ladoblehélice

La continuación del periodismo, pero por otros medios.

Sangre y mierda

Una de las mejores lecciones que se derivan de la lectura del libro de Joan M. Oleaque, Desde las tinieblas, es que al borde de un hecho, el periodista no debería convocar a nadie que no tenga algo que aportar. Siempre se acaba entrevistando a alguien que cree en una conspiración mundial. Fue el caso de las chicas de Alcásser y el circo mediático que trajo consigo, conscientemente estudiado por Oleaque: “Los medios hasta entonces pensaban que el suceso interesaba sólo a unos cuantos morbosos. Alcásser les hizo ver que podía interesar a muchísimos morbosos. El suceso, mayoritariamente tratado como una lluvia de sangre y mierda sobre el público. A partir de entonces, el suceso abría telediarios y figuraba en los puestos de honor de las primeras páginas sin ningún tipo de titubeo. A partir de entonces, el suceso se convirtió en información multitudinaria. A la sombra de este concepto de búsqueda de sensación, crecería un periodismo generalista histérico. Un periodismo en el que cualquier noticia podía tratarse con grandes titulares. Un periodismo superficial, de métodos televisivos: la mayoría del periodismo de hoy en día”. 

Un periodismo al que, bajo la excusa del deber de informar, lo que le interesa sobre todo es vender ejemplares. Y que ha hecho que la sola pronunciación de la palabra “deontología”, se reciba con un deje de compasión. Sorprende revisar los periódicos de la época y comprobar la enorme difusión que se le brindó al caso, en connivencia con los reality-shows y las audiencias que éstos habían contribuido a formar. Algunos titulares de El País dan verdadero miedo, como “Historia de un viernes 13” o “Los misterios de Alcásser”. Este último con un subtítulo también escalofriante: “El sumario del triple asesinato, al que ha tenido acceso El País, plantea más dudas que certezas”.

Todo un reflejo de a qué precio empezaba a cotizar la sangre y la mierda en aquellos días.

El exceso de información se decantó, sin embargo, por un tipo de fuentes. Desde las tinieblas señala también una constante que habita en el núcleo de la mayoría de errores periodísticos: la pereza de los periodistas. Para disipar las tinieblas, es lo que demuestra Oleaque, a los periodistas les hubiera bastado con realizar unas cuantas visitas incómodas a los amigos, familiares, y compañeros de delitos de Anglés, gente con modos de vida inquietos, y establecer algunos enlaces lógicos. Por el contrario, se prefirió en la mayoría de casos, entrevistar a un padre desgarrado, a un forense ávido de fortuna, y a un criminólogo ante su última oportunidad. Algo mucho más higiénico y masón. Las consecuencias todavía se palpan. Hace unas semanas le pregunté a un policía, como de broma, que cuándo pensaba coger a Anglés. Primero se rió, pero luego me contestó más serio, que en su modesta opinión Anglés no había tenido nada que ver. “Eso está por aclararse”, me dijo. Las tinieblas persisten. En Internet, varias páginas siguen alentándolas. Muchos internautas han leído a Oleaque, pero su fe parece impermeable. Prefieren pensar que la verdad sigue en un pozo, aunque no bajen a por ella: está muy oscuro y hay ratas.

El libro de Oleaque está dividido en dos partes: la primera, en la que se da cuenta de la historia de los agresores y del crimen, más narrativa, con algunos destellos de omnisciencia que de persistir hubieran supuesto un error flagrante, como en Capote; y la segunda, centrada en la búsqueda policial y las consecuencias mediáticas, donde Oleaque se muestra mucho más implacable y severo. La mayor parte de responsabilidad en la espectacularidad que sufrió el caso la tiene, of course, el periodismo. Quien sorprendentemente, como señala Oleaque, no ha realizado ninguna revisión seria sobre lo sucedido. A los periodistas, me atrevería a decir, les cuesta mucho admitir sus errores. Es una pena, porque explicar los propios errores, también parece un ejercicio periodístico, de los más difíciles. “Periodista come periodismo”, se me ocurre como titular. “Purificados, cerraron la puerta sobre cualquier error propio cometido anteriormente. Cerraron mal y con prisas una puerta de salida de emergencia. Y a través de las grietas que quedaron, se filtran cada día las tinieblas de una profesión”.

No se puede decir mejor.

 

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Archivado en: Artistas invitados, Epistemología de la vida cotidiana

2 Responses

  1. Basta ya de bazofia dice:

    Ese libro es escoria. Oleaque se ha hecho rico también con Anglés, más que nadie, y era su camello favorito, eso de que iba al bar de sus padres, tururú, Oleaque era un drogatas de clase trabajadora aspirante a pijo que tenía amistad con Anglés, por mucho que lo esconda. Y ese libro no tiene ninguna clase de argumentación seria. La familia de Anglés es asocial, y como él, ha ganado dinero confabulando contra él, esos testimonios no son fiables.
    Pero lo que delata a este personaje es su ataque contra el forense Frontela, un científico de primera al que no le llega ni a la suela del zapato. Este forense “ávido de dinero” está todavía hoy esperando que le paguen los billetes de avión por el tema Alcasser. Es obvio que alguien atrás está utilizando la pluma de Oleaque para atacar a un científico independiente que dijo la verdad sobre el móvil del crimen.
    Oleaque es un mandado, un pinchamierdas al servicio del sistema que ha matado a las chicas.

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  2. Funcionaria, soltera, 50 años dice:

    ¿Podría concretar e informarnos de cuál fue el “sistema que mató a las chicas”? ¿El planetario, el métrico decimal, el nervioso?

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