ladoblehélice

La continuación del periodismo, pero por otros medios.

Del racismo

Estas páginas explican mi opinión sobre la relación entre el racismo y este caso. Una relación más bien fantasmagórica. Quizá lo sea también mi opinión. En cualquier caso, me quedaré sólo con la opinión de Tommouhi del final. Todo el mundo se preguntará en un momento u otro por esa relación, y no he hallado argumento ni prueba más consistente que la impresión con que Tommouhi la desmiente. Por lo demás,  el libro se interesa en presentar los hechos más allá de cualquier polémica de sentido, por lo que dichas páginas están ya en la papelera.

 

P.D. La hora de este post. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, sobre todo si tu ordenador sufre convulsiones desde primeras horas de la tarde.  

***

 

La carta [que SOS Racismo envió al Gobierno en abril de 2004] planteaba la cuestión del racismo: “existe una duda razonable sobre la influencia que en su condena tuvieron los rasgos de las personas condenadas, de orígen magrebí, y la discriminación que por ello se pudo producir.” Era un argumento que Tote Henares había subrayado en el resumen que hizo para la asocación, y que era la fuente de la que el representante de SOS bebía:

“Además, de lo puramente judicial, hay que tener en cuenta, otros aspectos. ¿Por qué la policía decide investigar a Tommouhi y sus compañeros de pensión? Parece que, simplemente, porque son marroquíes y algunas víctimas habían descrito a los agresores como de aspecto árabe. Si los hubieran descrito con aspecto nórdico ¿hubiera investigado la policía a alguien por el simple hecho de registrarse en un hotel? Si no hubieran sido marroquíes ¿habrían sido confundidos, tan fácilmente, por muchas de las víctimas, incluso estando en la cárcel? Los prejuicios contra los “moros” ¿pueden hacer que sea más creíble una acusación de violación?”

Las preguntas de Henares nunca podrán responderse. Pueden formularse otras: si el fin de semana después de que una chica de Terrassa hubiera denunciado que dos nórdicos habían intentado violarla: ¿habría investigado la policía a dos nórdicos por el simple hecho de registrarse en aquella pensión de Terrassa? No es raro que la investigación policial brote del puro azar. Más raro es que el azar se convierta, como en este caso, en el único argumento de la obra. La explicación de SOS Racismo, por lo demás, venía troquelada ya por la propia naturaleza de la asociación.

La explicación fundada sobre el racismo no era nueva. Las manifestaciones que recorrieron Barcelona entre 1999 y 2001 lo hicieron en gran medida al paso de ese convencimiento: “si Tommouhi y Mounib fueran españoles ya estarían fuera de la prisión”, tituló La Vanguardia una entrevista a Nourredine Douah, el promotor de las movilizaciones. Los argumentos que remueven el inconsciente colectivo cogen vuelo con gran facilidad. La cuestión es saber qué datos y hechos sostienen ese reflejo frente al espejo. Que ese razonamiento surja entre quienes viven la experiencia del racismo burocrático y cotidiano debería sorprender menos aún que en el caso de SOS Racismo. En la asociación Nahda, además, no era el único caso que conocían. Abdeslam Amghar, el compañero de celda de Tommouhi en La Modelo, había acudido también a esas manifestaciones. Pero su fulgurante éxito, de las repercusiones del éxito al menos, de ese tipo de argumentos, se deben seguramente a que ofrece grandes ventajas al público: Al final uno siempre acaba viéndose reflejado en el problema, generalmente como solución. Si la policía, los jueces y los políticos fueran tan poco racistas como yo, se indignaba el periodista al escribirlo anoche, y se indigna esta mañana, con el café humeante y el croissant en la mesa, su hipócrita lector. Luego sale uno camino del trabajo, reconfortado y fresco, como después de una ducha.

El argumento de que este caso se habría resuelto ya –“ya” era en 1999– si Tommouhi y Mounib fueran españoles ha tenido un largo aliento. La historia de Rafael Ricardi se lo cortó en seco nueve años después. Ricardi nació en Cádiz y entró a la cárcel del Puerto de Santa María cuando tenía 36 años condenado por una violación que no cometió. Era 1995 y la chica lo señaló. Una investigación policial –sobrevenida tras la detención de uno de los autores– aportó como prueba el análisis de semen de uno de los violadores, que no coincidía con el de Ricardi. La fiscalía denegó en un principio solicitar la revisión porque, alegó, Ricardi podía ser el otro: las violaciones habían sido cometidas por dos hombres, y en el caso por el que había sido condenado Ricardi sólo se había perfilado un código genético. Si la Fiscalía aceptó finalmente solicitar la revisión fue únicamente porque apareció un segundo resto de semen en una prenda descartada en su día, que tampoco era de Ricardi. La moraleja es que desde 2001 existía un informe del Instituto Nacional de Toxicología de Sevilla cuyas conclusiones alertaban del muy probable error, sin que nadie hubiera ordenado analizarlo. Estuvo ocho años más en la cárcel –trece en total– y ahora, con 49 años, espera a que el Supremo reconozca el error.

Ricardi era toxicómano y vivía debajo de un puente, así que los que defienden la explicación racista enseguida pueden desplazarla hacia la pobreza. Yo podría a su vez desplazarla con otros condenados por la cara: un abogado gallego, un ecuatoriano de Fuerteventura, el dueño de una academia de informática en Cádiz o un guardia jurado de El Puerto de Santa María. Las preguntas por la causa final no suelen conducir más allá del principio por el que se pregunta. Pero es interesante, al menos, oír qué dice el propio Tommouhi, cuáles fueron las impresiones que le quedaron de aquellos días. Semanas después de salir en libertad condicional, acudió al programa de Josep Cuní en la televisión pública catalana, Els Matins de TV-3. “¿Usted cree que su origen marroquí tuvo algo que ver en todo esto?”, le preguntaron. “No” dijo, y luego se explicó: “Yo, lo primero que pensé es que querían calmar a la gente. Y para que no hubiera muchas manifestaciones, quejándose de los jueces, de los policías, para calmarlos a ellos, nos cogieron a nosotros. También pensaba un poco en esto: en que no teníamos ningún apoyo. Ni uno. ¿Alguien nos apoyaba a nosotros para traer pruebas? Nadie. Había que calmar a la gente y ya está.”

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Archivado en: Papelera

2 Responses

  1. Anónimo dice:

    ¡Nooooo! ¡A la papelera noooo!

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  2. […] con el caso de Rafael Ricardi. De hecho, en algún momento me referí a él, aunque finalmente eliminé esas páginas. Lo descubrí cuando ya estaba muy avanzada la investigación del libro, y era demasiado complejo […]

    Me gusta

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