ladoblehélice

La continuación del periodismo, pero por otros medios.

De turismo

Ayer estuve en ARCO, exposición universal del humor en la que siempre hay que explicar los chistes.

Filed under: Cortocircuitos

Interrogantes

El DNI de Antonio García Carbonell recoge que nació en Lérida en 1937. En una entrevista forense, que obra en el sumario, declaró haberse casado con 14 años. La edad de su mujer estaría ahora rondando los 60 años, según varias fuentes. O bien no es su primera mujer, o bien uno de los dos no podía tener esa edad. Su hijo mayor, al parecer, nació  en 1971, cuando su padre debía contar 34 años, lo cual parece una edad bien tardía para tan temprano matrimonio, además de para las costumbres gitanas que el propio García Carbonell subraya con esa boda adolescente. Las descripciones de las víctimas rebajan entre diez y quince años la edad que tenía su violador en el momento de los hechos.

Preguntas que no habría traído hasta aquí de no ser porque fuentes policiales me informan de que quizá no sea ése su primer nombre, ni su primer DNI, me digo yo, y entonces ese salto de 20 años vuelve a interrogarme.  

–¡Es un libro sobre la identidad, es un libro sobre la identidad!, repite Iván sin creérselo.

Sigo buscando.

Filed under: La pistola humeante

Confirmación

 José A. G., detenido y condenado por resistencia y agresión a la autoridad en 1991, no tiene nada que ver con este caso, ni con las personas en él implicadas, según he comprobado esta mañana de fuentes judiciales. La pista de la que les hablaba ayer, y según lo adelantado, ha resultado falsa. 

Filed under: La pistola humeante

El Gran Otro

De la guineueta me preguntaba el jueves pasado por el otro:

No veo que en ninguna parte hagas referencia a cómo está la investigación del segundo violador, el personaje cercano a Carbonell. ¿Se sabe algo?

El Gran Otro no ha sido identificado ni detenido todavía. Es, sin duda, una de las grandes interrogantes del caso y, por tanto, del libro. Difícil, muy difícil de resolver. Pero casi es más difícil todavía hablar sobre ello. Tampoco sé muy bien por qué: una primera y obvia razón es que las hipótesis nunca podrían acompañarse de un nombre, siendo sólo hipótesis, ni señalar a nadie, ni siquiera vagamente. Sobre todo por eso no había dicho hasta ahora ni mú.

Pero también porque resulta difícil, en ese impasse, escapar a cierto efectismo de suspense. Porque ha habido quien me ha soplado un nombre para ese otro, y una explicación convincente de por qué debía de ser él y no otro cualquiera, y yo he seguido el rastro. Ha pasado incluso que ese rastro aparecía bien perfilado en el camino: ¡una condena por una detención a finales de 1991! Y he vuelto a casa rumiando que claro, que esa detención y esa condena y ese año y esos apellidos explicaban mucho : el paréntesis entre las violaciones de 1991 y las de 1995, por ejemplo. Enchironado el pariente-cómplice, se acabaron las razzias. Claro, claro, me decía.

No habría sabido cómo contarlo antes sin que mi entusiasmo convencido pareciera una certeza: y no hubiera sabido cómo desmentirlo ahora, sin que pareciera un truco barato, así que al menos por eso celebro que todo se viniera ayer abajo. Hoy puedo contarlo abiertamente:

No es ése el hombre del que me habían hablado. No, aunque se llamen igual, tengan una edad parecida, ni aunque coincidiera lo que yo estaba buscando –una condena en el 91, por ejemplo– y lo que encontré, que era una condena en ese año. Mañana mismo creo que lo confirmaré definitivamente, pero ayer volví convencido de que la pista era falsa, equivocada, y así lo hago saber por adelantado.

En fin, la celebérrima frase de Wittgenstein también  se puede aplicar en este caso:

«todo lo que puede decirse, se puede decir con claridad, y sobre aquello de lo que no podemos hablar, mejor es guardar silencio»

Filed under: La pistola humeante

Este cerdo y sus porqueros I

«La era digital quizá subsuma alguno de los mútiples intermediarios del libro (editores, distribuidores, agentes, asistentes, libreros), que realmente son o han sido una voraz legión convencida de que el autor es un cerdo y se come todo.»

Filed under: El autor y el dinero

Desde Mollet del Vallès

En Mollet del Vallès, donde se recuperó el Renault 5 en 1991, esperando  al que entonces era su dueño. Pinta que no vendrá. No contesta al teléfono. El termómetro de una farmacia marcaba hace media hora 7º, así que me he metido en una biblioteca municipal para estar calentito y saludarles: Hola.

He llegado en cercanías. Mollet está a media hora hacia el interior de Barcelona. En la estación de Santa Rosa se bajó también el «varón de 40 años» que iba a recoger el Renault 5 cuando los tres guardias civiles le dieron el alto. El coche estaba aparcado en una isleta que hay saliendo de la estación a la derecha. La isleta, en medio de  la calle y con forma de cuña, la divide en forma de y griega.

Ya saben que el conductor huyó a la carrera. La lectura del atestado que da cuenta de esa intervención policial inspira desconfianza por varias razones. La más importante es el doble rasero que, según recuerdo, utiliza para dar cuenta de lo ocurrido y de qué coche se trata.

En las diligencias que se entregaron al juzgado no aparece la palabra «violación».  El redactor sabía que de eso se trataba y por eso montó una troncha para intentar cazar al conductor. ¿Alguien cree que la guardia civil monta dispositivos de guardia y disparan al aire por un simple coche robado? El redactor mismo me confirmó que así era.

En los telefonemas que informan internamente, y a sus superiores, de la actuación, sí que se recoge que es el vehículo implicado en las violaciones. Ahí se trata de rebajar las embarazosas implicaciones de los disparos al aire. Era una zona «despoblada», se dice. Sin peatones. Los peatones eran todos los que bajaron junto al varón del tren esa tarde, aunque ahora sea imposible cuantificarlos. 

Lo de despoblada da un poquito de risa esta mañana, cuando sales de la estación y te encuentras que en la acera de enfrente se levantan edificios —hasta tres de cinco alturas–, casas, bares, locales comerciales, etc, en apretado desorden. 

Que todo eso estaba ya en 1991, me lo confirmó uno de los agentes que intervinieron y que entrevisté aquí en Mollet hace ya casi un año. El coche estaba aparacado en esa isleta porque  las aceras están siempre ocupadas: Los bajos de los edificios, muchos son locales comerciales, y no hay garajes, me dijo.

El dueño no llama y la media hora que me han concedido las amables señoras de la biblioteca se acaba. Hasta mañana.

Filed under: La pistola humeante

De raza negra

O, la víctima de La Bisbal del Penedès, es la que más ha detallado sus razones para oponerse al indulto de los dos marroquíes condenados tras la ola de violaciones del otoño de 1991. El informe del tribunal que juzgó su caso, la sección 2ª de la Audiencia de Tarragona, negativo a la concesión de ese indulto, incluye una cita literal suya de 65 líneas, mientras que sumadas las que dedica a las explicaciones de otros seis víctimas y testigos de Tarragona (falta la opinión de uno de los chicos de La Secuita, que completaría los ocho implicados), resultan 28 líneas. De entre los citados, Álex se mostró a favor del indulto.

Una de las quejas de O., según información remitida por su abogado –Sergio Solanas– con el deseo expreso de que su literalidad no fuera transcrita ni parcial ni totalmente, es que en referencia al robo cometido con el Renault 5 gris plata, B-7661-FW, el 16 de noviembre de 1991, cuando los marroquíes ya estaban en prisión, no se suele hacer constar que la víctima de ese hecho describió a uno de los autores como «varón de raza negra», descripción que no coincidiría ni con Tommouhi, ni con Mounib, lo que abundaría en la hipótesis de que los marroquíes formaban parte de un grupo de violadores, ni con García Carbonell. Así es, y yo no lo he ocultado, aunque es verdad que sin destacarlo.

Removiendo papeles me he encontrado con esa objeción y quiero aquí dejar constancia de ello. 

