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Sangre, semen y convicciones, o como decíamos ayer

[Esta nota fue publicada en EL PAIS el 26/09/2006

 

El Tribunal Supremo revocó en 1997 una de las condenas a Ahmed Tommouhi y a su compatriota Abderrazak Mounib, porque los análisis de ADN demostraron científicamente el error de la víctima al identificarlos en 1991. Frente al testimonio subjetivo, el Supremo privilegió la corroboración objetiva. La Audiencia de Barcelona, sin embargo, ya lo había condenado en otra causa. El razonamiento fue inverso: los jueces descartaron las pruebas materiales frente a las “categóricas y terminantes declaraciones” de las dos chicas violadas.

Fue en el caso de Cornellà (Barcelona). N., una de las dos víctimas, de 14 años, entregó en comisaría el pantalón, el suéter y las bragas que llevaba puestos el día de autos. [Lo hizo tras su primera declaración]. La policía lo puso en conocimiento del Juzgado de Instrucción número 1 de Cornellà en el primer atestado. Desde ese momento, Estrella Radio Barciela, titular de aquel juzgado, tuteló el proceso y los restos fueron analizados en el Laboratorio de Analítica Forense de la Policía Científica de Barcelona y cotejados con los marcadores genéticos de Ahmed Tommouhi, que accedió voluntariamente al análisis. Él mismo lo reclamaba cada vez que declaraba ante un juez.

El resultado fue negativo. Ni el semen ni la sangre eran de Ahmed Tommouhi, el único acusado en este caso. Los peritos, sin embargo, no acudieron el día del juicio oral, y el tribunal decidió que no hacía falta, como había pedido la defensa, suspender el juicio. La prueba no habría podido “en modo alguno” desvirtuar la “convicción” del tribunal, según la sentencia, convicción que se había formado exclusivamente por el testimonio de las víctimas, sin corroboración objetiva alguna.

La conclusión del informe no excluía, a ojos del tribunal, que Tommouhi fuera quien violó a N. porque habían sido “dos los intervinientes en los hechos”, con lo que los restos podían ser de ese otro. Las chicas, sin embargo, habían declarado que cada uno violó a cada una por separado, y las dos coincidieron en que supuestamente era Tommouhi el que había violado a N.

El contacto, por tanto, se debería haber producido por una salpicadura o un roce entre el violador de la otra chica, de 15 años, y la ropa de N. Pero a ésta última la violaron fuera del coche, “apoyándola de espaldas al agresor”, como ella misma contó el día del juicio. A su amiga la violó el copiloto, y recordó “que fue dentro del coche”. Ni la sangre ni el semen hallados correspondían a los marcadores genéticos de Ahmed Tommouhi. “Con los datos de ese informe, tengo que decir que ese hombre no ha sido”, explica Eugenio O., uno de los autores.

El tribunal dijo que ignoraba “por completo la cualificación técnica o científica” de los peritos, a los cuales no volvió a citar. Pertenecían a la Policía Científica. Eugenio O., el técnico, era diplomado en Farmacia y especializado en Análisis Clínicos. La facultativa que firmó aquellos informes es la actual inspectora jefa del servicio NBQ de la Policía Científica de Madrid.

El tercer argumento de la sentencia para descartar los hechos objetivos en favor del testimonio subjetivo de las víctimas fue que la recogida de la ropa no se había hecho con las suficientes garantías procesales. “No fue acordada por el juez de instrucción”, afirma la sentencia. “Las ropas llegaron con el primer atestado: o sea, que era imposible que el juzgado ordenara nada porque no sabía que había ocurrido eso”, explica Estrella Radio Barciela, la juez que instruyó el caso. El garantismo, que se inventó para proteger al reo, sirvió en este caso para condenarlo.

El tribunal sentenciador fue la Sección Novena de la Audiencia de Barcelona, presidida por Margarita Robles. Para revisar la sentencia está el Tribunal Supremo, pero nadie presentó el recurso. El abogado de oficio de Tommouhi en Barcelona, Pere Ramells, lo anunció oportunamente tras el juicio de 1993. Pero correspondía al Colegio de Abogados de Madrid nombrar a un colegiado suyo para que lo cursara ante el Supremo. Los nombrados no lo hicieron. Se quedó sin defensa y sin posibilidad alguna de que se revocara la sentencia.

 

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Archivado en: Epistemología de la vida cotidiana, La pistola humeante, Margarita Robles Fernández

2 Responses

  1. Vuestro post me ha encantado, gracias por el blog.

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  2. Living in Matrix dice:

    Estimado Arcadi,

    Casos como el que describes suceden todos los días, a todos los níveles y en todas las jurisdicciones.

    No, no hay quién lo entienda. No creo que sea una persona excesivamente sensible, y que por ello, todos estos hechos inverosímiles me afecten tanto.

    Por cierto, el Senador jetzale (Dr. Maqueda) que dijo que los no nacionalistas no tienen derecho a vivir (ahí es nada), sigue tranquilo. Está denunciado en el Tribunal Supremo, je,je. No problem. Nada tiene sentido. Tiene que ser irreal.

    Sí, por cierto: los ponentes y responsables de estas sentencias suelen ser los que acceden a los puestos relevantes, acabando de Ministros, en el Tribunal Supremo o como juristas de reconocido prestigio en el Tribunal Constitucional.

    Podríamos empezar con pedir la separación de Poderes en España; pero quedaría aún tanto por hacer. Una “justicia” masificada, totalmente sobrecargada, sobrecargada 200 veces más de lo que el sistema podría porcesar, no puede aspirar a ser “administración de justicia”

    Mi única conclusion lógica a todo ésto, desde hace décadas y teniendo en cuenta la teoría de las 12 dimensiones, de los “gusanos” y las películas de los Hnos. Wachovsky, es que estamos viviendo en una especia de Matrix. Y nuestro programador tiene un peculiar sentido del humor.

    Es una prueba para ver como reaccionamos Sr. Arcadi. Creo que reaccionas correctamente. Es un alivio. Está claro que si no estuvieramos en Matrix, se montaría la de “dios es cristo”. Si no pasa, es porque el programador de Matrix no lo quiere y nos está probando.

    Es , sinceramente, la opción más lógica y racional que se me ocurre. A lo mejor me incapacitan por decirlo.

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