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Norman Foster exalta el genio de Bucky Fuller

(El arquitecto británico posando el jueves pasado junto a su Dymaxion Car Nº 4, en IvoryBooks+Art, Madrid. Foto: Sebastián Marjanov)

“Bucky Fuller es más relevante ahora de lo que lo fue en su día, porque hoy afrontamos muchas de las crisis que él anticipó, en términos de supervivencia”. El arquitecto Norman Foster inauguró así ayer en Madrid oficialmente la exposición que él mismo ha comisariado sobre Buckminster Fuller (1895-1983), el gran arquitecto y diseñador (además de poeta y marinero) norteamericano. Aún así, Foster, como el propio Fuller, con el que trabajó durante 12 años, quiso destacar su actitud utópica: “Bucky era optimista: creía que podíamos usar nuestra inteligencia para tomar el control frente a retos como la dependencia del petróleo. Afortunadamente demostró que no tenemos que ser víctimas de ello”, dijo.

La exposición recorre la trayectoria del visionario de Massachusetts, desde los bocetos de 1927, año de reclusión y silencioso estudio desde el que despegaría su solitario vuelo, hasta la maqueta de la casa solar de la que Foster proyectaba construir dos unidades idénticas: una en Inglaterra para su familia y otra en EEUU., para la de Fuller. En medio: planos, maquetas, fotografías, acuarelas, bocetos y un documental. En ella pueden rastrearse sus más sonados éxitos, sobre todo la célebre cúpula geodésica y sus multitudinarias conferencias de los contraculturales años sesenta y setenta. Pero también sus gloriosos fracasos: el propio Dymaxion Car, un coche aerodinámico, de alta velocidad y bajo consumo, con forma de gota de agua y capacidad para doce personas, y que, como la Casa Wichita, nunca se comercializó .

“Su filosofía era hacer más con menos”, y eso está hoy de urgente actualidad, dijo Foster, en la medida que “la crisis climática y la crisis de la vivienda nos obligan a maximizar el aprovechamiento de los recursos” u obtener el máximo rendimiento con el mínimo consumo. Foster no dudó en reconocer cuánto le debe a Fuller, con el que mantuvo una larga amistad desde que lo eligiera como colaborador para un proyecto europeo, sólo interrumpida por la muerte de su colega en 1983: “Me influyó profundamente”, dijo. “En el sentido de que creo en la sostenibilidad. Yo intento, siempre que se puede, usar los proyectos como una manera de demostrar las posibilidades de la sostenibilidad”, señaló el arquitecto británico, que actualmente está levantando una mini ciudad en el desierto de Abu Dabi, sin residuos ni emisiones de carbono. El tráfico dentro de las murallas de Masdar, inspirada en los asentamientos tradicionales árabes, circulará teledirigido por una sistema electrónico municipal .

Una nave espacial

Fuller mismo proyectó los primeros edificios autónomos y quiso promover la construcción de viviendas de bajo coste para reanimar la deprimida economía americana de los años treinta. “Fuller siempre trabajaba sobre una idea, muy importante para entender sus diseños: él quería construir casas como se construyen los barcos y los aviones. O sea, con materiales muy ligeros, aunque resistentes”, había explicado a Público, Luis Fernández-Galiano, el otro comisario de la exposición en la sede de la revista que dirige, Arquitectura Viva, el miércoles.

Fernández-Galiano acompañó ayer a Foster durante la presentación oficial de la muestra. Elena Ochoa, esposa de Foster y directora de IvoryArt+Books, sede que alberga Bucky Fuller and Space-ship Earth desde el pasado día 1 y hasta el próximo 30 de octubre está abierta en Madrid. La nave espacial del título alude a su idea de que el planeta era “una casa que habitamos todos”, según explicó Fernández-Galiano.

El objeto que más salta a la vista es la reconstrucción histórica, exacta, que Foster ha hecho a partir del último de los tres modelos que Fuller diseñó y construyó: el Dymaxion Car Nº 4. El verde y aerodinámico modelo de Foster descansa, brillante como un delfín, en la gran sala de la exposición, que ocupa un antiguo garaje. Dymaxion, que se aplica a varios de sus inventos, es un término creado por el departamento de relaciones públicas de unos grandes almacenes, y junta las tres palabras más frecuentes en sus caudalosas teorizaciones: dynamics, maximum y tension.

Fuller, ante todo, fue un genio inclasificable. Foster: “Su familia estudiaba en Harvard desde 1770. Él fue el único al que expulsaron. Y no una vez, sino dos. La segunda vez, porque se gastó todo su presupuesto anual viendo musicales de Broadway durante toda una noche. Pero muchos años después, ganó el galardón más prestigioso de Harvard: la cátedra Norton de Poesía. Él era muchas cosas a la vez”, dijo. “También era marinero”, añadió riéndose y mirando al catamarán que cuelga del techo.

Fuente: Público.

Un perfil  de Fuller: El héroe bizco de una generación.

(El retrato de Buckminster Fuller que ilustra esta entrada es de 1980. El autor, Yousuf Karsh -  © The Estate of Yousuf Karsh)

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