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La continuación del periodismo, pero por otros medios.

Walter Benjamin, un faro para la navegación digital

(W.B. en la Biblioteca Nacional de Francia, en París, en 1939. Foto: Gisèle Freund)

“Hemos intentado hacer lo que habría hecho Benjamin con el Libro de los Pasajes si hubiera tenido ordenador”, dice César Rendueles, comisario de la exposición Walter Benjamin. Constelaciones, para resumirla. La muestra se abrió ayer en el Círculo de Bellas Artes de Madrid e internet y hoy en la Fundación Luis Seoane de A Coruña. Luego añadió: “Es también la forma de exponer materiales sin aura”.

El gran desafío de esta exposición es explicarla, coincide Rendueles con Ana Useros, también comisaria. El reto refleja la fidelidad al recorrido del filósofo alemán: “Hemos intentado poner en juego su propia metodología al elaborarla”. Así, conviene recordar que el Libro de los Pasajes, su proyecto más ambicioso, es un montaje de citas y apuntes, y no porque quedara inconcluso.

Walter Benjamin (1892-1940), que se suicidó en una pensión de Portbou para evitar ser devuelto a la Francia de Vichy por la policía franquista, es uno de los filósofos más fragmentarios y complejos del siglo XX. Y esa extraña ambición de coleccionista era su método. Su obra, además, analiza y desmonta ese aura mágico, casi religioso, que durante siglos ha envuelto a las obras de arte y que su traslado a los museos no ha hecho más que secularizar. “El coleccionista siente aversión por los museos”, dice una de las citas de Benjamin.

Nada de objetos, por tanto. ¿Qué materiales se pueden exponer, entonces, para recorrer su obra sin traicionarlo? “Es una exposición estrictamente inmaterial”, resuelve Rendueles, que al tiempo que salta de un concepto a otro para no dejar cabo suelto, desvela la gran virtud de esta exposición: es inagotable. Tanto el montaje documental, Constelaciones, que se proyectará ininterrumpidamente en una pequeña sala de cine, como el Atlas Walter Benjamin, un hipertexto para navegar por miles de conceptos y fragmentos clave de su obra, enlazan una lectura casi infinita. Es como si Benjamin hubiera encontrado al fin el medio para producir los efectos que buscaba con su escritura, y que son los que el público busca ahora en la lectura digital.

La muestra gira entorno a la “reproducción”, al hilo de una de sus obras más influyentes: La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. De ahí que se exhiba simultáneamente en Madrid y A Coruña, y en breve en Alicante, Bilbao, Granada y Buenos Aires. Pero no hace falta salir de casa: el material puede rastrearse en la web del Círculo de Bellas Artes.

Benjamin celebró el horizonte que abría la reproductibilidad técnica del arte, aunque también señaló sus peligros. El principal, el de la “estetización de la política”, gracias a la posibilidad de exhibir y diseminar la imagen del poder en una sola dirección. “La reproducción en masa favorece la reproducción de masa”, escribió. Huyendo del nazismo de masas, a través de los Pirineros, había llegado a Portbou, donde murió el 26 de septiembre de 1940.

Fuente: Público

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Justicia Poética en Periodismo Humano

Elena Cabrera y Carolina León han recuperado para periodismohumano la entrevista radiofónica que me hicieron en su programa ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor?, en Radio Carcoma, poco después de que saliera el libro. Esta vez, al paso de los diecinueve años de la detención de Tommouhi. Manu Fernández, el fotógrafo de Público, ha tenido además la generosidad de ofrecer sus fotos para ilustrar la versión digital de aquel “Reportaje a la verdad”, que es como la titularon. La nueva versión de la entrevista está aquí.

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La principal máscara del yo es la jeta

Los editores reunidos en Formentor critican el empobrecimiento de la cultura

Palma, 11 sep (EFE).- Los editores que participan en la cita literaria Conversaciones de Formentor (Mallorca), [bajo el título Las máscaras del yo] han criticado “el creciente empobrecimiento y la banalización de la cultura en la sociedad”, que les impide hacer llegar a los lectores libros que “escapen del dictado de la industria del puro entretenimiento”.

Así lo exponen en las conclusiones de un encuentro a puerta cerrada celebrado en Formentor, en el que participaron tanto representantes de grandes editoriales como Alfaguara, Mondadori y Santillana, así como de otras más pequeñas como Cort, Lumen, Moll, Fisher, El Tall, Salobre y Alfabia.

Los editores destacan que el principal problema al que se enfrentan hoy en día no es “la irrupción aún en ciernes del libro digital”, sino la mala situación de la cultura, según el documento, facilitado por la Conselleria balear de Presidencia.

“Los editores encuentran cada vez más dificultades para hacer llegar a los lectores los libros que se escapan del dictado de la industria del puro entretenimiento, aquellos libros que defienden la excelencia literaria, el riesgo y la combatividad como herramienta de conocimiento individual y social”, indican las conclusiones.

Este problema se agrava con la “progresiva deserción”, por parte de los medios de comunicación, de “sus obligaciones críticas e informativas”, ya que, en su opinión, están “dedicados tan sólo a hacerse eco de la publicidad editorial” y ello “contribuye a la simplificación del panorama literario”.

[…]

EFE.

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¿Hay más escritores que lectores?

A principios de mes estuve en el I Encuentro de Autores Bubok, en el Café Libertad 8 de Madrid. Buscaba un tema. Bubok es una empresa digital que imprime cualquier libro propuesto por un usuario registrado. Basta con que otro usuario lo compre. La distribución incluye también el formato electrónico. Había unos 50 autores, con una edad media similar a la de cualquier presentación de libros: 50 años. Uno de ellos, un psiquiatra de fina barba blanca, tomó la palabra: “Hola, soy José María Páez, tengo un libro publicado en Bubok. He vendido dos ejemplares y estoy aquí a ver si vendo el tercero. Porque los dos primeros los he comprado yo”.

Páez, de unos setenta años, propuso un control de calidad a la hora de publicar, como subrayando que la sobresaturación explicaba en parte sus escasas ventas. Lo cual contradecía el espíritu de la reunión (“Bubok: publica sin límites“). Los datos muestran que su caso no es particular. Bubok ha publicado 22.903 títulos en poco más de dos años. El número de ejemplares vendidos ronda los 50.000, según la empresa. Poco más de dos ejemplares por título.

Más allá de que Bubok pueda ser visto como una segunda división de la literatura, porque atrae a los autores que las editoriales tradicionales rechazan, su núcleo original puede leerse como un síntoma. Félix de Azúa, en El aprendizaje de la decepción, describía hace años el mercado poético: hay doscientos autores que escriben doscientos libros al año, que publican doscientas editoriales  y que leen esos mismos doscientos poetas.

¿Y la ficción? En el número enero-febrero de Mother Jones, el editor del Virgina Quarterly Review, Ted Genoways lo resumía así:

Aquí en la VQR habitualmente tenemos diez veces más envíos de autores al año que suscriptores. Y muy, muy pocos se solapan. Lo sabemos –lo hemos comprobado. Así que hay un número cada vez mayor de gente que escribe y envía ficción, pero hay cada vez menos gente que lee las mejores revistas donde se publican. [original en inglés]

En la primera división española se editan 60.000 títulos al año. Creo que ninguno de los dos mercados se entienden si esta premisa: hay mucha gente que escribe gratis y que quiere publicar. Lo cual no es un juicio de nada. Es sólo que me parece un dato a tener en cuenta, ahora que parece que nada era gratis antes de Internet.

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La escritura en la época de su distribución digital

El noticiario semanal nos demuestra bien palmariamente que cualquiera puede estar hoy en la situación de ser filmado. Pero no basta con esta posibilidad. Todos tienen hoy una pretensión de ser filmados. Lo que mejor aclara esta pretensión es una ojeada a la situación histórica de la actual literatura. Durante siglos, en la literatura las cosas estaban dispuestas de tal modo que un pequeño número de escritores se enfrentaba a muchos miles de lectores. Ya en los años finales del siglo pasado se produjo un cambio. Con la gigantesca expansión de la prensa, que no deja incansable de poner a disposición de sus lectores nuevos órganos políticos, religiosos, científicos, profesionales y locales, una parte cada vez mayor de los lectores –casualmente al principio– pasó a contarse entre los escritores. La cosa empezó cuando la prensa abrió su “buzón”, pero hoy día no hay casi ningún europeo partícipe del proceso de trabajo que no pueda en principio encontrar ocasión de publicar una experiencia laboral, una reclamación o un reportaje o cosas semejantes. La distinción entre autor y público está con ello a punto de perder lo que fue su carácter fundamental. Se hace funcional, variable de acuerdo al caso. El lector está siempre preparado para convertirse en escritor. En tanto que entendido, una figura en la que, bien que mal, ha tenido que irse convirtiendo, sumido en un proceso laboral altamente especializado –no importa en este caso lo modesta que sea la ocupación de la que entienda-, obtiene acceso al estatuto de autor. Es el trabajo el que toma la palabra. Y su representación por la palabra constituye una parte de la capacidad que se requiere para entregarse a su ejercicio. La competencia literaria no se basa ya en la educación especializada, sino en la politécnica, y de este modo se convierte en común.

Walter Benjamin, La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, primera redacción, [¿1933?]. Abada editores, Madrid.

(Aquí pueden leer la versión de Taurus).

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