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La continuación del periodismo, pero por otros medios.

La realidad y sus víctimas

La casualidad ha querido, y yo se lo agradezco, que la semana que había empezado con la fiscalía de Barcelona denunciando al director del Festival de Sitges por programar una película, A Serbian Film, en la que un actor violaba un muñeco con forma de niño, terminara ayer con un ciudadano de Hospitalet dando los últimos retoques a un texto que, de no surtir el efecto merecido, servirá al menos (y esto ya es una apuesta personal) para demostrar de nuevo que la fiscalía catalana actúa siempre en el interés superior de los menores, siempre que ese interés no supere el suyo propio: figurar.

A diferencia de esa fiscalía, Manuel Borraz, ciudadano ejemplar, no reclama justicia para ningún arquetipo informativamente relevante, mucho menos para su inencontrable imagen cinematográfica, sino para personas de carne y hueso. Lleva años intentando que se haga justicia con Ahmed Tommouhi, para quien el ex fiscal jefe José María Mena siempre reservó sus mejores recursos literarios, y con quien la justicia no ha hecho nada, salvo condenarlo por error y luego no acertar jamás a reparar el daño.

Pero no se trata de Tommouhi esta vez. Borraz exige ahora resarcir a una mujer a la que violaron cuando tenía 25 20 años, cuya agresión sigue impune y por la que la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña hace más de dieciocho años que no ha movido un dedo. Un cabo suelto que podría servir además para tirar del hilo de otras seis violaciones, algunas de ellas cometidas contra menores, de las cuales sólo uno de los dos autores ha sido condenado.

Pero vayamos por partes, porque de todo hace ya casi veinte años. Antes que nada: me trago con gusto mis palabras. En la página 343 de la edición española de Justicia poética (Seix Barral, 2010) [p. 254 para la edición argentina de Falsos testigos del porvenir] en el capítulo de la entrevista con el ex fiscal Mena, y a cuento de una violación cometida en Blanes en noviembre de 1991 y que seguía impune entonces como hoy, escribí:

“La coincidencia del modus operandi, de las descripciones de las víctimas, así como que se hubieran confundido al señalar a Mounib, como ya había ocurrido en Olesa, indicaba que García Carbonell era, por lo menos, una pista buena. Hoy, las muestras siguen intactas y ese delito ha prescrito”.

Las muestras provenían del frotis vaginal que se le practicó a la víctima de Blanes la noche de autos y están conservadas en el Instituto Nacional de Toxicología de Madrid. Antonio García Carbonell esta condenado a más de 250 años de cárcel por seis violaciones cometidas en 1995 y una cometida cuatro años antes: se trata de ese caso de Olesa, donde primero habían sido condenados dos marroquíes injustamente (Abderrazak Mounib es uno de los dos), porque la chica se equivocó al identificarlos. Cuatro años después, gracias a una investigación de la Guardia Civil, el caso se reabrió y se demostró que los culpables eran García Carbonell y un pariente suyo que sigue sin ser identificado.

Pues bien, hace meses que Manuel Borraz me convenció de que seguramente me equivoqué al dar esa violación por prescrita. Por supuesto, no la di por prescrita: hice mis averiguaciones, pregunté a abogados y llegamos a la conclusión de que el delito, en efecto, había prescrito. Esa conclusión, sin embargo, se ha venido abajo desde que Borraz reparó en que puesto que la violación fue doble, esto es, que fue cometida, por turnos, por dos hombres distintos contra la misma víctima, y que además iban armados, podría elevar el plazo de prescripción hasta los veinte años (art. 180.2).

Eso quiere decir que prescribiría en noviembre de 2011 y que se está a tiempo todavía de analizar esas muestras y cotejarlas con el perfil del principal sospechoso que desde hace años, y hace meses también, maneja la Guardia Civil: Antonio García Carbonell, que pronto cumplirá dos tercios de su condena y podría empezar a disfrutar de permisos penintenciarios.

La Fiscalía de Cataluña tiene, pues, la oportunidad de mostrar que además de victimizar la imagen de la justicia, trabaja para que se haga justicia a las víctimas de verdad.

El tiempo corre contra nosotros.

(Mañana más)

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Archivado en: Justicia poética, Principios (y derivas) de la justicia poética

2 Responses

  1. […] un periodista sin agencias. Hace tiempo que anda a palos con la Justicia. Y acaba de descubrir que aún hay tiempo para […]

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