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La continuación del periodismo, pero por otros medios.

Enanos y sin papeles, contra la pared

La propuesta de un congresista republicano de recuperar el lanzamiento de enanos contra la pared, una tradición legal en algunos bares de Florida hasta hace apenas dos décadas, coincide con el recrudecimiento, tanto en la práctica de la administración Obama como en la teoría del partido Republicano, de la persecución de los inmigrantes sin papeles en todo Estados Unidos. Esto último sigue siendo cierto aunque en el caso de Alabama la relación se invierta: allí el gobierno estatal es republicano y acaba de entrar en vigor una ley antiinmigración a la que se opone Obama. Entre los enanos y los sin papeles hay un puente interesante.

Lo que me interesa no es la simplicidad de la tradición, contra la que es tan fácil ponerse de acuerdo: como eres pequeño y yo grande, te tiro contra la pared. ¿Lo pillas? No. Pues ponte el casco que lo vas a pillar al vuelo. No mucho más complejas, aunque sólo aparentemente, son las razones que la justifican. Las razones serían que sirve para crear empleo (cobran por dejarse lanzar) y que el congresista está “cansado de que el Gobierno decida todo por la gente”. “Todo lo que hace es impedir que los enanos consigan trabajo y sean felices.”

Uno podría pensar que el paralelismo entre los enanos y los sin papeles, esos dos espejos en los que nos miramos, está cantado. Pero no, y ese es justamente el punto ciego que me interesa. ¿Por qué, entonces, impedir la felicidad de los sin papeles, impidiéndoles conseguir un trabajo legal? “En esta economía, en toda economía, ¿por qué vamos a impedir a la gente conseguir un empleo gratificante?”, se preguntaba también el congresista, que para más inri  se apellida Workman. Pero Ritch Workman se refería sólo a la gente enana.

Economía sin política

En efecto, ¿por qué los sin papeles no formarían parte de esa gente con derecho a conseguir un trabajo? La respuesta siempre es la misma: porque los sin papeles han violado la ley, con lo que se pretende zanjar una problema público con una respuesta privada.

En verdad, no es una respuesta, sino una forma de tapar lo que la pregunta descubre: los sin papeles no tiene el mismo derecho al trabajo porque los nacionales no se  lo reconocen. Porque el Gobierno, aquí también, decide todo por la gente.

Gente, sin embargo, es un término demasiado indefinido que podría llevar a la confusión. El gobierno no es el representante legal de la gente, sino de la nación. Y eso es lo primero que el gobierno define: quién forma parte de la nación y quién es un mal-nacido. Los sin papeles son los malnacidos de esta historia etimológica.

La política de los malnacidos

A partir de ahí, los sin papeles no tendrían derecho a buscar trabajo en igualdad de condiciones que los nacionales, por lo mismo que los enanos tampoco lo tienen a pedir su protección legal: porque han nacido así. Lo que ha dispuesto Dios que no lo deshaga el hombre.

La misma razón opera, por tanto, para justificar la discriminación y para descartar la discriminación positiva sin que el discurso republicano, aparentemente, se colapse. El espejismo funciona porque la decisión de convertir al nacimiento en un criterio administrativo se ha disuelto en el orden natural de las cosas.

Nada nuevo. Ese impulso soberano que hace coincidir la legitimidad del relato y el comienzo de la historia, ya sea en su versión romántica de los pioneros o en la clásica del linaje, es el fundamento más socorrido cuando de organizar y administrar la dominación se trata. La democracia se inventó precisamente para romper el lazo entre la sangre y el voto.

En negativo, el enfoque (neo)liberal, según el cual los enanos se dejan lanzar contra la pared, o los sin papeles deciden permanecer ilegalmente en el territorio, por pura voluntad propia, no hace más que actualizar el orden doméstico, pero desterritorializado. De ahí que su columna vertebral consista en negar sistemáticamente el punto de vista de la economía política.

Ese es, por lo demás, el rasgo que desde Atenas ha distinguido a la izquierda (cuando todavía se distinguía) de la derecha: la primera quiere sacar el conflicto de la casa a la plaza, y la segunda, quiere que todo lo que amenaza con alterar la plaza, se discuta en casa. Sea ello la violencia machista, el trabajo, la educación o los impuestos.

Que la izquierda electoral lo haya olvidado es, dicho sea de paso y para acabar, la razón por la que el 20N todos votaremos contra la pared.

——

P.S. Habría que añadir que da algo de vergüenza ajena ver que aquí nos llevamos las manos a la cabeza, entre otras cosas porque en Alabama habrá que salir a la calle con un documento de identidad en el bolsillo, con lo que se busca facilitar la detención de sin papeles, que en inglés se dice  “without documents”. En Spain, no es sólo que esa obligación exista desde hace veinte años y una ley Corcuera, sino que las redadas de sin papeles, las detenciones por la cara, siguen a la orden del día. A la orden del día quiere decir esto: que el Ministerio de Interior las ordena, la policía las ejecuta, pero que como su gabinete de prensa no las confirma, es como si no existieran. Sin embargo, siguen produciéndose. Y aquí se documentan.)

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