ladoblehélice

La continuación del periodismo, pero por otros medios.

Justo el que faltaba

1. Al compás de la vista sobre la doctrina Parot que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) celebró hace dos semanas en Estrasburgo, se oyeron un par o tres de puñetazos en la mesa del Estado de Derecho. Todos de la mano del ministro del Interior, como corresponde.

2. Que la voz autorizada del Gobierno en este asunto sea la del ministro del Interior y no la del de Justicia, y de ahí que fuera Jorge Fernández Díaz quien el día de marras firmara un artículo de opinión en el diario más leído de España, descontado el que lee el presidente del Gobierno que no habla, es como para repasar la separación de poderes desde Montesquieu. Que diciendo lo que escribe pueda titularse Defensa de lo justo, da que pensar.

3. Por otra parte, el ministro de Justicia es el gran ideólogo español de la llamada cadena perpetua revisable, que consiste en que los presos empujen su bola hasta que un psicólogo de guardia certifique que ha superado el complejo de Sísifo. Así que aunque a mí, intelectualmente, me interesen más las galeradas del ministro Alberto Ruiz Gallardón, pero sólo porque ahora me ha dado por la justicia preventiva (la poesía es un arma cargada de futuro), reconozco que objetivamente, es decir, desde el punto de vista del Estado de Derecho y de la justicia, que son ciegos, mejor nos lucirá el pelo con el clasicismo de Interior.

4. De la ingeniería jurídica que pueda tener el ministro Fernández en la cabeza, no se me ocurría nada que añadir a lo que escribió Arcadi Espada en El Mundo, salvo que podría haber sido peor: podría haber dicho ingeniería “judicial”, lo cual habría sido como rizar el rizo sobre la calva de jueces como Javier Gómez Bermúdez, por citar al partero de la doctrina y parafrasear yo también el alemán. (Aunque a toro pasado hemos sabido que los del Supremo ya habían hecho la suya: no sorprende tanto que el ministro de la policía intuya las resoluciones antes de que las firmen los jueces, como que, cuando se trata de la Razón de Estado, el único poder verdaderamente separado sea el cuarto.)

5. Del artículo en El País, yo destacaría para quien no lo haya leído que el ministro deletrea en él un desprecio muy de comisario por las formas del derecho, que es como decir por el Derecho en sí, pero no para sí. La mejor manera de mostrarlo sería copiando aquí el artículo entero, pero se puede acortar pegando sólo la mitad del penúltimo párrafo: “No debe perderse la perspectiva real de este asunto. Si se deja de lado la doctrina Parot, la excarcelación de decenas de terroristas y criminales será para muchos, no sólo incomprensible, sino una auténtica negación de la Justicia”.

6. He subrayado auténtica para aclarar que lo que Fernández está diciendo es que la negación que él hace de la justicia, no debe considerarse como tal, pues él solo niega que deban respetarse las garantías formales. Por eso también escribe “Justicia”: la que puedan dictar esos jueces de la Gran Sala del TEDH es una cosa minúscula comparada con la que él defiende.

7. También son mías las cursivas de real, porque quiero pararme un momento en el uso que hace el ministro de esa palabra y compararlo con el que hace un oficial de La colonia penitenciaria, para que se vea del todo lo que Fernández da a entender a medias. El oficial de Kafka, después de describir una rastra de agujas que escribe la sentencia sobre la piel del condenado a muerte, subraya que es a la rastra “a la que se encomienda la ejecución real de la sentencia”. Si no basta la comparación, puedo incluso autocitarme: “La representación jurídica (la sentencia) y lo real (la ejecución) se funden en el cuerpo moribundo del reo”. O sea que para el ministro, la representación de Estrasburgo es, como todo lo tuyo, puro teatro.

8. Pero lo único que yo quería dejar atado al hilo de esta parodia, es un cabo que despunta del ovillo que el ministro y el Gobierno se hacen con el término “impune”. Tampoco es que haga mucha falta, porque la enviada de El País a Estrasburgo, Mónica Ceberio, lo bordó en su crónica del día siguiente, en la misma doble página que el artículo del ministro, metiendo en cintura su discurso. “Durante los últimos meses [el Gobierno] ha repetido que si el tribunal no le da la razón, decenas de terroristas y peligrosos delincuentes saldrán a la calle de inmediato y sus crímenes quedarán impunes –omitiendo los años que han pasado en prisión y que lo que realmente se discute es la extensión de su condena a la luz de una legislación ya derogada–.”  A mí con precisiones semánticas, parecía replicar el ministro desde lo alto de la página par.

9. ¡Yo tengo una precisión fáctica, ministro, de esas cosas que usted llama reales!  Uno de los delincuentes que quedaría libre en breve si se derogara la doctrina Parot y sus ingenieros no dieran el agua a tiempo, es un violador en serie que falta en la lista de presos que el ministerio pasó a algunos periódicos antes de la vista. Antonio García Carbonell, condenado a casi 300 años de cárcel por una ola de violaciones cometidas entre 1991 y 1995, también recurrió ante el Tribunal Constitucional la doctrina Parot. Pero sus violaciones (al menos aquellas por las que ha sido juzgado) no quedarían impunes. Siguiendo el párrafo de El País, Carbonell ha pagado por su condena, a día de hoy, con casi 18 años de cárcel.

10. Las violaciones que sí están realmente impunes desde el día de autos, son las que junto a Carbonell cometió un cómplice no identificado. Desde 1996, conocemos incluso su perfil genético, pero ese segundo violador sigue sin ser identificado ni detenido, entre otras razones, porque durante este tiempo, los ministros del Interior han estado más pendientes de las páginas de opinión que de las informaciones del ramo y del trabajo policial.

10. Gracias a los análisis de ADN, sabemos que el cómplice es un familiar muy cercano de Carbonell, cosa que quizá, descartada la fiscalía de Cataluña, interese al ministro Fernández, al conseller Espadaler o, yo qué sé, ¡a algún Mosso d’Esquadra a los que el ministro Gallardón ha indultado sus torturas! Yo tengo más pistas, pero mis supersticiones formalistas me impiden publicarlas.

11. Y a quien pueda interesar: alguna de esas violaciones impunes tampoco ha prescrito.

___

Nota: Este artículo lo escribí hace dos semanas, dos días después de la vista. La revista adonde lo envié ha declinado publicarlo, pero como entre las razones despunta la delicadeza del tema, lo traigo ahora aquí, añadiendo el paréntesis del cuarto párrafo y actualizando el tiempo de algunos verbos.

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