ladoblehélice

La continuación del periodismo, pero por otros medios.

Ruleta de reconocimiento

Ahmed Tommouhi y Mostafa Z. pasaron a disposición judicial el  12 de noviembre por la mañana. La Policía Nacional de Terrassa se ocupaba del robo con violencia contra Y y su novio., lo que llamo el caso Terrassa, así que ambos acudieron al juzgado número dos de la ciudad. Las víctimas de Cornellà, el otro caso que instruía  la policía nacional (el resto eran demarcaciones de la Guardia Civil), también fueron avisadas y trasladadas a la primera rueda del martes 12.

La primera intención de la policía, sin embargo, había sido montar en la comisaría una rueda la misma noche de la detención. Avisaron a Y, que se presentó, pero finalmente no encontraron a “árabes de características físicas similares a las de los detenidos”, según diligencias. Faltaban cebos para acompañar a Tommouhi y su compatriota.

La primera rueda se montó finalmente el martes por la mañana. Muchos creíamos que  en esa primera rueda a los acusados los pasearon esposados por delante de las víctimas antes de entrar al despacho del juez, y que enseguida los pasaron de nuevo  –el juez llevándose las manos a la cabeza, metafóricamente al menos– para devolverlos a los calabozos. No. Ese paseo existió, pero no hoy, y aquí lo contaré mañana.

(Es una de las virtudes que he descubierto en el link: no sólo permite al lector acceder a la fuente, o al documento, y contrastarlo con lo que cuenta el periodista. También, y sobre todo, enseña al periodista a desconfiar de sí mismo. Fechas, detalles, matices que he repetido erróneamente durante dos años, no pasan la criba del link. La exhibición de las cosas obliga a medir las palabras. Incluso algunos textos del principio de este blog, que tenía escritos de antemano, tuve que corregirlos el día que me puse a volcarlos y a usar esta herramienta. No es que sea infalible, y ahí está la “fe de erratas” para probarlo, pero desde luego es mucho más implacable.)

Hoy tenemos a cuatro víctimas: Y., su novio, y las dos menores de Cornellà. En una sala cinco hombres, pegados a la pared. En una anexa, el juez, el secretario, los abogados, y las chicas, que van entrando de una en una. Un cristal ahumado separa la sala de exposiciones de la de mandos, por así decir. Entre los expuestos, que no ven a quienes les miran, están Zaidani y Tommouhi, y 4 árabes más.

N., víctima de Cornellà, entra, mira y señala. El acta recoge:

“Que puede ser el 5º por la izquierda y en los demás no los reconoce”.

El 5º por la izquierda es Ahmed Tommouhi. El “puede ser”, sin embargo, puede que sea insuficiente. El juez repite la rueda.  Pero los cambian de orden. N, por segunda vez:

“Que reconoce al segundo empezando por la izquierda y a ninguno más”.

El segundo vuelve a ser Ahmed Tommouhi.

G., la otra víctima de Cornellà, entra por primera vez, y recoge el acta:

“Que puede ser el 1º por la izquierda, no reconociendo a nadie más”.

El primero, han cambiado el orden, es Ahmed Tommouhi.  Es, otra vez, un “puede ser”.  Se repite la rueda. G., a la segunda:

“Que reconoce al 2º por la izquierda y a ninguno más”

El segundo vuelve a ser Tommouhi.

La chica de Terrassa, Y., pasó por la sala de identificaciones. Aunque sólo he encontrado un acta. Es extraño, porque el suyo tampoco es un reconocimiento con seguridad. Ahora hay un cebo más: siete hombres en total. El acta dice así:

“Que cree que uno de los imputados es el 5º empezando por la izquierda y que el 3º le parece que puede ser el que pegó a su novio”.

El que sí mostró seguridad en el reconocimiento fue el novio de Y, M.V.:

“Que reconoce al 3º por la izquierda con toda rotundidad y además fue el que le apuntó

Por alguna razón que se me escapa todavía, las chicas de Cornellà repitieron rueda esa mañana, mientras que Y. y M.V. volvieron diez días más tarde para lo mismo.  

El resultado de todo esto fue que el juez

ordenó la práctica de las gestiones oportunas para recabar cuantas denuncias existieran sobre hechos de similares características, bien por las señas físicas de los individuos, o por el “modus operandi”, donde hubieran podido tener participación los dos detenidos.

Al día siguiente, hubo nuevas ruedas: Entre chicas y acompañantes, diecisiete víctimas estuvieron el miércoles 13 en los Juzgados de Terrassa. Mañana sí que hablaremos del paseo.

Me voy corriendo a Martorell.

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Archivado en: La pistola humeante

One Response

  1. estupefacto dice:

    “El “puede ser”, sin embargo, puede que sea insuficiente. El juez repite la rueda. Pero los cambian de orden. ” (…)
    ___

    Parece razonable. La víctima no está segura y, seguidamente, se repite la rueda (alterando la posición de los participantes ) para darle una oportunidad de recordar mejor. La ley no indica que deba hacerse así, pero parece que es una práctica extendida.
    Ahora bien, ¿contribuye a que la víctima “recuerde mejor” o, simplemente, a que se familiarice más con la persona señalada inicialmente con dudas? Esto último, también parece razonable…
    ¿Pesa más el cobalto que el níquel o el níquel que el cobalto? Las dos posibilidades son “razonables”. Hay que ir y comprobarlo.

    Pues bien, eso es lo que ha hecho la Psicología experimental en el área del testimonio. La conclusión a la que ha llegado es que la repetición de la rueda tiende a reforzar la seguridad del testigo en el reconocimiento que ha hecho, pero no la fiabilidad del mismo.

    Es decir, a todos los efectos, debería constar que las chicas de Cornellà identificaron a Tommouhi con dudas.
    La práctica de ruedas sucesivas no sólo carece de sentido sino que tiene riesgos si policías y jueces piensan que sirve de algo…

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