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La continuación del periodismo, pero por otros medios.

Diderot y los McCann

La publicación del retrato robot, hecho a mano, de un supuesto sospechoso de secuestrar, suponemos, a Madeleine, y que debe de estar hoy en los periódicos, me recordó anoche una cita de Diderot que me pasaron hace tiempo. La última frase es la que pretendía ilustrar con el retrato aquel que pedía en un anuncio (Wanted), y que el descubrimiento paulatino de que el experimento propuesto estaba demasiado alejado de cómo se confeccionan esos retratos, me ha hecho desistir de publicar los resultados. 

No cabe duda, sin embargo, de que el retrato basado en el testimonio de una turista “que vio varias veces a un hombre que le pareció sospechoso”,  sobre todo si es el de un “hombre siniestro”, confeccionado por una “artista especializada”, aunque también “formada en el FBI”, por encargo de una agencia de detectives que se llama “Método 3” y que, cómo no, tiene sede en Barcelona, todo eso, en efecto, es indudable que supondrá un “sensacional avance” en la investigación. Es el efecto gabardina, cuyo uso comparten detectives y exhibicionistas.

Diderot, por favor: 

“Un español, acuciado por el deseo de poseer un retrato de su amada, que no podía mostrar a ningún pintor, adoptó la decisión que le quedaba de hacer por escrito la descripción más amplia y más exacta; comenzó por determinar la exacta proporción de la cabeza entera; pasó luego a las dimensiones de la frente, de los ojos, de la nariz, de la boca, del mentón, del cuello; luego a cada una de estas partes, y no ahorró nada para que su discurso grabara en el espíritu del pintor la verdadera imagen que tenía bajo sus ojos; no olvidó ni los colores ni las formas, ni nada de lo que correspondía al carácter; cuando más comparó su discurso con el rostro de su amada, más parecido lo encontró, creyó sobre todo que, cuanto más cargase su descripción de pequeños detalles, menos libertad dejaría al pintor, no olvidó nada de lo que pensaba que debía captar el pincel. Cuando su descripción le pareció acabada, hizo cien copias, que envió a cien pintores, encargándoles a cada uno ejecutar exactamente en el lienzo lo que le leyeran en su papel. Los pintores trabajan, y al cabo de cierto tiempo nuestro amante recibe cien retratos que, pareciéndose rigurosamente a su descripción, no tienen ningún parecido entre ellos ni con su amada.”

Diderot, Denis: Reflexiones de las lenguas sacadas del artículo Enciclopedia, según cita verde (Gracias).

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Archivado en: Cortocircuitos, Epistemología de la vida cotidiana

One Response

  1. DL dice:

    5/5 Muy bien !

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