ladoblehélice

La continuación del periodismo, pero por otros medios.

Cortar y pegar

La primera sentencia* del caso Olesa condenaba a Abderrazak Mounib y Ahmed Tommouhi en 1994. La misma Sección 5ª de la Audiencia de Barcelona condenó en 1999 a Antonio García Carbonell a 42 años de prisión por los mismos hechos, una vez el ADN había demostrado que él y un familiar suyo eran los violadores. La sentencia de 1999 (I y II) copió y pegó el apartado de hechos probados de la de 1994 (I y II), aunque con el mérito añadido de acertar con uno de los culpables –el otro sigue sin ser identificado—. Los hechos eran, necesariamente, los mismos. Pero la calcada redacción de ese apartado es, por lo que oculta, reveladora.   

Los nombres de los marroquíes fueron sustituidos, lógicamente, por el sintagma “Antonio García Carbonell y otra persona no identificada”. El resto de cambios, que no se deducen necesariamente de ese primero, se limita a alguna precisión sobre la relación entre las víctimas –amigos- y al algún rodeo –cantidad de dinero que ascendía– que fueron borrados en la segunda sentencia, pero sobre todo se concentra en esta frase, que también eliminaron:

Los acusados disponían de una linterna, con la cual alumbraban el interior de la nave y vigilaban a M y que asimismo utilizaron en su exterior, que estaba iluminado por una farola, luz de la fábrica y luz de la luna.

El segundo texto está puntuado y es más escueto. Pero si en el libro me quedaré con el párrafo de la sentencia del 94, no es por ensañamiento. Es por método: para seguir el rastro de la mentira. La segunda sentencia soltó el lastre sentimental de la primera, porque no le hacía falta: la prueba del ADN era suficiente. […] Por eso le sobraba este deslumbramiento:

  “el exterior, iluminado por una farola, luz de una fábrica y luz de la luna”.

Esa postal impresionista, nocturna de arrabal, son pinitos del tribunal, que hizo suyo el deslumbramiento, emocional y técnico, de la víctima. […] La policía judicial de Martorell había hecho un informe fotográfico sobre el lugar de los hechos: 9 folios y 10 fotos. Los agentes habían visitado para ello la caseta, con luz del día. La luz de esa fábrica y de esa farola, sin embargo, son detalles con los que los chicos aclararan sus recuerdos y que la sentencia incorpora acríticamente. El tribunal disponía del informe y podría haber preguntado a los agentes que lo hicieron. Pero lo que me importa ahora es la luna. El rapto poético de la ponente, Elena Guindulain Oliveras, eligió mal, descartados los guardias civiles que hicieron el informe fotográfico, el segundo motivo lorquiano. El martes 5 de noviembre de 1991, en Barcelona, la finísima uña de la luna se escondió un cuarto de hora antes de las cinco de la tarde. El miércoles hubo luna nueva.

¿Un detalle sin importancia? Entonces, ¿para qué lo citan? En 1999 ese calorcillo no les hacía falta, ni añadía nada, porque tenían una prueba, al contrario que en la condena a Mounib y Tommouhi. En 1994, la función de los adornos  era abrigar los argumentos, […] porque los hechos en frío no bastaban.

La diferencia clave entre una y otra, sin embargo, está resumida en la fórmula que abre el párrafo de 1999, y de la que no he hablado:

“Ha resultado probado y así se declara”.

Este doble plano reconoce un mundo exterior y una declaración que habla de ese mundo, a diferencia del “se declara probado” –que es el habitual, por otra parte— de la primera sentencia, donde la declaración es ya en sí misma la creación de ese trozo de mundo del que se habla, de la misma forma que el “Hágase la luz” no necesita de interruptores. La justicia poética y la divina se fundan en la misma confusión de verbo y carne, de palabra y mundo. El mismo desprecio olímpico por la verificación.

***

El primero que me hizo reparar en este detalle de la luna fue Manuel Borraz, empecinado en averiguar la verdad.


