podría ser periodista o profesor sin ningún problema. Con el pito, que diría Benito Floro. Sólo hay que trabajar duro.

El problema es para qué. Por desgracia, y por mucho que lea a García Calvo, yo también caigo en la trampa de imaginar o pensar a dónde lleva eso, y el horizonte de éxito en esos campos me horroriza. Los he visto por dentro, y hay ejemplos –bastantes– a los que [admiro]  y que creo que han disfrutado su vida y su carrera (no se pueden separar si quieres disfrutar alguna de algo) en esos mundillos, pero veo el panorama bastante desolador. Llegar lejos en ese mundo, tener algún día responsabilidades, me horroriza. Sencillamente porque no sé si mi estómago lo aguantaría. Y, en el caso de que lo aguantara, pobre de mí.

De lo que no estoy seguro, y ésa sí es mi inseguridad, es de si se puede (si podré, porque hay gente que seguro que lo está consiguiendo) sobrevivir en los márgenes de ese mundo. De cualquiera de ellos. Si se puede trabajar en la academia, escribiendo y trabajando contra la academia: la academia donde el 90% de lo que se publica es basura y el 70% de los profesores están contratados gracias a un sistema endogámico. Y qué decir del periodismo, donde sencillamente el 90% de lo que se publica es irrelevante, y el 10% restante, que suele ser más importante directamente mentira. Lo jodido además es que este último diez % es sobre cosas verdaderamente importantes. Un periodismo que es, sobre todo, mala literatura y propaganda, y que su único papel consiste en proyectar un la imagen de la sociedad feliz, por mucho que lo disimulen exponiendo la imagen de los infelices que han sido, o creen ellos que lo han sido, aparatados de la sociedad; una felicidad que aparece como tal, por supuesto, porque es incontestable. Se me hace muy duro pensar que tengo que esforzarme por eso. De la teoría del sacrificio no me creo nada: ningún camino de ningún la mentira no conduce hasta la verdad, la desigualdad nunca traerá la igualdad y no hay camino infeliz que lleve a la felicidad. No hay plazos que valgan.

Ejemplo práctico. Ahora tengo delante una excelente oportunidad: y no es Galicia, claro. Es Tommouhi. Es la oportunidad soñada una y mil veces. ¿Por qué, sin embargo, no me sumerjo sumerjo en ella a pecho descubierto? Por inseguridad, bien sûr. Eso si es inseguridad. Y ni siquiera de que lo podría hacer bien en condiciones óptimas: inseguridad de que lo pueda hacer bien con lo que hay. Y hay, entre otras cosas, mucha gente que te rodea y a cuyos ritmos te habituas y que espera mucho de ti, o al menos que espera lo conveniente, lo natural, y que te acompaña si coincide que pasas por pasabas por allí: no mucho más. Por supuesto, no creo que sea reprochable. Sencillamente es.

Y tampoco quiero condiciones óptimas porque las únicas condiciones óptimas que son óptimas para hacer el libro que hay que hacer, son las que no son óptimas. Esto es, aquellas que plantean todo tipo de dificultades pero que nunca impondrían nada a la boca que pregunta, la cabeza que piensa ni la mano que escribe. Ni plazos, ni estilos, ni tamaños ni obligación. Eso sería óptimo. Pero, claro, ¿cómo decir en la SER, no a la “SER”, sino a mis compañeros de carne y hueso como yo, que me dejo la beca ya, porque ya quiero ponerme a escribir un libro sobre Tommouhi (“Braulio, estás obsesionado”, me dijo a todo esto Á., mi colega del Máster: ¡y es mi colega!); ¿tú crees que al día siguiente no me iban a mirar como a un loco? ¿tú crees que no hay gente en el Máster que si supiera algo estaría haciendo cábalas a ver lo que tardo en darme la hostia? ¿Crees que mucha gente me llamaría para tomar un café cuando no pueda quedar para cenar porque mi fin de mes empieza “desde el día 3″? Es casi más todas esas renuncias de pacotilla lo que me crea una inseguridad acojonante: verme en la intemperie y sin nada que escribir, y tener que volverle a pedir dinero –por fin se lo devolví todo el viernes– a mi hermano Rafa.

Todas esas preguntas me asaltan, mon amour; perdóname por tostarte la oreja, pero sólo el pensar que te lo estoy contando a ti me hace aclararme un poco más, mi niña de “mirada limpia e inteligencia clara”.

Te quiero, locura.

[firma]

*Cuando sepa la fecha de publicación en España, la anunciaré aquí.

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El libro está en la calle

Domingo, 5 Julio, 2009 · 4 comentarios

Falsos testigos del porvenir ya está disponible aquí.

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On andalusian journalism

Miércoles, 1 Julio, 2009 · 1 comentario

“Una monografia, un assaig minuciós i detectivesc d’un periodista andalús que l’ha estat penjant parcialment en un blog (i del qual m’he permés beure’n algun glopet)”.

Víctor Saura, La Catalunya més fosca. Retrats d’impotència i impunitat, Editorial Base, p. 93, 2009.

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Ahmed Tommouhi recurre una de sus condenas por violación ante el Supremo

Lunes, 22 Junio, 2009 · 1 comentario

Eco

***

Ahmed Tommouhi presentó un nuevo recurso de revisión ante el Tribunal Supremo el viernes pasado. El recurso, preparado por el abogado Javier Melero, afecta sólo a la causa de Tarragona, en la que Tommouhi fue condenado junto a Abderrazak Mounib, y se basa en los hechos nuevos recogidos en el reportaje Falsos testigos del porvenir, que publicará Seix Barral Argentina en julio.

Tommouhi y Mounib ya fueron exhonerados en 1997 al demostrarse científicamente, seis años después de las violaciones, que los autores de la cometida en Olesa de Montserrat eran Antonio García Carbonell –físicamente muy parecido a Tommouhi– y un pariente suyo que sigue sin ser identificado.  Tanto en aquella violación revisada de Olesa como en esta de Tarragona, ocurrida cuatro días después, el señalamiento de las víctimas fue la única prueba de cargo.

Este párrafo  resume el argumento del recurso y la novedad que aporta frente al que ya  presentaron sus anteriores abogados, Jorge Claret y Pedro J. Pardo, en 1999:

Es cierto que ninguno de los dos vectores aportados como elementos nuevos por el promovente de aquel Recurso de revisión [denegado en el año 2000] convergían en un hecho que relacionara a Antonio García Carbonell con las violaciones de Tarragona, lo que habría demostrado, a su vez, la inocencia de Ahmed Tommouhi. Por un lado estaba la confusión de la víctima de Olesa, que señaló –indubitadamente de forma errónea- a Ahmed Tammouhi en lugar de a García Carbonell, y por otro la utilización del mismo Renault 5 gris, con matrícula falsa B-7661-FW, que en Tarragona, para la comisión de al menos un hecho delictivo más (el robo de Montornès del Vallès) cuando Ahmed Tommouhi ya había ingresado en prisión. Pero ello no probaba, de forma indubitada, que Antonio García Carbonell fuera el usuario de ese Renault 5 GTX B-7661-FW. Ni siquiera que ese coche fuera el mismo que el recuperado semanas después. Esto es, sin embargo, lo que se podría establecer ahora: la identidad del conductor de ese Renault 5 gris plata, con un golpe junto al faro delantero izquierdo y matrícula falsa; así como que ese Renault era el mismo que el recuperado en Mollet del Vallès el 2 de diciembre de 1991.

El 26 de abril de 2000 Abderrazak Mounib murió en la cárcel. La condena de Ahmed Tommouhi expiró el 26 de abril de 2009.

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Una palabra y mil imágenes

Lunes, 15 Junio, 2009 · 2 comentarios


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Martín Elfman estaba trabajando en la ilustración de portada, cuando irrumpió un mensaje de la editorial: es demasiado poética, y hay que aprovechar que el libro cuenta una historia real. La portada debería tender a lo “testimonial”. El jefe de arte, Mario Blanco, ultima ahora otra propuesta muy diferente. Más allá de la anécdota, me interesa qué puede hacer una ilustración por lo real. La imagen, a diferencia de la palabra, sólo puede ser instántanea: yo puedo decir que “La violación de Cornellà se cometió en un Renault 5 Gris matrícula B-7661-FW”, y estoy diciendo la verdad; mientras que la reconstrucción del caso que emitió Documentos TV sobre esa violación, con un R-5, una matrícula calcada, y unos actores que hacen balancearse el coche desde dentro, es esencialmente falsa. La imagen sólo puede aspirar a la “repetición”, y no a la representación que sí puede alcanzar la palabra. Siempre podemos reescribir el accidente, aunque no podremos mostrarlo –salvo por el dibujo–  sin una polaroid. Así que una portada en la que se reconstruye la cubierta de un supuesto expediente judicial, incluyendo las reseñas policiales grapadas, resulta mucho menos realista y testimonial que esta otra en la que trabajaba Martín, porque ésta ilustra una idea.

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Últimas correcciones

Lunes, 1 Junio, 2009 · 1 comentario

10: 46. Acabo de enviar las pruebas corregidas.

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Cortesías

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Primer adiós

Lunes, 20 Abril, 2009 · 1 comentario

1.- El 12 de marzo de 2009, pregunté a mi editora si el libro se iba a publicar también en Argentina. Ésta fue su respuesta:

El libro saldrá en Argentina, claro. Tengo que enviar a España la versión final para que nos den el ok de que lo publicarán, no quisieron comprometerse hasta ver el libro terminado. 

Estaba claro y a la vista de todo el mundo.  Me ahorro publicar aquí las preguntas que ustedes mismos quizá se estén haciendo ahora, porque ahora es tarde: ¡hace casi dos años que debería haberme hecho esa pregunta del revés

***

 

2.- Seix Barral Argentina tiene previsto publicar el libro en junio de 2009.  Hase de caminar por los espacios del tiempo al centro de la ocasión. La detención prudente sazona los aciertos y madura los secretos (Baltasar Gracián). Este blog, hasta que alguna ineludible noticia sea confirmada por los hechos,  deja de publicarse.

 

Salud.

 

P.S. Un borrador de esta entrada fue publicado anoche por error. Eso explica que algunos de ustedes no encuentren la entrada del “domingo”. 

 

 

