ladoblehélice

La continuación del periodismo, pero por otros medios.

Presentación oficial

El penúltimo párrafo del lunes se abría así: “El jueves 14 de noviembre, sobre las ocho de la tarde, Abderrazak Mounib y Ahmed Tommouhi se conocerían por fin. En la primera rueda de reconocimiento que pasaron juntos.”

Confieso que lo escribí temiendo que fuera una brutalidad. El inconveniente de llevar dos años investigando, para este género que estamos construyendo aquí, es que manejo información que tengo que ir dosificando: no por el suspense, sino sencillamente porque no se puede vomitar todo durante el primer mes, para luego  seguir, ustedes y yo, más o menos de la mano. Contarlo todo siempre es el secreto no sólo del aburrimiento, sino también de la desinformación (por cierto, quizá esto sirva no sólo para este blog, sino también para el flujo continuo de información al que nos exponemos diariamente, y que oculta más que muestra). No se entendería nada.

Pero la conciencia del paso del tiempo histeriza: y el lunes no me pude aguantar.

Era una brutalidad porque faltaba al primer mandamiento de este reportaje abierto: nunca dejarás al lector rumiando su quimera: “¿y esto, cómo lo sabe?” [Y más cuando se trata del nudo de todo este asunto: porque Tommouhi y Mounib fueron condenados como co-autores en dos casos].

Escribí que no se conocían antes porque, 16 años después, nadie ha demostrado lo contrario. Alejo Noe, hoy fallecido y Juan Manuel Pérez, ambos del Equipo de Policía Judicial de Martorell entonces, se ocuparon a finales de 1992 en investigar qué relaciones tenían, antes de ser detenidos, los dos marroquíes. Pérez me contó cómo batieron los barrios donde residía cada uno, comprobaron sus rutinas de trabajo, mostraron fotografías de uno a los vecinos del otro, y viceversa. Su informe, elevado a la Sección Quinta de la Audiencia de Barcelona y admitido como prueba en la vista oral, concluyó:

“No se ha podido determinar ningún tipo de relación entre ambos”. Yo mismo he hablado con decenas de personas del entorno de cada uno. Nadie conocía al otro antes de aquel día. Y es verdad que los agentes, en su informe y como queriéndose lavar las manos, pero con agua hirviendo que cayera sobre los dos pollos que iban a desplumar en la Audiencia (sentencia desmentida luego por el ADN), añadieron esta coletilla:

“Si en otros lugares se han reunido (…) hasta la fecha se desconoce”: Puro vaho. ¿Es que acaso se podría llegar a conocer en alguna fecha los lugares de reunión, cuando esa reunión no ha existido ? Rafael Sánchez Ferlosio explica en algún sitio (¿quién me recuerda dónde?), que demostrar lo negativo es ontológicamente imposible: que sólo se puede demostrar que SÍ ha ocurrido tal cosa, pero nunca que esa misma cosa NO ha ocurrido. De hecho, añade: demostraré que no estaba en el lugar del crimen, en París, si consigo demostrar que a esa hora estaba en Londres, o en Jonolulú.

La fuerza notarial de un inventario reside en que en algún armario están las cosas que  el acta relaciona: así también para nuestro método. Ahora ya saben ustedes qué había debajo de esa frase: este informe completo, y pueden así intentar, además, desmentirla.

Los resultados de esa rueda de reconocimiento, sin embargo, es inútil sacarlos aquí ahora. El enredo es tal, que no sacaríamos nada en claro. Cuando entremos a tirar del hilo de cada caso en particular, empezaremos por ahí: qué declararon las víctimas al reconocerlos. No es que unas víctimas dijeran que no estaban seguras y otras que sí: es que había víctimas que afirmaban “sin ningún género de dudas” lo contrario de lo que otras, con la misma firmeza, aseguraban , con lo que Abderrazak Mounib, por ejemplo, era y no era el violador al mismo tiempo: tanto para los hechos en general, como para uno de los dos casos de Vilafranca (de los que no hemos hablado aquí todavía) en particular. En ese caso, la juez resolvió procesarlo porque en la misma rueda, aunque la chica señalaba a otro como el violador, el novio de la chica  señalaba a Abderrazak Mounib.

Lo más importante de ese día fue la impugnación de la rueda que Pere Ramells, abogado de oficio de Tommouhi, produjo.

Tommouhi era el único que no tenía bigote y era de complexión gruesa. El juez consideró que eso no alteraba la relación seguridad-certeza de las víctimas, y continuó. N., una de las chicas de Cornellà, sin embargo, se expresó así en la vista del juicio oral:

Que los demás detenidos de la rueda eran de características diferentes“. Gracias a Estupefacto, que nos dejó aquí el artículo 369 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que se refiere a este aspecto, tenemos una cita casi frontal entre lo que marca la ley y lo que por las propias víctimas sabemos. La persona que ha de ser reconcida, dice la Ley, tiene que ser mostrado

“con otras de circunstancias exteriores semejantes”

“Los demás detenidos de la rueda eran de características diferentes”., dijo N.

Mañana veremos qué contaron los periódicos de todo esto.

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Archivado en: Epistemología de la vida cotidiana, La pistola humeante

2 Responses

  1. Tote dice:

    Empiezo a sospechar que eran pareja de hecho lo que en el 91 no estaba bien visto, de ahí la falta de pruebas.

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  2. elena urzúe dice:

    (Demostrar que nó) El principio de que la carga de la prueba-onus probandi-recaiga sobre la acusación no es sólo una norma jurídico-procesal positivamente convenida por la tradicional prudencia del Derecho, que ha preferido siempre el riesgo de dejar impune a un culpable antes que el de castigar a un inocente. No es una simple convención derivada del principio In dubi pro reo o de la hoy tan manoseada “presunción de inocencia”, sino que tiene un fundamento racional ya extramuros del derecho, en la lógica común o, por usar una expresión muy discutible, en “la lógica de las cosas”. Ese fundamento racional no es otro que el de la radical asimetría que, al menos en el campo de los hechos, media entre demostrar que sí y demostrar que nó. Sólo a primera vista las “coartadas” de la novela policíaca consisten en demostrar que no: nadie demuestra directamente que no estaba en el lugar del crimen, digamos en Londres, sino que sí estaba en otro lugar, digamos Brighton, de donde la policía, basándose en el principio de la falta de ubicuidad espaciotemporal del cuerpo humano, concluye que no podía estar en Londres. Toda coartada es por tando un demostrar que sí que por alguna incompatibilidad se convalida indirectamente como un demostrar que nó.

    Sánchez Ferlosio, Rafael: “Tres apuntes” en El alma y la vergüenza, p.397.

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