ladoblehélice

La continuación del periodismo, pero por otros medios.

Un apunte sobre la ex directora del ‘Times’

Jill Abramson, la ya ex directora de The New York Times, tiene un libro excelente (no sé si tiene más, de hecho) sobre la única pregunta que me interesa en este mundo: ¿quién de los dos miente? Los dos, en este caso, eran el entonces candidato al Tribunal Supremo americano, Clarence Thomas, y una antigua empleada suya, Anita Hill, que durante las audiencias previas al nombramiento, declaró que había sido acosada sexualmente por el candidato cuando éste era su jefe. Thomas era el primer juez negro que optaba al Supremo, propuesto además por un presidente republicano (Bush padre), y acabó consiguiendo el puesto gracias, entre otras cosas, a que negó con vehemencia las acusaciones de Hill. El año pasado se estrenó un documental sobre el caso que se llama como ella: Anita Hill.

Abramson y Jane Mayer (ambas en The Wall Street Journal entonces), consideraron que había que dilucidar quién de los dos decía la verdad y estuvieron un par o tres de años (no lo recuerdo y no tengo el libro aquí) hablando con gente y cruzando datos. Debieron entrevistar a unas 13.700 personas. Thomas, consciente de que su futuro pasaba no sólo por negar aquella acusación concreta, sino por despejar cualquier duda que pudiera cuestionar al hombre, a aquella su figura de self made man ejemplar (sin brillo, por cierto, y que hoy es famoso porque lleva ocho años sin decir ni mú cuando el Supremo delibera, según cuentan aquí), lo negó todo, incluso que hubiera consumido alguna vez… pornografía.

Strange justice, que así se llama el libro, contiene muchas lecciones de buen periodismo, para empezar el análisis de la operación de lifting republicano que supuso la candidatura de un juez negro, simpático y ultraconservador. Pero a mí me resulta especialmente emocionante una de las más elementales. Las autoras entrando en un videoclub cercano a uno de los domicilios de Thomas para hablar con el dueño. Of course,  el señor Thomas era un cliente habitual y gran consumidor de cine porno, confirma el dependiente.  Ese viaje desde la cúpula del Congreso hasta el mostrador del videoclub, ese gesto, resume por qué el periodismo puede ser un oficio tan excitante y por qué es, técnicamente, uno de los más tontos; o al menos resume por qué me gusta a mí.

 

Archivado en: Epistemología de la vida cotidiana, Reporting in progress

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Escribe tu dirección de correo electrónico para recibir las nuevas entradas por mail.

A %d blogueros les gusta esto: