ladoblehélice

La continuación del periodismo, pero por otros medios.

Esto no es una noticia, es sólo una estafa

Ahmed Tommouhi, en febrero de 2010 en Barcelona.

Que ninguno de los periodistas que durante años se han ocupado del caso Tommouhi haya dicho ni mú respecto de las novedades que aporta Justicia poética es perfectamente comprensible: una de las más importantes los deja en evidencia. Me refiero al trabajo sucio de los abogados de Ahmed Tommouhi, Pedro J. Pardo y Jorge Claret. Si el periodismo barcelonés no considera noticioso que dos abogados de la ciudad engañen a un cliente analfabeto, condenado injustamente y que ha pasado casi quince años en la cárcel, seguramente se debe a que durante diez años los estafadores han sido una fuente muy importante para su relato. El roce hace el cariño.

Si señalo ahora ese silencio, sin embargo, es porque consiente otro más inquietante y más escandaloso. El del Ilustre Colegio de Abogados de Barcelona: ¿tampoco el ICAB tiene nada que decir sobre el modus operandi de sus colegiados Pardo y Claret, que facturaron a Tommouhi procedimientos que no habían llevado ellos y que le hicieron firmar en blanco la reclamación de la indemnización por la sentencia errónea (a la que tenía derecho, pero a la que él había decidido renunciar hasta que no se reabrieran los demás casos por los que había sido condenado), aprovechándose de que Tommouhi no sabía leer?

Este escalofrío impune recorre una vértebra más. Porque si los periodistas y los abogados son figuras pensadas entre otras cosas para defendernos de la arbitrariedad del poder, la de los jueces es mucho más delicada y ambigua:  su cometido es vigilar que el poder se ejerza de acuerdo a la ley, pero ellos mismos pueden ejercerlo arbitrariamente.

En efecto, ahora que Pedro J. Pardo es  juez de instrucción, cabe preguntarse con qué confianza deben acudir al juzgado los acusados a los que este ex abogado procese. La última vez que nos vimos, Pardo tenía muy claro por qué había decidido dejar la abogacía: “Porque me gustaría aplicar justicia, pero desde el punto de vista efectivo: que es el de los jueces”, dijo.

En resumen, ésta es la enmudecida historia que cuenta “Los abogados”, el capítulo 29 de Justicia poética. Ahora pueden leerlo, descargarlo e imprimirlo libremente  a través de Scribd.com. También pueden correr la voz.

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Lecturas para Sant Jordi: el fiscal José María Mena

El capítulo 30 de Justicia poética habla del papel del ex fiscal jefe José María Mena en el caso Tommouhi-Mounib. Es la historia, básicamente, de una escandalosa dimisión, que incluye violaciones impunes en la cuneta gracias a la inacción de Mena. La violación doble cometida el 25 de noviembre de 1991 en Blanes (Girona), para ser exactos.

Está también el diálogo que algunos lectores de este blog recordarán. El ex fiscal pretendía desmentir la existencia del segundo informe de la Guardia Civil que defendía la inocencia de los dos marroquíes condenados por la cara (el primero había desencadenado la revisión de una de las condenas gracias a una prueba de ADN que demostró que Mounib y Tommouhi no habían violado a la chica  de Olesa que los señalaba). Este capítulo muestra que el fiscal no decía la verdad.

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Para precisar una cita mía que recoge hoy El País, sobre Margarita Robles y la manera en que condenó al inocente Ahmed Tommouhi

<<La Audiencia de Barcelona no tuvo en cuenta en una de las condenas, de la que fue ponente la vocal del Consejo General del Poder Judicial, Margarita Robles, que un análisis de semen excluía la autoría de Ahmed [Tommouhi]. Los jueces no entendieron el informe>>,

“Vidas sentenciadas”, en El País, 28.03.2010.

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El 22 de septiembre de 1992, un tribunal presidido por Margarita Robles Fernández condenó a Ahmed Tommouhi por violación. Una chica de 14 años, asaltada nueve meses antes en Cornellà, lo había señalado en una rueda de reconocimiento.

El semen recogido en la zona vaginal de la braga de la chica, sin embargo, no era de Tommouhi, a quien el Tribunal Supremo reconocería cinco años después que había sido condenado por error en otro caso idéntico: otra chica violada dos días antes que la de Cornellà, en otro pueblo de la provincia de Barcelona, lo confundió con Antonio García Carbonell, violador múltiple, confeso y con el que Tommouhi guarda un gran parecido físico. Aún así, Tommouhi ha estado 15 años en la cárcel.

La deficiente redacción del informe de la Policía Científica, pero sobre todo la soberbia ignorancia de los magistrados (Gerard Thomàs Andreu y Felipe Soler Ferrer, además de la ponente de la sentencia, Margarita Robles), que no entendieron que además de la sangre el análisis incluía también restos de semen, condenaron a Tommouhi a 24 años y dos días de prisión. El violador y su cómplice siguen impunes.

El tribunal descartó el informe también por una cuestión formal. La sentencia no fue recurrida en su día y nunca se ha alegado ante el Supremo que el semen descartaba expresamente a Tommouhi.

Eso es lo que cuentan estos tres capítulos de Justicia poética (Seix Barral) que se publican en Scribd.com: PUEDEN LEERLOS, DESCARGARLOS, COPIARLOS Y DISTRIBUIRLOS AQUÍ.

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FOTO: Ahmed Tommouhi, el 11 de febrero de 2010, en Barcelona.

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ESTE BLOG VUELVE  EL MARTES 6 DE ABRIL.

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