ladoblehélice

La continuación del periodismo, pero por otros medios.

Contraplano (o me estoy quitando)

El estrés y la carga de trabajo acumulados durante los cinco meses que lleva este blog en marcha aconsejan levantar el pie. Les detallaría mis horarios, pero es algo demasiado íntimo. La alarma más importante, sin embargo, es la del reloj. Ha llegado la hora del libro. No toda la culpa la tendrá el tiempo que le he dedicado al blog. Algo tendrán que ver también los viajes y las mudanzas y el vértigo. Pero el contador no engaña: 15,600 palabras. Treinta y cinco páginas, casi todas escritas durante el parón de las navidades. No he vuelto a escribir una línea desde que entregué el adelanto en enero.

La conclusión es que esa dificultad para compaginar la escritura del libro y la del blog  es para mí insalvable. Así lo pensaba antes de empezar, y de hecho el plan inicial era cerrar este experimento al acabar febrero, pero ahora es la experiencia la que obliga a reconocerlo. Aunque ese para mí rebaja su importancia objetiva, señala una correlación de fuerzas.  Hasta finales de abril, por tanto, ni blog diario ni más viajes. Me jode admitirlo: Me estoy quitando.

Los viajes volverán en mayo. Pero no esta cita diaria: Entre dejarlo del todo y seguir como si nada, hay un término medio:  escribiré cada lunes.  No sé muy bien por qué: pienso en el lunes que viene y la semana se me ofrece como un respiro, pero también me anuncia una oportunidad: el lunes que viene podré volver aquí y contarles algo. Porque todo este ejercicio, si bien ha confirmado esa incompatibilidad de escribir con las dos manos, porque la izquierda sigue pensando en lo que hace la derecha (la desnovelización no ha culminado), ha deshecho otras: la aparente repulsión entre el goce y la rutina, un tormento que ni mucho menos es exclusivo de los casados, los funcionarios y los parados.

Es otro de los indiscutibles de Kraus: trabajaba día y noche, y así tenía todo el tiempo libre del mundo. No es que no me haya importado el compromiso con ustedes, pero confieso que ha sido el placer de escribir aquí cada día, lo que me ha hecho volver al día siguiente. Un placer informado: Llegaba después de la tensión, el desayuno y el sudor en las manos, y se iba lento como el recuerdo de un desahogo. Pestañeaba, amanecía de nuevo: Tocaba sacar otra piedra del estómago.

Los días con menos visitas (algún fin de semana de noviembre no despuntó las 50), la verdad es que el público me importaba un carajo. Los días que más, alguno de enero pasó de las 1.500, lo mismo, por exagerado. Lo habitual de los últimos dos meses, muy cerca de las 200 diarias, sí que me llena de sorpresa y asombro, pero mentiría si les dijera que he pensado en el público al escribir. Sólo pienso en ustedes por separado: y algunas pocas cosas quedan por publicar aquí, que sería un fraude reservar para el libro. Por eso voy a volver, cada lunes, a las diez de la mañana.

Feliz semana.

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Archivado en: Cortocircuitos, Epistemología de la vida cotidiana

7 Responses

  1. Hummm… Ahora querríamos ver cómo se escribe el libro. Hay métodos. No entiendo por qué habríamos de privarnos.

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  2. chema pascual dice:

    Que el ARN mensajero nos cuente los lunes cómo se va ensamblando el ADN del libro.

    Postdata: el único contador que cuenta no es el de las visitas, sino el escribiente.

    Salud y tinta.

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  3. Tote dice:

    ¿Y si sólo te pones de vez en cuando?

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  4. Celia Carbonell dice:

    Es realmente placentero saber que sigues ahí, seguir leyéndote, es cierto, si realmente quieres algo lo puedes conseguir, gracias por demostrármelo, prometo leer tu libro

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  5. María dice:

    Hasta el lunes.

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  6. mortero dice:

    Si quieres puedes unirte al club de literatura con base en Miami. Saludos.
    http://www.mortero.wordpress.com ve a enlaces.

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  7. Silvia dice:

    Gitano mío, ojalá te llegué esto y lo lean todos. Ya sabes que siempre fui exhibicionista. Descansa, es decir, escribe el libro.
    Respira, es decir, léete el libro de Chesterton que te ofrecí.
    Tengo algunas cositas buenas que prometo teclear para ti de Robert Browning, de Mark Twain, de Chesterton, de Josep Pla y lo último, de Alfred Döblin, que si bien me deja la boca áspera con tanta asepsia, dice alguna cosa que me ha hecho pensar y creer que pudiera servirte, y si no al menos, gustarte pensarla.
    Sólo he llegado a la nota del sol con mi guitarra.
    Pero te la dedico.
    ¡Que ganas de que acabes el libro y compruebes que no hay abismo!
    pd: se me nota demasiado que te quiero

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