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La continuación del periodismo, pero por otros medios.

Google y la mecanografría: malos tiempos para la lírica

El proceso de escritura de este libro está grabándose literalmente en directo a través de Internet. Desde el pasado martes, sólo escribo en Google Docs: un procesador de textos de google, alojado en una url (dirección web) que el sistema te asigna al abrirte una cuenta y sobre el que puedes trabajar, obviamente, desde cualquier ordenador con acceso a Internet. La gran novedad es que una función registra y almacena todas las versiones guardadas del texto (tanto las automáticas como las ordenadas). El sistema, de momento, sólo permite el acceso a 200 invitados.

En 42 páginas ya van 480 versiones (y es un número engañosamente bajo, puesto que hay mucho material volcado directametne desde el primer documento en Word, con lo que se han perdido muchas versiones por el camino). La noticia sobre este artefacto, que me trajo Arcadi Espada, me dejó al principio indiferente. El número de personas a las que podría interesar acceder a las chorrocientas mil versiones que saldrán de este libro probablemente sean, sin temor a exagerar, una o ninguna. Pero las ventajas que esa función me ofrece a mí, sin embargo, son sabrosísimas: se distingue perfectamente la carne y el ensalivado. Y escribir es rumiar.

La primera la descubrí nada más afrontar la  frase inicial: 200 posibles lectores observándote te quitan las ganas de hacer tonterías. Es como creer en Dios y saber que es tu vecino. Para mí, que siempre he preferido escribir a máquina precisamente porque te obliga a tensar mucho más cada frase, cada párrafo, sin esa impunidad que te da el borrón y cuenta nueva de la escritura en pantalla, esto me devuelve al orígen: guárdate la lírica en la cabeza, que aquí todo se sabe.

Una semana de experiencia no deja lugar a dudas: exhibir el proceso de escritura agudiza la conciencia lingüística mucho más de lo que ya la activa el hecho mismo de la publicación final. A lo mejor algún día les traigo aquí  ejemplos de esa vigilancia absolutamente paranoica que se me ha despertado y mantengo sobre lo que escribo. Es, al mismo tiempo, un espectáculo íntimo oír los engranajes del pensamiento, cómo van encajando los dientes de una rueda en otra, casi una forma de memoria instantánea y pirograbada (de forma parecida a como el escribir algo nos facilita luego recordarlo, aquí se graba también lo que no se escribirá). Todavía no hay nadie invitado, pero eso no pospone la amenaza: por muy tarde que lleguen siempre tendrán acceso al historial entero. 

Además de los cariñosos amigos que me adularán con su interés, y dado que espero que el libro me convierta por fin en un indeseado para unos cuantos indeseables, llegado el día estarán  invitados sobre todo los fiscalizadores. (Tengo que comprobar también que los invitados no puedan modificar el texto, claro). Lo verdaderamente importante es que esta posibilidad supone una doble vuelta de tuerca al método de la transparencia. Primero: además del libro de papel, el producto final estará colgado en Internet –otra de las funciones permite hacer pública la dirección de la página (url) donde está alojado, con lo que una vez terminado todo el mundo podrá acceder–y así el material utilizado, al igual que en este blog, podrá ser directamente consultado (aunque, repito, el sistema no permite todavía el acceso libre al historial de versiones definitivo). El aparato crítico y documental que en el papel se recogerá necesariamente seleccionado, y en todo caso  resumido en las notas y aclaraciones sobre las fuentes, en la versión digital estará directa y universalmente accesible. 

Y segundo: el rastro del work in progress de la escritura queda marcado. Ahí se ve en qué sentido va el trabajo del autor, si hacia el secado o hacia la inflamación, las posibilidades que baraja y con cuál de entre ellas se queda, y qué la respalda. El mismo método con el que abordé aquí el cortar y pegar que hizo el tribunal de la sección 5ª con las dos sentencias del caso de Olesa, podrá aplicárseme a mí: puesto que ahí quedarán las huellas de los caminos abandonados.

Supone también una cierta liberación: un injustificado (de poeta de medio pelo) pudor que he mantenido con el primer adelanto ha desaparecido súbitamente ahora que escribo por fin para terminarlo: desde hace una semana sé que escribo en pelotas, pero ya no me importa. A muchos de ustedes los invitaría desde hoy mismo, pero eso sería como advertirles de que ésta no es su casa. Y sí lo es, así que pónganse cómodos. Se puede fumar.

Nota: En función del interés, estudiaría a quién y bajo qué condiciones (confidencialidad sobre contenidos de la investigación en marcha, exclusividad, filtración de extractos, etc…)  puedo invitar  y se lo cuento.

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Archivado en: Epistemología de la vida cotidiana

10 Responses

  1. Me interesa mucho todo eso. Un par de aclaraciones.

    1. Evidentemente se puede impedir que las personas que comparten el documento puedan modificarlo: basta pinchar en el circulillo “como lectores” de la interface compartir.

    2. Las versiones no se incluyen en la publicación del documento. A ese material sólo se accede por invitación. Un máximo de 200, en efecto.

    Por lo demás, insisto, es un asunto crucial y fascinante.

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  2. Quique dice:

    Fascinante. Estoy deseando que escriba esa especie de Raval.Del amor a los niños (parte 2). Sí, sí, ya sé que es otro caso. Pero en el fondo es el mismo. ¿No?
    ¿Y donde dice que podemos recoger las invitaciones?
    Era una broma.

    Quique
    Educador en Alaska

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  3. B.T. dice:

    Me encantaría ser invitado a la fascinante experiencia, pero no tengo credencial alguna que presentar, salvo la evidente del interés.

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  4. Es un proyecto fascinante, de alto voltaje: ¡asistir a la escrituración de un libro en directo! Me encantaría ser invitada a tan apasionante experiencia. Suerte de todos modos con tu singladura…

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  5. Tote dice:

    ¿Seré yo, Señor?

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  6. ELE dice:

    Como no sea la primera de los 200 invitados te retiro el saludo

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  7. chema pascual dice:

    “No -respondió, aproximadamente, Charles De Gaulle-; por lo que respecta al armamento nuclear, Francia no pretende competir con Rusia ni con Norteamérica. No se trata de competir. A Francia le basta alcanzar un determinado número de bombas; por ejemplo, doscientas.”
    (Se dice que dijo)

    Con esta cita Félix Grande encabeza un libro de cuentos titulado así: “Por ejemplo, doscientas…”.

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  8. No estoy seguro de eso. En mi caso, creo que la soledad del rincón velado, ese misterio de pulsiones sucias, es la inspiración perfecta para crear. Saber que otro se hace luz de mis obstáculos, sería una especie de jugar con mi lector en vivo.
    Jaja. Pero no deja de sonarme muy curioso.
    En este mundo posmoderno donde el trabajo en equipo se hace presente en todas las áreas… me guardo ese rincón oscuro para mí solo.

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  9. ircopcito dice:

    Qué lindo leer todo esto, realmente, me quito el sombrero, tenés pasta, y encima, le pusiste tuco.
    Muy interesante, quizás, y mi quizás suena a “lo digo por compromiso”, pruebe este nuevo “avance” de google…

    Aioz.-

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  10. Chema dice:

    A mi no me interesa, yo solo quiero una copia del libro acabado y dedicada.

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