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Nunca hundido del todo

Una expedición busca a partir de hoy recrear con imágenes en 3D los restos del ‘Titanic’ desde el lugar donde naufragó hace casi 100 años

El capitán Warwick se sumergió gracias al regalo de un amigo. “Fue muy emocionante visitar los restos del naufragio y ver en persona lo que la mayoría sólo ha visto en imágenes. Yo era uno de los dos pasajeros del sumergible. El piloto se encargaba de todo así que yo no tenía ninguna responsabilidad.” Noventa años después de que el Titanic, en su viaje inaugural, se hundiera en medio del Atlántico, Warwick descendió 4.000 metros de profundidad en 2001: “Lo más conmovedor eran las ventanas: algunas estaban cerradas y en perfectas condiciones. Algunas tenían el cristal roto. Y otras estaban abiertas, ¿por qué? Aquella noche hacía mucho frío: ¿quizá alguien intentando escapar?”

“La inmersión fue sólo para verlo. No se tocó nada: ni del barco ni del fondo del mar”, aclara Warwick por correo electrónico a Público desde Inglaterra. Sólo RMS Titanic, que descubrió los restos del transatlántico en 1985, puede hacerlo. Una jueza americana lo ha recordado recientemente al reconocerle el derecho de propiedad sobre los casi 5.000 objetos y pecios recuperados en las seis expediciones llevadas [a] cabo hasta hoy. La jueza, que ha valorado el tesoro en unos 135 millones de dólares, se ha dado un año para decidir cómo la empresa podría cobrarlos, puesto que no los puede vender. Hoy zarpa la séptima, en principio no para sacar a flote un último botón. Esta vez quieren la imagen: científicos y periodistas buscan reflotar “virtualmente” el Titanic.

Mostrar, no vender

“El carbón es lo único que sí se ha vendido y repartido por el mundo; lo demás se puede ver sólo en exposiciones”, explica Jesús Ferreiro, presidente de Musealia, la empresa española que desde hace una década recorre Europa con Titanic: The Exhibition. En ella puede verse la última pieza de carbón que conservan, de unos 9 kilos, de los casi cien recuperados de la caldera número uno. El resto se vendió en trocitos del tamaño de una almendra, a 25 euros la pieza. La exposición, que llega a Pamplona el próximo 3 de septiembre, muestra además objetos, prendas y recuerdos, no rescatados del fondo del mar, sino donados por familiares de víctimas y algunos de los 706 supervivientes.

La séptima expedición de RMS Titanic, en colaboración con el Instiuto Oceanográfico Woods Hole (WHOI, en inglés) y que cubrirá en exclusiva el portal MSNBC.com, se podrá seguir en Facebook y Twitter. El objetivo es, gracias a sofisticados robots, escáneres, fotografías con ópticas de alta resolución y vídeos, reconstruir en 3D lo que queda de aquel poderoso transatlántico que no se podía hundir jamás y con el que se ahogaron 1.517 personas. “No hay ninguna razón para pensar que será la última”, dice el capitán Warwick, hombre de mar desde los 15 años y cuyo interés por el Titanic emergió tras aquella inmersión de 2001, refiriéndose a esta nueva expedición.

Repetir lo irrepetible

“Es como una cápsula en el tiempo, que se puede investigar eternamente”, según Solan Molony, periodista del Irish Daily Times y el colaborador más prolijo de la Enciclopedia Titánica, con más de 60 artículos. Warwick y Molony son dos de los 12 conferenciantes invitados al crucero que desde el 10 de abril de 2012 conmemorará el centenario del desastre, repitiendo el viaje. A falta de un año y medio, desde el Titanic Memorial Cruise (TMC) aseguran que ya han vendido el 85% de los 1.309 pasajes.

“La historia del Titanic es tan dramática que siempre formará parte de la Historia de la humanidad”, dice el historiador sueco Claes-Göran Wetterholm, otro de los conferenciantes que participarán en ese viaje, aunque no lo completará. Sí ha completado, sin embargo, cuatro de las anteriores expediciones de RMS al lugar del hundimiento, entre 1993 y 1998. “La más memorable fue la de 1994, que duró seis semanas y en la que tuve la oportunidad de ver y tocar cientos y cientos de artefactos”, recuerda, muchos de ellos conmovedores. “Las botellas de champán, que todavía tenían champán dentro”, por ejemplo.

El Balmoral zarpará el mismo día, cien años después de que lo hiciera el Titanic. También desde Southam-tpon, el itinerario, la música y la comida, recrearan el viaje hasta su destino original, Nueva York. Sólo el clima, que durante todo el viaje de 1912 “estuvo despejado”, “luciendo el sol cada día, y brillando las estrellas cada noche” , y el estado del mar, que fue “calmado”, según el informe de la comisión de investigación del Senado americano de aquel año, no podrán ser previstos. “Los pasajeros serán invitados, durante un par de noches, a vestir de época”, explica Tara Plumpley en nombre de TMC. Pagarán entre 3.350 y 5.995 libras esterlinas (entre 4.000 y 7.300 euros).

Ese informe del Senado, junto con la investigación que también abordó el gobierno británico, radiografía el momento en que lo imprevisto, la pura irrupción del accidente, destruyó la incomensurable seguridad con la que el Titanic atravesaba el océano. Poco antes, transcribe la respuesta que el operador del Titanic dio al recibir, por cuarta vez, la alerta de que atravesaban una zona de hielos: “Cállate. Estoy ocupado.”

La estupidez y la vanidad

Al menos tres de los avisos llegaron al capitán Smith, sin duda el mejor de entonces. “Al saber de la proximidad del hielo, el capitán tenía dos opciones: la primera, dirigirse hacia el sur en lugar de seguir su curso hacia el oeste; la segunda, reducir materialmente la velocidad. No tomó ninguna”, recoge el informe británico.

Uno de los oficiales que sobrevivió, Charles H. Ligholler, preguntado por la comisión británica si no se planteó el peligro que presentaba esa zona de hielos, respondió: “No, consideré que lo distinguiría con suficiente claridad”. A la velocidad que llevaba, de casi 22 nudos la hora, el Titanic dispuso de menos de 40 segundos para corregir el rumbo y evitar el choque. Ni la tripulación ni los pasajeros notaron el impacto, a las 23.40, pero los daños causados por el iceberg lo hundieron en poco más de dos horas.

“Mi tío nunca vaciló cuando le preguntaron e insistió en que se actuó debidamente”, explica Arthur Corpley, psicólogo y sobrino-nieto de Ligholler, fascinado por su figura desde que vio A night to remeber en 1961: “Mi tío era uno de los personajes principales en la película”, explica desde Adelaida, en Australia. “El Titanic es también un símbolo de la estupidez y la vanidad, de la hybris y de su castigo”, resume. El restaurante Millvina Dean, en Cobn, al sur de Irlanda, se llama como la última superviente, que embarcó con 10 semanas de vida y murió, en 2008, con 97 años.

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Foto: El Comodoro (en Inglaterra, capitán que manda al menos tres buques) Ronald W. Warkick fotografió la proa del Titanic en 2001, casi noventa años después de su hundimiento el 14 de abril de 1912.

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