ladoblehélice

La continuación del periodismo, pero por otros medios.

G.

Yo volvía a casa después de haber estado en Sabadell, frente a la de García Carbonell. El teléfono sonó al entrar en el ascensor. Cuando ya había pulsado el cuarto, oí que preguntaban por mi nombre:

-Soy G. S., añadió.

G. es una de las dos víctimas de Cornellà.

–Hola, G. Me pillas en el ascensor. ¿Qué tal?

–Pues nada, que he recibido tu carta, y he decidido ponerme en contacto contigo.

–Pues muy bien. Bueno, como te explico en la carta –ya fuera del ascensor, abriendo la puerta con la compra en una mano y la llave en la otra, el teléfono mordido entre la cabeza y el hombro—estoy escribiendo un libro sobre esta historia, y bueno, llevo bastante tiempo, más de dos años, aunque he tardado en ponerme en contacto con vosotras. ¿Por qué? Pues porque, no sé, porque bueno, me parecía un poco delicado, pero ahora que estoy llegando al final, bueno al final, a los últimos 8 ó 9 meses –suelto la compra en el poyete de la cocina, y paso al salón—pues creo que debía hablar con vosotras también.

Le he contado que quiero escribir el libro, y que bueno, que la historia no va sólo de estos dos inocentes condenados. Que todos los datos que he ido reuniendo apuntan a que sí, a que hubo un error judicial [en todos los casos], pero que es mi obligación y mi método tener siempre presente la duda de que a lo mejor no hubo tal error. Obviamente, he añadido: “Pero, si te soy sincero, todo lo que he visto y reunido hasta ahora apunta a que sí, a que hubo ese error”.

–A ver. Yo es que no me lo explico. Yo los ví en la tele, que eran dos inocentes y tal, y la verdad es que me indignó un poco y fui a la policía a informarme. Les dije: A ver,  si tenéis las ropas y podéis hacer el ADN, no entiendo por qué se ha podido cometer un error así.

Luego me explicará, y te lo cuento ya lector, para que no caigas en el mismo error que yo, que lo que le indignó fue que aparecieran ellos como pobrecitos y nosotras, ¿qué?. Sigue:

–Yo acudí al Palacio de Justicia a informarme del caso, para ver cómo iba, y allí me enteré de que uno de ellos había muerto en la cárcel y tal, y que bueno, para asegurarme también de que seguían cumpliendo la condena.

–Porque a ver. Nosotras entramos por separado [a las ruedas de reconocimiento]. Yo entré sola. Y N., –¿has hablado con N.?, me preguntará luego—también. Y había mucha gente allí, y todas coincidimos en el mismo.

–Yo sé que había tres, que había uno que era el cabecilla y que el otro quedó sin detener. Que por eso nosotras no reconocimos al del bigote, porque ése no iba el día aquel que nos cogieron a nosotras.

–Y yo nunca dije que fuera gitano. Que también salieron diciendo eso. Hay cosas que he olvidado, pero también hay otras que recuerdo perfectamente: y no me olvido. Yo dije a la policía que tenía aspecto gitano, pero se lo dije para que buscara a alguien así, con esa pinta, pero no que fuera de raza gitana.

–La policía me dijo –me cuenta en otro momento de la conversación–, que esos análisis no se podían hacer. A ver, le dije, no me diga eso porque yo estudio laboratorio y sé que se puede hacer y sé que el ADN no deja duda.

–A ver, que a mí me puedes hablar con total confianza, sin ningún problema, que yo esto ya lo tengo superado.

Yo le había dicho que le mandaría algún reportaje sobre la historia. Insisto:

–Eso, y mándame las fotos.

–Sí, sí. Te mando uno dónde sale la foto del marroquí y la del gitano.

Gitano no. [Risas] Que yo no he dicho que sea gitano: dije que parecía gitano.

Y me pregunta

–¿Y que vas a hacer, vas a escribir un libro, no, con esto?

–Sí, sí.

–Bueno, pues cuando lo publiques, dame un toque que lo compraré.

Tenía la voz tranquila, aunque ha habido dos o tres momentos, segundos, en que ha temblado, ligerísima, casi imperceptiblemente. Sonríe. Es amable y cordial.

17 de Enero de 2008

Filed under: Correspondencias

Señor Cónsul

18 de Abril de 1992.

Centro Penitenciario de Tarragona.

Esta carta es para el consulado de Marruecos en Barcelona.

Nosotros somos marroquíes, tenemos papeles de Marruecos y papeles de España, y estamos apuntados también en vuestra oficina.

Nos detuvieron el día 15 de Noviembre de 1991; se equivocaron porque nos parecemos a dos violadores. Nos detuvieron a los dos.

Yo tengo cuatro hijos y mujer. Viven aquí conmigo en Barcelona. El otro: también está casado y tiene tres hijos: se llama Ahmed Tommouhi.

Señor cónsul: nosotros no somos gente mala. Señor cónsul esperamos que nos ayude (“que nos eches una mano”).

Ahmed Tommouhi y Abderrazak Mounib.

Nos encontramos en Tarragona.

Filed under: Correspondencias

Comentarios sobre el (primer) adelanto

E-mail a mis editores: Thu, 31 Jan 2008 18:44:48 +0100 (CET).

Estimados Sergio y Paula:

Les comento que estoy de acuerdo con casi todas sus correcciones [sobre el primer capítulo que les envié]. Con todas, más bien: ni [la descripción geográfica] del comienzo, ni la forma de exponer las sentencias del final, me convencen. Lo primero distrae al lector y lo segundo lo abruma.

Los casos en batería es verdad que también  cansan. No he vuelto a releerlo, pero es la sensación que me quedó al enviarlo: sobre todo los centrales donde, además,  es un exceso el triple punto de vista, por ejemplo, que hay en uno de los de Vilafranca (chica, conductor francés y chico).

En cuanto a las soluciones que me proponen, discrepo algo. Entre la historia arquetípica y la historia total, por usar los términos de Sergio, contra su recomendación, yo me quedaría con la historia total. Por dos razones: la primera es que no creo en los arquetipos para casos reales: la brutalidad de todo esto es que sucedió sin ninguna explicación causal: simplemente se sucedieron uno detrás de otro. La única razón fue la falta de razones. No solo las violaciones: también las condenas.

Pero la segunda es que el recurso a ese posible caso arquetípico se va a utilizar, pero en la segunda parte y no como un argumento causal: sino como espejo. Los errores no se produjeron porque se parecían mucho. Eso puede explicar el error de las víctimas, aunque ni mucho menos tiene la aparente importancia  que se le ha concedido. Los errores se produjeron por una desconexión absoluta con la realidad, porque nadie buscó correspondencia entre lo que las víctimas decían y el mundo del que hablaban.

Y es ahí donde el caso de Olesa, el revisado por el Supremo, juega el papel de espejo. Sabemos que la víctima se equivocó. Eso lo sabrá el lector también desde el final de la primera parte. Pero luego sabremos de las piruetas que tuvo que hacer el Tribunal para cometer ese error: tuvo que saltar por encima de otras víctimas que, llamadas a testificar por la defensa, también los señalaban, pero que habían sido asaltadas [–violada la chica–] cuando ellos ya estaban en la cárcel; por encima de análisis de semen, aunque no de ADN, igualmente exculpatorios [de momento, esto es sólo una hipótesis, a falta de una segunda confirmación], por encima de la imposibilidad física de Mounib (tenía un hidrocele, quiste testicular, de grado II-III), y por encima de un informe de la Guardia Civil que sostenía que no había indicio alguno de que ambos marroquíes se conocieran antes de ser detenidos.

En los otros dos casos que serán la columna del libro (Cornellà y Tarragona,  el resto de condenas son por robo) las piruetas tuvieron que saltar por encima de obstáculos, en el fondo iguales, pero en la superficie mucho más abultados: el resultado fue que las piruetas resultan más increíbles aún. De verdad que no hay que razonar entre un caso y otro: bastará con enfrentarlos para que se multiplique el efecto de arbitrariedad de los tribunales. Es, a cada caso, el más difícil todavía.

La importancia de la confusión con las caras, que ciertamente existió, es un asunto exclusivo de las víctimas: para ello bastará con enfrentar no sólo a M. (Olesa) con el resultado del ADN. También a las víctimas del 95 que fueron señalando, sucesivamente, a Tommouhi y Mounib, a otros dos marroquíes detenidos en 1995, y a tres paquistaníes detenidos días después. Cuando finalmente detuvieron al gitano, ninguna lo reconoció. Pero el ADN sí, en seis casos. Esto se irá repartiendo a largo de todo el libro.

 Les envío un sumario detallado de la primera parte (sólo para entendidos, claro), donde verán:

a) que el comienzo es otro muy distinto: empezarará por el error de las víctimas del 95.

y b) han desaparecido de la primera parte los casos “menores” (Vilafranca y Gavà –absolución–), salvo aquellos que se cometieron con el Renault 5, pues es el hilo que irá apareciendo y desapareciendo durante todo el libro. Así también llegamos mucho antes (aunque no se aprecie en el sumario han desaparecido entre ocho y diez páginas) a los dos condenados, Tommouhi y Mounib.

[…]

Un abrazo.

Filed under: Correspondencias, Epistemología de la vida cotidiana

El policía escribe al condenado

El fiscal, obviamente, no estaba.

***

Uno de los comienzos de esta historia. El 13 de septiembre de 1995, el agente de la policía judicial de Martorell, Reyes Benitez, recibió una carta de Ahmed Tommouhi, preso en la cárcel de Can Brians (Barcelona). El mismo Reyes le había hecho llegar su dirección a través de su hermano, Omar Tommouhi. Hacía dos meses que habían detenido a Antonio García Carbonell. Ésta fue la respuesta Reyes:

Martorell, 13 de Septiembre de 1995

Sr. Ahmed Tommouch [sic]:

En el día de la fecha, he recibido su carta en la que me explica cuál es su situación. Quiero decirle que, junto con otros compañeros, pienso que Ud. es inocente de los delitos de los que ha sido acusado y condenado.

Quiero hacerle saber también que estamos realizando gestiones para esclarecer la verdad y que Ud. pueda salir de la cárcel.

Sin embargo, no quiero hacerle concebir muchas esperanzas, ni puedo prometerle nada, pero sí quiero que sepa que realizaremos todas las gestiones que legalmente podemos realizar para conseguirlo.

Cuando hablé con su hermano, al cual conocí en la calle, y debido quizás al poco conocimiento  que el mismo tiene del castellano, éste no debió de entenderme bien. Sería necesario que Ud. entregase mi dirección a su abogado, al objeto de poder entrevistarme con él, dado que el mismo puede disponer de información de la cual nosotros no disponermos, dado que su caso sólo lo conozco a nivel policial, desconociendo todo el procedimiento de instrucción judicial seguido.

Sí sabemos que Ud. ha sido condenado por alguno de los delitos, habiendo sido declarado [¿inocente?] en otros, pero desconocemos cuáles son unos y otros.

Igualmente, desconocemos las pruebas que pudieron ser aportadas durante  la instrucción, así como las diligencias que se practicaron.

Como todo esto es muy complicado de tratar mediante cartas, pienso que sería conveniente que Ud. solicitara una entrevista conmigo.

Desconozco los trámites a seguir para poder realizarla, pero Ud. podrá informare en ese Centro de los trámites a seguir.

Una vez los conozca, puede escribirme a la dirección que Ud. tiene y si es autorizada dicha visita, no tengo ningún inconveniente en desplazarme a Brians para realizarla y poder tratar este asunto con Ud.

Firma

Filed under: Correspondencias, Epistemología de la vida cotidiana

Carta al preso

Estimado  Antonio García Carbonell:

Me permito escribirle, sin conocerle, porque estoy trabajando en un libro sobre Ahmed Tommouhi y Abderrazak Mounib, dos marroquíes que fueron condenados después de una ola de violaciones cometida en Cataluña en el otoño de 1991.

Usted es parte también de su historia. En uno de los casos, el Tribunal Supremo falló que se había cometido un error  y que uno de los autores de la violación de Olesa era usted y otra persona no identificada.  

Que yo sepa, nunca ha hablado usted sobre aquel asunto. O no públicamente, al menos. Lo único que ha dicho al respecto, que fue admitir los hechos de Olesa, ya dejó claro su abogado entonces que se trataba sólo de rebajar la pena.

Pero ese silencio quizá se deba a que nadie le ha preguntado todavía lo que usted piensa de este asunto.  Yo le escribo para eso. Por si en verdad quiere contármelo.

No sé mucho de su vida, la verdad. Que tenía mujer y once hijos, y que antes de las condenas de 1995 no había tenido usted problemas serios con la justicia. Que vivía de la chatarra que vendía y de vender en algún mercadillo, no sé si fruta, si ropa, si qué. 

He sabido que los primeros meses después de su ingreso en prisión fueron duros. Que tuvo problemas con el estómago y que adelgazó 40 kilos. 

La gente con la que he hablado me cuenta que era usted un hombre respetado en su barrio.  Que hubo varios testigos que se presentaron en el juicio para testificar a su favor,  pero que las pruebas de ADN convencieron al Tribunal. Una veintena de vecinos habían firmado un documento acreditando su buena conducta durante los años que había vivido usted en su barrio de Sabadell. No sé si querría contarme cómo se desarrolló el juicio.

Me gustaría tener alguna comunicación con usted. Estoy estos días por Barcelona, y seguiré viniendo con frecuencia. Podría ir a visitarlo a la cárcel cuando prefiera.  

Le dejo una dirección y un teléfono de contacto.  

Le agradezco su atención por adelantado. 

Un saludo.

B. G. J.  

Filed under: Correspondencias

El carro delante de los caballos

La magistrada Margarita Robles declinó el lunes, por teléfono, volver sobre este caso. [Robles fue la ponente de la sentencia del caso Cornellà]. Ésta es la transcripción de la conversación. El teléfono sonó a las 13:43.

–Hola, sí, ¿Braulio García Jaén?

–Sí.

–Sí, mire. Soy Margarita Robles, que he recibido una carta suya.

–Sí. 

–Pues, mire, es que yo ya no sé: cómo me voy a acordar yo de un caso que ocurrió hace tantos años. A mí me parece muy bien que usted escriba su libro, y que haga un análisis. Pero no me parece serio y sería muy frívola yo, si me pusiese ahora a hablar de algo que pasó hace tanto tiempo. Llevo 28 años en la judicatura, dictando sentencias. ¿Usted sabe en 28 años cuantas sentencias he podido dictar yo? Pues si le digo que 4000 ó 5000… Sabe, es una cuestión también de sanidad mental: no puedo recordarlas todas.

–Ya, pero bueno. Teniendo en cuenta que este es un caso bastante particular, había pensado que quizá…

–Un caso particular para usted, que está escribiendo sobre él. Pero no para mí. ¿Usted sabe con cuántos dramas humanos trabajo yo diariamente?

–¿Ni siquiera repasando la sentencia?

–Ni siquiera. Mire, de verdad, que le felicito por su libro, pero nada más.

–Bueno.

–Buenos días. 

–Gracias.

La conversación no debió durar más de dos minutos. No dió tiempo a que corrigiera su interpretación de lo que signfica caso particular. Lo hago ahora. Cuando hablo de caso  particular no es porque yo esté escribiendo un libro sobre él. Margarita Robles pone el carro delante de  los caballos. Es al revés: yo escribo el libro porque es un caso particular.

El contenido jurídico de la expresión “caso particular”, directamente relacionado con la causa que sentenció la señora Robles, es:

a) el Fiscal Jefe pide un indulto para una persona condenada por  violación y robo con violencia;

b) el Tribunal Supremo lo recomienda al Gobierno como la “salida más adecuada”;

c) y el propio Tribunal Juzgador que presidió en su día Margarita Robles, la Sección Novena, informó favorablemente al indulto.

Entre los 4.000 ó 5000 casos que haya podido sentenciar la señora Robles en 28 años de judicatura –los argumentos de autoridad proliferan cuando la autoridad se queda sin argumentos–, el número de casos que cumplen con esas tres condiciones es, que yo sepa, UNO. Este. Un caso que seguiría siendo particular, incluso si la señora Robles nunca hubiera escrito la sentencia que lo juzgó.

