ladoblehélice

La continuación del periodismo, pero por otros medios.

Poesía fiscal: A Serbian Film

Si es verdad que la Fiscalía de Barcelona ha denunciado al director del festival de Sitges, Ángel Sala, por haber programado la película A Serbian film, en la que al parecer uno de los actores simula que viola a un muñeco con forma de niño; y si es verdad que la denuncia se remite al artículo 189.7 del Código Penal, la cuestión no tiene nada que ver con la censura. Es, de nuevo, pura justicia poética, ese simulacro cruel: la fiscalía no distingue entre la ficción y lo real.

Porque el artículo invocado  no tiene nada que ver con la moral, ni el respeto a una supuesta imagen de los menores en general, ni con las buenas maneras: tiene que ver con los delitos de prostitución y corrupción de menores, como indica el título del Capítulo V del Código penal en el que está enmarcado. Y concretamente, en el punto séptimo, con delitos en los que realmente se haya echado mano del cuerpo, la voz o la imagen de algún menor, para usos pornográficos. El art. 189.7 del Código Penal dice textualmente que:

7. Será castigado con la pena de prisión de tres meses a un año o multa de seis meses a dos años el que produjere, vendiere, distribuyere, exhibiere o facilitare por cualquier medio material pornográfico en el que no habiendo sido utilizados directamente menores o incapaces, se emplee su voz o imagen alterada o modificada.

Las negritas son mías. Y la clave está en el posesivo de “su” voz o imagen: es decir, para que la denuncia del fiscal tuviera algún sentido no poético debería existir, en algún sótano de Serbia, el niño cuya imagen haya sido utilizada para la película. Niño de carne y hueso, a cuya estela la redacción del artículo se agarra muy cabalmente con esa sucesión de verbos en subjuntivo estirándose (para que no se le vaya de las manos) sobre su cuerpo, su voz o su imagen: pero siempre relacionándose directamente a UN menor. Parece que el director empleó un muñeco para rodar la escena de la violación.

Pero el fiscal, en el fondo, no actúa movido por la defensa de UN niño, sino de EL niño, esto es, LA imagen-niño, esa metáfora informativa que tanto nos tranquiliza.

A partir de ahí, tanto da que el fsical persiga al director del festival por programarla, al director de la película por dirigirla, o al fabricante de muñecos por hacer su negocio: el objetivo de la acción penal se elige en función de su eficacia retórica: esto es, el que más y mejores titulares dé.

 

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Archivado en: Justicia poética, Principios (y derivas) de la justicia poética

3 Responses

  1. Permítame la egoytisolización. Más visceral que usted, quizás, con menos recursos jurídicos, y más dosis de cerros de Úbeda, hablé de este tema aquí:

    http://miguelangelmaya.blogspot.com/2010/11/serbian-film-y-lo-real.html

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  2. ladoblehelice dice:

    Leído está: me queda la duda de si ese juez actúo verdaderamente porque se había cometido un delito DENTRO de la película, o porque el delito consistía en PROYECTARLA: No es lo mismo, pero tampoco se distingue ya en las noticias que damos sobre ello.

    De lo segundo (del delito de proyección) nos podríamos defender cambiando las leyes sobre “apología”, etc…. De lo primero, difícilmente podríamos defendernos, porque son los jueces los que acusan, llevando el agua de la ley a su molino moral. Y, entonces, apenas queda comulgar.

    En fin, lo dicho, hagamos alpinismo.

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