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Índice onomástico

Domingo, 12 Abril, 2009 · 3 comentarios

Cortesías

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Ángel ACEBES

Taïbi ADDOUM

Giorgio AGAMBEN

Aracel-li AIGUAVIVA

Virginia ÁLVAREZ SALINAS

Abdeslam AMGHAR

Enrique ANGLÉS

Milagros ARBELLA

Modesto ARIÑEZ LÁZARO

José María AZNAR

Fèlix BALANZÒ

Tomás BÁRBULO

Juan Alberto BELLOCH

Jamal BENALI

Reyes BENÍTEZ REDONDO

Juan José BLANCO BAZÁN

Eva BOBROW

Roberto BOLAÑO

Manuel BORRAZ

Mónica C. BELAZA

Juan Antonio CAPARRÓS

Xavier CASTELLVELL DÍEZ

María Luisa CAVA DE LLANO Y CARRIÓ

Mohamed CHAIB

Thierry CHIREZ

Jorge CLARET

Antoni COMÍN

Teresa COMPTE

José CÓRDOBA CASTILLO

Juan CRUZ

Félix DE AZÚA

Luis Alfredo DE DIEGO DÍEZ

Ana DE MIGUEL

Pedro Antonio DE PIZARRO

María Pilar DE PRADA BENGOA

Guy DEBORD

Antonio DEL MORAL GARCÍA

Joaquín DELGADO GARCÍA

Noureddine DOUAH

Arcadi ESPADA

José María ESPAÑOL JORDÁN

Mariano FERNÁNDEZ BERMEJO

Sergio FERNÁNDEZ IGLESIAS

Ángel FERNÁNDEZ-SANTOS

Luigi FERRAJOLI

Carles FRANCINO

Teresa FREIXAS

Olga FUENTES

José Manuel GAGO SUÁREZ

Adolfo GALLEGO

Agustín GARCÍA CALVO

Antonio GARCÍA CARBONELL

Fermín GAVILÁN

Eduardo GIL BERA

Carlo GINZBURG

Soledad GOMIS

Elena GUINDULAIN OLIVERAS

Fátima HAMMANI

Abdeslam HAMMANI

María José HENARES

Joan HERRERA

Alfred HITCHCOK

Esteban IBARRA

Santiago JOANIQUET

Josep María JORI

Franz KAFKA

Karl KRAUS

Josefa LEÓN LÓPEZ

Juan Fernando LÓPEZ AGUILAR

Miguel LÓPEZ LÓPEZ

Domingo MARCHENA

Margarita MARISCAL DE GANTE

José MARTÍN VÁZQUEZ

Joaquín José MARTÍNEZ

Carmen MARTÍNEZ

Álex MASLLORENS

Abel MATUTES

José María MENA

José María MICHAVILA

Macario MOLINA CAMPOS

Abderrazak MOUNIB

Abdel MOUNIB

Enrique MÚGICA

Miguel Ángel NARANJO

Maika NAVARRO

Gemma NIERGA

Joan M. OLEAQUE

Manuel OLLÉ

George ORWELL

Pedro J. PARDO

Jordi PANYELLA

Francisco Javier PAULÍ COLLADO

Jordi PEDRET

Moisés PEÑALVER

Antonio PEREA VALLANO

José Manuel PÉREZ

Josep María PIJOAN

Mariona PLANAS

Lidia Q. MARTÍN

Andrés RABADÁN

Pere RAMELLS

Pere RÍOS

Margarita ROBLES FERNÁNDEZ

Martín RODRÍGUEZ SOL

José Luis RODRÍGUEZ ZAPATERO

Luisa Fernanda RUDI

Eugenio SABATÉ

Emilio SÁINZ ORTEGA

Andrés SALCEDO VELASCO

Kamel SALIM

Rafael SÁNCHEZ FERLOSIO

Balbino SANJAIME

Joan SAURA

Sergio SOLANAS

Felipe SOLER FERRER

Enriqueta TEROL ENSEÑAT

Gérard THOMÀS ANDREU

Ahmed TOMMOUHI

Omar TOMMOUHI

Khalid TOMMOUHI

Manuel TRALLERO

José VALVERDE

Elisa VAZ

Manuel VIVERO CHAO

Mostafá ZAIDANI

Nuria ZAMORA PÉREZ

P.S. Por razones logísticas, la fecha de la entrada se ha tenido que adelantar a su hora habitual de los lunes.

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Citas y desvíos

Lunes, 6 Abril, 2009 · 3 comentarios

Las preguntas sobre el uso de las citas “literarias”, se resuelven como ya adelanté entonces. Al final del libro va un inventario, de citas y desvíos (algunas no son exactamente citas, sino derivaciones, transformaciones, decantaciones, etc, de otra original). 

Hacerlo así, tiene algo de fracaso: una concesión a esa policía de las patentes. Y no sólo porque estoy seguro de que los autores citados no perderían un minuto en esas minucias. (Aunque, dicho sea de paso, lo contrario me daría lo mismo). Es que la estrategia contra la separación (de épocas, de sujeto y objeto, de forma y contenido, etc…) que implica esa desaparición de las comillas, al desvelarse, se arruina. 

Tenía casi decidido una solución intermedia: publicar el inventario sólo aquí. Pero, un último motivo, estrictamente personal, me sigue diciendo que lo haga también en el libro. Con algunos de ellos, los que están vivos, básicamente, es el reconocimiento de una deuda. 

 

***

RELACIÓN DE CITAS Y DESVÍOS

 

“Cette lache imitation qui est la dupe du présent et le faux témoin de l’avenir”.

Guy Debord, In girum imus nocte et consumimur igni. 

 

Pág [...]: “El periódico no es un extracto de contenidos, sino un contenido; más que eso, es un estimulante. Trae noticias sobre atrocidades y de ella surgen atrocidades”. Karl Kraus: Escritos, Visor, Madrid: 1990, p. 120.

Pág [...]: “La falta de autonomía de la escritura, su dependencia de la criada que enciende la lumbre, del gato que se calienta junto a la estufa, incluso del pobre viejo que también se calienta [...]. Franz Kafka, Ante la ley, Debolsillo. 

Pág [...]: “El riesgo es aquí que la palabra se separe de aquello que revela y adquiera una consistencia autónoma.” Giorgio Agamben: La sociedad del espectáculo y la política del hombre cualquiera, en Archipiélago, núm. 16, p. 29.

Pág [...]: El verbo castellano impersonal por excelencia (?), Rafael Sánchez Ferlosio, El alma y la vergüenza. 

Pág [...]: “Quien no sepa leer, que siga la flecha”. Fèlix Balanzó, Els senyals del contrabandista, Llibrex de l’Index.

Pág [...]: “Archipiélago: conjunto de islas unidas por aquello que las separa”. Revista Archipiélago. 

Pág [...]: ”La imagen de la cabeza como un bote, por donde se filtra constantemente el agua de la imaginación, es comprensible para cualquiera que haya intentado escribir un solo párrafo veraz. El agua, además, llena el bote insidiosa y lentamente, y la tarea del escritor faction es advertirlo antes de que la narración acabe en naufragio.” Arcadi Espada, Periodismo práctico. Espasa.

Pág [...]: “Se puede definir como religión a aquello que sustrae cosas, lugares , animales o personas al uso común  y las transfiere a una esfera separada.” Giorgio Agamben, Profanaciones, Anagrama, p. 96.

Pág [...]: “Aquí la necesidad natural ha dictado sentencia contra la mentira del punto de vista”. Karl Kraus, op. cit., p. 120.

Pág [...]: “La novela moral es literariamente inmoral en la medida en que la intención bastarda se interfiere con la intención legítima; esto es, en la medida que para servir a la ejemplaridad siempre se manipulan, quiérase o no, los acontecimientos.” Rafael Sánchez Ferlosio, Sobre el Pinocchio de Collodi, en Ensayos y artículos, Vol ¿?, pp. 91-92.

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Manuscrito (redux)

Jueves, 26 Marzo, 2009 · 1 comentario

14:22. El manuscrito (redux) ha sido enviado a la editorial Seix Barral Argentina.

Además de las páginas que he venido arrancado aquí, entre una y otra versión he quitado el capítulo de García Carbonell entero, así como el de Historias de la Cárcel, La sentencia, Carta abierta a una magistrada v La desaparición del público. ¿Por qué? En algunos casos, porque la función a la que se debían puede desempeñarla este blog (La Sentencia y Carta abierta, etc);  en otros, porque estaban mal acabados (Historias y La desaparición…). El capítulo de García Carbonell lo he quitado porque es el negativo de lo que cuenta el libro. No siempre llegamos a ser todo lo ambiciosos que nos hubiera gustado.

La siguiente entrada de este blog se publicará el lunes 6 de abril. Es casi seguro que incluirá dos moralejas y una noticia.

Salud.

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Efecto gabardina

Miércoles, 25 Marzo, 2009 · Dejar un comentario

Con este abrirse la gabardina y quedarse en bañador, que voy  a quitar también, creo que culmina la cura de adelgazamiento del autor. Este entrar a matar con el estoque, resulta una charlotada. Me gustaba mucho lo del grumo. Ya ven. 

 

***

 

El camino más recto para llegar a la verdad de las cosas es entregarse a ellas, quitándote de en medio, sin esperar nada. Una madrugada de julio de 2008 me di cuenta de que aquellos desvelos míos eran un desvío, un rodeo de mis prejuicios. Esos días desayunaba y bajaba a la playa hasta la hora de comer. En bañador, con un millón de turistas detrás y el mar por delante, el sol te devuelve tu escala diminuta, y una enorme curiosidad por todo lo demás. Después de una ducha, la siesta es un hermoso y profundo olvido del que se suele salir con ganas, pero sin culpa. Luego me sentaba a escribir. Hacía tiempo que no abría este sumario, que no pensaba en las conversaciones con Andreu y Robles, que no recordaba el eco roto de la pregunta de Tommouhi: “¿dónde está toda la sangre que me sacaron?”, y una de esas noches, con las manos sobre los folios y la mesa, y no llevándomelas todo el rato a la cabeza, leí al fin la sentencia. Todavía saboreo este grumo en su lengua aséptica.

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Dientes de leche

Martes, 24 Marzo, 2009 · 2 comentarios

Al cabo de muchas de las conversaciones más importantes de estos años, me queda una deprimente impresión sobre la opinión que los actores tienen del periodista. No digo que no sea un problema estrictamente personal, que yo sea un don nadie y para eso se preparen y así me reciban. Que además no preguntaba en nombre de ningún medio del que pudieran temer una cierta repercusión. Y desde luego tiene mucho que ver también con lo desenfocado del tema, tan poco actual y tan poco efervescente: yo no preguntaba por Madeleine, sino por un moro que nadie sabe pronunciar su nombre. No digo que todo eso no sea importante. Digo que no es suficiente para entender por qué me recibían sin ni siquiera haber repasado el tema de conversación, con una confianza descomunal en la retórica, con una seguridad bananera en su savoir-faire. Hablo de gente en permanente contacto con los periodistas. No es inexperiencia. Los magistrados Robles y Andreu, los abogados de pago de Tommouhi, el sargento López de la Policía Judicial de Tarragona, el fiscal Mena: todos tienen graves responsabilidades en este caso y todos encaraban la conversación como si sus chapuzas quedaran por encima del bien y del mal. De hecho allí llevan años. Ya me gustaría poder decir que para descubrirlas me ha hecho falta una constancia heroica, un aliento homérico, una obsesión suicida. Estaban a la vista de cualquiera que sepa leer. La impresión es que de tanto respetar el argumento de autoridad hemos llegado a este punto en que la autoridad ya no cree que haga falta ningún argumento.

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La fe privada en un mundo sin notarios

Lunes, 23 Marzo, 2009 · 2 comentarios

Definitivamente, el bosquejo sobre la desaparición del público, ha desaparecido. Las tres primeras notas que ya publiqué aquí. La cuarta, sin embargo, ha encontrado su lugar natural en el texto, y estas páginas de la quinta, más que a la papelera, irán al reciclado. Un día podrían servir para encender el fuego.

***

5.- (Los notarios) El XX de Octubre de 2006, en el programa Els Matins de TV3, entró en directo un preso que había compartido sombra con Tommouhi en Can Brians, Joaquín Rey. Por teléfono, explicó que años antes también había conocido a García Carbonell en la cárcel de Quatre Camins, que éste le había confesado ser el autor de las violaciones de 1991 por las que estaba pagando Ahmed Tommouhi y que él -Rey– lo había denunciado ante el juez de vigilancia penitenciaria. La importancia de la revelación no impidió, de acuerdo a los cánones televisivos españoles, que la información quedara disuelta en una nube imprecisa de fechas, juzgados y (sin)razones de última hora. ¿Por qué nunca se lo había comentado al propio Tommouhi, cuando se veían en la cárcel, para que este lo pusiera en conocimiento de los abogados, y sí lo hacía ahora por televisión? Una sencilla pregunta que nadie planteó, seguramente porque cuestionaba la propia puesta en escena. Días después llamé a Rey por teléfono y su número de móvil ya no existía, y según me comentaron, había puesto precio a su exclusiva. Todo esto no desmiente que esa denuncia se haya presentado efectivamente, sólo digo que yo no lo he podido confirmar. Pero no es eso lo que interesa ahora. Cuando Tommouhi y Claret se encontraron en la Audiencia, el ex abogado explicó al periodista que esa declaración podía constituir un hecho nuevo suficientemente relevante como para instar un nuevo recurso de revisión, aunque convendría registrarla ante notario. Si al periodista, Jordi Panyella, no se le ocurrió incluir la pregunta “¿y a qué espera usted, en tanto que abogado defensor, para iniciar los trámites?” en su crónica, quizá fuera porque le faltaron reflejos, pero lo que es indiscutible es que su inclusión habría acabado con la ficción inocente-y-abogado-buscando-pruebas que da por hecho esa noticia falsa. Es decir, habría echado abajo la representación. Meses después, Ahmed Tommouhi, paseando por Barcelona y recordando todo aquello, lanzó la pregunta que me interesa ahora: “¿para qué hace falta un notario, si lo dijo en la televisión, delante de todo el mundo?” Contra lo que pueda parecer, no es sólo la pregunta de quien no entiende los formalismos legales. Es más radical que todo esto: es una pregunta pre-espectacular, pero que no por eso, o precisamente por eso, deja de ser inquietante. Un notario puede dar fe pública, entre otras cosas, de que una declaración se ha producido, precisamente porque el público ha delegado en él su función como garante de que algo ha ocurrido. Por eso, un notario no puede, por definición, garantizar nada que no sea públicamente controlable. No puede, por ejemplo, garantizar la profunda convicción que mueve a alguien a dictar un testamento y que podría llegar a invalidar sus consecuencias: simplemente puede garantizar el dictado. Algo de eso había también en el mandato del periodismo, y por eso hay quien ha visto en él a un notario de la realidad*. La pregunta de Tommouhi se sostiene sobre la convicción de que la verdad es una, y que es la mentira la que tiene mil caras, algo que cualquier contemporáneo de Montaigne seguramente compartía. En último término, Tommouhi cree que el público puede ser también testigo, notario de lo que se le cuenta. La progresiva inversión de esa premisa, en la que la verdad depende del cristal con que se mire y en consecuencia puede empaquetarse a gusto del consumidor, esa privatización, destruye al mismo tiempo la posibilidad de que los diversos intermediarios, notarios y periodistas, entre ellos, pero también políticos, alcancen a decir nada verdadero del mundo del que hablan, más allá de la provinciana defensa de sus intereses, nada que no sea lograr agrandar la parte del “público objetivo” –así lo llaman– que se identifica con su particular visión de la nada. Esa inversión supone en último término la irrelevancia del público. La desaparición del público como espejo del mundo supone a la vez la destrucción de la idea de mundo como lugar común entre víctimas y verdugos, jueces y condenados, periodistas y lectores, políticos y electores: esto es, un lugar en el que se puedan hacer preguntas. El círculo de esa destrucción se cuadra con la imagen de un político, Artur Mas, registrando ante notario sus promesas electorales durante la última campaña catalana, para salir por la tele.

*Arcadi Espada.

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No sé, no sé

Viernes, 20 Marzo, 2009 · Dejar un comentario

A veces te parece que has arrancado el acorde. Pero no siempre llegas a estar seguro de qué teclas has tocado, y no te fías de ese tono tan grave.  No sé. Esto, escrito contra la elegíaca  impotencia con que La Vanguardia dio la noticia de la muerte de Mounib,  él que había dicho en antena que antes que pedir perdón por algo que no había hecho, prefería morir en la cárcel a tener que vivir el resto de sus días de rodillas, también lo voy a quitar.

Mounib hablaba del indulto, y  lo que yo quería apuntalar con esto es que era una forma de traicionar su memoria, su verdad y la posibilidad de hacerla nuestra (veri-ficar), andar forzando los hechos para absolver su nombre en los periódicos, después de que su cuerpo hubiera amanecido muerto en su celda. Por arriba y por abajo de este párrafo, algo asaetado también, eso es lo que he intentado mantener. 

***

 

La muerte representa un límite insalvable para la influencia del relato periodístico. El presente y la verdad van tiesos sobre la cruz, de párrafo en párrafo, y el único recurso, investigar la vida del muerto, no servirá para desenclavarlos. En ese momento crucial la línea que separa la ficción de lo real aparece fría, irrevocable e indiferente a los juegos de palabras. Pero la muerte no es el final, sino el principio del relato. Así como ella no se justifica, el periodista tampoco tiene por qué traspasar el límite de lo que no sabe. Los hechos  son el porque sí del periodismo, y como todo lo que se hace por principio, no hay que forzar su reconciliación con el resultado.

 

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Del racismo

Miércoles, 18 Marzo, 2009 · 1 comentario

Estas páginas explican mi opinión sobre la relación entre el racismo y este caso. Una relación más bien fantasmagórica. Quizá lo sea también mi opinión. En cualquier caso, me quedaré sólo con la opinión de Tommouhi del final. Todo el mundo se preguntará en un momento u otro por esa relación, y no he hallado argumento ni prueba más consistente que la impresión con que Tommouhi la desmiente. Por lo demás,  el libro se interesa en presentar los hechos más allá de cualquier polémica de sentido, por lo que dichas páginas están ya en la papelera.

 

P.D. La hora de este post. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, sobre todo si tu ordenador sufre convulsiones desde primeras horas de la tarde.  

***

 

La carta [que SOS Racismo envió al Gobierno en abril de 2004] planteaba la cuestión del racismo: “existe una duda razonable sobre la influencia que en su condena tuvieron los rasgos de las personas condenadas, de orígen magrebí, y la discriminación que por ello se pudo producir.” Era un argumento que Tote Henares había subrayado en el resumen que hizo para la asocación, y que era la fuente de la que el representante de SOS bebía:

“Además, de lo puramente judicial, hay que tener en cuenta, otros aspectos. ¿Por qué la policía decide investigar a Tommouhi y sus compañeros de pensión? Parece que, simplemente, porque son marroquíes y algunas víctimas habían descrito a los agresores como de aspecto árabe. Si los hubieran descrito con aspecto nórdico ¿hubiera investigado la policía a alguien por el simple hecho de registrarse en un hotel? Si no hubieran sido marroquíes ¿habrían sido confundidos, tan fácilmente, por muchas de las víctimas, incluso estando en la cárcel? Los prejuicios contra los “moros” ¿pueden hacer que sea más creíble una acusación de violación?”

Las preguntas de Henares nunca podrán responderse. Pueden formularse otras: si el fin de semana después de que una chica de Terrassa hubiera denunciado que dos nórdicos habían intentado violarla: ¿habría investigado la policía a dos nórdicos por el simple hecho de registrarse en aquella pensión de Terrassa? No es raro que la investigación policial brote del puro azar. Más raro es que el azar se convierta, como en este caso, en el único argumento de la obra. La explicación de SOS Racismo, por lo demás, venía troquelada ya por la propia naturaleza de la asociación.

