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La continuación del periodismo, pero por otros medios.

La vida de Truman después del show

“La vida es un continuo Show de Truman”, decía Kelly Gordon, una de las comisarias de la exposición El efecto del cine. Ilusión, realidad e imagen en movimiento, después de recorrer y explicar, al hilo de las diez video instalaciones de esa muestra inaugurada ayer en el CaixaForum madrileño, las numerosas formas en que realidad y representación se funden hoy en la cabeza de todos. Esa sensación, tan familiar, de vivir en una peli. “La pregunta es cuándo podremos salir de ella”, añadió refiriéndose a la protagonizada por Jim Carrey.

Ninguno de los vídeos, sin embargo, se refieren expresamente a ese filme, pero todos giran en torno al mismo problema: la imposibilidad de distinguir, nítidamente, entre lo real y su representación. Un joven que, bajo las indicaciones de un director-artista, el inglés Ian Charlestown, se interpreta a sí mismo en el papel de joven de clase trabajadora de Belfast (Irlanda del Norte); o la norteamericana Kerry Tribe, que contrató a cinco actrices para que la interpretaran a ella delante de su cámara; o la instalación sobre Nueva York, que reconstruye varios rincones de la ciudad con fotografías de otra ciudad, vampirizando la imagen que todos tenemos de Nueva York en la cabeza.

“Se ha creado un nuevo espacio público, donde la realidad se fusiona con la representación”“Existe un efecto cinematográfico en nuestras mentes que yo creo que antes no existía”, avanzaba Gordon en la rueda de prensa: la contemplación de los vídeos lo revela de manera inquietante. “Nuestra consciencia siempre está en una especie de escenario y siempre somos consciente de ello”, añadió Gordon.

La exposición, que es una actualización de la organizada por el Hirshhorn Museum and Sculpture Garden de Whasington, se presenta en España dividida en dos partes: Realismo, que se podrá ver en Madrid hasta el 24 de abril, y Sueño, en el CaixaForum de Barcelona a partir de mayo. Las dos partes encauzan las dos corrientes que, desde el nacimiento del cine, representan los hermanos Lumière, por el lado del realismo documental,  y Georges Meliès, por el del ilusionismo y la fantasía.

Hoy más que nunca, Lumière y  Méliès van de la mano”, según los organizadores. Realismo, desde luego, así lo refleja: “Se ha creado un nuevo espacio público, donde la realidad se fusiona con la representación”, explicaba ayer Gordon, Aunque en Washington se pudieron ver ambas partes en el mismo edificio, CaixaForum ha decidido separarlas: “Nos parecía sugerente el que haya que viajar entre ambas ciudades”, quiso sugerir una de las organizadoras.

La muestra deja, sin embargo, un territorio sin explorar:  las consecuencias reales de todo ese efectismo.  ¿Qué pasa si, en la vida real, un juicio, por ejemplo, se conduce como si fuera una ficción? Gordon, que en verdad ha trabajado sobre todo en la parte Sueño, admitió la pertinencia del interrogante: “Ésa es la clave”, dijo. “Quizá la respuesta sea que ni hay realidad en la justicia, ni justicia en la realidad”, después de recordar que, en los títulos de crédito de la película Judgment at Nuremberg (1961), se decía que ninguno de los protagonistas reales estuvo más de cinco años en prisión.

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La poderosa atracción de ‘Snookie’

Una de las obligaciones de Kelly Gordon, comisaria de la exposición ‘El efecto del cine’, es el análisis de la cultura popular. Sobre la proliferación de los ‘reality shows’ en televisión, tiene clara su posición teórica. “Hay dos causas principales: que son muy baratos de producir; y que hay mucha gente dispuesta a protagonizarlos, con verdadero entusiasmo además, porque, entre otras cosas, sirve para mejorar su situación económica”. Pero Gordon misma admite que a veces esos programas le acaban seduciendo más allá de su obligación de crítica,  y cita a ‘Snookie’, la poco ejemplar estrella ( 452.600 amigos en Facebook) de varios realities americanos, demasiado presente en su vida. “Yo, que creo que lo único real es el paso del tiempo, me pregunto porque lo pierdo viendo a Snookie”, admite.

