ladoblehélice

La continuación del periodismo, pero por otros medios.

Filmin retira una multipremiada película por temor al nuevo Código Penal

La ficción es delito, según el Código Penal. Más allá de toda interpretación, la última reforma de esa ley castiga la “pornografía infantil” con la realidad de la cárcel, aunque los personajes que aparezcan sean muñecos de espuma y las escenas de sexo, simuladas. Desde que entró en vigor hace un año, los fiscales pueden perseguir incluso las imágenes en las que los protagonistas “parezcan” ser menores, sin serlo, según una circular de la Fiscalía General del Estado. Esta semana, la plataforma de vídeo bajo demanda Filmin, ha retirado Klip, una película premiada internacionalmente y proyectada en varios festivales en España, por temor a esta reforma legal.

Para seguir leyendo, en eldiario.es

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Expiaciones (y II): pasando el testigo

Un día de finales del verano pasado, me hice una pregunta: ¿Qué datos tengo yo para sostener que el cómplice de García Carbonell en las violaciones de 1995 y 1991, era siempre la misma persona? La respuesta es: ninguno.

Todo el mundo, yo incluido, lo hemos dado por hecho, pero no hay ninguna prueba (conocida) de ello. La relación de parentesco entre Carbonell y su cómplice, de la que sí existe registro, sólo está acreditada para las violaciones de 1995.

El sentido se inventa lo que no sabe.

Pero no voy a entrar en eso ahora: lo importante es el mail que envié hace un par de semanas a dos jefes policiales de Barcelona y que decía más o menos así (los corchetes ocultan la identidad del señalado):

 

Buenos días:
Me disculparán este mail a dos bandas, pero la ocasión lo requiere.
En 2008 entrevisté a un hombre que conocía bien, realmente bien, a García Carbonell y su familia. Según el entrevistado, uno de los cómplices de García Carbonell es [X], cuyos datos relaciono más abajo.
Sin embargo, el único análisis al que tuve acceso entonces, el de la condena revocada de Olesa de 1991, mostraba que el segundo violador NO podía ser [quien señalaba el entrevistado]. Así que abandoné la pista.
Hace unos meses, caí en la cuenta y comprobé  que en verdad nada indica que el cómplice de Olesa y el de las violaciones de 1995, sean la misma persona. Todo el mundo, yo incluido, lo hemos dado por hecho: que el cómplice era un familiar cercano y que siempre era el mismo, tanto en 1991 como en 1995.
Pero ya digo: no hay nada que lo muestre. La relación de parentesco que refleja el ADN sólo aparece acreditada para los casos de 1995.
Desde septiembre y hasta hace unos 15 días, he intentado acceder a los análisis de 1995, donde se recoge el perfil del cómplice. No lo he conseguido.
Ahora vivo y trabajo en el extranjero y ya no lo voy a conseguir antes de que prescriban todas las violaciones del 95: la última, cometida contra una chica de Sant Boi de Llobregat, prescribe el próximo 18 de junio. El pasado 26 de marzo prescibió la primera.
En estos meses sí he podido averiguar algo de los antecedentes del señalado: tiene varias detenciones por asaltar vehículos a finales de los 90, algunas por parte de los Mossos, no sé si también de la Guardia Civil, y al menos una en 2003, por la Policía Nacional.
Lo significativo son los asaltos a los vehículos. Así también los detalles sobre el Volkswagen Golf de los que habla el entrevistado (les adjunto transcritos los extractos más interesantes del audio).
El “[X]” del que habla el entrevistado es:
[Nombre, apellidos, DNI, fecha y lugar de nacimiento, nombre de los padres, domicilio]
En fin, metiéndome donde no me llaman, yo empezaría por comparar los análisis del 95 con el informe del caso de Olesa de 1991.
El informe de los casos de 1995 es el A 2015/95, emitido el 16 de marzo de 1996, por el Instituto Nacional de Toxicología. Ampliado en un dictamen de 14/5/1996
El cómplice de 1995 –el ADN también muestra que en los de ese año, el segundo violador sí era el mismo en todos los casos–  todavía podría ser acusado de al menos estos dos casos, que prescriben a los 20 años:
–14 de Junio 1995. Arboç del Penedés. Uso de bates y violación doble (por turnos…) contra una sola víctima.
–18 de junio 1995. Junto al Colegio Llart de Sant Boi del Llobregat. Palos y violación doble (por turnos) contra una sola víctima.
Acaban de prescribir estos otros dos:
–24 de marzo, de 1995: descampado entre Santa Coloma de Cervelló y la Colonia Güel. Uso de porras para romper los cristales, violación por turnos de dos agresores contra una sola víctima.
–8 de abril de 1995.. Ermita del Puig. Uso de porras y violación doble (por turnos…) contra una sola víctima.
Cordialmente,

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Corrección a un artículo de ‘El Mundo’

El diario El Mundo publica hoy un artículo del académico Javier Jordán al hilo del atentado del miércoles en París contra la redacción de Charlie Hebdo, en el que murieron doce personas fueron asesinadas. El artículo se pregunta si ¿Podría pasar suceder en España?, y el autor responde que sí. Independientemente del argumento, el artículo contiene un error fáctico importante.

“En la mayoría de los casos [de actividad de yihadistas en España] éstos desarrollaban labores de carácter logístico, pero en al menos dos -atentados del 11-M y complot contra el metro de Barcelona en 1998- hubo intención probada de atacar nuestro país.”

El supuesto complot para atentar contra el metro de Barcelona se produjo en enero de 2008, y no en 1998. Pero eso es un lapsus, no el error material al que me refiero.

El error fáctico es que, en ese supuesto complot, nunca se ha probado intención de nada. Los 11 acusados del Raval están condenados, únicamente, por pertenencia a banda terrorista. El Tribunal Supremo rechazó el delito de tenencia de explosivos –18 gramos de pólvora extraída de 4 bengalas infantiles– al que habían sido condenados dos de los acusados por parte de la Audiencia Nacional, [que ya los había absuelto de “conspiración” para atentar.]

Del complot de Barcelona, en verdad, nunca se ha probado nada más allá de lo que la sentencia de la AN declaró probado: “El tribunal llega a la conclusión de aceptar como probado que los hechos se desarrollaron en la forma en que este testigo relata”. El testigo ha resultado ser un falso testigo, como muestra esta investigación publicada en Mediapart e Infolibre en mayo de 2014, y falso su testimonio. “Un falso testigo para 11 condenas de verdad”, tituló Mediapart la versión en francés.

Yo ya entiendo que los periódicos prefieran una mentira oficial, tal y como están las cosas, a la verdad de los hechos, pero ya puestos deberían al menos respetar las formalidades.

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La misteriosa lógica del profesor Fernando Reinares

Fernando Reinares, autor de Mátalos Matadlos (Galaxia Gutenberg), respondió ayer a través de su cuenta de Twitter al inventario crítico con 17 falsedades de un capítulo de su libro, publicado aquí mismo horas antes. En fin, la mayoría de sus respuestas tienen gran interés, desde muchos puntos de vista. Desde el de la editorial, por ejemplo, que sin duda celebrará saber que al autor nada le parece lo suficientemente relevante, como para desdecirse; así que las 17 falsedades han pasado, expresamente, a formar parte del catálogo de Galaxia Gutenberg.

Los publicados ayer eran errores fácticos. Las respuestas del autor añaden además una lógica insostenible. Afirma Reinares que es fácil entender por qué el fiscal de la Audiencia Nacional, Vicente González Mota, negó que el testigo protegido que desencadenó la Operación Cantata perteneciera a Al Qaeda. Dicha operación desarticuló un supuesto complot islamista para atentar contra el metro de Barcelona en  2008.

El testimonio del testigo protegido, informante de los servicios de espionaje francés, como el propio Reinares reconoce en su libro, fue la base para condenar a los 11 inmigrantes del Raval (10 pakistaníes y 1 indio). Pero dicho testimonio se basaba precisamente sobre el supuesto de que él mismo era un terrorista de Al Qaeda, no un informante francés. Un terrorista enviado a Barcelona para atentar  contra el metro en enero de 2008 y que se había arrepentido en el último momento. De hecho, cuando le preguntamos al presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, si sabía que el testigo protegido era en realidad un informante francés, respondió: “Cuando yo sé que un testigo protegido está mintiendo, lo escribo en la sentencia y tiene sus consecuencias legales”, y así se publicó

Bien, el testigo mintió al tribunal; el presidente asegura que no lo sabía.  El fiscal, sin embargo, defendió durante el juicio, es decir, en audiencia pública, que el testigo sí era miembro de Al Qaeda. Cuando lo negó, en cambio, fue ante fuentes de la embajada americana, dos meses después del juicio. A ese desmentido, recogido en este cable diplomático, nos referíamos ayer cuando señalamos que el propio fiscal había desmentido la tesis central de Reinares: que el testigo era de Al Qaeda.

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La respuesta de Reinares fue inmediata y se debe traducir al español oficial contemporáneo, así: “Es fácil entender por qué el fiscal lo niega”, según afirmó en un Tweet posterior:

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Que el profesor Reinares se muestre en desacuerdo con los hechos, no supone novedad, como mostraba la entrada de ayer de este blog. Pero su respuesta en Twitter añade un punto de misterio a sus errores: si fuera verdad que el testigo protegido era miembro de Al Qaeda, como el fiscal González Mota defendió en la Audiencia Nacional ¿por qué iba el mismo fiscal a negarlo dos meses después, en privado, ante fuentes de la embajada americana? Si el profesor Reinares encuentra una respuesta razonable, y publicable, prometo buscar los fundamentos de su lógica también fuera de la tradición occidental. Estoy dispuesto a llegar hasta la de los servicios de inteligencia de Pakistán.

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Corregidlo: 17 falsedades en un capítulo del último libro de Fernando Reinares

I. Fernando Reinares (Logroño, 1960): catedrático de Ciencia Política en la Universidad Rey Juan Carlos, investigador principal de Terrorismo Internacional en el Real Instituto Elcano y Adjunct Professor de Estudios de Seguridad en la Universidad de Georgetown (USA), según la nota biográfica de su editorial. Acaba de publicar Matadlos. Quién estuvo detrás del 11M y por qué se atentó en España (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores). El autor está actualmente de gira presentándolo, según cuenta en Twitter.

II. Nosotros hemos leído, por motivos profesionales,  un capítulo de ese libro. El número 14, “¿Cómo iba a ser el segundo 11-M?” (pp. 227-243)dedicado al supuesto complot islamista que iba a atentar contra el metro de Barcelona en enero de 2008. El capítulo reelabora las declaraciones del testigo protegido que desencadenó aquella Operación Cantata y como tal, repite las mentiras que el testigo contó a la Guardia Civil, al juez de instrucción y al tribunal de la Audiencia Nacional, que sin embargo condenó a los 11 acusados. De esas mentiras nos hemos ocupado durante cinco meses y el resultado puede leerse en Infolibre y Mediapart. La investigación, financiada por Journalismfund.eu, nos llevó a Francia, Italia y España.

III. Sin embargo, el capítulo de Reinares contiene además falsedades de su propia cosecha y vamos a exponerlas, a modo de inventario. Quien eche en falta algo de contexto, puede leer antes el reportaje al que nos hemos referido: (Infolibre aquí) o (Médiapart aquí). Veamos.

 

1. Página 238: “Al Qaeda, organización en la que él mismo [testigo protegido] estaba encuadrado”.

Falso: Hasta el fiscal González Mota sabía que el testigo protegido no era miembro de Al Qaeda, sino un informante francés, y así lo explicó ante fuentes de la embajada americana en Madrid dos meses después del juicio,  el 13 de enero de 2010. Está recogido en este cable diplomático del 25 de enero, con este encabezado: “España: fiscal desmiente los lazos con Al Qaeda en el complot del metro de Barcelona”

2. Página 237: “Durante el procedimiento judicial […], el testigo protegido F-1 explicó […] que sus mandos le ordenaron trasladarse a Francia, desde Pakistán, unos tres años antes de los acontecimientos de enero de 2008 en Barcelona”.

Falso: Asim, que es como se llamaba el testigo protegido, vivía en Francia desde al menos dos años antes, según documentos oficiales. No podemos mostrar aquí dichos documentos porque, dada su condición de testigo protegido, cometeríamos un delito.

3. Página 233: “El testigo protegido F1, que en el pasado había estado inmerso en tramas que movían y entregaban dinero a lo largo de Europa occidental para sostener actividades de terrorismo yihadista […]”.

Falso: La red de financiación que describió Asim no existía ni existe, tal y como muestra la investigación internacional citada más arriba. El testigo protegido, que es uno de los traficantes de personas más buscados de Pakistán, construyó su relato sobre esa supuesta red de financiación a partir de nombres, viajes y elementos de dicha actividad criminal. Puede leerse aquí, como ya he dicho.

 

4. Página, 238: “Entre inicios de 2005 y mediados de 2006, dicha estructura terrorista le solicitaba a menudo que, junto a otros correligionarios, [el testigo protegido] recolectara dinero y lo llevase a Bruselas, Amsterdam o Brescia”.

Falso, por lo mismo que la número 3.

5.  Página 230: “El informante paquistaní que alertó a los servicios de inteligencia franceses […] obtuvo la condición de testigo protegido”.

Bien, esto es cierto y esta es la tercera vez que aparece: era un chivato del espionaje francés. Sin embargo, no dice Reinares que el propio informante lo negó durante la instrucción y ante el tribunal cuando declaró como testigo protegido y que, por tanto, mintió bajo juramento. “Never in my life”, dijo.

 

 

6.  Página 231: “Asimismo, [los especialistas de la Guardia Civil] incautaron [sic] 18 gramos de “una mezcla de nitrocelulosa y perclorato de potasio”, sustancia habitualmente empleada en la fabricación de explosivos industriales”.

¿Explosivos industriales? Los 18 gramos de pólvora habían sido extraídos de unas bengalas de colores para niños a partir de 8 años, distribuidas por una empresa del sur de París, según el informe de la Guardia Civil (folio 1053, Tomo III del Sumario). En el juicio, los peritos explicaron que además de colores las bengalas hacían “chispas”:

 

7. Página 230: “[Los especialistas de la Guardia Civil] hallaron, por ejemplo, bolsas que contenían bolas de acero y cerca de 800 gramos de perdigones”.

Se encontraron 783 gramos de plomos de aire comprimido (perdigones, si quiere), pero no “y” bolas de acero. O una cosa o la otra. Por cierto: los perdigones habían sido comprados en Francia; y el testigo protegido vino desde París. Véase el Folio 1667, Tomo IV del sumario, o la misma sentencia –aunque esta confunde confunde “gramos” con “unidades” de perdigones–.

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8. Pág. 232: “Cuando un fiscal se interesó por ese asunto durante las sesiones del juicio oral, Malik respondió que esa suma relativamente elevada de dinero “se acumulaba a veces en el bolsillo” debido a las propinas que recibía repartiendo bombonas de butano”.

Ningún fiscal se interesó por eso. Quien preguntó fue el abogado de la acusación popular. Falsa también la frase que entrecomilla: es decir, el acusado no la pronunció. Y tampoco dijo que todo el dinero procediera de las propinas. Qaader Malik trabajaba como ayudante repartiendo bombonas de Repsol butano por Barcelona. Los ayudantes se encargan de bajar las bombonas del camión y llevarlas al domicilio de los clientes.  Los ayudantes cobran el importe del servicio y se lo van guardando, entre otras cosas, para tener cambio para los siguientes clientes. Al acabar la jornada, Malik entregaba el dinero a su jefe (un autónomo, dueño del camión, cuya empresa subcontrata Repsol). A veces lo hacía a pie de camión, a veces en el almacén y a veces en la mezquita, porque su jefe iba a la misma mezquita, como explicó el testigo que declaró luego y que es el conserje de la mezquita Tarik Ben Zyad. El acusado, a preguntas del presidente del Tribunal, Javier Gómez Bermúdez, aclaró que tenía un sueldo fijo (650 euros) y que el resto, sí, lo ganaba gracias a las propinas de los clientes. Así funciona el sector en Barcelona.

 

9. Página 233: “Pero se negó a dar explicación alguna del motivo por el cual, cuando fue detenido, lo que en realidad llevaba consigo eran más de dieciséis billetes de 50 euros cada uno”.

El acusado dio las explicaciones que recoge el vídeo anterior. Y cuando el abogado de la acusación popular le preguntó si todo el mundo le pagaba con billetes de 50, el acusado respondió: “No”. A continuación, el abogado le preguntó directamente si no era más cierto que el dinero era para comprar “cosas, material” [suponemos que refiriéndose a material para atentar]: a dicha pregunta, el acusado también contestó: “No”. El abogado siguió luego preguntando por las obras de reforma que el acusado estaba haciendo en su casa.

*

Al conserje de la mezquita, en cambio, el abogado sí le preguntó expresamente por qué los repartidores acababan la jornada con billetes de 50 y no, pongamos, con monedas de 50 céntimos. Y el conserje lo explicó:

 

10. Página 227: “Entre las 00:40 horas y las 05:00 horas del día 19 de ese mes, 14 individuos fueron detenidos en [Barcelona].”

Falso: la entrada en la mezquita de la calle Maçanet se produjo a las 23:50 del día 18, según el acta policial, Folio 59, Tomo I, Sumario 26C/2008.

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11. Página 228: “Maroof A. M., el líder de la célula, fue condenado a diez años y medio de prisión”.

El 29 de diciembre de 2010,  el Tribunal Supremo fijó la pena en 8 años.

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12. Página 228: líneas siguientes. También son falsas las otras penas (de 8 y 14 años) que atribuye al resto de acusados: el Supremo las fijó en 6 años.

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13. Página 230: “Hacia las 18:00 horas, avistaron a ocho […]  dirigiéndose a pie […] desde el oratorio Tarek Ben Ziyad, sito en el Raval, hacia un lugar cercano, al que otros dos individuos habían llegado ya. Todos ellos portaban mochilas y bolsas de mano.”

Ninguno de ellos llevaba mochila, aunque lo diga The New York Times. La única mochila que apareció, junto con un maletín negro “de tela”, tal y como refleja el acta de registro de ese “lugar cercano” (es decir, la mezquita de la calle Maçanet), pertenecían a un marroquí –Said Arakrak–que no estaba entre el grupo que había llegado desde Tarek Ben Ziyad, no se encontraba en aquel momento en la mezquita de Maçanet y no fue señalado, ni detenido ni procesado. Tampoco llevaban “bolsas de mano”: alguien, desde luego, llevaba un par de bolsas de plástico, quizá en la mano. Las huellas de dichas bolsas, sin embargo, no corresponden a ninguno de los condenados.

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14. Página 234: “Allí [a Maroof A. M.] se le conocía por sermones en los que manifestaba odio hacia los infieles y hacía llamadas a la yihad, en la acepción belicosa de este término”.

 Falso, aunque lo diga The New York Times. El artículo del Times, del que habría que ocuparse otro día, contiene graves falsedades. Esta es una de ellas: ¿alguien puede imaginar que la Guardia Civil, el fiscal y la acusación popular no hubieran puesto ese argumento encima de la mesa del tribunal de existir algún indicio sobre su veracidad? El Times es, por lo demás, la principal fuente de una falsedad decisiva de la que la anterior es subalterna: declara, sin mostrar, que había una investigación previa a la entrada en escena del testigo protegido.

 

15. Página 235: “Los condenados por el plan para atentar en el metro de Barcelona […]”.

La condena del Supremo es por pertenencia a grupo terrorista, sin plan.

 

16. Página 236: “Pakistán, país con cerca de 750 millones de habitantes”.

Pakistán, según los datos del Banco Mundial de 2012, tiene unos 170 millones de habitantes.

17. Página 237: “Al menos dos […] eran conocidos por participar en actividades de ese movimiento [la corriente Tabligh Jaamat]”.

El mismo autor dice un párrafo antes (página 236): “Todos eran miembros del movimiento […] Tabligh Jamaat”. Esto también es falso, porque al menos dos de los once no eran practicantes. Y sólo es tabligh, el que practica los preceptos de dicha corriente, es decir, quienes participan “en las actividades de ese movimiento”, pues no hay ningún registro ni asociación ni condición previa que los distinga de otra manera. El Tabligh, si movimiento fuera, es sin duda de los que se demuestra andando. Esta segunda falsedad estaría, aunque sólo porcentualmente, más cerca de la verdad que la primera.

 

 Braulio García Jaén, Andrés AguayoMatías Escudero Arce.

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Una crítica en abierto

El contraste entre las cosas y la descripción del que las niega es tan perfecto que basta poner aquellas a continuación de ésta para que la falsificación aparezca como lo que es: perfectamente cierta. La verdad, incluso muda como (a)parece en los estertores de la actualidad, siempre acaba vengándose, tanto más a gusto si es con este escándalo íntimo. El contenido de la crítica de mañana coincide exactamente con la forma que me habría gustado darle hoy, por lo que celebro nuestra absoluta falta de originalidad.

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Falso testigo protegido

Un hombre coge un tren nocturno en París, amanece en Barcelona, busca una mezquita y se presenta a un grupo de musulmanes. Es miércoles y el grupo pasará el fin de semana alrededor del Corán en otra mezquita de la ciudad. ¿Puedo ir con vosotros? El viernes por la noche, la Guardia Civil detiene a 14 hombres: el de París abandona el lugar sin ser detenido y acompañado por un agente. El martes, ya como testigo protegido, empieza a cantar: 11 inmigrantes acabaron condenados, supuestamente por pretender atentar contra el metro de Barcelona, cuatro años después de la tragedia del 11M. Sólo The New York Times, en un largo artículo sobre la Operación Cantata, rozó el argumento de la farsa: al procesado que tenía 64 años, nacionalidad española y una pastelería en el Raval, el Times lo llamó “an unsual suspect”. Pero sin notar el roce ni la farsa.

Como el protagonista de Sospechosos Habituales, este Keyser Sosé llegado de París se inventó, una vez garantizada su inmunidad, un relato de terrorista supuesto con lo que tenía más a mano: su actividad como traficante de inmigrantes desde Pakistán y como confidente de los servicios secretos franceses. Tras cinco meses de investigación en París, junto a Andrés Aguayo en Madrid y Matías Escudero Arce en Italia,  y gracias a una beca del Journalismfund.eu, ya puede leerse en abierto en Infolibre esta historia que ha publicado también Mediapart en Francia, y que (y esto es ya mi opinión impersonal)  constituye la mayor estafa policial y judicial de la última década en España.

El escenario, como casi siempre, es Barcelona, aunque la farsa hubiera sido impensable sin el coro que, durante los tres primeros años, formaron todos los grandes medios españoles. El silencio posterior sólo lo ha roto Fernando Reinares, que en un capítulo de su recién publicado libro “Matadlos”, repite todas las mentiras del testigo protegido, aunque es verdad que añade otras falsedades de su propia cosecha.

En fin, los 58 segundos de este vídeo condensan el nudo del drama. El reportaje entero puede leerse aquí.

 

 

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La cruda realidad y los aliños de Margarita Robles: vigésimo aniversario

El sábado que viene, 22 de septiembre, se cumplen veinte años de la condena del inocente. Margarita Robles, vocal tónica del Consejo General del Poder Judicial, condenó a Ahmed Tommouhi por una violación que había cometido otro hombre.

Del violador no sabemos mucho: salvo que su grupo sanguíneo, expresado en los análisis de semen que la policía científica de Barcelona realizó entonces, no coincide con el de Ahmed Tommouhi. Pero Robles no fue la única que no entendió los informes: sus compañeros de tribunal, Gerard Thomàs Andreu y Felipe Soler Ferrer, tampoco.

Conviene saber que cuando digo “inocente”, me refiero a lo real en términos estrictamente científicos: en realidad Tommouhi fue condenado, porque así lo creyó conveniente la Audiencia de Barcelona. Quizá porque su nombre mismo es un oxímoron, los recursos no solo literarios de Margarita Robles se encarnan tan impunemente: Tommouhi cumplió íntegra su pena.

Quince años preso por los prejuicios de un tribunal. Literalmente. Estos dos informes que se publican íntegros aquí por primera vez así lo prueban. El segundo de ellos, 128-N-91, comparó el grupo sanguíneo de Tommouhi (A) con el del violador (B): “Los marcadores genéticos de Ahmed Tommouhi no coinciden con los marcadores genéticos encontrados en la camisa polo de N.”, dice en sus conclusiones.

Las conclusiones, escritas en negrita, no especifican sin embargo que la sangre se había comparado también con el semen hallado en la zona vaginal de la braga, tal y como como refleja un informe anterior.

–Pues si el grupo sanguíneo no coincide, ¿podemos decir que el esperma lo exculpa también?–le pregunté al perito en su despacho muchos años después.

–Sí, sí. Tanto el esperma como la sangre, contestó.

–Sí, pero [el esperma hallado] en la braga.

–Sí, sí, de la braga también.

El primer informe con el que se comparaba quedaba muy lejos entre los folios del sumario y al tribunal no le alcanzó para repasarlo antes de condenar a Tommouhi. Por eso he añadido aquí, como anexo al segundo informe, la página clave del primero.

***

Aunque dejo aquí también el primer informe completo,  (131-N-91),  en el que se analizaron los restos hallados en la ropa de las dos víctimas, pero sólo los de la ropa de N., la chica que señaló a Tommouhi en la rueda de reconocimiento, arrojaron conclusiones válidas. Una conclusión científicamente incompatible con su señalamiento.  Otra cosa es lo que un tribunal español, sobre todo si lo preside Robles, es capaz de concluir a partir de unas negritas inoportunamente destacadas.

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El juez, el historiador y la prueba

La legítima exasperación que ha provocado la historiografía inspirada por un modelo judicial tiende, cada vez más a menudo, a englobar también aquello que justificaba la analogía entre historiador y juez formulada, quizá por primera vez, por el erudito jesuita Henri Griffet: la noción de prueba. […]

Para muchos historiadores, la noción de prueba ya no está de moda, al igual que la de verdad, a la cual está unida por un lazo histórico (y por tanto no necesario) muy fuerte. Las razones de esta desvalorización son numerosas y no son todas de orden intelectual. Una de ellas es, sin dudarlo, el éxito exagerado que ha obtenido a un lado y otro del Atlántico, en Estados Unidos y en Francia, el término “representación”. […] Dicho de otro modo, se analizan las fuentes (escritas, inoconográficas, etc..) en tanto que testimonios de “representaciones” sociales pero, al mismo tiempo, se rechaza, como una imperdonable ingenuidad positivista, la posibilidad de analizar las relaciones entre esos testimonios y las realidades que designan o representan. […]

Para mí, como para muchos otros, las nociones de “prueba” y “verdad” son, al contrario, parte integrante del oficio de historiador. Eso no implica evidentemente que fenómenos inexistentes no sean significativos en el plano histórico: Bloch y Lefebvre nos han enseñado lo contrario desde hace mucho. Pero el análisis de las representaciones no puede hacer abstracción del principio de realidad. La inexistencia de   bandas de brigands [bandidos] vuelve más significativo (en tanto que más profundo y revelador) el miedo de los campesinos franceses durante el verano de 1789. Un historiador tiene el derecho de detectar un problema allí donde un juez vería un no-lugar. He ahí una importante divergencia, que sin embargo supone un elemento capaz de unir a historiadores y jueces: el uso de la prueba. El oficio de unos y de otros se funda sobre la posibilidad de probar, en función de reglas determinadas, que x ha hecho y; x pudiendo designar indiferentemente el protagonista, eventualmente anónimo, de un acontecimiento histórico o el sujeto implicado en un proceso penal; e y un acción cualquiera.

Pero no siempre es posible obtener una prueba.

Carlo Ginzburg, Le juge et l’historien: considérations en marge du procès Sofri, Verdier, 1997. [Traducción urgente]

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Un caso literario

Cuando la verdad, abandonada a la literatura, se hizo patente en la vida cotidiana con toda su trágica crudeza y ya fue imposible ignorarla o disimularla, pareció engendrada por la literatura. […] La impresión de que es, por así decirlo, un caso literario se debe sobre todo a esa fuga o abstracción de la realidad, a ese paso de los hechos –en el momento de ocurrir y aún más al contemplarlos luego en conjunto– a una dimensión imaginativa o fantástica de impecable coherencia lógica, de la que resulta una constante ambigüedad: tanta perfección no puede darse más que en la imaginación, en la fantasía , no en la realidad. Por decirlo con una boutade: uno puede escapar de la policía italiana –tal como está entrenada, organizada y dirigida–, pero no del cálculo de probabilidades.

Leonardo Sciascia, El caso Moro, Tusquets, 2010.

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