La explicación fundada sobre el racismo no era nueva. Las manifestaciones que recorrieron Barcelona entre 1999 y 2001 lo hicieron en gran medida al paso de ese convencimiento: “si Tommouhi y Mounib fueran españoles ya estarían fuera de la prisión”, tituló La Vanguardia una entrevista a Nourredine Douah, el promotor de las movilizaciones. Los argumentos que remueven el inconsciente colectivo cogen vuelo con gran facilidad. La cuestión es saber qué datos y hechos sostienen ese reflejo frente al espejo. Que ese razonamiento surja entre quienes viven la experiencia del racismo burocrático y cotidiano debería sorprender menos aún que en el caso de SOS Racismo. En la asociación Nahda, además, no era el único caso que conocían. Abdeslam Amghar, el compañero de celda de Tommouhi en La Modelo, había acudido también a esas manifestaciones. Pero su fulgurante éxito, de las repercusiones del éxito al menos, de ese tipo de argumentos, se deben seguramente a que ofrece grandes ventajas al público: Al final uno siempre acaba viéndose reflejado en el problema, generalmente como solución. Si la policía, los jueces y los políticos fueran tan poco racistas como yo, se indignaba el periodista al escribirlo anoche, y se indigna esta mañana, con el café humeante y el croissant en la mesa, su hipócrita lector. Luego sale uno camino del trabajo, reconfortado y fresco, como después de una ducha.

El argumento de que este caso se habría resuelto ya –“ya” era en 1999– si Tommouhi y Mounib fueran españoles ha tenido un largo aliento. La historia de Rafael Ricardi se lo cortó en seco nueve años después. Ricardi nació en Cádiz y entró a la cárcel del Puerto de Santa María cuando tenía 36 años condenado por una violación que no cometió. Era 1995 y la chica lo señaló. Una investigación policial –sobrevenida tras la detención de uno de los autores– aportó como prueba el análisis de semen de uno de los violadores, que no coincidía con el de Ricardi. La fiscalía denegó en un principio solicitar la revisión porque, alegó, Ricardi podía ser el otro: las violaciones habían sido cometidas por dos hombres, y en el caso por el que había sido condenado Ricardi sólo se había perfilado un código genético. Si la Fiscalía aceptó finalmente solicitar la revisión fue únicamente porque apareció un segundo resto de semen en una prenda descartada en su día, que tampoco era de Ricardi. La moraleja es que desde 2001 existía un informe del Instituto Nacional de Toxicología de Sevilla cuyas conclusiones alertaban del muy probable error, sin que nadie hubiera ordenado analizarlo. Estuvo ocho años más en la cárcel –trece en total– y ahora, con 49 años, espera a que el Supremo reconozca el error.

Ricardi era toxicómano y vivía debajo de un puente, así que los que defienden la explicación racista enseguida pueden desplazarla hacia la pobreza. Yo podría a su vez desplazarla con otros condenados por la cara: un abogado gallego, un ecuatoriano de Fuerteventura, el dueño de una academia de informática en Cádiz o un guardia jurado de El Puerto de Santa María. Las preguntas por la causa final no suelen conducir más allá del principio por el que se pregunta. Pero es interesante, al menos, oír qué dice el propio Tommouhi, cuáles fueron las impresiones que le quedaron de aquellos días. Semanas después de salir en libertad condicional, acudió al programa de Josep Cuní en la televisión pública catalana, Els Matins de TV-3. “¿Usted cree que su origen marroquí tuvo algo que ver en todo esto?”, le preguntaron. “No” dijo, y luego se explicó: “Yo, lo primero que pensé es que querían calmar a la gente. Y para que no hubiera muchas manifestaciones, quejándose de los jueces, de los policías, para calmarlos a ellos, nos cogieron a nosotros. También pensaba un poco en esto: en que no teníamos ningún apoyo. Ni uno. ¿Alguien nos apoyaba a nosotros para traer pruebas? Nadie. Había que calmar a la gente y ya está.”

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El lastre del aliento

Miércoles, 18 Marzo, 2009 · 1 comentario

El problema de coger al lector por las solapas, a mitad de camino, aunque lo hagas sólo para espabilarlo, es que la cosa no queda ahí.  A partir de entonces no olvida tu aliento demasiado cercano. Es por eso que estas páginas van a la papelera.

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23. EL MINISTERIO Y EL INDULTO

 

En nuestra época, el lenguaje y los escritos políticos son ante todo una defensa de lo indefendible. Por tanto, el lenguaje político está plagado de eufemismos, peticiones de principio y vaguedades oscuras. El estilo inflado es en sí mismo un tipo de eufemismo. Una masa de palabras latinas cae sobre los hechos como una nieve blanda, borra los contornos y sepulta todos los detalles. El gran enemigo del lenguaje claro es la falta de sinceridad. Cuando hay una brecha entre los objetivos reales y los declarados, se emplean casi instintivamente palabras largas y modismos desgastados, como un pulpo que suelta tinta para ocultarse.

El ministerio de Justicia y la fiscalía que de él depende llevan diez años enredándose, como una larva en una tela de araña, en esa red sobre la que George Orwell escribió este párrafo en 1946.  Si el estilo de la mentira tiende al trabalenguas es precisamente porque la verdad puede decirse por derecho, mientras que la mentira necesita tantear donde está la verdad y no perderla nunca de vista, para no coincidir con ella. La esquiva pero la necesita como referente. Los más altos responsables del ministerio y la fiscalía han dictado y segregado ese líquido negro creyendo que les serviría para ocultarse, sin saber que, al contacto con el aire, se solidificaba formando estos hilos fínisimos, pero resistentes, en los que ahora, como la mariposa ahogada en el tintero, se les ve atrapados: la palabra escrita no se la lleva el viento. 

El insincero sólo tiene una posibilidad de salir eternamente indemne, y es el silencio. Ésa fue durante casi seis años, la estrategia desplegada tanto por el Gobierno del Partido Popular, como por el del Partido Socialista, después de que el fiscal jefe de Cataluña solicitara el indulto en  favor de Ahmed Tommouhi y Abderrazak Mounib. La insistencia de un hombre apenas visible al fondo de la escena, que durante estos años ha venido soplando preguntas, a quienes por lo general sólo se pavoneaban sobre las tablas, anotando y entregando las respuestas al público y volviendo a repreguntar con una regularidad malaya, y el coro de voces que acabó uniéndosele, consiguieron que el ministerio y el fiscal hablaran. El registro de esa conversación, negro sobre blanco, confirma la exactitud de una frase de Baltasar Gracián: Es tan difícil decir la verdad como ocultarla. 

Tanto el ex fiscal jefe de Cataluña, José María Mena, como los responsables ministeriales han actuado durante años convencidos de que Ahmed Tommouhi y Abderrazak Mounib son inocentes. El fiscal sabía, sin embargo, que los tribunales, dado el embrollo legal en el que se consumían los dos marroquíes y los estrechos límites que contempla el recurso de revisión en España, no iban a reconocer esa inocencia, a menos que alguien hilara tan fino como para descoser esos límites.  Mena tenía la “convicción profunda” de que no se habían cometido un error, sino siete; y que se se habían cometido bajo sus órdenes. habían cometido bajo sus órdenes. El 30 de abril de 1999 evacuó el indulto. 

El ministerio, con la solicitud sobre la mesa, la guardó en el cajón. Las razones que movieron al Gobierno del Partido Popular a esa decisión se mantuvieron, durante los cinco años que iba a durar su gobierno, envueltas en un prudente silencio. Las del Partido Socialista, sin embargo, quedaron a la vista de todos cuando el entonces ministro de Justicia, Juan Fernado López Aguilar, dijo a un periodista de El País: “El Gobierno ha decidido que no es un mensaje asumible indultar a una persona condenada por violación”. Era el 7 de mayo de 2006. 

El ministerio había decidido no indultarlos por la misma razón que no quería denegárselo: porque fueran inocentes. De haberlo resuelto favorablemente, las víctimas le habrían reclamado una explicación y la única razón que podía dar –que fueran inocentes– era inconfesable. El propio Tommouhi habría pedido que le explicaran cómo es que el brazo de la Ley no alcanzaba a proteger –el indulto es una decisión extrajudicial– allí donde había llegado para castigar. Ésa era la razón también por la que no querían resolverlo, como acabará reconociendo un portavoz ministerial, porque no querían denegárselo. La posibilidad contraria, que fueran culpables, no pudo estar nunca detrás de un retraso de tantos años, pues cada año se deniegan miles de indultos y nadie pregunta las razones, y mucho menos cuando se trata de un violador, que no es lo mismo, bien lo sabía el ministro, que “una persona condenada por violación”. El ministerio se acogió al argumento de que formalmente habían sido condenados, para no tener que justificarse sobre la injusticia material que sospechaba se había cometido, ni tener que dar explicaciones a las víctimas. Los dos marroquíes condenados por error se convirtieron así en una de esas frágiles y aparentes treguas en las que cristaliza la irreconciliable pugna entre la insinceridad radical y la superficie de la lengua, en un mensaje inasumible, en esta época que todo lo asume.

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In girum imus nocte et consumimur igni (origen del título del libro)

Martes, 17 Marzo, 2009 · Dejar un comentario

 

6′16”: Cette lache imitation qui est la dupe du présent et le faux témoin de l’avenir.

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Un mal comienzo (no lo tiene cualquiera)

Lunes, 16 Marzo, 2009 · 2 comentarios

En enero de 2008 envié un adelanto a la editorial. Las primeras 40 páginas: el material presentado al Premio Crónicas (los hechos de 1991), mas el capítulo de las detenciones. Al final añadí el principio: redacté dos páginas para maquillar lo verde que estaba. Más allá del almíbar, conservan un regusto amargo. Por eso, cuando en abril empecé a escribir el libro en público, a través de Google Docs, volqué el adelanto sin incluir el comienzo. Es verdad que no valía para nada, y que incluso era más interesante, de cara a los voyeurs, arrancar de cero y en directo. Pero si no lo volqué fue porque me daba, más que vergüenza, vértigo. Éste era el primer párrafo:   

I

 

Es inútil, no da tiempo. El viajero que levanta la cabeza, porque es inútil seguir leyendo el mapa en esta carretera estrecha y emboscada, inútil porque sus signos no son reconocibles en las cunetas de este angosto, espeso y lento camino asfaltado que nos lleva, cuesta arriba y sin horizonte, inútil por lo menos hasta que no empecemos la bajada de este puerto pequeño, reconcentrado y orgulloso ombligo; es inútil, al viajero no le da tiempo leer entero ese cartel, rectangular, blanco, rotulado en catalán y letras negras, que en la curva de la cima aparece encuadrado y cerca, pero fugaz. Es inútil, ni el viajero ni el que conduce han tenido tiempo de leerlo. Por eso vuelven.

 

“PROHIBIT CONSTRUIR EN TOT EL MUNICIPI: ABANS DE COMPRAR PARCELES, DEMANIN INFORMACIÓ AL AJUNTAMENT DE LA BISBAL DEL PENEDÈS”.

 

¿Se puede caer más bajo? Sí, pero es difícil. Podría intentar autopsiconalizarme, pero no me quiero justificar. Baste ese encorvado periodista disfrazado de  ”viajero”. Podría incluso darle unas palmaditas en la espalda: ese ”Es inútil, no da tiempo” inaugural, ya no me acuerdo, pero ahora parece una escandalosa contraseña, un angelical pacto con el diablo: voy a escribir esto, por obligación, pero que conste que yo no quiero. Por el mismo agujero, pero al otro lado del tabique, se oye me parece oír el “sí quiero” de una puta de lujo soñando con su noche de bodas. 

 

El vértigo ha desaparecido. El síndrome de Estocolmo de uno que no quiere inventarse nada (¡si supiera, iba a estar yo aquí!), pero es el invitado de honor en una recepción donde se anima a mezclar lo real y “los recursos de la ficción”, según las bases del premio. El reflejo verdeoro de las llanuras trigueras en ese brindis al sol. La inalcanzable cima de la sierra regionata o el anfiteatro de los prodigios, para respirar un poco de aire puro. En resumen, la patética histeria de los que empiezan pidiendo perdón,  para ganar tiempo. Creen que el mundo está contra ellos. Hablo de aquel comienzo.

