ladoblehélice

La continuación del periodismo, pero por otros medios.

Un lector informa (una crítica)

Justicia periodística, por M. Borraz

Aún no se habrá hecho Justicia pero, por fin, se ha hecho Periodismo. El título del libro alude a la “Justicia poética” que condenó a Mounib y Tommouhi, más literaria que fáctica. Pero bien puede decirse que la publicación de esta obra viene a ser una forma de “justicia poética” en el sentido habitual de la expresión.

Todo un lujo, si pensamos que, hoy por hoy, nadie tiene asegurado el derecho a esta “justicia periodística”, ni los periodistas tienen la obligación de materializarla. Hay que tener la suerte de que uno de ellos se interese por tu caso y, además, pueda permitirse el lujo de dedicarle tiempo, de practicar realmente su profesión durante una temporada suficientemente larga.

Pasen y vean

Siendo ésta una historia que tengo muy interiorizada, no soy la persona más indicada para opinar si el lector recién llegado encontrará el libro envolvente o caótico, extremadamente informativo o abrumador. Es complicado empaquetar en un libro la trayectoria de los dos condenados, los hilos argumentales paralelos de las distintas causas procesales -de los hechos delictivos hasta los últimos coletazos judiciales- y la crónica de las propias indagaciones periodísticas. El autor ha impuesto además una peculiar distribución que sólo acaba cobrando pleno sentido tras la lectura del libro: hechos probados, deshechos (la historia reescrita en los procesos judiciales y sus consecuencias) y hechos nuevos.

De lo que sí puedo dar fe es de que se trata de un libro de “pasen y vean”, no de los de “les voy a contar la historia… “. Y fue así desde un principio, como demostró el blog que fue reflejando su gestación en directo y con transparencia, dentro de lo posible.

Las páginas del libro exhiben abundantes datos con poca grasa. ¿Demasiados? Es cierto que hay capítulos que se han de releer dos veces y que, al acabar el libro, hay que detenerse para tomar aire y tratar de extraer una idea global después de tanto recoveco. Pero es justo lo que espero encontrar en un trabajo periodístico de este calibre. Es más, aún echo en falta ese capítulo entero dedicado a Antonio Garcia Carbonell (el violador con el que confundieron a Ahmed Tommouhi) que, al parecer, fue víctima de recortes editoriales por cuestión de espacio. Y puestos a reclamar, hubiera sido de gran utilidad disponer de un índice (que quizás aún estemos a tiempo de ver publicado en Internet…).

El “pasen y vean” es extensivo a las propias limitaciones de la empresa, que no se disimulan. El autor acude a los sumarios sabiendo que, en ocasiones, mienten y entrevista a las personas sabiendo lo poco fiables que son a veces los recuerdos. Contrasta las fuentes sin ocultar que hay cosas que quizá no llegaremos a saber, en ocasiones por culpa de la propia maquinaria judicial, que impide hacer todas las averiguaciones deseables. Pero, cuidado, que lo que se nos muestra es más que suficiente y suficientemente contundente. Llegar hasta ahí, obviamente, ha requerido tiempo. Así que se confirma una vez más que el mejor periodismo sólo puede ser el que trata de lo de anteayer (pero ¿aún es periodismo?…).

El “pasen y vean” se extiende asimismo a las conclusiones. No las hay. Más allá de una reiterada denuncia de la “distancia entre la palabra y el mundo” -acertada pero demasiado abstracta como para hacer mella en el mundo-, el inventario final de despropósitos corre a cargo del lector aplicado que recorra el libro lápiz en mano.

Pequeñas y grandes novedades

El libro aporta una buena dosis de novedades, desde pequeños detalles anecdóticos, pero muy reveladores, hasta informaciones que suponen una nueva vuelta de tuerca al caso. Incluso a estas alturas, cada vez que trascienden nuevos datos sobre lo ocurrido, acaban superando todas las expectativas.

Entre las “pequeñas” historias que cita el libro, encontramos a un Tommouhi que le retira las visitas a su hijo durante un año cuando éste le plantea si no sería mejor aceptar los beneficios penitenciarios o a un Mounib que simula conocer el paradero de un preso fugado para poder hablar personalmente con el guardia civil Reyes Benítez y pedirle que no deje su caso, que investigue. Descubrimos que la víctima del caso de Olesa todavía no se cree que los dos marroquíes fueran inocentes, a pesar de que el ADN lo demostró y forzó la anulación de la correspondiente condena. No faltan referencias a un aspecto sobre el que se ha hablado muy poco: hubo muchas -demasiadas- víctimas colaterales, otra constelación de dramas personales, familiares, laborales… Aparte de los propios Mounib y Tommouhi, hay que contar los dos compañeros de habitación de Tommouhi en 1991 (ambos marroquíes) y los cinco inocentes detenidos en 1995 antes de que se diera con Antonio García (dos marroquíes y tres paquistaníes).

Pero si hay aportaciones novedosas de peso son sin duda las siguientes:

– Aunque siempre ha estado a la vista, Braulio García ha sido el primero en darse cuenta de que la redacción de la sentencia del caso de Cornellà (la primera condena que recayó en Tommouhi) no tiene sentido a menos que supongamos que el tribunal (compuesto por los magistrados Margarita Robles, ponente, Gerard Thomas y Felipe Soler) ignoraba algo tan básico como que los restos biológicos exculpatorios analizados eran no sólo de sangre sino también de semen.

– Hasta ahora no estaba muy claro cómo llegó a convertirse Mounib en acusado, ni de dónde salieron los supuestos antecedentes que manejó la prensa. Había que introducirse en la trastienda para hacerlo inteligible. El libro sigue el rastro de un folio con fotografías que NO era para mostrar a las víctimas pero que acabó siendo la base de los reconocimientos fotográficos de Mounib. Y oímos hablar por primera vez de un guardia civil que habría jugado un desafortunado papel en las primeras diligencias en relación con los casos de Tarragona: el “agente López”. No queda ninguna duda: paupérrimos cimientos para condenas tan abultadas.

-La tercera y última parte del libro, “Hechos nuevos”, detalla nuevos datos y argumentos que podrían servir de base para un nuevo recurso extraordinario de revisión. Aún se conservan restos biológicos, nunca analizados, de un caso de violación sucedido en Blanes en 1991, cuando Mounib y Tommouhi ya estaban en prisión. Podrían relacionar a García con los casos de Tarragona, pues hay evidencia de que los agresores usaron el mismo vehículo, como también documenta el libro. Por una vez, el periodista deja de limitarse a sostener el espejo que nos devuelve la imagen de la injusticia y salta al otro lado para atar cabos y contribuir a subsanarla. La solicitud de revisión se presentó ante el Tribunal Supremo en junio del año pasado, poco antes de que saliera a la calle la edición argentina del libro (*).

En definitiva, un reportaje periodístico excepcional que no se conforma con hacer justicia poética -que no es poco- sino que acaba señalando una posible vía para que se haga auténtica justicia (*).

El libro de Braulio García debería ser de lectura obligada para, entre otros, los responsables de las fuerzas de seguridad, los operadores jurídicos con desempeño en el área penal y los cargos del Ministerio de Justicia.

M. Borraz

_________

(*).- P. D.: El día 4 de febrero, el Tribunal Supremo denegó autorizar la interposición del recurso.

Anuncios

Archivado en: Justicia poética

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Escribe tu dirección de correo electrónico para recibir las nuevas entradas por mail.

A %d blogueros les gusta esto: