ladoblehélice

La continuación del periodismo, pero por otros medios.

¿Quién filtrará una exclusiva a un diario con muros de pago?

Toda esta historia de Wikileaks, todo este peerse en tinaja para que retumbe, aclara al menos una cosa interesante para el periodismo que viene. ¿Elegirá alguna vez Wikileaks a un diario con muros de pago en Internet para filtrar sus noticias como altavoz? Digo Wikileaks porque comprendo que imaginar que alguien quiera ya filtrar algo a un periódico es un esfuerzo demasiado grande para nuestros días. Mi impresión es que no, que nunca lo haría. Si se hubiera producido, que hubieran elegido al El Mundo, por ejemplo, ¿qué habrían hecho Orbyt y Elmundo.es? ¿Habrían mantenido el acceso restringido; y con ello la imposibilidad de recomendar y rebotar las informaciones en las redes sociales, etc…? Sea cual sea la respuesta, evidencia una cosa: que estamos hablando de otra cosa, no del mismo negocio que buscaba la mayor repercusión pública de sus noticias. Porque si mantuvieran el acceso, supondría una barrera difícilmente justificable: imaginemos igualmente un nuevo 11-M. Y si no la mantuvieran, sería como reconocer su propio fracaso: hoy que de verdad tenemos una noticia, la damos en abierto.

Todo lo cual, ya lo había dicho Clay Shirky hace semanas.

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El Colegio de Abogados investigará la estafa a Tommouhi

El Colegio de Abogados de Barcelona (ICAB) abrirá diligencias informativas sobre el caso de dos  letrados, Jorge Claret y Pedro J. Pardo, que estafaron a un marroquí condenado por error, aprovechándose de que era analfabeto, según ha confirmado a ‘Público’ el coordinador de la Comisión de Deontología del ICAB, Joan Oset. “En cuanto el interesado ratifique personalmente la información [publicada en este periódico el pasado 11 de noviembre], nos dirigiremos a los letrados para que expliquen su actuación”, declaró Oset, al tiempo que subrayó que, respecto de la normativa interna, los hechos, que datan de 2001, han prescrito. Ahmed Tommouhi se ratificará en los próximos días.

Claret y Pardo –éste último es ahora juez de instrucción— hincharon una minuta de casi seis millones de pesetas con procedimientos que no habían llevado ellos y un recurso presentado en realidad por el Ministerio Fiscal. “Es una barbaridad tan absoluta que me parece hasta tremendamente temerario. Pero bueno, si tenían el convencimiento de que esta persona no iba a decir nada”. Tommouhi, que ya había abonado más de medio millón de pesetas durante la década de los noventa, les entregó la tercera parte de los dieciocho millones de indemnización que cobró por una condena revocada por el Tribunal Supremo en 1997. Los dos abogados han declinado responder a las preguntas de este periódico.

La estafa, penalmente, también ha prescrito. “Lo que le queda a este señor sería impugnar civilmente la minuta. Y ya veríamos si por ahí puede colar algún plazo de prescripción amplio. Ahí estaríamos en al ámbito de los encargos profesionales y a lo mejor podríamos estar en la órbita de los quince años de prescripción”, explica Oset. Ahmed Tommouhi, confundido con un violador confeso, ha cumplido íntegra las otras tres condenas en las que no fue posible analizar el ADN, y que se basaron también en el señalamiento por parte de las víctimas como única prueba de cargo. Ha estado quince años preso.

Fuente: Público

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Principios (y derivas) de la Justicia poética (VI)

1.- “La medida se aplica con normalidad en los juzgados desde hace un lustro, de tal manera que no se ha dictado ni una sola sentencia que otorgue la custodia compartida a un progenitor denunciado por el otro. La mera admisión a trámite de la denuncia por parte del juez impide al denunciado compartir la custodia. Ninguna de las asociaciones de jueces que ahora alertan sobre la supuesta indefensión ciudadana han manifestado durante todo este tiempo ninguna queja al respecto.”

El País, hoy.

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Variaciones sobre la presunción de culpabilidad en un estado sin derecho.

I.-“Hemos puesto a los alemanes por encima de la presunción de inocencia”

II.-“Hemos puesto a los blancos por encima de la presunción de inocencia”.

III.-“Hemos puesto a los hombres por encima de la presunción de inocencia”.

IV.-“Hemos puesto al Estado por encima de la presunción de inocencia”.

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Principios (y derivas) de la Justicia poética (V)

Estamos pensando en los niños por encima de la presunción de inocencia“.

Alfredo Pérez Rubalcaba, vicepresidente primero del Gobierno y ministro del interior, después del Consejo de Ministros.

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Nueva York, capital de La Mancha

“Ahora [¡por fin!] tenemos el primer gran distribuidor de ebooks en español, y no está en Barcelona ni en Buenos Aires sino…¿en Nueva York? ¿Cómo es eso? ¿Uno de los grandes distribuidores on-line lanzando e-books de un grupo internacional de editores dirigido a lectores en…Estados Unidos? ¿Ese mercado tan cerrado, que tanto se mira el ombligo?”.

Pues sí, Barnes&Noble, el mayor distribuidor de ebooks en español del mundo, directo al lector. El párrafo  y la noticia original (la traducción es urgente y libre) están aquí.

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Principios de Justicia poética (IV)

Igualdad propone quitar la custodia a los maltratadores aunque no estén condenados.”

“Mañana llevaré al Consejo de Ministros la propuesta de reformar el Código Civil para prohibir expresamente la atribución de la custodia individual de los hijos al cónyuge incurso en un proceso de violencia de género”, ha subrayado la ministra.

 

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Ramón Gaya: la reinvindicación de un artista solitario

La vida y la obra del pintor y escritor murciano convoca a escritores, filósofos y galeristas en el centenario de su nacimiento.

(Homenaje a Velázquez,  en la Galería Guillermo de Osma, Madrid)

La figura de Ramón Gaya viene entretejiéndose, cinco años después de su muerte, como una ausencia cada vez más presente. Pintor que escribía, ensayista y poeta, autodidacta desde los 10 años y doctor honoris causa por la Universidad de Murcia, donde nació hace cien años, su obra es ejemplo de lo que él mismo sostenía con su caballete al homenajear la pintura de Velázquez y otros grandes barrocos: su obra vuelve, en palabras de su editor Manuel Borrás, para “recordar el futuro”.

La Complutense le abre sus puertas mañana por primera vez con un encuentro internacional de filosofía, pintura y literatura en torno a su obra: “Es un intento de recordar al mundo académico la necesidad de estudiar a nuestras propias figuras”, dice Ana María Leyra, profesora de Filosofía y su organizadora. La galería Guillermo de Osma expone una selección de cuadros de sus exilios (México, Francia e Italia) en Madrid. Y la Universidad de Murcia ha inaugurado este fin de semana otra exposición con obra realizada en esa ciudad (donde está también el museo Ramón Gaya), México y Venecia. Su aura, indudablemente, le ha sobrevivido.

Entre el arte y la guerra

En su relación con el aura, precisamente, ese concepto elaborado por Walter Benjamin, contemporáneo de Ramón Gaya (Murcia, 1910-Valencia, 2005), ha fijado su atención Miriam Moreno, autora del reciente El arte como destino (La Veleta), al acercarse, y acercarnos, a este gran desconocido. El aura es eso que, en la obra de arte, se manifestaba como la “irrepetible aparición de una lejanía”, y cuya destruccióna través de la reproducción mecánica de imágenes (la fotografía o el cine) Benjamin celebraba. Gaya en cambio defendía la necesidad de que la mano del artista estuviera detrás de cada copia.

La casualidad brinda la posibilidad de volver sobre esa polémica, pues hay abierta tambiénen el Círculo de Bellas Artes de Madrid y la Fundación Seoane de A Coruña, y disponible en internet, una exposición virtual inspirada en la obra del filósofo alemán, con el que Gaya coincidió (no hay noticia de que se conocieran) en el París de las vanguardias que tanto marcó a ambos, aunque en sentido contrario. Como casi nada en la vida de Gaya, esa divergencia no fue para Gaya un pedaleo sin cadena, sino una cuestión a vida o muerte entre el arte y la guerra.

La propia Moreno recoge la discusión que Gaya mantuvo con Josep Renau, en las páginas deHora de España, la revista que un puñado de intelectuales antifascistas fundaron en 1937 en Valencia. El motivo: los carteles de la propaganda republicana. “Él decía que los carteles los tendría que haber hecho [el pintor José Gutiérrez] Solana”, resume Leyra para recordar la postura de Gaya: “La pintura para él está mucho más vinculada a la vida, el cartel es más frío”. Para encender y levantar la pasión que Gaya creía que habitaba en la mejor parte del pueblo español de entonces, sólo valía “el arte libre, auténtico y espontáneo” de los pintores. “Para Gaya, la tinta no reproducía las emociones”, dice Moreno.

Lo curioso es que la idea de reproducción acabó convirtiéndose en uno de los grandes bastidores de su pintura, sobre todo a la vuelta de París, donde estuvo y expuso con gran éxito, con sólo 17 años. Regresó decepcionado y se fue al Prado: “Las Meninas es un cuadro infinitamente más moderno que todo lo que he visto en París”, recordará el propio Gaya.

El Museo del Pueblo

Las circunstancias históricas le llevaron a poner su visión del arte, a la vez exquisita y popular, manos a la obra. En 1932 empezó a colaborar con las Misiones Pedagógicas de la II República, reproduciendo algunos de los grandes cuadros del Prado (el primero: los Fusilamientos de La Moncloa, de Goya). Nigel Dennis, profesor de la Universidad escocesa de St. Andrews, conoce a fondo ese Museo del Pueblo en el que Gaya pintó durante cuatro años: “Salía de Madrid, acompañado de otros misioneros (María Zambrano, Cernuda, Val del Omar), cada tres o cuatro semanas. Los cuadros iban en cajas de madera en camiones alquilados, y montaban la exposición en el lugar más adecuado, como “el ayuntamiento del pueblo o alguna escuela”, explica por correo electrónico desde Escocia. Dennis estará el miércoles en el Paraninfo de la Complutense en Madrid, en la segunda jornada del simposio, donde también participarán José Luis Pardo y Jacobo Muñoz, entre otros.

Tras la “Guerra de España contra ella misma”, como se referiría luego, y la muerte de su mujer de entonces en el bombardeo alemán de Figueras, en 1939, Gaya estuvo internado en un campo de refugiados en Francia y acabó exiliándose en México. Allí empezó a pintar detalles de los autores clásicos, con un vaso, una copa de cristal, unas discretas flores delante. “Eran homenajes a los pintores por los que sentía nostalgia”, explicó él mismo en una de las entrevistas recogidas en De viva voz (Pre-textos). Algunos de esos homenajes los expone Guillermo de Osma en su galería. “Para él, la nostalgia era algo activo. Ese volver sobre los clásicos era una puesta al día. No es que diga qué pena que esto fue’, sino qué maravilla, esto es”, explica el galerista.

Un pintor que escribía

Gaya se sentía, antes que nada, pintor. Al menos desde los 10 años, cuando pidió a sus padres dejar la escuela y dedicarse sólo a pintar. Sus padres (él, maestro litógrafo, ella, ama de casa; catalanes, algo anarquistas), lo aceptaron. Un pintor que escribía. “Su escritura era tan deslumbrante que él mismo temía que si hacía hincapié en ella, la gente se volcara en su literatura y no en su pintura, que es lo que más le gustaba”, cuenta Andrés Trapiello, amigo de Gaya y de su segunda mujer, Isabel Verdejo. “Su obra escrita es una obra callada, limpia, inocente, mansa, firme”, afirma Manuel Borrás, también amigo y editor de Pre-textos (que en primavera publicó su Obra Completa).

De fama difícil y huraño, según Nigel Dennis, que lo trató durante más de 30 años, Gaya de cerca era “una persona generosa, cariñosa y atenta”. Uno de esos intelectuales que Andrés Trapiello ha llamado la “generación de los solitarios”: Zambrano, Bergamín, Cernuda, y pocos más. Los que mejor resisten el paso del tiempo. Un pintor sólo comparable a “Picasso y Solana”, según Trapiello, en el siglo XX español. Y según el antiguo director del Museo del Prado y catedrático de Historia del Arte, Alfonso Pérez Sánchez, “el escritor de arte más importante del siglo XX”. Pérez Sánchez, que murió en agosto, llegó a ver impreso el volumen de la Obra Completa de Gaya. Lo tocó, hojeó y pidió que se lo pusieran en un atril, junto a la cama, para tenerlo a la vista.

Fe de errores: En la edición de papel del diaro Público que recoge hoy este artículo, hay un error. Al contrario de lo que da a entender el texto, no estuvo en París durante 17 años. Ésa es la edad que tenía cuando estuvo en París: 17 años.

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Walter Benjamin, un faro para la navegación digital

(W.B. en la Biblioteca Nacional de Francia, en París, en 1939. Foto: Gisèle Freund)

“Hemos intentado hacer lo que habría hecho Benjamin con el Libro de los Pasajes si hubiera tenido ordenador”, dice César Rendueles, comisario de la exposición Walter Benjamin. Constelaciones, para resumirla. La muestra se abrió ayer en el Círculo de Bellas Artes de Madrid e internet y hoy en la Fundación Luis Seoane de A Coruña. Luego añadió: “Es también la forma de exponer materiales sin aura”.

El gran desafío de esta exposición es explicarla, coincide Rendueles con Ana Useros, también comisaria. El reto refleja la fidelidad al recorrido del filósofo alemán: “Hemos intentado poner en juego su propia metodología al elaborarla”. Así, conviene recordar que el Libro de los Pasajes, su proyecto más ambicioso, es un montaje de citas y apuntes, y no porque quedara inconcluso.

Walter Benjamin (1892-1940), que se suicidó en una pensión de Portbou para evitar ser devuelto a la Francia de Vichy por la policía franquista, es uno de los filósofos más fragmentarios y complejos del siglo XX. Y esa extraña ambición de coleccionista era su método. Su obra, además, analiza y desmonta ese aura mágico, casi religioso, que durante siglos ha envuelto a las obras de arte y que su traslado a los museos no ha hecho más que secularizar. “El coleccionista siente aversión por los museos”, dice una de las citas de Benjamin.

Nada de objetos, por tanto. ¿Qué materiales se pueden exponer, entonces, para recorrer su obra sin traicionarlo? “Es una exposición estrictamente inmaterial”, resuelve Rendueles, que al tiempo que salta de un concepto a otro para no dejar cabo suelto, desvela la gran virtud de esta exposición: es inagotable. Tanto el montaje documental, Constelaciones, que se proyectará ininterrumpidamente en una pequeña sala de cine, como el Atlas Walter Benjamin, un hipertexto para navegar por miles de conceptos y fragmentos clave de su obra, enlazan una lectura casi infinita. Es como si Benjamin hubiera encontrado al fin el medio para producir los efectos que buscaba con su escritura, y que son los que el público busca ahora en la lectura digital.

La muestra gira entorno a la “reproducción”, al hilo de una de sus obras más influyentes: La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. De ahí que se exhiba simultáneamente en Madrid y A Coruña, y en breve en Alicante, Bilbao, Granada y Buenos Aires. Pero no hace falta salir de casa: el material puede rastrearse en la web del Círculo de Bellas Artes.

Benjamin celebró el horizonte que abría la reproductibilidad técnica del arte, aunque también señaló sus peligros. El principal, el de la “estetización de la política”, gracias a la posibilidad de exhibir y diseminar la imagen del poder en una sola dirección. “La reproducción en masa favorece la reproducción de masa”, escribió. Huyendo del nazismo de masas, a través de los Pirineros, había llegado a Portbou, donde murió el 26 de septiembre de 1940.

Fuente: Público

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Justicia Poética en Periodismo Humano

Elena Cabrera y Carolina León han recuperado para periodismohumano la entrevista radiofónica que me hicieron en su programa ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor?, en Radio Carcoma, poco después de que saliera el libro. Esta vez, al paso de los diecinueve años de la detención de Tommouhi. Manu Fernández, el fotógrafo de Público, ha tenido además la generosidad de ofrecer sus fotos para ilustrar la versión digital de aquel “Reportaje a la verdad”, que es como la titularon. La nueva versión de la entrevista está aquí.

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Ahmed Tommouhi, el punto ciego de la justicia española

Este marroquí, tras ser condenado por error, fue estafado por sus abogados

(Ahmed Tommouhi, en Martorell, 2010. Foto: Manu Fernández)

Ahmed Tommouhi es un albañil marroquí al que justo hoy hace 19 años detuvieron por casualidad en una pensión de Terrassa (Barcelona). No ha vuelto a coger una paleta. Tampoco ha vuelto a Marruecos ni volverá nunca a Nador, dice, donde nació en 1951. “Cuando me vine era joven, estaba sano y tenía trabajo; no voy a volver ahora viejo, enfermo y vacío”, añade este hombre que no sabe el día en que nació, pero no olvida el que empezó a vivir como si estuviera muerto. “Era lunes, seguro, del mismo mes en que estamos ahora”. El 11 de noviembre de 1991 lo detuvieron porque era marroquí, regordete y tenía entradas.

“Mi juventud, mi vida, mi futuro, todo me lo arruinaron ese día”, relata. Desde entonces, Tommouhi ha pasado 15 años preso por varias violaciones y un robo ocurridos en Catalunya en 1991. Más de la mitad, sin embargo, los pasó a la sombra después de que el Tribunal Supremo reconociera que había sido condenado por error y recomendara su indulto. En 1999, el entonces fiscal jefe de Catalunya, José María Mena, lo había solicitado para él y para el otro marroquí junto al que fue condenado, Abderrazak Mounib, porque tenía la “profunda convicción” de que eran inocentes, no sólo en la sentencia desmentida por el ADN y revocada por el Supremo en 1997, sino en todos los casos.

El Gobierno, primero del PP y luego socialista, congeló el indulto durante nueve años. Mientras, Mounib murió en una celda de Can Brians y Tommouhi cumplió íntegra su condena, después de que los abogados a los que pagó casi siete millones de pesetas, Jorge Claret y Pedro J. Pardo, también lo engañaran. Le facturaron procedimientos que no habían llevado ellos aprovechándose de que es analfabeto. “Soy un hombre cero, mi vida no vale nada”, cuenta por teléfono desde casa de su hijo Khalid, en un pueblo de la provincia de Barcelona.

De los poderes que contribuyeron a arruinar la vida de Tommouhi (Abderrazak Mounib murió el 26 de abril de 2000 de un infarto), sólo la Guardia Civil y el periodismo han rectificado. Los guardias civiles (desde el agente que abrió la investigación que dio el vuelco a este caso en 1996, Reyes Benítez, hasta su jefe, el comandante Pedro Pizarro, que firmó con él el informe) lo hicieron a sabiendas de que tiraban piedras contra su tejado. Los periodistas atribuyeron los errores a fuentes anónimas y al hecho de que Tommouhi es físicamente muy parecido a un violador confeso.

Los políticos y los jueces hacen mutis por el foro. Margarita Robles, vocal del Consejo General del Poder Judicial, redactó una de las condenas que sigue vigente: el informe descartado de la Policía Científica exculpaba a Tommouhi, pero ni Robles ni sus compañeros de tribunal entendieron que el semen analizado era de otro hombre. “Si lo condené, será porque se ajustaba a derecho”, afirma Margarita Robles cuando se le ha preguntado por este caso. Cuando se ha preguntado al compañero de tribunal de Robles, Gerard Thomàs, por qué apoyaba el indulto del hombre al que ellos mismos habían condenado, soltó: “Ahí tenga el Gobierno su patata caliente”. El Gobierno enfrió la patata denegando el indulto a Tommouhi en abril de 2008.

Los huéspedes y la pensión

Tommouhi fue detenido en aquella pensión porque la dueña había entregado la ficha de los huéspedes, como cada lunes, en la comisaría de Terrassa, y la policía quiso comprobar si se trataba de uno de los dos “marroquíes” que las víctimas de una ola de violaciones describían como sus agresores. El huésped tenía 40 años, entradas y papada, como uno de los violadores. Lo detuvieron y lo pasearon esposado por delante de las víctimas antes de la rueda de reconocimiento. La mitad lo señalaron. Los jueces no preguntaron por ninguna otra prueba: tres condenas por violación y una por robo.

Cuando, cuatro años después, la Guardia Civil detuvo a uno de los dos violadores que seguían asaltando a parejas en los mismos descampados, se descubrió el gran parecido entre Antonio García Carbonell y Tommouhi. La investigación abierta por Reyes Benítez sólo pudo demostrar la confusión en la única muestra de semen que, analizada en 1996, dio resultado. García Carbonell es gitano y habla caló, lo que añadió al parecido físico la confusión lingüística. Las demás sentencias, que no pueden revisarse si no aparecen evidencias científicas de su inocencia, siguen vigentes. Esos antecedentes han impedido que Tommouhi recupere los permisos de trabajo y residencia que tenía en 1991. Vive sin papeles desde hace año y medio.

“El poder ya no quiere saber nada: nadie me llama”, señala. Uno puede preguntarse entonces de qué sirve seguir leyendo su historia en los periódicos. “¿Dónde voy a reclamar si no? No he encontrado un sitio donde ir a hablar y a reclamar, si lo hubiera, iría y no hablaría con cualquiera que me llame, pero, como no lo hay, pues hablo”, asegura con calma y sin pose. A su mujer y a su hija mayor, que siguen en Maruecos, no las ha vuelto a ver desde hace casi 20 años. En España viven sus cinco nietos.

Fuente: Público

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