ladoblehélice

La continuación del periodismo, pero por otros medios.

Dos hombres (hace cuatro años)

ARCADI ESPADA, EL PAÍS, 13-04-2004.

Ahmed Tommouhi y Manuel Borraz se encontraron en las páginas de los periódicos. Para eso sirven. Encontrarse en los periódicos es muy parecido a topar doblando una esquina con otro cuerpo que la dobla en sentido contrario. Depende de un hilo. Es probable que los dos que topan hayan gastado el día en asuntos muy diferentes: pero los dos van a encontrarse con precisión implacable. Habría bastado con demorarse un segundo en la limpieza de los dientes. Como el gordo calvo del poema de Szymborska (Un terrorista: él observa), que vuelve al bar por los “miserables guantes” que dejó olvidados y sólo faltan 10 segundos para la bomba de las trece menos veinte.

Manuel Borraz leía el periódico y se encontró con el nombre de Tommouhi y su historia. No la ha dejado. Es el único ciudadano que no la ha dejado. La honra cautiva de esta ciudad. Es el único, también, que puede explicar la historia de Ahmed Tommouhi y Abderrazak Mounib. Este último ya murió. Este 26 de abril hará cuatro años que murió. El último correo que Borraz envía tiene este subject: “¿Qué habría pasado si…?”. Y este párrafo: “Hace cuatro años hubo que lamentar que Mounib falleciera sin haber podido solucionar su problema y se calificó de vergonzosa la lentitud de la justicia. Ahora sabemos “qué habría pasado si” hubiera seguido vivo: ¡NADA! Lo certifica Ahmed Tommouhi, compañero de infortunios”.

La historia. La explica Borraz. En 1991 Tommouhi y Mounib fueron condenados por violación, gracias a que algunas víctimas dijeron reconocerles. Algunas víctimas deslumbradas en deslumbrantes ruedas de reconocimiento. Gracias a la perseverancia de su Omar Tommouhi y al grosor técnico y ético de un miembro de la Guardia Civil se pudo concluir que varias de las identificaciones fueron erróneas y en uno de los delitos que les achacaban pudo probarse, gracias al ADN, que otro hombre había sido el culpable.

El párrafo anterior no habría de engañar a nadie a pesar de su discreto tamaño. Porque en él, entre detención, juicio, recursos y condena anulada, caben ocho años. Fueron los que pasaron hasta que en 1999 la Fiscalía de Cataluña pidió el indulto en razón de las dudas fundadas sobre la justicia de la sentencia condenatoria. Era con esta decisión del fiscal José María Mena con la que Manuel Borraz abría otro de sus antológicos correos desesperados. Éste tenía la higiene como tema. La Fiscalía se lavó las manos, porque la ausencia de “una prueba objetiva” de su inocencia le impedía impulsar la revisión del caso. Se limitó a pedir un indulto: que Dios te perdone, Tommouhi. El Tribunal Supremo hizo lo mismo. Tampoco había pruebas “firmes y sólidas” de su inocencia. Que el Gobierno te perdone, sugirió. El Tribunal Constitucional consintió, no sin antes cerrar las puertas a la revisión del caso: que el Gobierno te perdone, Tommouhi. El Defensor del Pueblo se lavó las manos porque no puede opinar sobre asuntos judiciales y sólo le preguntó muy respetuosamente al Gobierno por qué tardaba tanto el indulto. El Rey se lavó las manos porque reina: pero pasó la queja al Gobierno. La Generalitat se lavó las manos, porque no está otro gesto entre sus competencias. Comida y alojamiento no le faltan a Tommouhi, apostilló, sin embargo. Borraz escribía esto en noviembre de 2003. Y remataba: “Así son posibles 12 higiénicos años de cárcel”.

Las últimas noticias del correo de Borraz oscilan entre el examen del caso que hará el Tribunal de Estrasburgo y la respuesta que reciba el diputado Pedret, que había preguntado al Gobierno, antes de que el Gobierno cambiara, por qué tardaba tanto en conceder el indulto. ¡Tanto!: casi cinco años desde que lo reclamara la Fiscalía. Casi 13 desde que entraron en la cárcel. Una tarde Mounib dijo a su abogado: “Acepto los errores, pero ¿algo que dura tanto es un error?”. Quizá hablara de la muerte.

Tommouhi no conoce a Manuel Borraz. Nunca se han visto. Tal vez sepa algo de él por sus abogados. Tal vez ni eso. Borraz tiene 43 años y es ingeniero. Vive en L’Hospitalet y trabaja en un pequeño taller familiar. No pertenece a nada. Es magnífico. A ningún colectivo con propósitos humanitarios. Incluso debe de ser uno de los pocos barceloneses que no están alistados en la Asociación Protectora de Toros Psíquicos. Tal vez vaya al Fòrum, a verlo, algún domingo por la mañana. Nunca le interesó particularmente el periodismo de sucesos ni las cuestiones judiciales. Sólo es que se fijó en los periódicos. Un día. A la una menos veinte. Un hombre sobre otro hombre. Por nada. Por hombre. Borraz empezó a enviar cartas a ministros, fiscales, concejales, periódicos. En 2002 construyó la web sobre el caso, un claro, conciso y emocionante ejercicio de solidaridad.

Ya he dicho que Mounib murió en prisión. Ahmed Tommouhi obtendrá este año el tercer grado y podrá salir. Llegará antes el tercer grado que el indulto. Han pasado 13 años. No hay pruebas de que violara a nadie. Hay pruebas (milagrosamente obtenidas) de que no violó a una de las víctimas por cuya agresión fue condenado. Trece años en la cárcel. Lo peor no es el error judicial. Lo peor es la burocracia indigna. El desprecio que atesora. Tommouhi dice que rechazará cualquier indulto. Se comprende. Una cosa es morir y otra ser violado.

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