Pero hay que añadir: Según tres denuncias recogidas en los folios 1579, 1585 y 1594 del sumario del año 95 seguido contra García Carbonell, las víctimas habían descrito a los autores «como de raza negra y de 40 años», según un escrito del primer abogado de Carbonell, Julio García Gutiérrez, que también obra en dicho sumario.

Tres descripciones cromáticamente corregidas por  las pruebas de ADN que confirmaron la autoría de García Carbonell, que no es negro.

Filed under: Epistemología de la vida cotidiana, La pistola humeante

Esbozos logotípicos

Este borrador, que Carla dejó a medias, cuando todavía ni siquiera sabíamos que se podía acentuar el nombre en la cabecera, así que tampoco en el logotipo.

Filed under: El taller

Un polimorfismo muy tonto

La pregunta por el significado de la sustancia H en un informe sobre restos de semen recuperados en el caso de Olesa reconozco que es puro ensañamiento metodológico, pues el resultado ya se conoce por otros medios: el ADN demostró que el semen no era ni Abderrazak Mounib ni Ahmed Tommouhi. Pero allá voy.
Los recortes de Chema Pascual empezaron a abrir un cierto camino, aunque la mala puntuación de la cita a veces hacía difícil comprender el texto. Laura llevó mis dudas hasta el laboratorio en el que trabaja, y volvió con las cosas muy claras: sus anotaciones (resumidas en el cuadro de abajo) coinciden además con unos apuntes que yo tenía de una entrevista antigua a una bióloga. Así que la incógnita H, esa vieja cuenta pendiente, cuya liebre levantó, ésta también, Manuel Borraz,  está solucionada.
La sustancia o antígeno H define el grupo sanguíneo O (léase cero), siempre que no haya antígenos A ni B, en cuyo caso serían estos a su vez definitorios del grupo (A, B ó AB). En ese caso, la presencia o ausencia de la sustancia H únicamente determinaría si el individuo es secretor o no de esa misma sustancia (que también puede expresarse como rh positivo o negativo). Secretor significa sencillamente eso: que en sus fluidos (sangre, semen, saliva, etc) se expresa dicha sustancia.
Para nuestro caso, el informe hacía constar que en las dos muestras en las que se habían encontrado espermatozoides no se había hallado ni la sustancia A ni la B, y sí la H. Así pues, se puede afirmar que ese semen en ningún caso podría provenir de un sujeto cuyo grupo sanguíneo fuera distinto de O. No habiendo sustancia A ni B, el grupo, necesariamente, es O.
Los violadores eran dos: uno de ellos, necesariamente, era secretor de la sustancia H. Pero también podían ser los dos.  
El caso de Olesa es el que, seis años después de los hechos, pudo ser revisado gracias a una nueva prueba de ADN.  No parece –aunque me falta algún folio suelto– que nadie se preguntara durante la instrucción por las consecuencias que tenía para los «reconocimientos» de la víctima esa sustancia H. Un dato que en el Instituto de Toxicología me definieron, con cierta gracia, como «un polimorfismo muy tonto», porque es una variante que se expresa en la población, pero sólo en dos sentidos, o sí o no. 
Pero con los polimorfismos, por muy tontos que sean, no conviene pasarse de listo. Sus conclusiones son modestas, pero indiscutibles. Ésta, por ejemplo: El semen de las muestras no podía ser de un hombre que no fuera del grupo sanguíneo O.
El grupo sanguíneo de Ahmed Tommouhi no es O. Queda la incógnita de saber cuál era el de Abderrazak Mounib.
Si cuento todo esto antes de tener la respuesta, es porque lo que quiero que se vea, para este caso concreto, no es la verdad material, que ya se conoce gracias al ADN, sino el rigor del método empleado para hallarla, y por contraste, la obstinada convicción con la que se la esquivó.
Si Mounib tampoco fuera O,  eso querría decir que el tribunal tuvo delante una prueba científica indubitable de que ninguno de los dos acusados había aportado el semen de la muestra, y que, por tanto, la insistencia de la víctima en que eran ellos dos, y sólo ellos, los autores de la violación, se habría demostrado errónea mucho tiempo antes: el semen pertenecía, necesariamente, a un tercer hombre. El resultado habría sido, lógicamente, absolutorio para ambos, ante la imposibilidad de demostrar quién de los dos no podía ser ese tercer hombre.
Pero ya digo, todo esto no es más que una hipótesis de trabajo, de cuyo acierto o error daré oportuna cuenta.
****
Las aclaraciones de Laura: 
«He hablado con un chico de ADN y me ha dicho lo siguiente:
De las muestras Nº 1 y 2, el trozo de manta y pantalón se encuentran espermatozoides en ambas y como no se detecta la sustancia A ni B se deduce que es el grupo «O». Al detectarse la sustancia H quiere decir que es rh positivo. No se han encontrado pelos.
El significado del grupo ABH, corroborado por un experto en ADN del laboratorio […] es:
       A                  B                        rh (H)            grupo sanguíneo
  negativo            negativo           negativo                O negativo
  negativo            negativo           positivo                 O positivo
  positivo             negativo           negativo                A negativo
  positivo             negativo           positivo                 A positivo
  negativo            positivo            negativo                B negativo
  negativo            positivo            positivo                 B positivo
  positivo             positivo            negativo                AB negativo
  positivo             positivo            positivo                 AB positivo
Es decir que en las dos muestras se ha encontrado un grupo sanguíneo «O POSITIVO» (O +) porque ha dado negativo el A y el B pero positivo el antígeno H.
Espero que te sirva, si necesitas algo más, pregunta!»

Filed under: Epistemología de la vida cotidiana, La pistola humeante

Del footing al piro

Ya saben por qué Reyes Benítez está en el orígen de este caso

Un día me contó cómo conoció a Abderrazak Mounib, preso en Can Brians. No hacía mucho, me dijo, que se había puesto en marcha un programa en Cataluña para que algunos presos pudieran salir a hacer footing por las mañanas, por los alrededores de la cárcel.

La prisión de Can Brians está a las afueras de Martorell, a  unos 30 kilómetros de Barcelona,  enterrada en un valle. La única especialidad del atletismo que se puede practicar allí es el campo a través, pues me parece recordar que ni siquiera la carreterucha que lleva a Martorell está del todo asfaltada.

Los presos que en principio podían acogerse al programa eran los que menos razones debían tener para la fuga: próximos al régimen abierto, algunos incluso habiendo disfrutado ya de permisos, y de comportamiento ejemplar. Según Reyes, Abderrazak Mounib era uno de ellos y había salido una mañana a correr. 

Esto parece sorprendente, y puede que Reyes lo mezclara en su recuerdo, porque en aquellos años –finales del 96, principios del 97–, el señor Mounib sólo cumplía con la buena conducta, pero estaba lejos de los permisos y el régimen abierto –que nunca aceptaría, por otra parte–. No sé, tampoco, si su salud le permitía esas carreras (era diabético, tenía una fractura malcurada en un tobillo y un hidrocele en un testículo, que por esas fechas era ya del tamaño de una manzana, según los forenses que lo habían reconocido).

El caso es que, contra todo pronóstico, una mañana de footing, un preso se fugó.

–Hola, soy Abderrazak Mounib, estoy preso en Can Brians y sé dónde está el que se ha fugado, dijo al primer agente que descolgó el teléfono.

La llamada se había recibido en el cuartel de Martorell, base del equipo judicial cuya investigación, cuatro años después, había empezado a enfocar con una luz más justa las violaciones de 1991. Mounib, me contó Reyes, añadió:

–Pero solo se lo diré al guardia civil Reyes Benítez, si viene a verme a la cárcel.

La Guardia Civil de Martorell tenía que buscar al fugado y había un interno que se ofrecía a decir dónde estaba. Reyes: «Se lo dije a mi jefe y me dijo que bueno, que fuera, a ver qué me decía».

«Me acuerdo que fue entrar a la sala de visitas y el hombre se arrodilló y empezó a darme las gracias y a pedirme por favor que no dejara su caso. Que investigara. Que era inocente. Evidentemente, no tenía ni puta idea de dónde estaba el tío que se había fugado corriendo. Ni idea. Pero se había enterado de que yo era el que había hecho el informe [sobre su caso]».

Pequeñas historias que hay luego que ir verificando, reuniendo vestigios, para que no parezcan cuentos.

Filed under: El taller

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