Filed under: Correspondencias, Margarita Robles Fernández

Carta abierta a una magistrada

 

Margarita Robles Fernández

Magistrada del Tribunal Supremo

Plaza Villa de París, s/n

Madrid 

 

 

Excma. Margarita Robles Fernández:

Me permito escribirle esta carta abierta después de leer una entrevista suya publicada en el diario EL PAÍS, el 4 de diciembre pasado. Me sorprendió gratamente, en especial, este párrafo en el que usted precisaba que aunque es feliz siendo magistrada, hay cosas de la justicia que le causan gran pesar:

“Me queda el gran pesar de no dar respuesta a las quejas de los ciudadanos con más celeridad. Porque no hay que olvidar que detrás de cada caso hay un problema humano. Yo, por ejemplo, acabo de poner una sentencia sobre una reclamación judicial, que data de 1994, por un error médico. ¡No es de recibo que tardemos 13 años en dar la razón a esa persona! ¿Tiene arreglo la justicia? Pues no lo sé. Es difícil”.

No crea que he tardado todo este tiempo en escribirle. Es que no la había leído hasta hoy. Le escribo casi en caliente todavía. Me sudan las manos. En parte porque llevo todo el día trabajando con el ordenador, tecleando, pero, a qué negarlo, también por la emoción que me ha causado encontrarme con estas palabras. Y no sólo lo segundo tiene que ver con usted.

Lo primero también. He llegado hasta esa entrevista porque estoy escribiendo un libro, y buscaba información sobre usted, que tiene un cierto protagonismo en la historia. El libro trata de la vida de Ahmed Tommouhi y Abderrazak Mounib durante los últimos 16 años, que en el caso de este segundo se divide entre los que nueve que vivió y los siete que lleva muerto. Murió en la cárcel en 2000, tres años después de que se demostrara que había sido condenado injustamente.

Ahmed Tommouhi y Abderrazak Mounib fueron condenados después de una ola de violaciones cometida en Cataluña en 1991. Una de esas condenas fue revocada seis años después por el Tribunal Supremo, donde usted ejerce ahora. En 1992 usted presidía la Sección Novena de la Audiencia Provincial de Barcelona, y fue la ponente de la primera sentencia que condenó a Ahmed Tommouhi. 

En junio de 2006, hablé fugazmente con Gerard Thomás, el actual presidente de dicha sección, que como usted sabrá informó a favor del indulto que para Tommouhi (y Mounib también) había solicitado  en 1999 el entonces  Fiscal Jefe de Cataluña, José María Mena. Me gustaría hablar también con usted.

Ya en una ocasión hablamos por teléfono. La llamé desde la Cadena SER, en mayo de 2006, porque estaba preparando un tema sobre los siete años que el Gobierno llevaba entonces sin resolver ese indulto, para Hoy por Hoy. Me dijo usted que había pasado demasiado tiempo, y que prefería no volver sobre el tema.

Ahora leo que no hay que olvidar que detrás de cada caso hay un problema humano, y que es el gran problema de la justicia. Tras la sentencia revisada por el Tribunal Supremo en 1997, tanto la fiscalía como ese Alto Tribunal, han reconocido que hay “serias dudas” de que Ahmed Tommouhi fuera el autor de las violaciones por las que fue condenado. Me gustaría saber si alberga usted alguna (duda), o,  por el contrario, en qué sigue basando su convencimiento. 

No sé, pues, si aceptaría  esa entrevista, con vistas a la redacción del libro, en el que ya le adelanto que el caso que usted juzgó ocupa un espacio central, o prefiere, como ya me dijo en aquella ocasión, remitirse exclusivamente a lo que escribió en la sentencia.  La cual, por cierto, muscula mucha convicción, pero dudosa certeza.

Esperando su respuesta, reciba mi agradecimiento por adelantado. 

Cordialmente,

Braulio García Jaén.

Filed under: Correspondencias, Margarita Robles Fernández

De palique con la Fiscalía

No me gusta escribir, en general: me angustia, sudo y  obtengo muy poco a cambio. Nada, de hecho. Hablar me gusta. Leer.  Escribir, no: salvo las cartas, o ahora los e-mails, cuando no son un asunto rutinario. Las cartas son directas, concretas, y generalmente obtienes como mínimo una respuesta. Es un diálogo: quizá sin el pellizco, la frescura, de tener al otro enfrente, pero que al menos te da la tranquilidad de saber que hay alguien ahí fuera.

Ayer recibí la respuesta de la Fiscalía del TSJC a la solicitud que hice  el pasado 7 de noviembre para entrevistarme con la Fiscal Jefa, Teresa Compte, sobre este caso. La respuesta, de momento, es que no: no entienden mi letra. Literalmente.  Este nuevo intento, espero poder enviarlo a lo largo de la mañana, certificado, con acuse de recibo y letra impresa.  

Estimado Señor, D. Martín Rodríguez Sol*:

Recibida su respuesta de referencia 2587, que consta de los dos folios que le adjunto, a mi solicitud de entrevista con la Exma. Fiscal Jefa del Tribunal Superior de Cataluña, Doña Teresa Compte, quiero precisar dos cuestiones.

La primera es que yo no presenté una “denuncia”, como afirma en su escrito. Por ello, no puedo saber a qué diligencias se refiere al comunicarme “que se ha acordado el archivo de las diligencias incoadas por las razones que constan en el Derecho, cuya fotocopia adjunto”, según cita textual del primer folio.

Sorprendentemente, dicha fotocopia adjunta no se refiere ni a esa supuesta denuncia, ni a las diligencias citadas, sino que expone la razón por la que se me ha denegado la petición: al parecer, mi solicitud, manuscrita, hablaba de  “dos individuos con nombre ilegible”. En consecuencia, “la solicitud no puede ser atendida con los datos aportados”, concluye el primer párrafo.

Excusándome por mi caligrafía, y dado que añade que todo ello es sin “perjuicio de que una vez correctamente identificados los sujetos y la causa judicial, y constatado [mi] interés, pudiera ser atendido por algún fiscal”, paso a identificar  a los dos sujetos a los que en mi primera solicitud nombraba con letra, al parecer, ilegible: son Abderrazak Mounib y Ahmed Tommouhi. Ésta es la segunda de las cuestiones que quería precisar.

Debo advertirle, sin embargo, que sus nombres han sido escritos de decenas de formas diferentes, todas incorrectas, dependiendo del expediente o documento oficial, también los de esa fiscalía, que se citara. Así por ejemplo, en la petición de indulto que para ellos, aunque en contra de la voluntad de los reos, cursó el anterior Fiscal Jefe de ese Tribunal Superior, don José María Mena, aparecía escrito “Tommouch”. Lo cito  por si le sirve de guía. Le adjunto fotocopia de esa petición, donde se identifican las causas de ambos sujetos. 

En todo caso, y dado que se trata casi con seguridad de la única ocasión en que esa Fiscalía ha solicitado el indulto para dos personas condenadas por varias violaciones, robos con violencia y lesiones, no creo que su localización deba suponer un obstáculo insalvable. 

Por si en mi primera solicitud tampoco hubiera resultado legible, le reitero que el objeto de la entrevista es conocer la postura de la Fiscalía de cara a la redacción del libro en el que estoy trabajando, y que publicará Seix Barral en 2008, sobre este caso.

Esperando que esta vez su respuesta sea positiva, y dejo así constancia de que mi interés sigue vivo, reciba un cordial saludo y mi más sincero agradecimiento.

Firma.

(*) Fiscal del Servicio de Apoyo a la Jefatura.

Filed under: Correspondencias, El Ministerio y el indulto

Excma. Fiscal Jefa de Cataluña

Correspondencias 

Ante la EXCMA FISCALIA DEL TRIBUNAL SUPERIOR DE CATALUÑA (…):

  

“Con el objeto de conocer  la postura de la fiscalía ante este  caso, de si mantiene alguna investigación abierta al respecto,  y de si la nueva ley sobre identificadores de ADN podría modificar en algo dicha postura, o abre [al menos] alguna posibilidad, desearía entrevistarme con la Excma Fiscal Jefe, [Teresa Compte]”.

  En Barcelona, a  7 de noviembre de 2007.

Filed under: Correspondencias, El taller

Para ir al blog de ‘Justicia Poética’ pincha en la imagen

Escribe tu dirección de correo electrónico para recibir las nuevas entradas por mail.

A %d blogueros les gusta esto: