ladoblehélice

La continuación del periodismo, pero por otros medios.

El Reina Sofía premia la poesía secreta de Cuba

El galardón distingue a Fina García Marruz, representante del grupo poético cubano más importante del siglo pasado

La cubana Fina García Marruz (La Habana, 1923), una de las dos últimas supervivientes deOrígenes, el grupo poético cubano más importante del siglo XX, obtuvo ayer el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Tanto el jurado que la premió, como la condecorada, reconocen que el galardón es un homenaje también a sus compañeros de generación. “Es un homenaje para todos nosotros: para Lezama Lima, Eliseo Diego, Cintio [Vitier] y Gastón Baquero, y eso es lo que más me conmueve”, decía ella por teléfono a Público desde el Instituto de Estudios Martianos de La Habana donde sigue yendo cada mañana, y ayer también cumplía 88 años, a trabajar. Por la tarde trabaja en casa.

García Marruz, poeta “secreta”, que confiesa que ha escrito “muchísimas más cosas” de las que ha publicado, era también la esposa de Cintio Vitier, a cuya sombra siempre se sintió cómoda. Vitier, “uno de los grandes intelectuales del castrismo”, según recordó Luis Antonio de Villena, miembro del jurado, murió en 2009. La única obra de García Marruz publicada en España, El instante raro, una antología editada por Pre-Textos en 2010, le costó al editor Manuel Borrás 20 años de insistencias: “De hecho, primero publiqué cuatro libros de su marido”, contó a este diario.

“La claridad de su poesía tiene mucho más calado metafísico del que aparentan”, según Borras. “Fina es una poeta que ha vivido para adentro”, aseguró Villena. “Mi obra está incompleta. Primero porque sigo viva, pero también porque no está todo lo importante. Tengo muchísimas cosas que considero más significativas que lo que he publicado y que me gustaría añadir algún día”, dijo la autora de El peso de las cosas en la luz (publicado en Argentina). Para la también poeta cubana y antóloga de El instante raro, Milena Rodríguez, su poesía logra el milagroso equilibrio entre lo pequeño y lo trascendental.

No es cierto, sin embargo, que sea la única superviviente de Orígenes, como decían ayer muchas informaciones. Lorenzo García Vega (Matanzas, 1926), exiliado en Miami, representa el ala disidente del grupo, de la que también formó parte hasta su muerte en 1979 Virgilio Piñera. En el ala comandada por Lezama Lima, de la que sin duda forma parte García Marruz, estarían esos otros recordados ayer.

Paradojas cubanas

“Este premio es también una oportunidad, indirecta si se quiere, para alabar esos cambios que se están produciendo dentro del régimen en Cuba y que merecen nuestro apoyo”, aseguró Daniel Hernández, rector de la Universidad de Salamanca, una de las instituciones convocantes junto a Patrimonio Nacional. Villena subrayó que el cristianismo de Marruz, algo que según Milena Rodríguez comparte con sus compañeros de grupo, representa parte de las contradicciones de la Cuba actual. Villena: “Teniendo en cuenta todas esas razones y buscando conciliarlas, se ha querido premiar también a Orígenes”.

Desde el Instituto donde sigue entregándose al estudio de una de sus grandes pasiones, la obra de su compatriota José Martí (1853-1895), García Marruz recordó también la figura de Juan Ramón Jiménez, a quien conoció en La Habana cuando tenía 13 años y que fue, para ella y para los que luego serían sus compañeros de grupo, “la revelación de la poesía”. En esa conferencia conoció también a su marido: “De no ser por Juan Ramón no tendría la larga y extensa familia que tuvimos”, explicó riéndose. Por eso, dijo, y porque “en español he aprendido a hablar y a conocerlo todo”, le emociona que el reconocimiento llegue desde la Península. “Ojalá que algo de lo que publiqué ahí en España les sirva”.

“Oculto tesoro”

La vigésima edición del premio, dotado con 42.100 euros y cuyos candidatos proponen las academias de la lengua de cada país, se entregará en otoño en Salamanca. “Si me queda alguna gota de salud, que ya la tengo bastante quebrantada, iré sin falta”, contaba al teléfono quien, también por motivos de salud, no pudo acudir este año al Festival Cosmopoética celebrado en Córdoba a principios de este mes. La misma ley no escrita que apuntaba que el Cervantes de 2010 iría a un autor español, y lo recogió el pasado miércoles Ana María Matute, se ha cumplido esta vez al premiar con el Reina Sofía a esta autora latinoamericana: la ley dice que los galardones caen cada año a un lado distinto del Atlántico. Aunque como toda ley, ha tenido sus excepciones.

Su editor español tardço 20 años en convencerla de que publicara su obra

No es, sin embargo, el primer gran premio de este calado que recibe García Marruz: en 2007, Chile la distinguió con el prestigioso Pablo Neruda de Poesía Hispanoamericana, con lo que ese “oculto tesoro” que, según el crítico que mejor conoce su obra, Jorge Luis Arcos, suponía todavía su obra fuera de la isla a principios de este siglo, empezó a leerse con otros acentos latinoamericanos. En España, aunque ya había sido nominada al premio Cervantes en 1989, las palabras de Arcos han encontrado por fin su desmentido oficial.

Pie de Foto: La poeta cubana, ayer, en la sede del Insituto de Estudios Martianos. EFE.

Archivado en: Público

¿El infierno son los otros?

Cuatro filósofos reflexionan en un libro sobre la presencia de la religión en el espacio público y los conflictos con la sociedad

El Tribunal Constitucional ha amparado esta semana a una profesora de religión despedida por casarse con un divorciado. Una juez, sin embargo, ha abierto diligencias por “escarnio religioso” contra diez ciudadanos que habían convocado una “procesión atea” para este jueves santo en Madrid y que el Gobierno decidió prohibir. En Estados Unidos, la ley no se inmutó cuando un pastor protestante quemó un ejemplar del Corán en público hace un mes, porque la libertad de expresión es sagrada. Lo mismo hizo, pero en privado, un miembro del Frente Nacional Británico y acabó detenido en cuanto el vídeo con el libro ardiendo llegó a manos de la Policía inglesa. Y en Francia, donde las alumnas tienen prohibido acudir al instituto con velo, la Policía detuvo hace días a varias mujeres vestidas con un burka, después de que entrara en vigor una ley que lo prohibía, en las calles de París. Una detención que sería ilegal en Londres.

Son ejemplos del roce conflictivo entre los hábitos religiosos y la “desnuda plaza pública”, según la expresión con la que un influyente pastor luterano norteamericano ironizaba sobre la separación entre Dios y los ciudadanos. Ejemplos no faltan. Lo que falta es un modelo que resuelva definitivamente tales conflictos. El poder de la religión en la esfera pública, que acaba de publicar en español la editorial Trotta, no colma esa falta, pero ayuda a aclarar por qué ese modelo tardará todavía mucho en llegar. [Tanto, quizás, como el mesías].

El origen del libro está en Jürgen Habermas, Charles Taylor, Judith Butler y Cornell West, cuatro eminentes pensadores de tradiciones y puntos de vista muy distintos, que fueron convocados a repensar la separación de religión y esfera pública. Una separación que, según se acepta comúnmente, articula las democracias occidentales. “Una de las tesis principales del libro es que hemos malentendido la secularización”, explica a Público Eduardo Mendieta (Bogotá, 1963), profesor de la Stony Brook University neoyorkina y editor del volumen. Una cosa es la deseable neutralidad del Estado ante la pluralidad de iglesias y confesiones, y otra que religión y sociedad puedan distinguirse como el agua del aceite. “La religión no es ni meramente privada ni puramente irracional. Y la esfera pública tampoco es un ámbito de franca deliberación racional ni un espacio pacífico de acuerdo libre de coacción”, precisa en su introducción.

Las cosas son más complicadas. Sobre todo después del renacimiento del fundamentalismo cristiano en Estados Unidos a partir de los años ochenta (de hecho, [el autor de La desnuda plaza pública, Richard John Neuhaus] se convirtió luego al catolicismo y acabó como asesor oficioso del ex presidente norteamericano George W. Bush); del arraigo de la inmigración musulmana en numerosos países europeos, con la consiguiente visibilización social del Islam; y de la acusación de antisemitismo que soportan quienes (y no pocos judíos entre ellos) critican la ocupación de los territorios palestinos por parte del Ejército y colonos israelíes. “Generalmente se habla de religión como si fuera un problema de pueblos y países subdesarrollados, no modernos. Supuestamente, la religión habría sido domesticada en Occidente, pero eso es una caricatura”, avanza Mendieta. Véase, por ejemplo, el presidente Sarkozy, nombrado canónigo de honor de la abadía de San Juan de Letrán hace tres años, en Roma, clamando contra “el desierto espiritual de los suburbios”.

El filósofo alemán Jürgen Habermas (Düsseldorf, 1929), que en 2005 mantuvo un diálogo público con el entonces cardenal JosephRatzinger (hoy Papa Benedicto XVI), lleva cinco años trabajando en un manuscrito con el título provisional, según Mendieta, de Razón y Fe. Habermas defiende la separación de ambos discursos y la necesidad de una traducción. “El discurso religioso en la esfera pública necesita traducción para que su contenido penetre e influya en la justificación y formulación de decisiones políticamente vinculantes y exigibles por ley”, se lee. Es decir, se podría entender que alguien se oponga al aborto porque se lo prohiba su religión, pero no que pretenda imponer su visión sin argumentarla de manera que pueda convencer también a los no creyentes.

El fetichismo de la laicidad

Charles Taylor (Montreal, 1931), canadiense y teórico del multiculturalismo, no cree necesaria tal traducción (¿acaso los conciudadanos de Luther King no lo entendían cuando este exigía en términos bíblicos la abolición de la discriminación racial?, se pregunta) y subraya que quizá la clave resida en superar la obsesión por la religión. Porque no hace falta referirse a la laicidad de la República francesa cuando los alumnos musulmanes reclaman un menú sin cerdo en sus escuelas, [como a nadie se le ocurriría invocar un maridaje sagrado de su ‘cuisine’ cuando se reclaman menús vegetarianos, por más que pueda haber quien lo considere también un rasgo identitario. La analogía no es de Taylor, pero resume su enfoque.]

Taylor pone de ejemplo el velo en las escuelas francesas, que se interpretó como “un signo” de hostilidad contra la République, a pesar de que lo negaran las mujeres que lo llevaban y, segúnTaylor, las investigaciones sociológicas encargadas por la comisión parlamentaria. Lejos de ser un argumento del debate, la invocación de la obligada laïcité del espacio público suele servir para clausurar cualquier discusión. “Lo más pernicioso de este fetichismo es que tiende a ocultar los auténticos dilemas con que nos encontramos”, explica Taylor. “Las democracias contemporáneas, a medida que se diversifican, tendrán que experimentar redefiniciones de su identidad histórica […] que pueden ser dolorosas y de largo alcance”.

El catolicismo, imposible de integrar

El ejemplo más revelador de los que cita Taylor, sin embargo, se debe a los trabajos del español José Casanova, profesor de Sociología de la Religión en Georgetown: “El catolicismo estadounidense en el siglo XIX estaba considerado imposible de integrar en la vida democrática, caso muy similar al de los actuales recelos hacia el islam”, subraya Taylor.”No hay razón alguna escrita en la esencia de las cosas para que en las comunidades musulmanas no pueda darse una evolución parecida”, remata.

Judith Butler [Cleaveland, 1956], autora de Vida precaria. Poder del duelo y de la violencia (Paidós), rescata la paradoja de que la secularización de la religión, su separación del Estado, es un mandato del protestantismo, algo que no debemos olvidar ahora que se habla de dejar “fuera” del espacio público a otras religiones, porque quizá estemos olvidando a las que están “dentro”. La secularización, para la religión, ha podido ser “una forma fugitiva de sobrevivir”, señala. Pero Butler aborda sobre todo un dilema personal y universal: exponerse a la acusación de antisemitismo cada vez que critica la violencia del Estado israelí contra los palestinos de los territorios ocupados. Butler, judía, remarca en cambio que esa crítica es una “obligación” ética para los judíos, religiosos o no, frente al sionismo político del Estado, que además discrimina religiosamente a sus ciudadanos árabes.

La intervención de Cornell West [Ocklahoma, 1953], “un artista del blues”, según él mismo se define (también es un filósofo afroamericano, socialista y cristiano), es en cambio una demostración práctica de la dificultad para distinguir nítidamente entre un discurso filosófico o religioso. Su “pragmatismo profético”, con el que denuncia la corrupción de Wall Street al tiempo que recuerda “el fondo del océano Atlántico [con sus] millones de cadáveres africanos”, coloca en un doble apuro al propio Habermas, que en el coloquio final alaba su “retórica conmovedora”. “La única respuesta posible sería ponerse en pie y cambiar de vida”, reconoce Habermas, [pero enseguida añade: “la otra parte del doble apuro es que estamos en una institución académica y siguiendo un formato”.]

La institución que acogió el debate fue la Cooper Union de Nueva York, donde unas mil personas siguieron durante cinco horas el acto el 29 de octubre de 2009, aunque, como se ha visto, sigue plenamente vigente. La conclusión es provisional: parece que estamos condenados a entendernos. “O como dice al revés Jean Paul Sartre: el infierno es el otro”, recuerda Mendieta, que explica: “Lo que quiere decir con eso es que nos convertimos en nuestros propios torturadores sino aceptamos la libertad del otro y el hecho de que tenemos que vivir juntos”.

Fuente: Público

Archivado en: Público

Isabel Coixet: “En España, cuando alguien curra, concierta las iras de su sector”

La cineasta, que insistió durante meses al juez Baltasar Garzón para que aceptara grabar un documental, ayer, en Barcelona. arnau bach

Isabel Coixet ha producido y dirigido –“pagado de mi bolsillo”–, dice el documental en el que el juez Garzón da “su versión de los hechos” frente a los tres procesos judiciales en los que está inmerso: por autorizar escuchas telefónicas entre algunos de los supuestos cabecillas de la trama Gürtel y sus abogados, por investigar los crímenes del franquismo y por no abstenerse en una querella contra el presidente del Banco Santander, Emilio Botín, al que supuestamente meses antes habría pedido financiación para un seminario que el impartía, organizado por la Universidad de Nueva York. Escuchando al juez Garzón se estrena [mañana] en un cine de Barcelona y otro de Madrid, y luego podrá verse en la web Filmin y en las televisiones de medio mundo. “Pero ninguna española”, dice Coixet. “Curiosamente”, subraya. La directora catalana duda incluso de que las cartas que Garzón envío a Botín, y que el Banco Santander entregó al Supremo, sean reales.

Garzón se resistió durante meses a grabar este documental. ¿Por qué cree que finalmente aceptó?

Debo decir que no sé exactamente qué ocurrió. Pero supongo también que la situación quizá había llegado a un punto que ni él mismo esperaba. Pero no me comentó nada. También debo decir que las preguntas no fueron pactadas. Y cuando le enseñamos el documental montado, no cambió absolutamente nada.

Manuel Rivas no parece querer hacer una entrevista crítica. Después de verlo, ¿no cree que podría haber hecho las preguntas que quizá se haga el espectador?

Yo pienso que el espectador lo que quiere saber es qué piensa Garzón. Esa persona a la que ven entrando y saliendo del juzgado, cómo vive esto. Y esta es la intención de este documental. Hay otros documentales sobre él (hace poco TV3 ha pasado uno muy crítico con él). Yo creo que en un país donde se va a juzgar antes al juez que ha investigado un caso que a quienes han metido la mano en la caja, mi documental tiene mucho sentido. La intención del documental no es hacer un retrato de Garzón, sino escuchar qué tiene que decir. ¿Que ha cometido errores? Seguro. ¿Que si pienso que es inocente? Sí, lo pienso.

Garzón sostiene que todo se desencadenó a raíz de la Gürtel’. ¿Usted cree que el tema de la memoria histórica ha podido influir también?

Yo creo que la Gürtel y la memoria histórica, de alguna manera oscura, tienen que ver. Los mismos que defienden que no hay que abrir las tumbas y que todo está prescrito son los que ostentan el poder en muchos sitios de España. Una de las personas que ha sido más furibunda contra él ha sido Manuel Fraga: “Que se vaya Garzón, que se vaya muy lejos”. Para mí, de todas maneras, el caso Garzón es significativo porque y esto es algo que he venido observando desde hace años en la sociedad española, cuando hay alguien que realmente se curra su trabajo y se esmera en lo que hace, tiene todos los números para concertar las iras de todo su sector.

¿Por qué eligió hacer un documental en blanco y negro?

Porque no quería que nada distrajera de lo que es lo fundamental, que son sus palabras. Nos dejaron un apartamento que era muy colorido y tal, y distraía. Yo creo que el blanco y negro concentra las cosas. Lo que pasa es que es un blanco y negro con muchos tonos de gris. Pero esos tonos de gris los tiene que sentir también el espectador.

¿Tiene pensado continuar, grabar los juicios, por ejemplo?

Lo he pensado, pero quizá ahora toda esa gente que dice que había que mostrar la otra cara, pues que lo haga, es el momento. Todos tenemos otra cara. Nadie está exento de errores. Pero yo creo que en la balanza de los aciertos y los errores de Garzón para mí pesan mucho más los aciertos. Sólo por la detención de ese dictador chileno [Augusto Pinochet], sólo por eso, yo creo que en la balanza pesan mucho más los aciertos.

Respecto de las cartas que Garzón dirigió a Emilio Botín, ¿cree que tampoco son suficientes para abrir un proceso [por no abstenerse luego ante una querella contra el presidente del Banco Santander?

No, no lo son. Pero sobre todo: ¿son esas cartas reales? Porque tú sabes que en determinadas webs se han publicado cartas falsas en las que él agradecía los fondos destinados y tal, que no son reales. Estamos en un momento en que pagas 80 euros a un hacker y te consigue lo que quieras

Archivado en: Público

Imágenes arrancadas a la invisibilidad

Tres fotógrafos documentan la doble realidad de la presión policial contra los inmigrantes sin papeles

Los controles se basan en el aspecto extranjero de los identificados. - FRONTERASINVISIBLES.ORG


Dos años después de que documentos policiales probaran que las redadas contra sin papeles (con las que los agentes tenían que cubrir un cupo semanal de detenciones) estaban a la orden del día, el Ministerio del Interior sigue sosteniendo que esas redadas no sólo no existen, sino que además serían inconstitucionales. Que hayan desaparecido del paisaje oficial, sin embargo, no significa que no sigan ocurriendo y, por tanto, puedan ser documentadas. Fronteras invisibles y Salitre, dos proyectos nacidos en el barrio madrileño de Lavapiés, ponen en imágenes las dos caras de esa realidad oficiosa.

Aún así, Edu León, uno de los dos autores de Fronteras Invisibles, sabe que no es fácil fotografiar lo evidente. La Policía, cuyos agentes se resisten a dejarse fotografiar a pesar de que paran a los sin papeles en espacios públicos, ha obtenido este mes, tras cuatro denuncias, una condena contra el fotoperiodista. Razón jurídica: “Falta de respeto y consideración debida a la autoridad”. León se niega a seguir borrando fotos.

“Si no defiendo mi derecho a la libertad de prensa, ¿cómo voy a pedir a las personas que retrato que denuncien su situación?”, escribía León por correo electrónico desde Estambul hace dos semanas. Días después fue detenido en la frontera con Grecia por fotografiar un camión turco que transportaba a migrantes detenidos a las puertas de Europa. Fronteras invisibles enfoca junto a las redadas en Madrid, los centros de retención y pasos fronterizos en Calais (Francia) y Malta. Después de salir en libertad, siguió trabajando en el lado griego de la frontera con Turquía.

“Cuando empezamos se trataba de dar la noticia. Pero a finales de 2009 hubo una redada enorme en el barrio [de Lavapiés]. Edu estuvo haciendo fotos y a partir de ahí nos planteamos sistematizarlo”, explica Olmo Calvo, el otro autor de Fronteras Invisibles, [recordando el origen  del proyecto en el periódico Diagonal]. La exposición, que la policía quiso desmantelar cuando se montó por primera vez, en Madrid, el año pasado, tras pasar por Buenos Aires y Quito, puede verse en Madrid (por distintas asociaciones de vecinos y barrios) y en octubre viajará a Santander. También se muestra on-line (www.fronterasinvisibles.org).

Los controles, basados únicamente en el aspecto extranjero de los identificados, siguen produciéndose. “En algunas unidades, se obliga a los agentes a hacer identificaciones de extranjeros bajo amenaza: O lo haces o te vas de este grupo”, reconoce Alfredo Perdiguero, portavoz del sindicato Unión Federal de Policía. “En mucha menor medida que antes, pero sigue pasando”, añade Perdiguero, quien subraya que aún así en la mayoría de los casos la expulsión ni siquiera se puede ejecutar. “Pero las estadísticas hinchadas quedan muy bien”, afirma. La Defensora del Pueblo se ha hecho eco de las quejas de varias asociaciones al respecto.

La situación explotó hace dos años. En febrero de 2009 se publicó una de las circulares ordenando las detenciones: “Villa Vallecas, objetivo: 35. Si no los hay, se va a buscarlos fuera del distrito”. Cuando esa presión policial subía por las calles, el fotógrafo Juan Valbuena, que por entonces estaba trabajando con un grupo de senegaleses en otro de sus proyectos, se dio cuenta de que esa realidad tenía otra cara: los sin papeles no salían en casa. En el piso que vivían una docena de ellos, sin apenas espacio, el tiempo sobraba.

“Los negros del bajo”

Así surgió Salitre, con el que se planteó “darles el espacio vital del que carecían, en forma de libro”, explica Valbuena, que no quiso ser el único narrador. “Les preparé un libro en blanco de 16 páginas”. El resultado son 12 libros en los que los inmigrantes y el propio Valbuena han contado en imágenes (recortes, fotografías, documentos grapados, dibujos, texto, etc…) la historia que cada uno ha querido. “Es muy chulo como se ha definido cada uno. Antes, para los vecinos, eran sólo los negros del bajo”, dice el fotógrafo.

Valbuena, en cambio, mostró la casa. “Ninguno sacaba la casa, porque para ellos es un sitio de vergüenza, así que me di cuenta de que tenía que sacarla yo, para ponerlo en contexto”, explica. El proyecto, que se presentó como exposición en Caixa Fórum en enero pasado, se convertirá ahora en libro.

“No sé si tienen valor judicial, pero sí tienen valor moral: son hechos”, explica Valbuena respecto del trabajo documental de León y Calvo. “Es un uso de la fotografía muy puro, casi una documentación notarial de la realidad”, añade. En una sociedad en la que “todos tenemos móviles con cámaras muy potentes”, según León, “la fotografía ha dejado de ser uso exclusivo de los profesionales y es un arma más de la sociedad para denunciar lo que no le gusta”.

(Foto: Una detención durante una redada en la Plaza de Tirso de Molina, en Madrid, el 28 de junio de 2010. FRONTERASINVISIBLES.ORG.)

Fuente: Público

Archivado en: Público

La presunción de culpabilidad: Principios (y derivas) de la Justicia poética (IX)

Hace gracia comprobar hasta qué punto la presunción de inocencia está siendo sustituida por la presunción de culpabilidad, sin que se deje oír el más mínimo quejido. Donde mejor se ve no es en las henchidas declaraciones de principios, sino en las aparentemente menos ideologizadas muletillas de la información diaria. Que esa inversión se exhiba justamente en las noticias que reivindican la inocencia de los perseguidos, es para echarse a temblar.

Es el caso de la noticia que da hoy El País sobre las 331 reclamaciones tramitadas por el Ministerio de Justicia en 2010:

Justicia tramita 29 casos de presos inocentes, otros 288 de personas que acabaron como preventivas entre rejas y luego fueron absueltas y otros 14 de detenidos por órdenes de captura equivocadas

dice la noticia. Lo interesante es la distinción entre presos inocentes y preventivos que fueron absueltos, como cuando dice que quienes reclaman han sido víctimas

de autos de prisión contra sospechosos que, tras meses presos, acaban absueltos; y, los más graves, de errores garrafales que llevan a la cárcel a personas totalmente inocentes.

La única razón para discriminar entre unos y otros la concede el ministerio, pero en el último párrafo: “El argumento es que se trata de sospechosos que alcanzan la absolución por falta de pruebas.” Es decir, que salvo resolución judicial expresa que certifique la inocencia del procesado, el ministerio los considera sospechosos con razón y sin derecho a indemnización.

Se trata de un truco legal como otro cualquiera para denegar a los que han sido procesados injustamente el derecho a que se repare su daño. Pero traducir esa falacia oficial como una distinción de hecho en los periódicos, equivale a suponer que quien pasa meses en la cárcel sin que se demuestre su culpabilidad, no es un “preso inocente”, sino un presunto culpable a falta de confirmación oficial.

Alguien que no es totalmente culpable. Todavía.

Archivado en: Justicia poética, Principios (y derivas) de la justicia poética

Principios (y derivas) de la Justicia poética (VIII): Sortu y el Supremo

El voto particular critica que la mayoría haya sustituido la valoración de la prueba por “la construcción de un relato”.

Siete jueces del TS consideran “obligado” inscribir a Sortu“, Público, 1 de abril de 2011.

Archivado en: Principios (y derivas) de la justicia poética

Para ir al blog de ‘Justicia Poética’ pincha en la imagen

Escribe tu dirección de correo electrónico para recibir las nuevas entradas por mail.

A %d blogueros les gusta esto: