ladoblehélice

La continuación del periodismo, pero por otros medios.

El Gran Otro

De la guineueta me preguntaba el jueves pasado por el otro:

No veo que en ninguna parte hagas referencia a cómo está la investigación del segundo violador, el personaje cercano a Carbonell. ¿Se sabe algo?

El Gran Otro no ha sido identificado ni detenido todavía. Es, sin duda, una de las grandes interrogantes del caso y, por tanto, del libro. Difícil, muy difícil de resolver. Pero casi es más difícil todavía hablar sobre ello. Tampoco sé muy bien por qué: una primera y obvia razón es que las hipótesis nunca podrían acompañarse de un nombre, siendo sólo hipótesis, ni señalar a nadie, ni siquiera vagamente. Sobre todo por eso no había dicho hasta ahora ni mú.

Pero también porque resulta difícil, en ese impasse, escapar a cierto efectismo de suspense. Porque ha habido quien me ha soplado un nombre para ese otro, y una explicación convincente de por qué debía de ser él y no otro cualquiera, y yo he seguido el rastro. Ha pasado incluso que ese rastro aparecía bien perfilado en el camino: ¡una condena por una detención a finales de 1991! Y he vuelto a casa rumiando que claro, que esa detención y esa condena y ese año y esos apellidos explicaban mucho : el paréntesis entre las violaciones de 1991 y las de 1995, por ejemplo. Enchironado el pariente-cómplice, se acabaron las razzias. Claro, claro, me decía.

No habría sabido cómo contarlo antes sin que mi entusiasmo convencido pareciera una certeza: y no hubiera sabido cómo desmentirlo ahora, sin que pareciera un truco barato, así que al menos por eso celebro que todo se viniera ayer abajo. Hoy puedo contarlo abiertamente:

No es ése el hombre del que me habían hablado. No, aunque se llamen igual, tengan una edad parecida, ni aunque coincidiera lo que yo estaba buscando –una condena en el 91, por ejemplo– y lo que encontré, que era una condena en ese año. Mañana mismo creo que lo confirmaré definitivamente, pero ayer volví convencido de que la pista era falsa, equivocada, y así lo hago saber por adelantado.

En fin, la celebérrima frase de Wittgenstein también  se puede aplicar en este caso:

“todo lo que puede decirse, se puede decir con claridad, y sobre aquello de lo que no podemos hablar, mejor es guardar silencio”

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Desde Mollet del Vallès

En Mollet del Vallès, donde se recuperó el Renault 5 en 1991, esperando  al que entonces era su dueño. Pinta que no vendrá. No contesta al teléfono. El termómetro de una farmacia marcaba hace media hora 7º, así que me he metido en una biblioteca municipal para estar calentito y saludarles: Hola.

He llegado en cercanías. Mollet está a media hora hacia el interior de Barcelona. En la estación de Santa Rosa se bajó también el “varón de 40 años” que iba a recoger el Renault 5 cuando los tres guardias civiles le dieron el alto. El coche estaba aparcado en una isleta que hay saliendo de la estación a la derecha. La isleta, en medio de  la calle y con forma de cuña, la divide en forma de y griega.

Ya saben que el conductor huyó a la carrera. La lectura del atestado que da cuenta de esa intervención policial inspira desconfianza por varias razones. La más importante es el doble rasero que, según recuerdo, utiliza para dar cuenta de lo ocurrido y de qué coche se trata.

En las diligencias que se entregaron al juzgado no aparece la palabra “violación”.  El redactor sabía que de eso se trataba y por eso montó una troncha para intentar cazar al conductor. ¿Alguien cree que la guardia civil monta dispositivos de guardia y disparan al aire por un simple coche robado? El redactor mismo me confirmó que así era.

En los telefonemas que informan internamente, y a sus superiores, de la actuación, sí que se recoge que es el vehículo implicado en las violaciones. Ahí se trata de rebajar las embarazosas implicaciones de los disparos al aire. Era una zona “despoblada”, se dice. Sin peatones. Los peatones eran todos los que bajaron junto al varón del tren esa tarde, aunque ahora sea imposible cuantificarlos. 

Lo de despoblada da un poquito de risa esta mañana, cuando sales de la estación y te encuentras que en la acera de enfrente se levantan edificios —hasta tres de cinco alturas–, casas, bares, locales comerciales, etc, en apretado desorden. 

Que todo eso estaba ya en 1991, me lo confirmó uno de los agentes que intervinieron y que entrevisté aquí en Mollet hace ya casi un año. El coche estaba aparacado en esa isleta porque  las aceras están siempre ocupadas: Los bajos de los edificios, muchos son locales comerciales, y no hay garajes, me dijo.

El dueño no llama y la media hora que me han concedido las amables señoras de la biblioteca se acaba. Hasta mañana.

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De raza negra

O, la víctima de La Bisbal del Penedès, es la que más ha detallado sus razones para oponerse al indulto de los dos marroquíes condenados tras la ola de violaciones del otoño de 1991. El informe del tribunal que juzgó su caso, la sección 2ª de la Audiencia de Tarragona, negativo a la concesión de ese indulto, incluye una cita literal suya de 65 líneas, mientras que sumadas las que dedica a las explicaciones de otros seis víctimas y testigos de Tarragona (falta la opinión de uno de los chicos de La Secuita, que completaría los ocho implicados), resultan 28 líneas. De entre los citados, Álex se mostró a favor del indulto.

Una de las quejas de O., según información remitida por su abogado –Sergio Solanas– con el deseo expreso de que su literalidad no fuera transcrita ni parcial ni totalmente, es que en referencia al robo cometido con el Renault 5 gris plata, B-7661-FW, el 16 de noviembre de 1991, cuando los marroquíes ya estaban en prisión, no se suele hacer constar que la víctima de ese hecho describió a uno de los autores como “varón de raza negra”, descripción que no coincidiría ni con Tommouhi, ni con Mounib, lo que abundaría en la hipótesis de que los marroquíes formaban parte de un grupo de violadores, ni con García Carbonell. Así es, y yo no lo he ocultado, aunque es verdad que sin destacarlo.

Removiendo papeles me he encontrado con esa objeción y quiero aquí dejar constancia de ello. 

Pero hay que añadir: Según tres denuncias recogidas en los folios 1579, 1585 y 1594 del sumario del año 95 seguido contra García Carbonell, las víctimas habían descrito a los autores “como de raza negra y de 40 años”, según un escrito del primer abogado de Carbonell, Julio García Gutiérrez, que también obra en dicho sumario.

Tres descripciones cromáticamente corregidas por  las pruebas de ADN que confirmaron la autoría de García Carbonell, que no es negro.

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Un polimorfismo muy tonto

La pregunta por el significado de la sustancia H en un informe sobre restos de semen recuperados en el caso de Olesa reconozco que es puro ensañamiento metodológico, pues el resultado ya se conoce por otros medios: el ADN demostró que el semen no era ni Abderrazak Mounib ni Ahmed Tommouhi. Pero allá voy.
Los recortes de Chema Pascual empezaron a abrir un cierto camino, aunque la mala puntuación de la cita a veces hacía difícil comprender el texto. Laura llevó mis dudas hasta el laboratorio en el que trabaja, y volvió con las cosas muy claras: sus anotaciones (resumidas en el cuadro de abajo) coinciden además con unos apuntes que yo tenía de una entrevista antigua a una bióloga. Así que la incógnita H, esa vieja cuenta pendiente, cuya liebre levantó, ésta también, Manuel Borraz,  está solucionada.
La sustancia o antígeno H define el grupo sanguíneo O (léase cero), siempre que no haya antígenos A ni B, en cuyo caso serían estos a su vez definitorios del grupo (A, B ó AB). En ese caso, la presencia o ausencia de la sustancia H únicamente determinaría si el individuo es secretor o no de esa misma sustancia (que también puede expresarse como rh positivo o negativo). Secretor significa sencillamente eso: que en sus fluidos (sangre, semen, saliva, etc) se expresa dicha sustancia.
Para nuestro caso, el informe hacía constar que en las dos muestras en las que se habían encontrado espermatozoides no se había hallado ni la sustancia A ni la B, y sí la H. Así pues, se puede afirmar que ese semen en ningún caso podría provenir de un sujeto cuyo grupo sanguíneo fuera distinto de O. No habiendo sustancia A ni B, el grupo, necesariamente, es O.
Los violadores eran dos: uno de ellos, necesariamente, era secretor de la sustancia H. Pero también podían ser los dos.  
El caso de Olesa es el que, seis años después de los hechos, pudo ser revisado gracias a una nueva prueba de ADN.  No parece –aunque me falta algún folio suelto– que nadie se preguntara durante la instrucción por las consecuencias que tenía para los “reconocimientos” de la víctima esa sustancia H. Un dato que en el Instituto de Toxicología me definieron, con cierta gracia, como “un polimorfismo muy tonto”, porque es una variante que se expresa en la población, pero sólo en dos sentidos, o sí o no. 
Pero con los polimorfismos, por muy tontos que sean, no conviene pasarse de listo. Sus conclusiones son modestas, pero indiscutibles. Ésta, por ejemplo: El semen de las muestras no podía ser de un hombre que no fuera del grupo sanguíneo O.
El grupo sanguíneo de Ahmed Tommouhi no es O. Queda la incógnita de saber cuál era el de Abderrazak Mounib.
Si cuento todo esto antes de tener la respuesta, es porque lo que quiero que se vea, para este caso concreto, no es la verdad material, que ya se conoce gracias al ADN, sino el rigor del método empleado para hallarla, y por contraste, la obstinada convicción con la que se la esquivó.
Si Mounib tampoco fuera O,  eso querría decir que el tribunal tuvo delante una prueba científica indubitable de que ninguno de los dos acusados había aportado el semen de la muestra, y que, por tanto, la insistencia de la víctima en que eran ellos dos, y sólo ellos, los autores de la violación, se habría demostrado errónea mucho tiempo antes: el semen pertenecía, necesariamente, a un tercer hombre. El resultado habría sido, lógicamente, absolutorio para ambos, ante la imposibilidad de demostrar quién de los dos no podía ser ese tercer hombre.
Pero ya digo, todo esto no es más que una hipótesis de trabajo, de cuyo acierto o error daré oportuna cuenta.
****
Las aclaraciones de Laura: 
“He hablado con un chico de ADN y me ha dicho lo siguiente:
De las muestras Nº 1 y 2, el trozo de manta y pantalón se encuentran espermatozoides en ambas y como no se detecta la sustancia A ni B se deduce que es el grupo “O”. Al detectarse la sustancia H quiere decir que es rh positivo. No se han encontrado pelos.
El significado del grupo ABH, corroborado por un experto en ADN del laboratorio […] es:
       A                  B                        rh (H)            grupo sanguíneo
  negativo            negativo           negativo                O negativo
  negativo            negativo           positivo                 O positivo
  positivo             negativo           negativo                A negativo
  positivo             negativo           positivo                 A positivo
  negativo            positivo            negativo                B negativo
  negativo            positivo            positivo                 B positivo
  positivo             positivo            negativo                AB negativo
  positivo             positivo            positivo                 AB positivo
Es decir que en las dos muestras se ha encontrado un grupo sanguíneo “O POSITIVO” (O +) porque ha dado negativo el A y el B pero positivo el antígeno H.
Espero que te sirva, si necesitas algo más, pregunta!”

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Idiosingracia II

El 24 de mayo de 1995, los dos primeros detenidos como supuestos autores de las violaciones de la primavera de 1995 eran marroquíes: Abderrahmane C. y El Ferjani E. A., de 30 y 39 años respectivamente. Hubo víctimas que los reconocieron. Una chica declaró recordar que uno de los agresores tenía una verruga en el hombro derecho y, según cita del primer abogado de García Carbonell, “una diligencia judicial del encartado Ahderrahmane C. practicada seguidamente a los reconocimientos en rueda del 29.5.1995” confirmaba “que éste tiene una verruga en el hombro derecho”. Vaya por dios.

El ADN echaría para atrás tanta perspicacia: los restos de semen no pertenecían a ninguno de los dos marroquíes detenidos. La sección 10ª de la Audiencia desestimó el recurso de la defensa de Carbonell, que pretendía se procesara a los dos marroquíes por dichos reconocimientos, en lugar de a su defendido.  El razonamiento del tribunal:

“los reconocimientos no han de tener el efecto pretendido por el apelante porque el resultado de la prueba pericial de ADN es concluyente, descartando toda posible implicación de los citados [Abderrahmane C. y El Ferjani E. A.] encartados en los hechos”.

Luego se sabría que esos restos eran en verdad de García Carbonell y un pariente suyo, que sigue sin ser identificado. Pero lo que me interesa ahora es un párrafo de ese recurso de apelación del primer abogado de García Carbonell. La obligación de la defensa es acogerse a cualquier dato que pueda servir a su argumento. Me pregunto si también vale el racismo. Estos párrafos, por ejemplo:

Mi representado […] siempre manifestó que la persona que le dio las llaves del vehículo en el que fue detenido era un ciudadano de raza magrebí, con circunstancias que sí coinciden con las descritas por las diferentes víctimas, lo que corrobora las señas de los delincuentes de aspecto de raza magrebí, pero jamás pertenecientes a la etnia gitana. Que además, es psicológicamente inverosímil, la comisión por un condenado de raza gitana de un delito de violación, ya que la idiosincracia de dicha etnia interdita taxativamente dicho hecho, dándose la circunstancia que existe una solidaridad gitana institucionalizada, inclusive para todos los demás delitos, pero ello desaparece ante la violación, lo que no ocurre en absoluto, si no más bien al contrario y dicho en términos de defensa, en los norteafricanos, donde dicho delito es considerado como cualquier otro”

El racismo es doble: un racismo simpático hacia los gitanos y uno antipático, dicho sea en términos de defensa, hacia los moros (del latín maurus), también llamados “de aspecto de raza magrebí”. Lo que inquieta, obviamente, no es que un abogado pueda ser racista, sino que piense que argumentos de ese tipo pueden ser útiles para convencer a un tribunal.

El párrafo refleja, de paso, los apuros del relativismo cultural al afrontar un conflicto -aunque sólo sea teórico- en el que las dos partes son minorías.

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Una familia no tan modélica

La casa de la familia de García Carbonell, preso desde 1995 como autor de siete violaciones cometidas entre 1991 y 1995, fue registrada el 27 de Octubre de 2003 por la Policía Nacional de Sabadell. La orden de entrada y registro sucedió a una ola de robos en tiendas y pisos en el centro y norte de la ciudad.

El Diari de Sabadell contó que la actividad delictiva de la familia era “prácticamente de dominio público”. En 1995, sin embargo, unos veinte vecinos habían firmado para dar fe ante los tribunales de la buena conducta del entonces detenido. Hoy sé que al menos dos vecinos, durante esos años, habían denunciado a la familia ante la policía local y el ayuntamiento de la ciudad por “daños, insultos y molestias” derivados de los problemas de convivencia, según escrito de la policía local  de 22 de marzo de 2001.

Era lunes. Fueron detenidos Benjamín C.C., de 29 años, Juan G.R., 32 años y dos arrestos anteriores, Francisco Javier G.R.,  29 años y siete detenciones, Esteban G.R.  de 25 y Juan José G.R., de 19 años, además de Juan Antonio P.F., de 55, que ya había sido arrestado doce veces. El supuesto séptimo detenido, que adelanta el titular del Diari de Sabadell, no aparece identificado en el cuerpo de la noticia.

La policía se incautó de una pistola de fogueo, 165 cartuchos de caza sin percutir, documentación bancaria de distintas titularidades, 150 piezas de joyería, 3.740 euros en metálico, armas blancas, medio kilo de plantas de marihuana [sic], un televisor panorámico de 52 pulgadas, tres televisores más, tres videograbadores, y otros aparatos musicales.

Los objetos intervenidos aparecen en las dos fotografías, donde también se aprecia un rifle, al parecer, de balines, pero que no viene reseñado en la nota del periódico.

Fuente: Diari de Sabadell, 30 de octubre de 2003.

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El asco

El motor de mi investigación quizá no sea moralmente ejemplar, pero hay días que lo único que me mueve es el asco.

De remover la hemeroteca y encontrarme de nuevo las palabras de aquel ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, declarando ante los periodistas un 28 de julio de 2005 que el gobierno era muy “riguroso” en la administración de la medida de gracia que es el indulto, y que iba a cumplir

“todos y cada uno de los trámites para que llegue al consejo de ministros” (EFE, 28-7-2005),

de volverlo a leer sabiendo que ya no quedaba ningún trámite pendiente. Los informes a los que vagamente, porque es así como conoce el caso, va-ga-men-te, se refería, los informes preceptivos pero no vinculantes de los tribunales que los habían condenado, hacía seis años que el ministerio los tenía en sus cajones:

“Ya no quedan obstáculos para que el Consejo de Ministros debata la concesión o no del indulto a Abderrazak Mounib y Ahmed Tommouhi, los dos presos marroquíes para quien ha solicitado el indulto la fiscalía de Cataluña (…)” (La Vanguardia 19/11/1999)

De ver cómo el entonces Fiscal Jefe de Cataluña, José María Mena, después de solicitar el indulto para los dos marroquíes presos, declaraba:

“Este caso lo estamos siguiendo al milímetro” (La Vanguardia 11/09/1999)

el mismo que en respuesta al abogado de Abderrazak Mounib, con fecha 23 de Marzo de 1999, había reconocido:

“que en esta Fiscalía no se siguen diligencias de investigación sobre las violaciones a que su comunicación se refiere, sin perjuicio de las actuaciones que, en su caso, acuerde practicar la Autoridad Judicial”.

De saber que nada había cambiado desde entonces, sólo que Mena manejaba perfectamente el escenario: sabía que a los periodistas les podía contar las milongas que no se podía permitir como respuesta a la petición escrita, puntillosa y legítima, de un abogado. Los periodistas lo repetirían literalmente. El abogado sabía de lo que hablaba. Todavía en 1999 se distinguían así diferentes niveles de compromiso con la verdad: algo que Enrique Anglès Martins, Enriquito, hermano del desaparecido Antonio Anglès, había ya acertado a resumir en una de las sesiones del juicio por el asesinato de las niñas de Alcàsser, cuando el Tribunal le preguntó que por qué declaraba lo contrario de lo que había dicho en la televisión: 

“Es que aquello era la tele y esto es un juisio”[sic]*.

El abogado de Abderrazak Mounib preguntaba por el segundo informe de la Guardia Civil, que daba cuenta de algunos hechos delictivos cometidos con el mismo Renault-5 gris plata, B-7661-FW, con el que también se habían cometido las violaciones de Cornellà y Tarragona. La novedad residía en que esos nuevos delitos se cometieron con los dos marroquíes en prisión. La Fiscalía nunca facilitó ese informe a las defensas, a la de Ahmed Tommouhi tampoco. Un informe que la Fiscalía niega desde hace más de un año también al señor Tommouhi, quien lo solicitó el 11 de enero de 2007, y que ayer seguía sin recibir respuesta. (Y me pregunto por qué, porque todo lo interesante del informe se conoce ya).

Los dos marroquíes siempre se han opuesto al indulto, y desde el primer momento pidieron que se reabriera la investigación. Dado que la petición de indulto del entonces Fiscal Jefe Mena se cursó el 30 de abril de 1999, ya podemos establecer rigurosamente lo que duró la no-investigación de fiscalía sobre los nuevos hechos que reflejaba el segundo informe de la Guardia Civil: 30 días. Un mes justito tardó el Fiscal Jefe en dejar claro que no pensaba aclarar nada y solicitar el indulto, cortándole así el paso a una nueva investigación, y desviando el foco hacia el Gobierno y su medida de gracia, un foco que apenas se enciende, y no siempre, para las efemérides: el 30 de abril cumplirá diez nueve años.

Asco de ver al periodismo reducido a “falso testigo del porvenir”.

*Oleaque, Joan M., Desde las tinieblas: Un descenso al caso Alcàsser. Diagonal, 2002: p. 267.

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Atención: ¡Pregunta!

Quizá haya, entre ustedes, quien lo sepa.

En uno de los análisis que se hicieron en 1992 sobre muestras recogidas en el caso de Olesa, el dictamen 17/92 se refería a restos hallados en una manta, un trozo de pantalón, un tubo de ensayo con pelos y un portaobjetos donde se había extendido fluido vaginal.

–Muestras nº1 y nº2: Se han observado espermatozoides en ambas muestras. No se detecta ni la sustancia A ni la B. Se detecta la sustancia H en la determinación del grupo sanguíneo.  En las muestras 1 y 2 no se han encontrado pelos.

La pregunta que me hago es, ¿qué lectura tiene esa H respecto de la determinación del grupo sanguíneo?

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El portazo, en las narices, por favor

No sabía si contestar a la segunda respuesta de la fiscalía, que dejaba una puerta sólo aparentemente abierta a mi requerimiento. La respuesta es que no habrá entrevista para exponer “la postura de la Fiscalía de Cataluña sobre este caso”, aunque “cuestión distinta sería solicitar examinar el expediente que sobre el particular pudiera existir en Fiscalía, caso de conservarse”.

La puerta está sólo aparentemente abierta, primero, porque “precisaría demostrar mi interés directo en el asunto”, y segundo, “constatar que la lectura del expediente no afecta al derecho a la intimidad de terceros”.

El portazo está agazapado en el adjetivo “directo” que acompaña a “interés”, y que esconde una nueva negativa por no ser parte  en el asunto. Pero ellos solitos se pillan luego los dedos con una segunda exigencia absolutamente imposible de cumplir: ¿cómo voy a constatar yo que “la lectura del expediente no afecta al derecho a la intimidad de terceros”?

Como la cosa va de juegos de manos y palabras, yo voy a hacer también mis pinitos: me voy a ir directamente a la fiscalía para constatarles mi interés.

Mañana les cuento.

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Ruedas del 95

La Guardia Civil detuvo a Antonio García Carbonell el 20 de junio de 1995, como presunto autor de la ola de violaciones que venía cometiéndose en Cataluña durante esa primavera. El ADN confirmaría luego que era uno de los violadores en al menos seis casos. Antes, el día 23, se había montado una rueda de reconocimiento en el Juzgado de 1ª Instancia e Instrucción nº 7 de Terrassa, a la que acudieron nueve víctimas.

La rueda estaba compuesta, de izquierda a derecha, por:

1.-Manuel R. P.; 2-José P. P.;  3.-Antonio García Carbonell;  4.- Teodoro A. G.;  5.-Nicolas G. A.; 6.-Salvador S. B.

Esto es lo que, según las actas, dijeron las víctimas:

1.- Cristina: “que cree que es el número 5

2.-Juan: “que no reconoce a ninguno

3.-David: “que no está seguro del todo, pero que por los brazos y la cabeza cree que podría ser el número 4

4.-Javier: “que no puede reconocer a ninguno

5.-Marina: “que cree que es el número 4 por las entradas que tiene en el cabello, la papada y la barriga, aunque no lo puede afirmar con seguridad

6.- José Luis: “que por los ojos y la papada cree que el que más se parece es el número 4

7.- Antonio: “que no está seguro pero cree que es el número 3

8.- Yolanda: “Que no les vio la cara, que lo único que observó fue que uno de ellos era muy gordo, que podría ser el 2º o el 4º

9.-Teresa: “Que cree que es el número 3”.

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