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La continuación del periodismo, pero por otros medios.

Del footing al piro

Ya saben por qué Reyes Benítez está en el orígen de este caso

Un día me contó cómo conoció a Abderrazak Mounib, preso en Can Brians. No hacía mucho, me dijo, que se había puesto en marcha un programa en Cataluña para que algunos presos pudieran salir a hacer footing por las mañanas, por los alrededores de la cárcel.

La prisión de Can Brians está a las afueras de Martorell, a  unos 30 kilómetros de Barcelona,  enterrada en un valle. La única especialidad del atletismo que se puede practicar allí es el campo a través, pues me parece recordar que ni siquiera la carreterucha que lleva a Martorell está del todo asfaltada.

Los presos que en principio podían acogerse al programa eran los que menos razones debían tener para la fuga: próximos al régimen abierto, algunos incluso habiendo disfrutado ya de permisos, y de comportamiento ejemplar. Según Reyes, Abderrazak Mounib era uno de ellos y había salido una mañana a correr. 

Esto parece sorprendente, y puede que Reyes lo mezclara en su recuerdo, porque en aquellos años –finales del 96, principios del 97–, el señor Mounib sólo cumplía con la buena conducta, pero estaba lejos de los permisos y el régimen abierto –que nunca aceptaría, por otra parte–. No sé, tampoco, si su salud le permitía esas carreras (era diabético, tenía una fractura malcurada en un tobillo y un hidrocele en un testículo, que por esas fechas era ya del tamaño de una manzana, según los forenses que lo habían reconocido).

El caso es que, contra todo pronóstico, una mañana de footing, un preso se fugó.

–Hola, soy Abderrazak Mounib, estoy preso en Can Brians y sé dónde está el que se ha fugado, dijo al primer agente que descolgó el teléfono.

La llamada se había recibido en el cuartel de Martorell, base del equipo judicial cuya investigación, cuatro años después, había empezado a enfocar con una luz más justa las violaciones de 1991. Mounib, me contó Reyes, añadió:

–Pero solo se lo diré al guardia civil Reyes Benítez, si viene a verme a la cárcel.

La Guardia Civil de Martorell tenía que buscar al fugado y había un interno que se ofrecía a decir dónde estaba. Reyes: “Se lo dije a mi jefe y me dijo que bueno, que fuera, a ver qué me decía”.

“Me acuerdo que fue entrar a la sala de visitas y el hombre se arrodilló y empezó a darme las gracias y a pedirme por favor que no dejara su caso. Que investigara. Que era inocente. Evidentemente, no tenía ni puta idea de dónde estaba el tío que se había fugado corriendo. Ni idea. Pero se había enterado de que yo era el que había hecho el informe [sobre su caso]”.

Pequeñas historias que hay luego que ir verificando, reuniendo vestigios, para que no parezcan cuentos.

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Archivado en: El taller

2 Responses

  1. elena urzúe dice:

    Si una mañana de footing un preso…

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  2. mónica dice:

    ¿Se puede saber qué ha pasado con la fiscalía? Debe usted volver cuanto antes, señor doble hélice. Nos ha dejado en ascuas.

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