 

No hay conspiración. El laberinto está dentro. La salida, a la mano de cualquiera: Quitarse de en medio y escribir algo verdadero.

 

Ella había sido violada y su novio estaba herido.

 Por ejemplo.

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El periodista, víctima de lo real

Viernes, 13 Marzo, 2009 · 1 comentario

John Carlin, un reportero de El País, visita Islandia. El 6 de abril de 2008 publica “La buena vida“, en cuya entradilla dice:

“Aislamiento. Frío. Naturaleza hostil. Los islandeses han hecho frente a sus problemas. Hoy son los seres humanos más felices, y su país, el lugar donde mejor se vive del mundo. Ellos mismos explican por qué.”  (El País, 06/04/2008)

Seis meses después publica “El primero en caer“,  aunque la entradilla aclara que no se refiere al periodismo y su lugar en el mundo:  

“Hasta hace unas semanas era considerado el mejor lugar para vivir del mundo. Y sus habitantes, los más felices del planeta. Pero, arrasada por el terremoto de la crisis financiera, Islandia se ha convertido en un país en bancarrota, con una población en estado de ’shock’ y unas autoridades balbuceantes. ¿Un anticipo de lo que les espera a otros países?” (El País, 19/10/2008)

¡Ese sujeto elíptico! Era considerado, dice. La lectura íntegra de los dos reportajes instruye mucho sobre el viaje a lo real del periodismo simbólico. Por ejemplos:

“También hablamos de cómo los islandeses –que hoy día cuentan con excelentes restaurantes y cuya energía para trasnochar debe de proceder del ADN vikingo– parecen tener mucho del savoir-vivre del sur de Europa.” (El País, 06/04/2008)

“Pero los logros acumulados a lo largo de los mil años de presencia humana en la isla se ven ahora en riesgo debido a la exuberancia vikinga, que muchos habían identificado como el motor del milagro islandés, como el motivo por el cual el país pasó en medio siglo de ser el más pobre de Europa a uno de los más ricos, con desempleo cero.” (El País, 19/10/2008)

“Es uno de los problemas de abusar de los símbolos: algunos no simbolizan una puta mierda” (La Prensa, víctima de la mafia)

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Vaya

Jueves, 12 Marzo, 2009 · Dejar un comentario

Uno.- Cuando empecé a escribir, imaginaba que el paraíso era un lugar con playa y un mes por delante para afeitar el texto, mucho antes del invierno. Los días que más subido iba, pensaba en las páginas que llegaría a quitar:  30, 40, 50, me decía. Ahora resulta que al manuscrito, antes de que nadie se lo lea, por estrictas razones espaciales, aunque no necesariamente extraterrestres, le sobran cien páginas. Pronto será primavera. Estoy en Madrid (vaya, vaya). Me doy dos semanas. 

Dos.- Menos mal que Sergio González no se olvidó, mientras iba leyendo el borrador, de que la  comprensión mutua ennoblece la amistad. Así escribía, sobre uno de los párrafos, estos cariñosos comentarios desde su balcón en Calpe:

 

comentarios_borrador_sermon

Tres.- Él me manda hoy también este enlace a la historia de Robert Graham Hodgson, otro conejo que confesó ser un elefante.

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Prohibido arrojar escombros al ombligo

Lunes, 9 Marzo, 2009 · 2 comentarios

“Allí donde el autor, llevado por su impulso, ha ido directo al todo, donde se cree dispensado de tener que reunir piedra a piedra, donde no ha visto las juntas, y, al no verlas, no las ha sellado;  es allí donde se instala el moho del envejecimiento. Para distinguir las juntas, los límites del pensamiento, hay que criticarse a uno mismo”. [*]

Walter Benjamin

 

Diez días después, y a la espera de los comentarios de los editores, he releído este fin de semana, muy por encima, algunas partes del manuscrito. Le sobran unas cuantas páginas. La grasa, como casi siempre, no se debe a la información que mana en exceso, sino a la pegajosa mano que la galvaniza.  Casi toda brilla en la segunda parte: en la primera y en la tercera,  la voz del narrador me suena honrada, clara y precisa. Limpia. Los enredos están en la segunda. Pero con una señalable evolución: empieza pecando por temblorosa y acaba haciéndolo por campanuda. Hablo sólo de los baches: ¿para qué hablar de lo que no nos quita el sueño? El estilo de algunos párrafos del principio (Vilafranca, “No he tenido nunca ninguna duda”, Terrassa, etc.) es el de la hiedra: se extiende pegada a la textura del mundo, sube y baja como queriéndose agarrar al folio blanco de la pared, las frases se entrecortan, se agarran unas a otras y siguen. El que escribe, cuerpo a tierra, se arrastra muy despacio, como una lagartija que se ha tragado un cordero. En los peores párrafos del final, sin embargo, camina erguido, sacando pecho; cuando intuye que la pasarela acaba en un cul-de-sac, disimula y se para, como luciéndose, mirando al público. Incluso sonríe, pero los dientes que enseña son de leche. ¿A quién pretende morder así? Ambos excesos son la cara y la cruz de la misma moneda:  ”el desesperado compromiso con la angustia”. Y aunque es innegable que los primeros eran los garabatos de alguien mucho más frágil y asustado que este último que pasea con la zancada más larga que el paso; también lo es que gracias a que entonces pude ver que personalmente no tenía nada que perder, salvo el miedo, ahora sé que lo que más miedo da es reconocer que no hay nada personal que ganar. Corregir es desaparecer. ¿Qué mejor que hacerlo en público?

 

[*]“Aux endroits où l’auteur, emporté par son élan, est allé droit au tout, où il s’est cru dispensé d’assembler pierre par pierre, où il n’a pas vu les joints, et, ne les voyant pas, ne les a pas comblées –c’est là que s’installe la moisissure du viellissement. Pour distinguer les joints, les limites de la pensée, il faut se critiquer soi-même.“ 

W. Benjamin. OEuvres, vol. II, Folio, Paris, 2000, p. 324-325.

 

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Anónimos

Lunes, 2 Marzo, 2009 · 2 comentarios

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