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La continuación del periodismo, pero por otros medios.

El ejército español se empotra entre los fotoperiodistas

Turner y el Ministerio de Defensa compilan siglo y medio de fotoperiodismo de guerra español

Una calle de Mogadiscio, Somalia, en 2007. JOsé cendón

La historia del corresponsal empotrado en un ejército en guerra es tan vieja, al menos, como la guerra de Crimea: William Howard Russell fue enviado por The Times en 1854, aunque sus crónicas no despertaron precisamente el fervor patriótico entre el Ejército británico. Desde entonces, se repite el tira y afloja entre la propaganda oficial y la información periodística, y a veces se firman treguas. Fotoperiodistas de guerra españoles, que reúne la obra de 25 autores entre 1860 y 2011 (entre la guerra española contra los rifeños marroquíes y la revolución libia), se diría que resulta de una de ellas: el Ministerio de Defensa colabora en la publicación, que edita Turner. Alfonso Bauluz y Rafael Moreno son los compiladores.

Ni Bauluz ni Moreno, sin embargo, creen que esa colaboración, que a nivel internacional el Gobierno de EEUU impuso como obligación desde la invasión de Irak en 2003, influya de forma relevante en su labor informativa: “Yo no creo que haya ninguna diferencia porque los empotrados tengan que firmar un papelito”, dijo Bauluz en referencia al acuerdo contractual entre el Ejército americano y los periodistas.

Sea producto de la casualidad o del espíritu de la época, el caso es que en el siglo y medio largo que recorre esta selección, una evidencia se impone: los muertos, después de la guerra de los Balcanes, han desaparecido de la representación. Ni en Irak ni en Afganistán parece que muera nadie. [Vale la pena recordar que, para contrarrestar las crónicas de Howard Russell en The Times y resaltar la propaganda oficial, fue enviado a Crimea también el fotógrafo Robert Fenton, con una premisa clara: “Nada de cadáveres”.]

El único muerto de este siglo que aparece, en cambio, no es un cadáver de guerra. Es el inmigrante que murió en una playa de Tarifa y que Javier Bauluz, hermano del compilador, fotografió junto a una pareja de bañistas en 2007. La imagen, que se usó como metáfora de “la indiferencia occidental” frente al drama de la inmigración, aparece ahora con otro uso metafórico. “El final del camino”, se titula, aunque no se sepa entre qué frentes.

Foto: Una calle de Mogadiscio, Somalia, en 2007. JOSÉ CENDÓN

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Archivado en: Público

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