Fuente: Público

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Filósofos para una nueva democracia

Ocho pensadores occidentales reflexionan sobre el arrinconamiento de la soberanía popular en los regímenes parlamentarios actuales

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Tiene algún sentido hoy en día considerarse demócrata? La editorial francesa La Fabrique decidió plantear esa pregunta a ocho filósofos europeos y norteamericanos, dando por supuesto que la democracia era una de esas palabras (una realidad, por tanto) que goza hoy de un amplio consenso, al menos en Occidente. El resultado es un libro, recién traducido al español bajo el título Democracia en suspenso (Casus Belli), que desmiente radicalmente ese presupuesto: no sólo prueba que no está claro qué es eso que llamamos “democracia”, sino que sus mejores páginas aclaran también que ese desacuerdo, precisamente, es lo más democrático que hay. “No creo que exista consenso alguno, salvo el que pasa por dividir la noción misma”, responde el francés Jacques Rancière.

El mismo Rancière ya publicó hace cinco años un libro, El odio a la democracia (Amorrortu), para señalar que buena parte del discurso dominante, al contrario de lo que ocurría antes de la caída del muro de Berlín, “donde había claramente democracia por un lado y totalitarismo por el otro”, desconfía ahora de la misma democracia de la que se reclama. Para muchos intelectuales, “en todo el arco político, desde la derecha hasta la extrema izquierda”, insiste Rancière ahora, la democracia es sólo “el reino del individuo formateado como consumidor”.

Una palabra y dos cosas

Democracia en suspenso sirve para enfocar (¡para sospechar!) mejor algunos debates actuales: de la Constitución Europea a las relaciones entre las democracias occidentales y el capitalismo chino. Pero además recuerda que esa costumbre de desacreditar a una de las partes del conflicto acusándola de populista, cuando no directamente de delincuente, y de no atender a la razón y a la ley, sino a la ilimitada satisfacción de sus deseos (¿os suena, internautas?), es un reproche tan viejo como la democracia misma. Tan viejo como Platón, al menos, que el también francés Alain Badiou repite aquí: “El sujeto democrático se constituye únicamente en relación con el goce”, escribe. ¿Por qué, sin embargo, esos reproches se hacen a su vez en nombre de la democracia?

“Quienes hoy debaten acerca de la democracia designan cosas distintas con esa palabra”, apunta el filósofo italiano Giorgio Agamben, en un breve texto que sirve de introducción al volumen. Democracia, desde su origen ateniense, designa tanto “una técnica de gobierno” como “una forma de constitución del Estado”, de ahí que cada vez que se plantea un debate de fondo el malentendido parezca inevitable. Porque cada vez más el Estado, y sus portavoces gubernamentales, sólo aceptan la discusión respecto del funcionamiento y ejercicio del poder, no de su constitución. La soberanía popular, que en sus orígenes atenienses se presentaba directa y permanentemente, se representa ahora través de las urnas, cada cuatro años.

Constitución sin pueblo

Uno de los ejemplos de ese malentendido que mejor abordan algunos de los autores es el del Tratado de Lisboa de 2007, que sirvió para reformular la Constitución Europea rechazada por franceses y holandeses dos años antes. El nuevo Tratado cambió para seguir siendo lo mismo, pero luego ya sólo fue sometido a referéndum en Irlanda. “Los instrumentos son exactamente los mismos. El orden es la única variación introducida en esa caja de herramientas”, declaró por entonces uno de sus artífices, el ex presidente francés Valéry Giscard d’Estaing.

Aún así, el referéndum tuvo que repetirse, porque los irlandeses tuvieron la ocurrencia (¡tan poco democrática!) de rechazarlo. “Los irlandeses se lo deben todo a Europa, y no son conscientes de ello”, advirtió por entonces Daniel Cohn-Bendit, verde y europeísta. Los irlandeses, que ahora deben a Europa, además de “todo”, un préstamo bancario de 80.000 millones de euros, lo entendieron a la segunda. Y ganó el sí.

La Constitución europea no volvió a someterse a referéndum. “Existe, por tanto, una gran desconfianza que afecta incluso a esa misma votación, pese a que ella forme parte de la definición oficial de la democracia”, explica Rancière, que es el único que no responde a la pregunta de La Fabrique por escrito, sino entrevistado personalmente por el editor y escritor Eric Hazan. Y añade: “Hemos asistido asimismo al resurgir de los viejos discursos, hemos visto cómo Cohn-Bendit, en primera línea, decía que fue la democracia quien aupó a Hitler, etc…”.

Aún así, Kristin Ross, una de las dos filósofas estadounidenses reunidas, extrae conclusiones positivas del proceso: “Si los votantes deciden tomarse en serio un rito anticuado en una época en que ya nadie lo hace, como Giscard se encargó de dejar claro, incluso la propia concurrencia a las urnas puede convertirse, como en este caso, en un ejemplo de ‘democracia fugitiva’: la que expresa las potencialidades políticas de la gente corriente”, escribe. Wendy Brown, la otra americana, subraya más bien que la elección entre un partido u otro ha acabado siendo lo mismo que comprar una marca o la de la competencia.

Para Agamben, el que ya nadie repare en ese doble sentido de la democracia, deriva en el “dominio aplastante del gobierno y de la economía sobre una soberanía popular progresivamente vaciada de sentido”, al que asistimos hoy. Daniel Bensaïd, fallecido ahora hace un año en París, identifica el descarrilamiento de esa confusión con los años que siguieron a la caída del muro de Berlín. “Un ataque en toda regla lanzado contra las solidaridades y los derechos sociales, unido a una ofensiva de privatización del mundo sin precedentes, redujeron como una piel de zapa el espacio público”, explica. Lo cual confirmaba el temor que ya Hannah Arendt, según Bensaïd, se había adelantado a expresar: “Que la política misma, en tanto que pluralismo conflictivo, quedara completamente borrada de la faz de la tierra en beneficio de una prosaica gestión de las cosas y los seres”.

Capitalismo chino

El vínculo entre democracia y capitalismo es otro de los vectores que articulan estas reflexiones, y que a su manera interrogan también esa dualidad entre la administración de las cosas (la economía) y la discusión común (la política). Slavoj Žižek se pregunta si el ejemplo chino no desmiente la idea liberal de que el desarrollo capitalista provoca necesariamente el despegue democrático. Y lanza la hipótesis, parafraseando a Trosky, de que quizá lo que estemos viendo es que “la viciosa combinación del látigo asiático con el mercado bursátil” se está mostrando más eficaz que nuestro capitalismo liberal.

“¿Qué sucedería si dicha combinación viniera a señalar que la democracia, según la entendemos los occidentales, ha dejado ya de ser la condición y el motivo de desarrollo económico para convertirse en su obstáculo?”, se cuestiona el filósofo esloveno. “¿Cómo negocias duro con tu banquero?”, se preguntaba la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, en un cable de Wikileaks, hablando de las relaciones de su país con la dictadura China.

Žižek y Badiou son quienes mejor representan, de entre los autores reunidos por Hazan, esa desconfianza de cierta izquierda hacia la democracia. De hecho, ambos defienden que la única verdadera democracia, concebida como la facultad de los pueblos de gobernarse a sí mismos, sería el (verdadero) comunismo. Y comparten además una descripción del porqué las masas siguen sin decidirse a dar el paso al frente: porque no lo saben.

“El hombre democrático no vive sino en el presente, no admite más ley que la del deseo que le pasa por la cabeza”, escribe Badiou, parafraseando a Platón. “Se precisa un líder para desencadenar el entusiasmo por una causa”, afirma Žižek. En medio de ambos, Rancière ironiza respecto de este tipo de planteamientos, aunque al paso del ejemplo italiano: “Fíjese en la cantidad de estrategas políticos que hay en Italia, ¿y qué? Quien está gobernando es Berlusconi”.

Minúsculas de la historia

Rancière tiene otra visión de en qué consiste el movimiento obrero y sus conquistas, a partir de su buceo en los archivos del siglo XIX: “Nunca he dejado de luchar contra la idea de necesidad histórica. […] Lo que llamamos historia es algo tramado por unas personas que construyen una temporalidad a partir de su propia vida, de su propia experiencia”, dice. La historia, con mayúsculas, no hace ni dice nada.

De ahí también que la palabra “democracia” signifique cosas distintas en función de su contexto: “Para el intelectual medio francés, significa el reino del cliente de supermercado hundido en su sillón”, denuncia Rancière, pero en Corea del Sur, donde hace 20 años existía una dictadura, la democracia “se traduce en una serie de formas espectaculares de ocupación de la calle por la gente”, recuerda.

“El poder del demos no es el poder de la población ni el de su mayoría, es más bien el poder de cualquiera”, sostiene Kristin Ross. Y ese es el sentido más iluminador que rescatan aquí Nancy o Rancière: “La democracia, entendida como el poder del pueblo, como el poder de aquellos que no tienen ninguna cualificación particular para ejercerlo, es la base misma sobre la que se asienta la política”.

Versión Pdf (I y II)

Fuente: Público

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Las bibliotecas capan los ‘e-books’

El plan de préstamo público de libros electrónicos prioriza el uso de los aparatos de lectura frente al interés por los contenidos digitales

El préstamo de libros electrónicos llega a las bibliotecas españolas, pero no por donde sería de esperar: no está en internet. Sino detrás de los mostradores. El Ministerio de Cultura ha puesto en marcha un servicio de préstamo de libros electrónicos que mantiene la cadena que recorren los libros de papel antes de llegar a manos del lector: el autor, el editor y el bibliotecario. Se prestarán los dispositivos electrónicos, algo que ya hacen las bibliotecas municipales en San Sebastián, por ejemplo, pensando en el interés que suscitan los aparatos, no los contenidos. De momento, electrónico no es sinónimo de digital.

Los lectores tendrán que desplazarse personalmente, dentro de los horarios de cada biblioteca, a recoger los dispositivos lectores para leer su contenido: hasta un millar de libros de dominio público, es decir, que no están sujetos a derechos de autor. Nada que ver, por ejemplo, con el sistema británico, donde los usuarios de las bibliotecas públicas pueden descargarse el contenido desde casa, a cualquier hora y cualquier día de la semana, y el archivo desaparece automáticamente de su ordenador o lector electrónico cuando expira el préstamo.

Prestar cacharros

“El libro electrónico tiene que tener el mismo proceso y la misma dinámica que un libro de papel”, responde Rogelio Blanco, director general del Libro, para explicar la filosofía de la iniciativa española. ¿Pero por qué entonces los préstamos no se hacen también digitalmente, a través de internet, ahorrando coste e incomodidades? “Los editores estamos por la labor, pero en cuanto a la negociación, desafortunadamente, no estamos todavía en ese último eslabón”, explica Toni Comas, presidente de la Federación del Gremio de Editores. “Nuestra idea es que hay una cadena en el mundo del libro que no debemos romper”, añade Blanco.

“De lo que se trata es de que los lectores se familiaricen con los aparatos”, resume Carmen Sáez, coordinadora de la Biblioteca Pública de La Rioja, en Logroño. Una evidencia que se prueba además por el hecho de que los libros prestados ya están, libre y legalmente, disponibles en internet a través de la Biblioteca Virtual Cervantes o del catálogo de la Biblioteca Digital Hispánica.

La iniciativa del ministerio no es pionera en España: ya hay otros dos ejemplos de préstamo de dispositivos de lectura, uno público y otro privado, y en los dos reconocen que la utilidad de un programa así, a la espera de que haya una verdadera oferta de contenidos, es familiarizar a los usuarios con los aparatos. “Nuestra filosofía es dar a conocer los aparatos, puesto que oferta de contenidos no tenemos todavía”, reconoce Arantza Urkia, directora de la Red de Bibliotecas Municipales de San Sebastián.
¿Un plan de futuro?

“Nosotros no somos partidarios del préstamo de ereaders”, sostiene Javier Valbuena, responsable del programa de investigación Territorio ebook de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez. “Primero por presupuesto”, dice, subrayando el alto coste de los aparatos lectores (en España, ninguno por debajo de los 100 euros todavía). “Pero no sólo: en nuestras investigaciones, el 25% de los dispositivos tuvo algún tipo de fallo: imagínate la circulación de usuarios que eso supondría para las bibliotecas con 5.000 cacharros prestados: ¡necesitaríamos un servicio técnico!”, añade.

El programa del ministerio ha costado 130.000 euros, para un total de 750 aparatos repartidos entre las 15 bibliotecas seleccionadas. Rogelio Blanco cree que sí es una estrategia sostenible económicamente: “los aparatos acabarán bajando de precio”, argumenta. Más allá de esta iniciativa piloto, “vamos a continuar”, asegura Blanco.

“Nosotros no vamos a comprar más”, afirma en cambio Urkia, para quien el objetivo en el futuro es “qué haremos con los contenidos”. La red de bibliotecas donostiarra está llevando a cabo además una encuesta entre sus usuarios. Los primeros 70 ya han expresado su opinión sobre el programa: “El 91% cree que la biblioteca debe suministrar ereaders. Se lo llevan para conocer el aparato. Los contenidos no son atractivos”, recoge una ponencia presentada por Urkia en el Congreso de Bibliotecas Públicas celebrado en Gijón en noviembre pasado.

“El gran handicap es que no podemos trabajar todavía sobre los contenidos”, explica Urkia. “Yo incluso me puse en contacto con Blackwell”, una plataforma de libros inglesa pero que tiene un distribuidor en España. “El problema es que su oferta no encaja con lo que necesita mi público”, añade. Es decir, “libros en castellano o en euskera, en nuestro caso, y libros modernos, novedades y libros infantiles”, concluye Urkia.
Prestar contenidos

La clave para que los libros actuales puedan llegar a los usuarios de las bibliotecas digitalmente es que los editores y las administraciones públicas se pongan de acuerdo en cómo prestarlos. “Si hay unos derechos de autor, lo que hay que ver es que sólo pueda prestarse al mismo tiempo a un sólo usuario” para cada licencia, defiende Toni Comas, presidente de los editores.

“De momento, lo que podemos poner sobre la mesa son aparatos, si bien nuestro compromiso es apostar por los contenidos. Pero nuestro sector editorial, que no están apostando por los contenidos”, afirma Antonio Gómez, director de la biblioteca de Huelva, otra de las seleccionadas por el ministerio. “Los libros electrónicos son casi tan caros como los de papel”, añade.

“No se trata de incorporar dispositivos tecnológicos y lecturas digitales dentro de un esquema rutinario de compra e incremento de servicios”, recoge Valbuena en un artículo sobre la investigación de Territorio ebook. “El libro electrónico nos obliga a repensar la misión y la visión de la biblioteca”, concluye.

Un horizonte que algunos ya otean por encima de los problemas de la propiedad intelectual. “¿Podemos crear una Biblioteca Nacional Digital?”, se preguntaba el director de la biblioteca de Harvard, Robert Darnton, en el último número de la revista Trama y texturas. Y Darnton apuesta: “contribuiremos a fortalecer los lazos de la ciudadanía de nuestro país”.

Fuente: Público

(Foto: El programa ‘Territorio eBook‘, de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, estudia cómo los lectores adoptan los nuevos dispositivos electrónicos. Autor: Eduardo Margareto)

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Una excelente noticia

Llega Verkami, una web de “crowfunding”: una forma directa de financiar proyectos con la suma de aportaciones individuales.

Sin intermediarios: creadores y usuarios, mano a mano.

Cada vez quedan menos excusas…

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Lanzmann rescata una entrevista conmovedora

El director de ‘Shoah’ descartó el material que ahora forma ‘Le rapport Karski’

Jan Karski tenía 19 años cuando el Gobierno polaco en el exilio le pidió que, antes de volver a la Polonia ocupada por los nazis, fuera a ver al presidente de EEUU, Franklin Delano Roosevelt. Era el verano de 1943 y Karski, estudiante de Derecho y correo de la resistencia polaca, llevaba un año explicando a las principales autoridades aliadas reunidas en Londres, plana mayor del Gobierno británico incluida, lo que nadie quería oír: que los nazis estaban exterminando a los judíos de Europa. “Yo informé de lo que yo vi”, dice al final de su intervención en Shoah, la película de Claude Lanzmann sobre el exterminio nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

Nadie, tampoco del otro lado del Atlántico, pareció asumir lo que Karski contaba. Lo que había visto en las calles del gueto de Varsovia en 1942: cadáveres desnudos amontonados, mujeres famélicas y sin pecho amamantando a bebés de ojos desorbitados, niños jugando con harapos. “Yo informé de lo que yo viví”, repetía el jueves Lanzmann en Madrid, durante la presentación de su nuevo documental sobre el hombre que primero informó a los aliados de los campos de exterminio: Treblinka había empezado a funcionar en el mes de julio de ese mismo año. A petición del presidente norteamericano, Karski habló con una larga lista de personalidades estadounidenses, entre ellas un juez del Tribunal Supremo americano, Felix Frankfurter.

“¿Sabe usted que yo soy judío?”, le preguntó Frankfurter, después de que Karski, que había visitado también, disfrazado de guardián ucraniano, el campo de Belzec, le relatara lo que había visto. El juez añadió: “¡Y no le creo!”. Tras la publicación de Story of a Secret State en 1944, unas memorias de las que se vendieron más de 400.000 ejemplares, Karski empezó a dar charlas por tierras americanas para explicar, de nuevo, lo que había visto, pero se convirtió en un personaje incómodo, por lo que acabó guardando silencio. La editorial Acantilado publicará en febrero esas memorias traducidas al castellano como Historia de un estado secreto.

El Jan Karski que encontró Claude Lanzmann en Estados Unidos 30 años después era profesor de Ciencias Políticas en Georgetown, y nunca había hablado a sus estudiantes del “problema judío”. Aceptó hablar a la cámara de Lanzmann porque, según él mismo explica en la segunda parte de Shoah, era consciente de que se trataba de “registrar la historia”. Lanzmann, sin embargo, recogió sólo lo referido a sus visiones del exterminio. La parte sobre sus conversaciones con Roosevelt y las élites norteamericanas siempre le había parecido “anecdótica”, según el mismo Lanzmann, que acaba de publicar La liebre de la Patagonia (Seix Barral), explicó el jueves en el Círculo de Bellas Artes.
Creer y saber

La anécdota se eleva ahora a categoría en Le Rapport Karsk, una cinta de 48 minutos en la que la figura elegante, la voz grave, los gestos precisos y la memoria descomunal de Karski –jamás tomó ninguna nota para sus informes, evitando así que sus informaciones pudieran ser interceptadas por los nazis– reviven de forma conmovedora aquella comprensible incomprensión. Porque una cosa es que oyeran los relatos de Karski y otra, bien distinta, que pudieran saber lo que los relatos decían.

La frase de Raymond Aron con la que la voz en off de Lanzmann acaba su introducción al documental resume también la impotencia del oyente: “Yo lo supe, pero no lo creí, así que no lo supe”, contestó Aron cuando le preguntaron en los años sesenta si supo del exterminio de los judíos cuando se estaba cometiendo. Esa es también la impresión que le quedó a Karski: que no le creían porque nadie podía imaginar lo que él había visto. Jamás en la historia había ocurrido algo así, ¿cómo iban a creerle?

Lanzmann decidió montar este documental para desmentir un “libro malísimo” que se publicó en Francia en 2009, y que se inventaba la vida de Karski. Nunca fue “un mártir” de la causa judía, como sostiene el novelista, precisó el director. “El problema judío no era el único problema”, explica el propio Karski, católico polaco nacionalizado estadounidense. En su entrevista con Lanzmann, afirma: era sólo una más de las tragedias de las que entonces daba cuenta “como una máquina”, “sin venirme emocionalmente abajo, como ahora”. Jan Karski murió el 13 de julio de 2000.

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Sigue leyendo

Esta es la nueva página de libros y escritores en internet:


www.sigueleyendo.es


Sean todos bienvenidos. Están en su casa.

Un saludo.

Cristina.



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El secuestro del inconsciente en el ‘caso Moro’

La crónica de Leonardo Sciascia sobre asesinato del político italiano indaga en los motivos ocultos de la Razón de Estado


“La versión de las autoridades italianas, agravada más que enmendada por cien retoques sucesivos y que todos los comentaristas se creyeron obligados a aceptar públicamente, no ha sido creíble ni un sólo instante. Su intención no era ser creída, sino ser la única en el escaparate, para luego ser olvidada, exactamente igual que un mal libro”. Este comentario de Guy Debord sobre el secuestro y asesinato del político Aldo Moro, escrito en enero de 1979 y publicado en el prólogo a la cuarta edición italiana de La sociedad del espectáculo, debe corregirse en un punto: hubo un comentarista que no transigió con esa obligación; que esa negativa produjera un libro excelente, sin embargo, respalda el acierto de la comparación de Debord en todo lo demás.

Leonardo Sciascia (Sicilia, 1929-Palermo 1989) no escribió El caso Moro pensando en el escaparate, sino en la verdad que ocultaba, y de ahí que siga siendo recordado: Tusquets acaba de reeditarlo en español. Esa crónica, escrita “en caliente”, disecciona las piruetas que esa versión oficial e increíble dio durante tres meses para justificar lo previsible: que Moro, presidente del Consejo Nacional de Democracia Cristiana, iba a ser asesinado y que el gobierno, presidido por el también democristiano Giulio Andreotti, no pensaba ceder un ápice para evitarlo.

Aldo Moro fue secuestrado el 16 de marzo de 1978 en Roma por un comando terrorista de las Brigadas Rojas, que asesinó en el acto a sus cinco escoltas. El cadáver de Moro fue hallado el 9 de mayo en el maletero de un Renault 4, en una calle de la misma capital. La familia pidió ese mismo día que se respetara la voluntad expresada por el propio Moro al final de su cautiverio: no quería ni manifestaciones públicas, ni ceremonias, ni discursos, ni luto nacional, ni ceremonias de Estado, ni medallas póstumas. “La historia juzgará la vida y la muerte de Aldo Moro”, concluía.

¿Pero por qué Moro, ex primer ministro y padre del “compromiso histórico” con los comunistas, rechazó todos los honores del Estado que había defendido durante décadas?

Nadie ha podido verificar gran cosa sobre los hechos del caso. Sciascia tuvo al menos la intuición y la honestidad de poner a prueba el relato que el poder hizo de su declarada impotencia para salvar a Moro, cuyo “compromiso histórico” fue ratificado, para perplejidad de muchos, el mismo día del secuestro: los comunistas apoyaron el gobierno del democristiano Giulio Andreotti. El libro se pregunta si no fue el Estado también quien lo condenó a muerte.

Sciacia no responde, porque sólo tuvo acceso a los textos, y aunque los lee como reflejo y síntoma de lo que estaba pasando, nunca pierde de vista que no eran lo que, literalmente, pasaba. Mientras los terroristas exigían concesiones a cambio de la vida del líder democristiano y el propio Moro argumentaba que la clemencia no es signo de debilidad del Estado, los compañeros de partido, de gobierno, los grandes periódicos e incluso el papa Pablo VI optaron por darlo por hombre perdido de antemano.

Las cartas de Moro, perfectamente razonables e incluso, según las lee Sciascia, con fórmulas encriptadas para informar a las autoridades sobre el lugar donde lo tenían secuestrados, son descartadas sistemáticamente. Las autoridades no dan razones políticas, sino excusas clínicas: primero dicen que las escribe coaccionado, luego que enajenado y finalmente acaban lamentando que Moro se haya convertido en otra persona. La firmeza inicial, engrasada por una repentina razón de Estado, deriva en una indiferencia de plomo. ¿Por qué un Estado que ha abolido la pena de muerte se cree autorizado, legitimado a dejar morir a un inocente?, se pregunta el autor de Todo modo.

El informe de la comisión parlamentaria de investigación, redactado por el mismo Sciascia, con datos y precisas interrogantes, describe en qué consiste también la política del espectáculo aplicada al terrorismo. Y nada tiene ello que ver, como advierte por lo demás Debord, con que los terroristas busquen salir en los titulares. Tiene que ver con un Estado que, a través de los servicios secretos, esconde más de lo que muestra, despliega miles de policías allí donde es materialmente imposible que esté en ese tiempo el secuestrado y no controla en cambio el barrio donde se ha producido el asalto. Si tiene que ver también con la complicidad en el asesinato, es algo que Sciascia no afirma porque no tiene pruebas.

La historia, en esa sociedad que el caso Moro sanciona, ni se la conoce ni se la espera que responda. Es, de hecho, la misma sociedad del espectáculo que diseccionaba Debord en su libro de 1967: un mundo en el que ya no hay lugar para ninguna verificación. ¿Cómo, entonces, iba a haberlo para el periodismo? ¿Y para la justicia? ¿Y para la política? Todas esas instituciones comparecen ante el tribunal del periodista y diputado del Partido Radical Sciascia. Ya es célebre que el propio Sciascia dijo de Italia que era “un país sin verdad”.

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A lomos de un elefante blanco y una litera dorada

Varias reediciones de obras teatrales y narrativas conmemoran los 75 años de la muerte de Valle-Inclán


“Valle escribió para un público que no existía todavía”. La frase del académico Darío Villanueva podría resumir la experiencia de unos cuantos genios de la literatura que murieron sin apenas lectores, pero refiriéndose, como lo hizo el martes, a Ramón María del Valle-Inclán (1866-1936), y a su teatro, traduce una realidad esperpéntica: Divinas palabras se estrenó en Madrid en 1933 y el segundo día no asistió más que una docena de personas a la representación, según escribió Luis Cernuda por entonces. Hoy, Luces de Bohemia, curiosamente el título que inauguró la colección Austral en 1920, además de sus incontables representaciones, es el libro más vendido de ese nutridísimo y casi centenario catálogo.

A 75 años de su muerte, el autor de La corte de los milagros no tiene sólo el favor del público. También el de buena parte de la crítica: “Tanto la narrativa, como el teatro, y algunos artículos de investigaciones históricas que publicó al final de su vida, son de una solidez enorme y sin comparación en el siglo XX”, según Miguel Casado, autor de la biografía Ramón del Valle-Inclán (Océano). “Es, de su generación [del 98], el que ha resistido mejor el paso del tiempo y el que está más vivo”, dice Villanueva, autor de una edición crítica de Sonata de Invierno (Círculo de Lectores).

Las reediciones de La lámpara maravillosa, Tirano Banderas y Martes de Carnaval en el sello Austral, así como la de su Narrativa completa en Espasa, vienen a conmemorar su fallecimiento, el 5 de enero de 1936. No parece, sin embargo, que su poesía haya aguantado el paso. “Yo creo que su poesía fue más circunstancial, como si la escribiera casi por el gusto de arriesgar y probar con distintos géneros, que por verdadera vocación”, explica el poeta Felipe Benítez Reyes.

Maestro sin discípulos

Lectura obligada en los institutos durante décadas, lo que sin duda ha contribuido a su amplia difusión, para Miguel Casado ha llegado la hora de leerlo por libre, sin clichés ni categorizaciones. “Quizá ha estado demasiado en manos de los profesores de Literatura (yo soy uno de ellos). Ahora que pronto quedarán libres los derechos [en 2016], quizá llegue verdaderamente a los lectores sin los esquemas y prejuicios con los que le han ido corpartimentando”, explica Casado. “De repente el grillo del teléfono se orina en el gran regazo burocrático”, se lee en Luces de Bohemia.

“Los grandes talentos no dejan discípulos, dejan otro tipo de huella: su mirada crítica, su posición ante el lenguaje y la realidad ha dejado mucha huella”, dice Casado. “Se notaría mucho que lo están imitando”, aclara Benítez Reyes respecto de los discípulos, y añade: “Pero acuñar un término, como el de esperpento, que aunque no lo inventó él sí fue quien lo puso en circulación, es uno de los grandes logros de todo escritor”. Lo esperpéntico, como lo kafkiano, se ha disuelto en la lengua.

Era demasiado personal como para dejar discípulos. “Ha dejado una herencia extraordinaria: las novelas de dictador, sobre todo hispanoamericanas”, precisa Villanueva: Yo, el supremo (Roa Bastos), El otoño del patriarca (García Márquez); aunque también Muertes de Perro (Francisco Ayala). Todas, ramas del mismo tronco: Tirano Banderas. “Así lo reconoció el propio Miguel Ángel Asturias, después de El señor presidente“. Asturias ganó el Nobel en 1967.

“Yo, hasta ahora, jamás he ganado cosa alguna con mis libros. De los primeros he vendido hasta cinco o seis ejemplares”, decía el propio Valle en 1904. “Todas mis esperanzas están puestas en un libro que publicaré dentro de algunos días: Sonata de primavera. Seguramente se venderán algunos centenares de miles, y con el dinero que me dejen, pienso restaurar los castillos del Marqués de Bradomín y comprarme un elefante blanco, con una litera dorada, para pasearme por la Castellana…”.

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Los números de 2010

WordPress me acaba de enviar este pequeño informe. Lo copio literalmente:

 

Los duendes de estadísticas de WordPress.com han analizado el desempeño de este blog en 2010 y te presentan un resumen de alto nivel de la salud de tu blog:

Healthy blog!

El Blog-Health-o-Meter™ indica: Wow.

Números crujientes

Imagen destacada

Un Boeing 747-400 transporta hasta 416 pasajeros. Este blog fue visto cerca de 11,000 veces en 2010. Eso son alrededor de 26 Boeings 747-400.

En 2010, publicaste 66 entradas nuevas, ¡nada mal para el primer año! Subiste 31 imágenes, ocupando un total de 32mb. Eso son alrededor de 3 imágenes por mes.

Tu día más ocupado del año fue el 23 de marzo con 281 visitas. La entrada más popular de ese día fue ¿Hay más escritores que lectores?.

¿De dónde vienen?

Los sitios de referencia más populares en 2010 fueran facebook.com, google.es, cristinafallaras.blogspot.com, ladoblehelice.wordpress.com y arcadiespada.es.

Algunos visitantes buscan tu blog, sobre todo por ladoblehelice, informe, la doble helice, doble helice y la doble hélice.

Lugares de interés en 2010

Estas son las entradas y páginas con más visitas en 2010.

1

¿Hay más escritores que lectores? marzo, 2010
3 comentários

2

Norman Foster exalta el genio de Bucky Fuller septiembre, 2010

3

Autorretrato marzo, 2010

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Lecturas para Sant Jordi: el fiscal José María Mena abril, 2010
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