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La continuación del periodismo, pero por otros medios.

Bandeja de salida

11:28. El manuscrito ha sido enviado a la editorial Seix Barral.

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La versión de uno de los (dos) abogados

El lunes pasado publiqué aquí la minuta que le pasaron los abogados Pedro J. Pardo y Jorge Claret a Ahmed Tommouhi, después de que se hubiera hecho efectivo el cobro de la indemnización que le correspondía a Tommouhi por la condena revocada de Olesa.  Y publiqué que en esa minuta habían facturado procedimientos que no habían llevado ellos. Lo publiqué sin la versión de los abogados. Pardo y Claret no habían querido en ningún momento dar su versión sobre el modo en que se reclamó esa indemnización: le hicieron firmar una supuesta autorización para presentar un nuevo recurso de revisión, cuando en verdad lo que estaba firmando era una autorización para ellos poder reclamar la indemnización en su nombre. Yo di por hecho que los abogados tampoco iban a querer dar su versión sobre el contenido de la minuta, porque tendrían que darla también sobre el engaño original.  Me equivoqué. 

Pedro J. Pardo admitió el viernes por la tarde, en vistas de que así –minuta incluida– se va a publicar en el libro, que engañaron a su cliente para que firmara la reclamación de la indemnización. Ahmed Tommouhi no quería cobrar esa indemnización. No quería dinero del Estado que lo había condenado a casi doscientos años de cárcel, si antes no se investigaban los demás casos y el Supremo  reconocía  que también en ellos  habían sido condenados injustamente. Pardo justifica ese engaño, así como el hecho de que le facturaran procedimientos que no habían llevado ellos, en los siguientes términos: 

Sobre la firma, con engaño, de la solicitud:

1.-Nosotros hicimos lo que considerábamos que era lo mejor para el cliente. El cliente se pensaba que si pedíamos la indemnización se iban a olvidar del resto de asuntos. Y que no iban a estudiarlos. Nosotros sabiendo que no era así y que era mejor para el cliente, y sobre todo para su familia, pues lo hicimos.

2.- Era imposible hacerle entender que si cobraba esa indemnización, el estado no se iba a interesar más o menos por su situación. Era imposible hacerle entender que una cosa no tenía nada que ver con la otra. Pero nosotros pensamos en su bien, y sobre todo en el bien de su familia, y por eso hicimos esto. Éticamente no lo hicimos bien, pero lo hicimos por su bien.

Sobre la facturación de procedimientos que no habían llevado ellos: 

3.- Es que por los asuntos que llevamos nosotros, le cobramos muchos menos, y por eso con los que no habíamos llevado, compensamos. ¿Por qué? No lo sé, fue minutado por debajo de lo que cobraba el Colegio de Abogados. No lo sé, ya te digo, que no me acuerdo. No sé por qué lo hicimos así. Que le cobramos por debajo de las minutas del colegio de abogados, eso seguro.

4.- Fue una forma de repartir el coste entre todos los procedimientos: se cobró menos por los que se trabajó, y se cobró por los que no habíamos trabajado. Lo que hicimos fue calcular un total y dividir entre varios. Y por eso en todos es la misma cantidad.

5.- Porque claro, qué hacíamos con los procedimientos que nos hicimos cargo cuando ya se habían terminado. ¿Qué hago, no cobro nada? Nosotros nos hicimos cargo de todos los procedimientos, y nos los tuvimos que estudiar igual para luego presentar los recursos de revisón. Aunque en su día no hubiéramos intervenido… Y por eso lo hicimos así, para cobrarlo todo junto.  De hecho, cuando hemos tenido que hablar de su caso con los periodistas, por ejemplo, respondíamos por todas las causas. Si tú me preguntabas algo de la sección sexta, yo también te respondía.

Sobre la asistencia de Manuel Ollé a la vista del Supremo en 1997, que también se facturó, pero que no se le pagó al propio Ollé: 

6.- Ollé asistió a la vista del Supremo en el asunto de la revisión, pero nada más. Esa fue su participación. Luego no participó en nada más. Pero yo no tengo nada que ver con Ollé. Es Claret quien tiene que entenderse con él. Después le dijimos a Ahmed, guárdate dinero para el recurso de Estrasburgo. No se guardó nada. Tuvimos un enfrentemaiento a raíz de eso. Y cuando Ollé participó en el recurso de Estrasburgo, ya no llegamos a cobrar nada.  

 

Jorge Claret ha declinado esta mañana comentar los hechos. 

 

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Malaguarismos

(Nota, 18 Febrero: Esta es la página 2 de la minuta, que no aparece enlazada en el texto).


La indemnización a la que tenía derecho Ahmed Tommouhi por la condena revocada de Olesa fue solicitada contra su voluntad en mayo de 1998. El libro cuenta cómo, y cómo lo sé. El caso es que cuando llegó aprobada, en abril de 2001, sus abogados, Jorge Claret y Pedro J. Pardo, le convencieron, después de varias visitas a la cárcel, para que aceptara el dinero. A la mañana siguiente los abogados retiraron algo más de dieciocho millones de pesetas de la delegación de Hacienda en Gerona, metieron el dinero en un maletín y cruzaron la plaza hasta una sucursal del BBVA que había a 200 metros, donde le ingresaron algo más de 12 millones en la cuenta a su hermano, Omar Tommouhi, que los acompañaba.

Un día tuvieron que justificar esos casi seis millones de diferencia que se habían cobrado. Echaron mano de las “Normas Orientadoras del Il-lustre Col-legi d’Advocats de Barcelona, en su 14ª edición (mayo de 1994)” y fabricaron esta minuta. El resultado es fabuloso. Más allá de los malaguarismos contables  –restaron 660.000 pesetas que el hermano de Tommouhi había pagado durante los años noventa por adelantado, en lugar de sumarlas, de modo que acabaron esfumándose del Total: 5.943.000 ptas; o el descuento del 20% que anotaron: “por características de cliente y referencia al asunto”, queriendo decir por pobre e inocente que sigue en la cárcel–, la verdad es que lo estafaron engañaron:

Facturaron 400.000 pesetas por un procedimiento que no habían llevado ellos, como este de la Sección Sexta, que llevó de oficio Desiderio Fernández:

minuta_detalle_sexta

O este otro de la Sección Novena, que también llevó de oficio Pere Ramells, y por el que facturaron la misma cantidad. En este añadieron un supuesto recurso de casación que nunca se presentó. 

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En fin, se cobraron también el trabajo de Manuel Ollé ante el Supremo, 

minuta_detalle_supremo

pero se olvidaron de pagarle. “Yo no cobré un duro, cero patatero”, decía Ollé hace unas semanas en su despacho de la calle Goya, en Madrid. 

El abogado Pedro J. Pardo dejó la abogacía en agosto de 2008. Hoy es juez. Jorge Claret sigue en el foro, como él mismo decía la noche que nos vimos en su despacho en octubre pasado. Ninguno quiso hablar de la indemnización.

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Decir es hacer

Jamal Benali y Mostafá Zaidani durmieron con Ahmed Tommouhi en una pensión de Terrassa el fin de semana del 9 al 10 de noviembre de 1991. El lunes 11, Tommouhi y Zaidani fueron detenidos. Este último fue puesto en libertad sin cargos después de la detención en Barcelona, el miércoles 13,  de Abderrazak Mounib, el otro marroquí condenado junto a Tommouhi por las violaciones de Tarragona. Estas violaciones (I y II) se cometieron la noche del sábado 9 al domigo 10, y Tommouhi siempre declaró que esa noche él estaba durmiendo en la pensión. Sus abogados, Claret y Pardo, nunca llamaron a declarar ni a Benali ni a Zaidani. Yo los he encontrado.

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Conversación con M.

El 25 de abril de 2006, sobre las 21,58 horas, llamé a M., la chica violada en Olesa en 1991. Enseguida supo por qué la llamaba, qué era el “caso de Ahmed Tommouhi“. “Cómo no me voy a acordar”, dijo.  Hablamos unos veinte minutos.

Yo estaba preparando un programa de radio: cuatro días después se cumplían siete años sin que el Gobierno hubiera resuelto el indulto de Tommouhi, y queríamos preguntarle al ministerio de Justicia los motivos del retraso. “Y qué quieres que yo te diga; como comprenderás no voy a estar a favor de eso”, dijo. 

Esa postura me sorprendió. Era la segunda víctima con la que hablaba, o mejor dicho: la segunda chica violada, porque también había hablado con Álex, testigo apaleado de otras violaciones. Ella, sin embargo, es la única cuyo caso fue revisado: se analizaron unas muestras, años después de los hechos, y el ADN señaló que los violadores eran Antonio García Carbonell y un pariente suyo, y que Ahmed Tommouhi y Abderrazak Mounib, el otro marroquí que llevaba años en la cárcel por estos hechos, eran inocentes. 

“Yo al segundo juicio ni entré”, dijo. Es una frase que sitúa muy bien esta historia. Mucha gente se empeñaba entonces que el caso Tommouhi no saliera de un recipiente muy concreto, fijo: en un asa, el día de su detención y en la otra, el día que se leyó la sentencia del último juicio, en enero de 1995. Se tapa la olla, se pone a fuego lento, y que se cueza en la cárcel. Las víctimas son algunas de esas personas. Por razones perfectamente comprensibles. M. descansó el día que condenaron a Tommouhi y a Mounib, y desde entonces, dijo, no quiere “saber nada”: “Lo único que quiero es olvidarlo”. 

La olla se desbordó un día. La parte que le toca a M. ha sido hasta hoy la vía de escape más gorda. Por ahí se fue una de las condenas, revocada por el Tribunal Supremo en 1997, y hubo que repetir el juicio, un segundo juicio, en 1999. “Es que ni lo vi. Se declaró culpable y ya está”. Antonio García Carbonell había sido condenado también por una ola de violaciones cometida durante la primavera de 1995. 

M. sigue al teléfono. “No entiendo por qué al principio sí que eran unos y luego otros. Si eran los mismos análisis; no sé, de verdad que nunca he entendido el por qué.” M. tiene una visión muy imprecisa del caso: “sólo yo y otras dos chicas denunciamos”. En verdad denunciaron nueve. Sus ganas de olvidarlo todo van dando resultado: “sólo apareció ADN de uno, del que se murió”; “el otro sigue en la cárcel, pero es que pudo ser él”. Le expliqué que no, que el análisis arrojó el perfil genético de dos hombres distintos. 

-¿Y por qué no detuvieron al otro también?”, reclamó.

-No lo detuvieron porque no saben quién es; sólo saben eso, que es un familiar muy cercano suyo. Pero si a esa persona no se le extrae, como a García Carbonell, sangre que pueda compararse con los restos que sacaron de tu ropa, pues no se puede saber quién es. 

-No sé, la verdad, por qué al principio no había ADN y luego sí. 

-No es que no hubiera ADN. Lo que pasaba en 1991 es que la técnica no estaba todavía tan desarrollada como en 1997. Se analizaron los mismos restos, y la segunda vez sí que se puedieron extraer resultados…

-No sé, mira, ya me da igual todo, ¿sabes? Yo lo único que quiero es no volver a pensar en aquello. Que nadie me vuelva a hacer daño, que yo no haré daño a nadie. Y te entiendo a ti, que desde tu punto de vista, como periodista, quieras sacar el tema y que te parezca que estos señores son inocentes. Pero yo los vi, yo sé que son ellos. Yo los vi y mi cuerpo me dice que son ellos. Y a mi nadie me va a decir lo contrario. 

M. hablaba serena, encadenando las frases despacio pero sin pausas. A veces con contundencia. Cuando pasaba demasiado tiempo entre párrafo y párrafo, le preguntaba algo, me justificaba.

-A lo mejor hay una persona inocente en la cárcel, dije.

Ahmed Tommouhi seguía entonces en la cárcel. Abderrazak Mounib había muerto en abril de 2000, tres años después de que se descubriera el error. 

-Ya, pues lo siento, dijo. Yo también he sufrido lo mío, todos hemos sufrido…Si son inocentes, ¿por qué no los han indultado ya? A mí si tienen que indultarlos, que los indulten, tanto me va a dar. 

El Gobierno denegó finalmente el indulto el 30 de abril de 2008, nueve años, exactamente nueve años después de que lo hubiera solicitado en su favor el entonces fiscal jefe de Cataluña, José María Mena. Ahmed Tommouhi, en libertad condicional, sigue condenado por otras tres causas y un único motivo: que las víctimas, como M., lo señalaron.

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