*Sección Quinta. Audiendia Provincial de Barcelona. Rollo Nº 9262/91. Sumario 1/91. Juzgado de Instrucción Nº 2 de Martorell. Sentencia Núm: Tribunal: D. Modesto Ariñez Lázaro, Dª Elena Guindulain Oliveras (ponente) y Dª Nuria Zamora Pérez. Barcelona, 22-4-94. 

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Archivado en: Epistemología de la vida cotidiana, La pistola humeante

5 Responses

  1. Anónimo dice:

    Es increíble la desfachatez que supone copiar la sentencia anterior, es posible que el remordimiento por el error no les dejara tiempo para una nueva redacción, ni siquiera, para copiar bien.
    En su afán por probar que, esta vez, el culpable es García Carbonell pegan su nombre en la primera frase sin que el sujeto encuentre su verbo en todo el párrafo.
    La incrustación produce otro efecto, no precisamente gramatical, y es que “García Carbonell y la otra persona no identificada” pasan a ser mayores de edad y sin antecedentes penales, contradiciendo así lo dicho en el inicio. La sentencia del 94 dice : “…momentos después fueron abordados por los acusados Ahmed Tommouch y Abderrazak Mounib, ambos mayores de edad y sin antecedentes penales, quienes actuando de mutuo acuerdo…” En menos de diez líneas Gª Carbonell pasa de tener “antecedentes penales a efectos de reincidencia” a estar limpio de ellos. De quita y pon, como el bigote de Mounib ¿o era de Tommouhi?

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  2. Tote dice:

    El comentario anterior es mío, olvidé poner el nombre.
    Braulio: ¿has comparado el resto de la sentencia? No tengo la del 99 pero supongo que no hacen ninguna referencia a la anterior. En la del 94, en el apartado “Fundamentos de Derecho” llegan a la conclusión de que el desconocimiento del español por parte de Tommouhi es un “hecho aparentado” porque “resulta incompatible con la afirmación de M. de que este procesado se dirigía a ellos, en español”. La lengua extraña que hablaban entre ellos que no era, según M. ni inglés, ni francés, ni alemán, tenía que ser “moro”. ¿Hay alguna referencia al idioma en la sentencia de Carbonell?

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  3. […] se me coló una frase del 94 que no es atribuible al Tribunal, y pido por ello disculpas: el segundo de los errores que señala Tote, es de mi trascripción, no de la […]

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  4. ladoblehelice dice:

    No, Tote, no hay ninguna referencia al idioma de Carbonell. Los fundamentos jurídicos para la condena son:
    a) El acusado se reconoció autor de los hechos.
    b) La prueba de ADN corroboró esa autoinculpación.

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  5. estupefacto dice:

    La referencia a la “luz de la luna” en la sentencia del caso de Olesa, ¿procedía de alguna declaración de las víctimas?, ¿de alguna respuesta suya durante el juicio, quizá?
    Curiosamente, la luna imaginaria aparece en, al menos, otros dos casos…

    – En el caso de Terrassa el novio de la víctima dijo inicialmente que había muy mala iluminación en el lugar de los hechos, pero llegado el día del juicio oral indicó expresamente -tal como figura en la sentencia- que “a pesar de que era de noche se veía porque había luna llena”…
    No obstante, la luna no era visible cuando tuvieron lugar los hechos.

    – En el caso de la pareja asaltada cerca de La Bisbal, ella declaró en el juicio: “… Que le impactó ver las luces antiniebla del vehículo de los agresores. Que había luna llena…”.
    Ni llena, ni medio llena: tampoco había luna a las horas en que sucedió todo.

    Es curioso como, en estos dos últimos casos, no sólo mencionan la luna sino que especifican además que era luna llena.

    Alguna explicación tendrá todo esto.
    Es posible que el testigo introduzca la luna en el escenario de los hechos para reforzar la credibilidad de su declaración, consciente o inconscientemente. “A pesar de que era de noche se veía porque había luna llena”…
    O quizá sea, simplemente, fruto de una propensión natural a relacionar la noche con la luna, que en algunas ocasiones podría llegar a distorsionar el recuerdo de un suceso nocturno. Sucedió de noche, luego la luna no andaría muy lejos…

    No me extrañaría que ya lo haya estudiado la Psicología.

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